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Eduardo del Pino publica "Almería, el libro de los lugares perdidos"

Emilio Ruiz
@opinionalmeria

Hay ciudades que desaparecen sin que apenas nos demos cuenta. No lo hacen de golpe, sino lentamente, a medida que se derriban edificios, se transforman calles y se borran rincones que durante décadas formaron parte de la vida cotidiana de sus habitantes. A esa Almería que se ha ido perdiendo dedica el periodista y escritor Eduardo del Pino Vicente su nueva obra, Almería, el libro de los lugares perdidos.

Portada del libro

El libro fue presentado este jueves en el salón de actos de Cajamar, en la emblemática Casa de las Mariposas, ante un numeroso público que quiso acompañar al autor en este recorrido por la memoria colectiva de los almerienses.

Eduardo del Pino, profundo conocedor de la historia y de las pequeñas historias de Almería, ha reunido recuerdos, fotografías y anécdotas sobre aquellos lugares que desaparecieron y otros que, aun permaneciendo en pie, han perdido buena parte de su personalidad.

Durante la presentación, el periodista hizo gala de su habitual ironía, con la que consigue arrancar sonrisas incluso cuando aborda cuestiones que invitan a la indignación. No faltaron las críticas a determinadas actuaciones urbanísticas ni las referencias a decisiones que, lejos de engrandecer Almería, han contribuido, a su juicio, a desdibujar algunos de sus espacios más característicos.

Pero esta obra es mucho más que un ejercicio de nostalgia. Constituye también una invitación a reflexionar sobre la facilidad con la que se sacrifica el patrimonio urbano en nombre de una modernidad que no siempre representa una mejora. Porque modernizar una ciudad no debería significar renunciar a aquello que la hace diferente.

Con Almería, el libro de los lugares perdidos, Eduardo del Pino nos recuerda que una ciudad que pierde su memoria corre el riesgo de perder también su identidad. Y lo hace con la mirada del periodista, el cariño de quien conoce profundamente su tierra y el humor de quien sabe que, a veces, la mejor manera de denunciar un disparate es contarlo con una sonrisa.

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