Almería lleva demasiado
tiempo poniendo precio a sus propias heridas. Así desaparecieron edificios que
formaron parte de su paisaje y de su memoria, desde la antigua sede de Correos
hasta el silo de Renfe que llamábamos “Toblerone”. Lo vi en 2013, con mi amigo
Ángel González encaramado a una valla, megáfono en mano, mientras la plataforma
“Salvemos el Toblerone” intentaba parar las máquinas, impotente ante una lógica
en la que, a veces, se destruye porque otro valor, expresado en metros
cuadrados, pesa más.
La propuesta de la alcaldesa
para los terrenos ferroviarios ha vuelto a poner sobre la mesa una vieja
discusión de Almería: qué ciudad queremos construir sobre unos espacios que
durante años estuvieron ligados al soterramiento y que, al mismo tiempo, forman
parte de nuestra memoria. Esta vez, además, hay una pregunta que no puede
quedar al margen: cuánto
valen los derechos y los aprovechamientos que existen sobre ellos.
El nuevo Avance de la
modificación del Plan Especial Ferroviario reduce en 51.169 metros cuadrados la
superficie de suelo lucrativo, elimina las cuatro torres del Toblerone y
aumenta las zonas verdes y los equipamientos. El Ayuntamiento sostiene que los derechos
de Adif y Renfe se respetan. Pero si cambia la ordenación y se reduce el suelo
lucrativo, la pregunta es inevitable: ¿qué valor tienen esos derechos hoy y qué
valor tendrán con la nueva propuesta? Si existen informes o tasaciones que
permiten acreditar esa equivalencia, deberían conocerse.
La pregunta no es menor.
Durante años, esos aprovechamientos estuvieron vinculados a la financiación de
la transformación ferroviaria. En 2010, el convenio de integración ferroviaria
incorporó los recursos económicos netos de los suelos a la financiación de la
operación y contempló 83,7 millones de euros por ese concepto. Aquel convenio
fue extinguido y liquidado el 24 de mayo de 2023. Por eso, más que preguntarnos
si aquellos 83,7 millones siguen vigentes, necesitamos saber qué valor
económico tenían aquellos aprovechamientos y qué valor tienen ahora, después de
la nueva ordenación.
Durante años mantuvimos
interminables reuniones de vecinos defendiendo que los aprovechamientos
urbanísticos eran necesarios para hacer viable el soterramiento. Entonces,
aparte de la poesía que encerraba aquella ilusión, hablábamos de metros
cuadrados, torres, cargas, financiación y futuro, pero en el fondo discutíamos
algo bastante más sencillo: qué estaba dispuesta a sacrificar la ciudad para
poder transformarse y qué debía obtener a cambio.
El Ayuntamiento sostiene que
la nueva ordenación respeta esos derechos. Es una afirmación que debe poder
comprobarse con números. Porque respetar un derecho no significa necesariamente
que su valor económico permanezca intacto cuando cambia el planeamiento. Si
sobre un mismo terreno se puede construir menos, puede cambiar también el valor
de los derechos asociados a ese aprovechamiento. Por eso hay que saber qué
aprovechamientos corresponden a cada propietario, cuál es su valor con la
ordenación vigente y cuál sería con la propuesta. Aquellos metros cuadrados ya
tenían un precio. Lo que ahora necesitamos saber es cuál es el precio de la
nueva ordenación.
La antigua estación añade
otra dimensión a la discusión. Para Adif forma parte de su patrimonio; para los
almerienses es memoria que no cabe en la contabilidad. Es ladrillo visto,
hierro y cristal. Y también es la estación que Sergio Leone convirtió en 1970
en una estación mexicana para “¡Agáchate, maldito!”, con Rod Steiger y James Coburn recorriendo unos andenes
que siguen estando aquí.
La propuesta de la alcaldesa
apuesta por más zonas verdes, más espacio público y una antigua estación
convertida en un lugar para los ciudadanos. La idea puede ser atractiva. Pero
una idea necesita también un proyecto, una financiación y un modelo de uso y
gestión.
Por eso hacen falta las
tasaciones: no para decidir cuánto verde queremos, sino para saber cuánto
cuesta la transformación y cómo se respetan los derechos existentes.
Señora alcaldesa, publique
las tasaciones.
Después, los almerienses sabremos cuánto cuesta el verde que quiere para Almería.

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