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¡Papá, ya no viajas en tren!

Antonio Lao

Director de Diario de Almería


El tren, desde la supresión del expreso con Madrid, se ha convertido en Almería más en un quebradero de cabeza que en un medio de transporte. Pocos han creído en el ferrocarril y muchos menos los que lo han defendido como vertebrador de territorios y de enlace con el resto del país o con la propia Comunidad Autónoma. Nos hemos preocupado más por lograr unas comunicaciones aéreas modernas y rápidas, muy importantes, que de conservar un medio fiable, histórico y con la suficiente raigambre como para permanecer como la gran alternativa comunicacional, con las mejoras necesarias y adaptadas a los tiempos en los que vivimos. 

Un quebradero de cabeza
No hicimos un solo gesto de protesta cuando se suprimió la única conexión con el levante que viajaba a través del Almanzora. La base de la iniciativa fue la de siempre: una vía obsoleta y con escaso tráfico de pasajeros. No fuimos entonces capaces de reivindicar las mejoras necesarias para atraer a los usuarios. A los pocos años, y en ese lento marchitar del tren, nos encontramos con la desagradable sorpresa de que el expreso con Madrid, un clásico, se suprimía con la peregrina justificación de poner en marcha un Talgo más moderno. Así se acababa con la posibilidad de viajar a Madrid, hacer las gestiones pertinentes y volver a Almería sin necesidad de pernoctar. Un argumento más para alejar a los viajeros de este medio de transporte. 

No contentos con esto se puso fin a la conexión con Barcelona. Era lo lógico, ya que el viaje era como ir a Tombuctú, pero sin salir de España. El tren te llevaba de Almería a Alcázar de San Juan y desde allí a Valencia y luego a la Ciudad Condal. Un disparate de kilómetros y de horas. 

Entre tanto, la Junta de Andalucía apostó por un tren con Sevilla, alargando la comunicación con Granada. Ha funcionado razonablemente bien, si tenemos en cuenta que los viajeros siempre han sido pocos. Quedaba Granada, pero con la creación de la Universidad de Almería y la mejora de nuestros hospitales, nuestra comunicación con la ciudad nazarí ha quedado disminuida. 

Ahora, se avecina una vuelta de tuerca al cierre de líneas, con el intento de conectarnos con Madrid a través de Antequera. Más tiempo en el viaje y, por tanto, un nuevo alejamiento de los pasajeros del tren. 

Y así hasta que la crisis pase y seamos capaces de conectarnos por el Levante con Madrid y con Europa. Las obras del AVE están ahí, aunque somos pocos los que creemos que avanzarán con la celeridad debida y con el compromiso que en su día se pactó y que nadie, absolutamente nadie, ha respetado hasta ahora. Y mientras, claro, aquí casi nadie viaja en tren.

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