Telecinco sabía que tenía entre manos uno de esos
escasos caramelos que últimamente aparecen en sus parrillas. El regreso de
Belén Esteban había llevado una semana antes a ¡De Viernes! hasta un
extraordinario 18,7% de cuota de pantalla y 1.130.000 espectadores, liderando
la noche y mejorando en ocho puntos el dato del programa de la semana anterior.
Este viernes la cadena volvió a vestirse de gala para recibirla, ahora sí, en
plató. Y el público respondió todavía mejor: 19,7% y 1.228.000 espectadores, el
segundo mejor dato histórico del espacio.
![]() |
| Belén Esteban, anoche en ¡De Viernes! / Telecinco |
Nada se había dejado al azar. Durante toda la
semana Telecinco convirtió a Belén Esteban en protagonista transversal de su
programación. Supervivientes All Stars dedicó buena parte de una de sus
galas a las reacciones provocadas por su entrevista: Víctor Janeiro habló de
ella desde Honduras, también lo hizo Rosa Benito y el asunto terminó
trasladándose al plató, donde intervinieron Rosario Mohedano, Beatriz Trapote y
Terelu Campos. Aquella entrega alcanzó un 15,1%, su mejor cuota de la temporada
hasta ese momento. Hasta Jorge Javier Vázquez aprovechó el programa para
invitar públicamente a Jesulín de Ubrique y María José Campanario a participar
en Supervivientes y para abrir las puertas de Mediaset a Julia Janeiro.
El mensaje era evidente: había que alimentar el segundo «Belenazo».
Y llegó Belén. Eufórica, consciente del
recibimiento que había tenido siete días antes y entrando en un plató de
Telecinco por primera vez desde la desaparición de Sálvame. Era la Belén
de las grandes ocasiones: gestual, expansiva, rápida y perfectamente consciente
de dónde estaba cada cámara. Ni siquiera llegó a faltar aquella pregunta que durante
años formó parte de su personaje televisivo: «¿Cuál es mi cámara?».
La puesta en escena prometía una noche histórica. El contenido, bastante menos. Porque después de una semana de cebos, respuestas, amenazas de demandas, vídeos desde Honduras y reencuentros anunciados como explosivos, buena parte de la entrevista consistió en volver sobre terrenos suficientemente transitados. Belén insistió en que Andrea le había autorizado a hablar, volvió sobre la relación entre padre e hija, reiteró que su problema fundamental era con Jesulín y respondió a Julia Janeiro asegurando que no quería una guerra con ella. A la joven, de hecho, le reconoció su simpatía y únicamente le reprochó públicamente los insultos que le había dirigido: «No me vuelvas a insultar. Yo no soy una payasa».
Frente a ella, una mesa de periodistas que tenía
delante a uno de los personajes más rentables de la historia reciente de
Telecinco, pero de la que costaba obtener algo verdaderamente nuevo. Preguntas
sobre asuntos conocidos, respuestas conocidas y recuerdos que el espectador
veterano podía casi completar antes que la propia invitada. Mucha expectación
acumulada durante siete días para demasiado poco descubrimiento.
Lo que sí abundó fue la publicidad. Tanta, que la
propia Belén terminó convirtiendo los cortes en parte del espectáculo. Cuando
le anunciaron una nueva pausa reaccionó sorprendida y, después de varias
interrupciones, ironizó con que Mediaset debía de estar ganando mucho dinero
porque había «más anuncios que en La tienda en casa». Telecinco parecía
decidida a exprimir comercialmente una noche excepcional para una cadena que
viene atravesando serias dificultades de audiencia y que cerró septiembre con
uno de sus peores arranques de temporada.
Y el espectador aguantó. Aguantó anuncios, cebos, pausas y reiteraciones esperando ese instante glorioso que justificara permanecer delante del televisor hasta bien entrada la madrugada. Esa frase que al día siguiente ocuparía titulares. Esa revelación que explicara una semana entera de promoción. Pero el momento no llegó.
Había además un ingrediente añadido. Apenas unas
horas antes del programa, Jesulín de Ubrique y María José Campanario habían
difundido, a través de sus abogados, un comunicado en el que desmentían «de
manera categórica e íntegra» las manifestaciones realizadas por Belén Esteban
la semana anterior y sostenían que los hechos relatados no se correspondían con
la realidad. El escrito anunciaba además que analizarían el conjunto de sus
intervenciones y estudiarían las acciones legales que pudieran corresponder si
entendían vulnerados sus derechos al honor, la intimidad o la propia imagen.
La advertencia añadía todavía más expectación a la noche. ¿Respondería Belén? ¿Subiría el tono? ¿Habría nuevas acusaciones? Nada de eso ocurrió con la intensidad que podía esperarse.
Es probable que, después de lo visto, los abogados
de la familia Janeiro-Campanario tengan bastante menos material nuevo que
estudiar del que podían imaginar al redactar su comunicado. Belén no
protagonizó una escalada contra la familia y, cuando habló de Julia Janeiro,
combinó el reproche por haberla llamado «payasa» con palabras mucho más amables
hacia ella.
Al final, la gran paradoja de la noche fue esa: ¡De Viernes! consiguió un extraordinario éxito de audiencia con un programa que ofreció bastante menos de lo que había prometido. Telecinco ganó la batalla de los audímetros; Belén Esteban demostró, tres años después, que continúa teniendo una extraordinaria capacidad para convocar espectadores; y el público esperó pacientemente una bomba que nunca terminó de explotar.
Por cierto, Beatriz Trapote, esposa de Víctor Janeiro, posiblemente se estará preguntando hoy qué pintaba ella en ese programa. Un jugoso caché no invita a cualquier acción. Los espectadores le recordarán hoy por unas palabras, que se podía había ahorrado, sobre el supuesto déficit de alimentación de Belén Esteban y el uso por ésta de una faja.


No hay comentarios:
Publicar un comentario