María Patiño ha regresado a la televisión. Y lo ha
hecho con un desafío que va mucho más allá de presentar un programa de corazón:
conseguir que un espacio que no ha terminado de conectar con los espectadores
encuentre, por fin, su sitio en la parrilla. Su estreno al frente de El
Sótano Queen, en Ten, se ha saldado con un discreto 0,7 % de cuota de
pantalla. Un dato que no invita precisamente a lanzar las campanas al vuelo,
aunque tampoco permite anticipar cuál será el futuro del programa.
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| María Patiño / Ten |
La periodista gallega conoce bien las dificultades
de la televisión actual. Tras la desaparición de Sálvame y su salida de Socialité,
encontró refugio en Ni que fuéramos Shhh, primero a través de internet y
después en Ten. Posteriormente participó en la aventura de La familia de la
tele, en La 1, y regresó a la cadena de la TDT con No somos nadie,
su último proyecto como presentadora antes de permanecer varios meses alejada
de las pantallas.
La irrupción de Ten en el universo del corazón en
directo supuso una pequeña revolución televisiva. Una cadena minoritaria se
atrevía a recuperar el espíritu de Sálvame, con tertulias, exclusivas,
enfrentamientos y colaboradores muy reconocibles. Detrás estaba Fabricantes
Studio, la productora impulsada por antiguos responsables de La Fábrica de la
Tele y posteriormente integrada en el proyecto de La Osa Producciones.
Aquella apuesta no pasó inadvertida. Ni que
fuéramos Shhh llegó a estrenarse en Ten con un 3,2 % de cuota de pantalla y
consiguió una media global próxima al 2,2 %. Cifras que, aunque alejadas de las
que alcanzaba Sálvame en Telecinco, resultaban muy estimables para una
cadena de sus características. Después llegarían Tentáculos y No
somos nadie, pero el desgaste de la fórmula y las dificultades para
mantener el interés de los espectadores terminaron imponiéndose. En enero de
este año, La Osa Producciones y Ten pusieron fin a su colaboración.
Sin embargo, la cadena no quiso renunciar al
corazón en directo. Su siguiente apuesta fue El Sótano Club, producido
por Dollhouse y presentado por Alba Carrillo. La modelo y colaboradora llegaba
con experiencia televisiva, personalidad y una importante comunidad de
seguidores. Durante aproximadamente seis meses, con la correspondiente pausa
veraniega, intentó hacerse un hueco en las tardes de Ten. Pero las audiencias
no acompañaron. El programa se movió en numerosas ocasiones alrededor del 0,7 %
y el 0,9 %, cifras insuficientes para hablar de una consolidación
satisfactoria.
La etapa de Carrillo terminó de manera abrupta,
entre desencuentros con los responsables del espacio y versiones enfrentadas
sobre las circunstancias de su salida. Su posterior incorporación a La Séptima
abrió una nueva etapa profesional para ella y dejó a Ten ante la necesidad de
buscar una sustituta.
Fue Marta Riesco quien asumió provisionalmente la
presentación. La periodista defendió el programa con naturalidad, energía y
oficio, demostrando que podía desenvolverse al frente de un espacio en directo.
Pero tampoco consiguió el esperado salto de audiencia. El pasado jueves, por
ejemplo, El Sótano Club registró un 0,8 % y 57.000 espectadores. La
conclusión parecía evidente: cambiar de presentadora no bastaba para modificar
sustancialmente los resultados.
Y entonces llegó la sorpresa. Ten anunció el
fichaje de María Patiño, uno de los rostros más reconocibles del periodismo del
corazón, y decidió rebautizar el programa como El Sótano Queen. Un
movimiento que despertó expectación, especialmente entre quienes habían seguido
a la periodista durante sus anteriores aventuras televisivas.
El desembarco, sin embargo, tampoco ha estado
libre de dificultades. Patiño ha tenido que afrontar desde el principio
diferencias y desencuentros con algunos colaboradores, entre ellos Alberto
Guzmán, con quien arrastraba discrepancias anteriores. La periodista tiene una
personalidad muy marcada y una forma de entender la televisión que no siempre
coincide con la de sus compañeros. Encontrar el equilibrio entre su estilo y la
dinámica del equipo será uno de sus primeros desafíos.
Pero la verdadera prueba llegó con las audiencias.
Su estreno, este lunes 26 de octubre, obtuvo un 0,7 % de cuota de pantalla. Un
resultado que, por ahora, no mejora los registros de Alba Carrillo ni los de
Marta Riesco. Sería injusto responsabilizar a Patiño de una situación que viene
de atrás, como también lo sería considerar que su incorporación garantiza
automáticamente una recuperación.
Hay una circunstancia que merece especial
atención. Ten ya demostró con Ni que fuéramos Shhh que podía conseguir
audiencias superiores al 2 % con un programa de corazón en directo. Por tanto,
no parece razonable atribuir todos los problemas a las limitaciones de una
cadena pequeña. La experiencia demuestra que existe un público dispuesto a
consumir este tipo de contenidos, siempre que encuentre una propuesta
suficientemente atractiva.
Y aquí surge la cuestión fundamental: ¿qué debe
cambiar El Sótano Queen para recuperar ese interés? Probablemente
bastante más que su nombre o la persona que ocupa la silla de presentadora. La
selección de los asuntos, el ritmo de las tertulias, la personalidad de los
colaboradores, la capacidad para ofrecer contenidos propios y la búsqueda de
una identidad reconocible deberían formar parte de una reflexión profunda.
El ejemplo de D Corazón, de La 1, resulta
especialmente ilustrativo. El programa que presentan Anne Igartiburu y Javier
de Hoyos atravesó etapas de audiencias discretas y necesitó introducir cambios
para mejorar su posición. Lejos de resignarse, fue evolucionando hasta conseguir
este pasado fin de semana superar el 11 % de cuota de pantalla tanto el sábado
como el domingo.
Evidentemente, comparar una cadena pública de
cobertura nacional con una pequeña televisión de la TDT exige muchas cautelas.
Ni compiten con los mismos recursos ni parten de idénticas condiciones. Pero la
enseñanza es válida: los programas pueden evolucionar, corregir errores y
recuperar espectadores cuando encuentran una fórmula adecuada.
María Patiño tiene experiencia, personalidad,
capacidad de reacción y una legión de seguidores que celebran su regreso.
También Alba Carrillo y Marta Riesco cuentan con sus respectivos públicos. Sin
embargo, conviene distinguir entre la popularidad de una presentadora y la
aceptación de un programa. Los aplausos en las redes sociales no siempre se
traducen en espectadores delante del televisor.
Tampoco sería justo exigir resultados
espectaculares después de una sola emisión. Patiño necesita tiempo para
imprimir su sello personal, conocer mejor a sus compañeros y participar en la
evolución del formato. Pero ese margen no debería confundirse con la ausencia
de cambios. Mantener un programa diario en directo exige un considerable
esfuerzo económico, técnico y humano, y una audiencia persistentemente situada
por debajo del 1 % obliga a reflexionar sobre su viabilidad.
No se trata, por tanto, de ser pesimistas sobre el
futuro de El Sótano Queen. Se trata de analizar con realismo una
situación que viene repitiéndose con distintas presentadoras. El programa no
consiguió consolidarse con Alba Carrillo, tampoco experimentó una recuperación
significativa con Marta Riesco y, de momento, no ha mejorado con María Patiño.
Eso debería llevar a sus responsables a mirar más allá de los nombres propios.
La periodista gallega tiene ahora una oportunidad
interesante. Su experiencia puede contribuir a introducir nuevos contenidos,
dar mayor personalidad al espacio y recuperar parte de aquel público que
convirtió Ni que fuéramos Shhh en un pequeño fenómeno televisivo. No
será una tarea sencilla, pero tampoco imposible.
Porque el verdadero reto de María Patiño no consiste en demostrar que sabe presentar un programa. Eso ya lo ha demostrado sobradamente. Su desafío es ayudar a transformar un programa que todavía no funciona en otro que consiga despertar el interés de los espectadores. Y para lograrlo, Ten tendrá que apostar por algo más que un cambio de presentadora.


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