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Prensa Machista contra Alba Carrillo

Alba Haro
@opinionalmeria

Hay artículos que, más allá de la información que pretenden ofrecer, revelan un sesgo profundo y arraigado. Uno de ellos ha aparecido recientemente en Informalia, el suplemento de El Economista dedicado al mundo del corazón. Firmado por Sara Tejada -precisamente una mujer, y conviene insistir en este detalle., el texto se ocupa de la fiesta del 40º cumpleaños de Alba Carrillo, presentadora de El Sótano en Ten, celebrada el pasado viernes 31 de julio. El artículo comienza así, literalmente:

Alba Carrillo / Ten

"Alba Carrillo celebró este viernes, 31 de julio, una fecha muy especial. La presentadora cuenta con una legión de amigos aunque no nos consta que estuvieran ninguno de los hombres que ha conquistado, como el ex piloto de motos Fonsi padre de su hijo Lucas, el tenista Feliciano López, el presentador Santi Burgoa, el empresario Álex Coves, el piragüista Javier Hernanz o el guardameta Thibaut Courtois".

Lo que sigue es un relato de la fiesta, con menciones a los invitados presentes (entre ellos Rocío Carrasco y Fidel Albiac), la tarta, el toro mecánico y el ambiente. Pero el arranque ya lo dice todo. En lugar de centrarse en la celebración, en los amigos que sí acudieron o en el significado personal de cumplir 40 años, la autora decide abrir el texto haciendo un recuento de los ex de la homenajeada y subrayando su ausencia. Como si el valor de una mujer, o el interés periodístico de su cumpleaños, residiera en la lista de hombres con los que ha estado.

Es un artículo machista. Y lo es aunque lo escriba una mujer. El machismo no desaparece por el género de quien lo ejerce; se manifiesta en el enfoque, en la mirada y en el criterio editorial que normaliza tratar a una mujer pública como si su biografía sentimental fuera el dato principal de cualquier noticia sobre ella. Resulta imposible imaginar un texto equivalente en un medio de comunicación serio (o incluso en la prensa del corazón) que, al informar del 40º cumpleaños de un presentador, un deportista o un empresario, abriera con una lista de las mujeres que ha “conquistado” y se lamentara de que no estuvieran en la fiesta. Ese enfoque simplemente no existe cuando el protagonista es un hombre. Nadie lo considera relevante, ni ingenioso, ni periodísticamente justificado.

En el caso de Alba Carrillo, la operación es clara: reducir su aniversario a un inventario de relaciones pasadas. Da igual que la presentadora reúna a familiares, amigos y colegas en una fiesta privada. Da igual su trayectoria profesional o el simple hecho de cumplir años. Lo que importa, según esta mirada, es recordar públicamente con quién se ha acostado o ha salido, y remarcar que ninguno de esos nombres apareció por allí.

Este tipo de periodismo no solo es rancio: es profundamente desigual. Contribuye a mantener un doble rasero en el que la vida íntima de las mujeres se convierte en materia prima constante, mientras la de los hombres se protege o se ignora. Y cuando esa mirada la sostiene una mujer periodista, el problema no se atenúa; se hace más evidente la interiorización de unos esquemas que siguen juzgando a las mujeres por su historial afectivo.

Alba Carrillo tiene derecho a celebrar su cumpleaños sin que un medio convierta la lista de sus ex en el titular encubierto de la crónica. Y los lectores tienen derecho a esperar algo más que este tipo de prensa, aunque venga firmada por una mujer y se publique en un suplemento de corazón.

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