Hay momentos en los que un
alcalde tiene la obligación de medir sus palabras, y hay otros en los que tiene
la obligación de hablar con absoluta claridad. Después de lo ocurrido en las
últimas semanas en distintos núcleos de nuestro Parque Natural y de lo que
hemos vuelto a presenciar durante las fiestas de San José, creo que ha llegado
ese segundo momento.
Estoy harto. Y sé que muchos vecinos de Níjar también lo están. Harto de que determinadas empresas parezcan entender nuestro municipio como un lugar al que pueden traer cientos de personas de forma masiva sin preocuparse por las consecuencias. Harto de que nuestros pueblos tengan que soportar situaciones de colapso mientras otros hacen negocio. Y harto, especialmente, de comprobar cómo nuestros llamamientos al diálogo, a la responsabilidad y a la colaboración institucional parecen caer, una y otra vez, en saco roto.
Porque esta vez nadie puede decir que no estaba avisado. El pasado 4 de agosto, desde el Ayuntamiento de Níjar remitimos un escrito a diferentes empresas de transporte y a las principales asociaciones profesionales del sector. No prohibíamos nada. No amenazábamos a nadie. Reconocíamos expresamente el legítimo derecho de cualquier empresa a trabajar y obtener beneficios. Pero también les recordábamos algo que debería resultar evidente: ese derecho no puede ejercerse a costa de los vecinos ni de la protección de un espacio tan vulnerable como el Parque Natural Cabo de Gata-Níjar.
Fuimos todavía más concretos. Advertimos de la proximidad de las fiestas de San José. Pedimos expresamente coordinación con el Ayuntamiento y con la Junta Rectora del Parque Natural para evitar nuevos desplazamientos masivos y otro colapso. Incluso facilitamos las fechas de las próximas fiestas de San José, Las Negras y Los Escullos para que nadie pudiera alegar desconocimiento. Y, pese a todo, anoche volvimos a ver autobuses de una de las empresas expresamente destinatarias de aquel escrito, Frahermar, desplazándose hasta las fiestas de San José. Ante esto, uno empieza legítimamente a preguntarse qué más tenemos que hacer.
Cuando una Administración llama, escribe, advierte y solicita colaboración, y la respuesta práctica es continuar actuando como si nada hubiera ocurrido, ya no estamos hablando únicamente de falta de coordinación. Estamos ante una preocupante falta de consideración hacia una institución que representa a más de 30.000 nijareños. Y, sobre todo, hacia los propios nijareños.
Níjar no
es un parque temático. El Parque Natural Cabo de Gata-Níjar tampoco es una
gigantesca zona de botellón. Aquí vive gente. Hay familias, trabajadores,
comerciantes y vecinos que tienen exactamente el mismo derecho a disfrutar de
sus pueblos y de sus fiestas sin ver cómo, en cuestión de minutos, una llegada
masiva de visitantes puede poner al límite unas localidades que, sencillamente,
no están diseñadas para absorber semejante volumen de personas.
Que
nadie confunda nuestras palabras. En Níjar queremos visitantes. Vivimos
orgullosos de recibir cada año a miles y miles de personas que vienen a conocer
uno de los lugares más extraordinarios del Mediterráneo. El turismo genera
riqueza, empleo y oportunidades y es una parte esencial de nuestro municipio.
Pero una cosa es turismo ordenado y otra muy diferente es masificación
descontrolada. Y una cosa es ejercer una actividad empresarial legítima y otra
pretender que el beneficio económico particular esté siempre por encima de
cualquier otra consideración.
El
Parque Natural tiene límites. Nuestros pueblos tienen límites. Y la paciencia
de nuestros vecinos también los tiene. Durante demasiado tiempo hemos intentado
resolver esta situación desde el entendimiento. Hemos solicitado
colaboración. Hemos pedido responsabilidad. Hemos advertido de las
consecuencias ambientales y sociales que estas prácticas pueden provocar. En el
propio escrito recordábamos además que aquellas actuaciones
que comprometan el bienestar de los vecinos o degraden el medio natural
pueden conllevar responsabilidades, y anunciábamos su traslado a las
administraciones competentes.
Por eso,
después de lo ocurrido, creo que debemos pasar de las palabras a los hechos.
Desde el Ayuntamiento seguiremos utilizando todos los instrumentos que estén a
nuestro alcance y reclamaremos la implicación de todas las
administraciones competentes para impedir que esta situación se convierta en
una costumbre cada verano.
No tengo absolutamente nada contra ninguna empresa. Como alcalde, mi obligación no es defender los intereses comerciales de una compañía concreta. Mi obligación es defender a Níjar, a sus vecinos y al Parque Natural Cabo de Gata-Níjar. Y entre unos intereses y otros, no tengo ninguna duda de dónde voy a estar. Al lado de mis vecinos.

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