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Amador Mohedano justifica el maltrato hacia Rocío Carrasco

Alba Haro
@opinionalmeria

En televisión parece que no todo vale, salvo cuando hay una buena audiencia en juego. Telecinco ha vuelto a recurrir a Rocío Carrasco para alimentar la expectación ante una nueva entrega de ¡De Viernes!, que contará con la presencia de su tío Amador Mohedano. Y para calentar motores, Mediaset ha puesto en marcha una estrategia promocional que ha traspasado una línea que ningún medio de comunicación debería cruzar: la banalización del maltrato.

Amador Mohedano, descontrolado

La operación ha tenido dos protagonistas. Por un lado, Rosa Benito, que ha vuelto a arremeter contra la hija de Rocío Jurado con descalificaciones de considerable dureza. Por otro, Amador Mohedano, cuyas declaraciones en un avance promocional del programa han provocado una comprensible indignación en las redes sociales.

El hermano de La Más Grande, al referirse a determinadas actuaciones contra su sobrina, llega a afirmar: "¿Será maltrato? ¡Pues será maltrato! ¿Se lo merece? ¡Pues se lo merece!". Una frase que hiela la sangre, no solo por su contenido, sino por la naturalidad con la que parece justificarse que una persona pueda merecer ser maltratada.

No estamos ante una simple disputa familiar, una diferencia de opiniones o una de esas polémicas que alimentan habitualmente los programas del corazón. Estamos ante unas palabras que, tomadas en su sentido literal, legitiman el maltrato y trasladan un mensaje profundamente peligroso: que determinadas conductas de una víctima pueden justificar la violencia ejercida contra ella.

Pero tan preocupantes como las manifestaciones de Amador Mohedano resultan las circunstancias en las que se han difundido. Según lo mostrado en el avance, ninguno de los colaboradores presentes el viernes pasado, cuando se ofreció el adelanto, reaccionó ante semejante afirmación. Ni una objeción, ni una llamada de atención, ni una reflexión sobre la gravedad de lo que acababa de escucharse. Un silencio difícil de comprender en profesionales que conocen perfectamente la trascendencia de los mensajes emitidos por televisión.

Y aquí aparece la responsabilidad de Telecinco y de la productora de ¡De Viernes!, Mandarina. Porque una cosa es que un entrevistado pronuncie unas declaraciones desafortunadas y otra muy distinta que un medio decida seleccionarlas, editarlas y convertirlas en reclamo publicitario para conseguir espectadores.

Los medios de comunicación no son simples altavoces de cuanto dicen sus invitados. Tienen una responsabilidad social, unos principios deontológicos y la obligación de extremar el cuidado cuando abordan cuestiones tan sensibles como el maltrato y la violencia contra las mujeres. La libertad de expresión no exime de esa responsabilidad, ni convierte en aceptable cualquier mensaje por el mero hecho de que pueda generar audiencia.

Durante años, las cadenas de televisión han promovido campañas de sensibilización contra la violencia machista, han difundido mensajes de apoyo a las víctimas y han defendido públicamente la necesidad de erradicar cualquier forma de justificación del maltrato. Resulta, por tanto, especialmente contradictorio que esas mismas pantallas puedan utilizar declaraciones de semejante naturaleza como ingrediente de una campaña promocional.

La competencia televisiva es feroz y las audiencias condicionan buena parte de las decisiones de las cadenas. Pero la búsqueda de espectadores no puede convertirse en una coartada para trivializar la violencia ni para presentar el maltrato como una conducta que alguien puede llegar a merecer.

Amador Mohedano es responsable de sus palabras. Pero Telecinco también lo es de la decisión editorial de convertirlas en espectáculo. Y quienes estaban presentes tenían, cuando menos, la oportunidad de dejar claro que ninguna persona merece ser maltratada. Porque hay cuestiones que no deberían someterse a las reglas del entretenimiento. Y el maltrato, por mucho que algunos pretendan convertirlo en un reclamo televisivo, es una de ellas.

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