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La dura tarea que tiene por delante María Patiño

Emilio Ruiz
@opinionalmeria

María Patiño ha regresado a la televisión. Y lo ha hecho con un desafío que va mucho más allá de presentar un programa de corazón: conseguir que un espacio que no ha terminado de conectar con los espectadores encuentre, por fin, su sitio en la parrilla. Su estreno al frente de El Sótano Queen, en Ten, se ha saldado con un discreto 0,7 % de cuota de pantalla. Un dato que no invita precisamente a lanzar las campanas al vuelo, aunque tampoco permite anticipar cuál será el futuro del programa.

María Patiño / Ten

La periodista gallega conoce bien las dificultades de la televisión actual. Tras la desaparición de Sálvame y su salida de Socialité, encontró refugio en Ni que fuéramos Shhh, primero a través de internet y después en Ten. Posteriormente participó en la aventura de La familia de la tele, en La 1, y regresó a la cadena de la TDT con No somos nadie, su último proyecto como presentadora antes de permanecer varios meses alejada de las pantallas.

La irrupción de Ten en el universo del corazón en directo supuso una pequeña revolución televisiva. Una cadena minoritaria se atrevía a recuperar el espíritu de Sálvame, con tertulias, exclusivas, enfrentamientos y colaboradores muy reconocibles. Detrás estaba Fabricantes Studio, la productora impulsada por antiguos responsables de La Fábrica de la Tele y posteriormente integrada en el proyecto de La Osa Producciones.

Aquella apuesta no pasó inadvertida. Ni que fuéramos Shhh llegó a estrenarse en Ten con un 3,2 % de cuota de pantalla y consiguió una media global próxima al 2,2 %. Cifras que, aunque alejadas de las que alcanzaba Sálvame en Telecinco, resultaban muy estimables para una cadena de sus características. Después llegarían Tentáculos y No somos nadie, pero el desgaste de la fórmula y las dificultades para mantener el interés de los espectadores terminaron imponiéndose. En enero de este año, La Osa Producciones y Ten pusieron fin a su colaboración.

Sin embargo, la cadena no quiso renunciar al corazón en directo. Su siguiente apuesta fue El Sótano Club, producido por Dollhouse y presentado por Alba Carrillo. La modelo y colaboradora llegaba con experiencia televisiva, personalidad y una importante comunidad de seguidores. Durante aproximadamente seis meses, con la correspondiente pausa veraniega, intentó hacerse un hueco en las tardes de Ten. Pero las audiencias no acompañaron. El programa se movió en numerosas ocasiones alrededor del 0,7 % y el 0,9 %, cifras insuficientes para hablar de una consolidación satisfactoria.

La etapa de Carrillo terminó de manera abrupta, entre desencuentros con los responsables del espacio y versiones enfrentadas sobre las circunstancias de su salida. Su posterior incorporación a La Séptima abrió una nueva etapa profesional para ella y dejó a Ten ante la necesidad de buscar una sustituta.

Fue Marta Riesco quien asumió provisionalmente la presentación. La periodista defendió el programa con naturalidad, energía y oficio, demostrando que podía desenvolverse al frente de un espacio en directo. Pero tampoco consiguió el esperado salto de audiencia. El pasado jueves, por ejemplo, El Sótano Club registró un 0,8 % y 57.000 espectadores. La conclusión parecía evidente: cambiar de presentadora no bastaba para modificar sustancialmente los resultados.

Y entonces llegó la sorpresa. Ten anunció el fichaje de María Patiño, uno de los rostros más reconocibles del periodismo del corazón, y decidió rebautizar el programa como El Sótano Queen. Un movimiento que despertó expectación, especialmente entre quienes habían seguido a la periodista durante sus anteriores aventuras televisivas.

El desembarco, sin embargo, tampoco ha estado libre de dificultades. Patiño ha tenido que afrontar desde el principio diferencias y desencuentros con algunos colaboradores, entre ellos Alberto Guzmán, con quien arrastraba discrepancias anteriores. La periodista tiene una personalidad muy marcada y una forma de entender la televisión que no siempre coincide con la de sus compañeros. Encontrar el equilibrio entre su estilo y la dinámica del equipo será uno de sus primeros desafíos.

Pero la verdadera prueba llegó con las audiencias. Su estreno, este lunes 26 de octubre, obtuvo un 0,7 % de cuota de pantalla. Un resultado que, por ahora, no mejora los registros de Alba Carrillo ni los de Marta Riesco. Sería injusto responsabilizar a Patiño de una situación que viene de atrás, como también lo sería considerar que su incorporación garantiza automáticamente una recuperación.

Hay una circunstancia que merece especial atención. Ten ya demostró con Ni que fuéramos Shhh que podía conseguir audiencias superiores al 2 % con un programa de corazón en directo. Por tanto, no parece razonable atribuir todos los problemas a las limitaciones de una cadena pequeña. La experiencia demuestra que existe un público dispuesto a consumir este tipo de contenidos, siempre que encuentre una propuesta suficientemente atractiva.

Y aquí surge la cuestión fundamental: ¿qué debe cambiar El Sótano Queen para recuperar ese interés? Probablemente bastante más que su nombre o la persona que ocupa la silla de presentadora. La selección de los asuntos, el ritmo de las tertulias, la personalidad de los colaboradores, la capacidad para ofrecer contenidos propios y la búsqueda de una identidad reconocible deberían formar parte de una reflexión profunda.

El ejemplo de D Corazón, de La 1, resulta especialmente ilustrativo. El programa que presentan Anne Igartiburu y Javier de Hoyos atravesó etapas de audiencias discretas y necesitó introducir cambios para mejorar su posición. Lejos de resignarse, fue evolucionando hasta conseguir este pasado fin de semana superar el 11 % de cuota de pantalla tanto el sábado como el domingo.

Evidentemente, comparar una cadena pública de cobertura nacional con una pequeña televisión de la TDT exige muchas cautelas. Ni compiten con los mismos recursos ni parten de idénticas condiciones. Pero la enseñanza es válida: los programas pueden evolucionar, corregir errores y recuperar espectadores cuando encuentran una fórmula adecuada.

María Patiño tiene experiencia, personalidad, capacidad de reacción y una legión de seguidores que celebran su regreso. También Alba Carrillo y Marta Riesco cuentan con sus respectivos públicos. Sin embargo, conviene distinguir entre la popularidad de una presentadora y la aceptación de un programa. Los aplausos en las redes sociales no siempre se traducen en espectadores delante del televisor.

Tampoco sería justo exigir resultados espectaculares después de una sola emisión. Patiño necesita tiempo para imprimir su sello personal, conocer mejor a sus compañeros y participar en la evolución del formato. Pero ese margen no debería confundirse con la ausencia de cambios. Mantener un programa diario en directo exige un considerable esfuerzo económico, técnico y humano, y una audiencia persistentemente situada por debajo del 1 % obliga a reflexionar sobre su viabilidad.

No se trata, por tanto, de ser pesimistas sobre el futuro de El Sótano Queen. Se trata de analizar con realismo una situación que viene repitiéndose con distintas presentadoras. El programa no consiguió consolidarse con Alba Carrillo, tampoco experimentó una recuperación significativa con Marta Riesco y, de momento, no ha mejorado con María Patiño. Eso debería llevar a sus responsables a mirar más allá de los nombres propios.

La periodista gallega tiene ahora una oportunidad interesante. Su experiencia puede contribuir a introducir nuevos contenidos, dar mayor personalidad al espacio y recuperar parte de aquel público que convirtió Ni que fuéramos Shhh en un pequeño fenómeno televisivo. No será una tarea sencilla, pero tampoco imposible.

Porque el verdadero reto de María Patiño no consiste en demostrar que sabe presentar un programa. Eso ya lo ha demostrado sobradamente. Su desafío es ayudar a transformar un programa que todavía no funciona en otro que consiga despertar el interés de los espectadores. Y para lograrlo, Ten tendrá que apostar por algo más que un cambio de presentadora.

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