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Cinco años de cárcel por colaborar con su padre en el maltrato a su madre

Juan Folío
@opinionalmeria

Ver cómo un hijo entra en la cárcel es el dolor más grande que puede sufrir una madre, pero más dolor es aún cuando ese ingreso en prisión viene motivado por una actitud hostil del joven hacia la que lo ha traído a este mundo. Ha ocurrido aquí mismo, en Almería. La Audiencia Provincial ha condenado a un hombre a siete años de cárcel por secuestrar a su exesposa y también ha condenado al hijo de ambos, mayor de edad, a cinco años de prisión por colaborar con el padre en la materialización del secuestro. 

Según la sentencia, el hombre -condenado anteriormente por violencia de género- se personó de madrugada en el domicilio donde convivían la mujer con los dos hijos en común con ánimo de atentar contra su libertad y con clara intención de llevarla hasta su casa para que firmase un carta de despedida a sus hijos. Iba con la cara tapada y con una gorra y una mochila con una barra de hierro en su interior. El hijo mayor, conocedor de los planes del padre, le abrió la puerta de la casa, por lo que logró llegar hasta el dormitorio de la víctima, que estaba acostada en la cama. 

Se abalanzó sobre ella, tapándole la boca y agarrándola fuertemente del pelo, al tiempo que le propinaba patadas y puñetazos, golpeando su cabeza contra el suelo en varias ocasiones e insultándole. La mujer quedó aturdida tras el ataque, lo que el procesado aprovechó para taparle la boca y la nariz con cinta adhesiva y para atarle igualmente los pies y las manos hasta dejarla totalmente inmovilizada. 

A continuación trasladó a la mujer al exterior del domicilio y la introdujo en su vehículo para conducirla hasta la vivienda de él. Una vez allí, la desató, la sentó en una silla y la obligó a escribir una carta de despedida a sus hijos sobre un borrador que ya había escrito previamente, aunque no llegó a hacerlo. En algún momento del secuestro, se dio cuenta de que ella tenía su móvil, por lo que volvió a agredirla con numerosos puñetazos en el rostro, tirándola al suelo. 

Finalmente la mujer pudo escapar del domicilio, cuando el procesado fue a otra habitación para cambiarse de camisa, y tras pedir auxilio a los vecinos de las casas colindantes. En la casa donde la mujer estuvo retenida se hallaron tanto la carta manuscrita que pretendía que escribiese como el hacha, el cuchillo y un tubo metálico con los que la amenazó, además de restos de sangre y cabello. 

La Audiencia Provincial considera que el hijo mayor conocía perfectamente las intenciones de su padre, y colaboró al éxito de su propósito de forma activa y con actos indubitadamente necesarios, sin los cuales no podría haber llevado a efecto su acción. El hijo conocía los antecedentes penales del padre y que tenía una orden de alejamiento del domicilio familiar. Además, adoptó medidas de vigilancia, tanto para entrar como ocultando mecanismos de alarma en el móvil de su hermana. Tras llevarse el padre a su madre, maniatada, tampoco buscó ayuda y se dedicó a borrar las huellas dejadas por el padre, limpiando el dormitorio y ocultando el disco duro de las cámaras de grabaciones.

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