Edita: FIDIO (Foro Indalo de Debate, Ideas y Opinión) C. I. F.: G04253035

In memoriam: Diego García Molina, presidente de Ashal

Antonio Torres
Periodista

Toda Almería se despertó con el latigazo de la prematura muerte de Diego García Molina, de 54 años, presidente de los hosteleros, Ashal, y pregonero de la Feria de Almería con todo lo que ello representa de merecido reconocimiento a un gran hombre que demandó mejoras de comunicaciones para que Almería deje de ser una isla. El Paseo Marítimo está triste ante la ausencia de una de las personas más atentas y profesionales de la industria gastronómica. La gente le seguirá queriendo y ahí están las decenas de ramos de flores que se amontonaron en su establecimiento.

A Diego la calidad humana y sus miles de virtudes le venían de serie. Representa la génesis del restaurante Building con su madre, la afable María Molina Sánchez, que le guio en el saber estar dentro y fuera de la barra, rodeado por su hermana, María del Mar; Paquito Aguilar, con casi medio siglo de fidelidad a la familia; Fernando Toranzo, Torcuato y otros que él fue incorporando a El Portón de la Bahía.

A Diego lo conocí desde que era un niño. En aquellos domingos, hace unos 40 años, del mejor tapeo que preparó su padre, otro grande que nos dejó de forma prematura y que fue uno de los primeros en asentarse en ese punto de encuentro del Paseo Marítimo. Era una esquinita con una barra chiquitita y su padre, emulando a Bonillo, el de las papas bravas, que se hizo célebre con el “pasen, pasen que la terraza está al fondo”. El padre de Diego García Molina, que sirvió boquerones fritos a Sergio Leone, marcó estilo con tapas genuinas, su dinamismo y capacidad de no ponerse nervioso ante los retos de una barra saturada de clientes.

Esa línea la ha seguido con su esencia gastronómica de elevar los platos de cuchara y las tapas genuinas como hizo su madre que se prestó a dar los primeros pasos en medios de comunicación y mostrar al mundo el prestigio de Almería en el ámbito de la capitalidad gastronómica donde puso toda su dignidad y saber hacer. Ya no tendré al amigo que lo llamaba con dos horas de antelación y preparaba unas gachas para Antonio Pérez Lao y Manuel Gutiérrez, de Cajamar, con nuestras citas anuales con mi socio Hermosilla y su cuñado, el profesor Miguel A. Mañas.

Y ahí están compañeros de los medios a los que he llevado siempre, como Pilar Vergara, Tom Martín Benítez, Relaño, Arroyo, Durán, Inés, Fede, Rocío, Flores, Hermosa, Roldán, Masego y en la agenda estaba para cuando pasara lo del cierre por la pandemia que le tenía muy preocupado un encuentro con Juani, mi paisana de Salud al día, o con tantos y tantos periodistas con los que ha compartido momentos a lo largo del tiempo.

Le gustaba la comunicación, la radio, y puso en marcha su programa de salsa. Desde la radio y en sus tiempos libres ponía canciones para hacernos la vida más alegre.  Como dijo Carlos Herrera, para mí, Building y El Portón son como la prolongación del pasillo de mi casa. Diego García siempre en el corazón de miles de personas y en el de mi familia. Era asiduo porque con Diego la vida era mejor.

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