Edita: FIDIO (Foro Indalo de Debate, Ideas y Opinión) C. I. F.: G04253035 Publicación no comercial.


Invernaderos sin jóvenes

Armando García
Director de AG Comunicación


El modelo agrícola almeriense, ese modelo de agricultura familiar que tanto nos caracteriza, apenas tiene interés profesional para los jóvenes. En Andalucía, la mayor parte del dinero público para incentivar el relevo generacional en el campo se lo va a llevar el olivar, que es por cierto una de las agriculturas más subvencionadas de toda Europa. Por el contrario, el invernadero apenas subvencionado que todos los días lucha por sobrevivir en un mercado cada vez más competitivo tiene poco atractivo para los jóvenes, que prefieren dedicarse a otra cosa y no seguir los pasos de sus padres para repetir largos jornales y pocas satisfacciones en una profesión que exige dedicación a tiempo completo y formación continua.

Relevo generacional (Foto: joseantonioarcos.es)

Según los datos de la Consejería de Agricultura, sólo el 12 % de las solicitudes de primera incorporación profesional al campo corresponden al sector de hortícolas en invernadero, mientras que el 6,1 % son para explotaciones de ganado caprino, es decir, para la digna y humilde vida de pastor. Sin embargo, el 26% de las solicitudes se han recibido desde el sector del olivar y son los jóvenes de Jaén, Córdoba y Granada los que lideran, por ese orden, la lista andaluza de beneficiarios.

Por poner otro ejemplo, Sevilla, la tierra del latifundio, del cereal y de la dehesa, la tierra de la agricultura concentrada en pocas manos, tiene tantas peticiones de ayudas para primera incorporación como nuestra querida Almería con sus 35.000 hectáreas de invernaderos y sus más de 15.000 explotaciones familiares. 

Está claro que aquí pasa algo. Puede que la clave del problema resida en que los propios agricultores de invernadero sean los primeros en recomendar a sus hijos que se “salven” y que se dediquen a otra cosa. Puede que los propios productores actualmente en activo sean los primeros en amedrentar a sus hijos para que entiendan que en la agricultura de invernadero no es oro todo lo que reluce. No es lo mismo estar todo el día pendiente de la explotación y de los precios de la subasta para saber si se podrán cubrir los costes de producción que compartir el olivar con otra profesión o actividad económica a tiempo parcial, sabiendo además que un buen pellizco en el precio de cada litro de aceite es una subvención procedente de la PAC. 

No obstante, no creo que la falta de relevo generacional en los invernaderos de Almería esté directamente relacionada con la cantidad de subvenciones disponibles para incentivarla. Más bien, creo que es un problema de percepción negativa sobre la actividad agrícola en los invernaderos y sobre los graves riesgos de futuro que encierra. Es muy difícil inyectar confianza en los jóvenes cuando Junta y Gobierno central coinciden en anunciar planes especiales de refinanciación y viabilidad, justo al final de la campaña. Así cualquiera sale corriendo.