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Lo invisible

Fátima Herrera
Portavoz del PSOE en el Ayuntamiento de Almería

El trágico accidente de trenes de Adamuz ha dejado tras de sí un rastro de dolor que recorre la columna vertebral de todo el país. Sin embargo, entre los escombros y la angustia, ha emergido esa otra realidad que, a menudo, damos por sentada, pero que constituye la verdadera medida de una nación: la capacidad de respuesta de quienes nos protegen y la humanidad desbordante de quienes nos rodean. 

Ver a los equipos de emergencias trabajar sin descanso -bomberos, sanitarios, Guardia Civil y Protección Civil-, arriesgando su propia integridad para salvar vidas ajenas, nos recuerda por qué es vital defender y mantener un Estado fuerte. Porque un Estado robusto se materializa precisamente aquí, en la calidad de sus servicios públicos, en la formación de sus profesionales y en la disponibilidad de medios para afrontar lo impensable. 

Tras el gravísimo el accidente, ha actuado un sistema engrasado para responder cuando todo lo demás falla. Invertir en seguridad, en sanidad y en infraestructuras de rescate es invertir en la certeza de que, ante el abismo, habrá una mano profesional extendida para sacarnos de él. Pero el Estado no puede llegar a los rincones del alma donde solo llega el calor humano. 

Y ahí es donde la sociedad española ha vuelto a dar una lección. Desde los vecinos que fueron los primeros en acercarse a las vías con mantas y agua, hasta las colas espontáneas para donar sangre o los ofrecimientos de alojamiento para los familiares de las víctimas. Esa generosidad, es el tejido conectivo que nos mantiene unidos. El accidente deja cicatrices imborrables, especialmente en aquellas familias, a quienes desde aquí quiero expresar mi máximo cariño y solidaridad. 

Esperamos que, en su duelo, no se sientan solos. Nos sostiene una estructura pública capaz y nos abraza una ciudadanía solidaria. Esa alianza entre un Estado presente y una sociedad compasiva es la red invisible que impide que nos derrumbemos cuando el suelo se abre bajo nuestros pies.

El revulsivo de ‘La Revuelta’ en la audiencia de La 1

Alba Haro
@opinionalmeria

La llegada de La Revuelta a La 1 ha supuesto mucho más que el estreno de un nuevo programa de entretenimiento: ha sido un auténtico punto de inflexión en una franja históricamente complicada para la televisión pública. El access prime time, ese espacio entre el informativo nocturno y los grandes estrenos de la noche, llevaba años funcionando como un lastre para La 1, incapaz de generar una audiencia sólida que sirviera de trampolín al prime time. Con David Broncano al frente, la situación ha dado un giro inesperado.

David Broncano / La 1

Los datos avalan el fenómeno. La Revuelta reúne habitualmente cuatro millones de espectadores únicos, con una cuota de pantalla que se mueve entre el 11 % y el 15 %, y una audiencia media que oscila entre 1,5 y 2 millones de personas. Cifras especialmente relevantes si se tiene en cuenta el horario de emisión —aproximadamente entre las 21:45 y las 23:15—, una franja que durante años ha estado claramente dominada por El Hormiguero, el formato estrella de Antena 3.

Que La 1 haya conseguido “hacerle sombra” algunos días a un programa tan consolidado no es un detalle menor. De hecho, la propia cadena pública ha comenzado a anunciar sus estrenos de prime time como aquellos que llegan “después de La Revuelta”, un síntoma claro de que el programa no solo funciona por sí mismo, sino que arrastra audiencia y mejora el rendimiento de la parrilla posterior. Algo impensable hasta hace poco en la televisión pública.

Más allá de los números, el éxito del formato tiene una lectura estratégica. La incorporación de Broncano ha sido interpretada como un soplo de aire fresco y un intento decidido por parte de RTVE de rejuvenecer su oferta y reconectar con un público que había abandonado progresivamente La 1 en favor de las cadenas privadas y las plataformas digitales. El humor irreverente, el ritmo ágil, la naturalidad del presentador y la complicidad con una audiencia joven y digital han demostrado que la televisión pública también puede competir en terrenos tradicionalmente ajenos.

La Revuelta no es solo un programa de entretenimiento; es una declaración de intenciones. Supone asumir riesgos, romper inercias y entender que el servicio público no está reñido con formatos actuales, desenfadados y cercanos. Al contrario: conectar con nuevas generaciones también es una forma de cumplir con ese servicio público, adaptándolo a los tiempos y a los hábitos de consumo audiovisual.

El verdadero reto ahora será la continuidad. Mantener la frescura, evitar el desgaste y consolidar esta nueva identidad en el access prime time será clave para que el éxito no se quede en un fenómeno pasajero. Pero, por el momento, La Revuelta ya ha logrado algo fundamental: demostrar que La 1 puede volver a ser relevante, competitiva y conversación diaria. Y eso, en el panorama televisivo actual, no es poca cosa.

Carmen Borrego y el eterno déjà vu de los realities

Tania Artajo
@opinionalmeria

La participación de Carmen Borrego en GH Dúo ha vuelto a dejar una sensación incómoda, esa que se repite cada vez que la colaboradora pisa un concurso de Telecinco: la del contrato firmado, la exposición garantizada… y el abandono prematuro como desenlace casi anunciado.

Carmen Borrego, anoche en GH Dúo / Mediaset

No es la primera vez que Borrego entra en un reality con la promesa de afrontar el reto y, apenas unos días después, confiesa que no puede más. En esta edición de GH Dúo, el patrón se ha repetido con una precisión milimétrica. Tras activar el protocolo de abandono, la concursante ha alegado que su cuerpo le está pasando factura y que la convivencia se ha vuelto insoportable. “No puedo estar temblando, no aguanto 48 horas más”, confesaba a Belén Rodríguez, dejando claro que su estancia en la casa pendía de un hilo.

En el confesionario, Borrego insistía en que su decisión no estaba premeditada: “Nunca iba a abandonar tan pronto, no estaba en mi mente”. Sin embargo, lo cierto es que muchos espectadores ya intuían este desenlace. Los continuos roces con Cristina Porta y Carlos Lozano, sumados al clima enrarecido generado por John Guts, acabaron formando un cóctel explosivo que Carmen no supo —o no quiso— gestionar. Entre lágrimas, reconocía su hartazgo: “Si esto tiene que ser así, yo prefiero marcharme”.

La situación terminó derivando en un episodio de ansiedad que la llevó a solicitar formalmente el abandono: “Cuanto antes mejor, no he venido a lo que está pasando en esta casa”. Un mensaje que, más allá de la preocupación legítima por la salud mental, vuelve a abrir el debate sobre la responsabilidad de quienes aceptan participar en este tipo de formatos sabiendo de antemano las reglas del juego.

Por si fuera poco, su concurso tampoco ha estado exento de polémica. Un comentario captado por las cámaras de la conexión 24 horas sobre un supuesto móvil desató acusaciones de favoritismo en redes sociales. La organización tuvo que salir al paso para negar cualquier trato de favor, aunque el daño ya estaba hecho. Muchos esperaban ver a una Carmen Borrego más fuerte, más curtida tras años de platós y realities, pero la sensación general ha sido la contraria.

Quizá el problema no sea solo Carmen Borrego, sino el personaje que se ha construido —o que le han ayudado a construir— dentro del ecosistema televisivo. Un perfil que acepta contratos suculentos, promete implicación total y acaba recurriendo al abandono como vía de escape. Un déjà vu que, edición tras edición, termina desgastando tanto al espectador como al propio formato.

La pregunta final es inevitable: ¿hasta cuándo seguirá funcionando esta fórmula? Porque el drama reiterado deja de ser drama y se convierte en rutina. Y la rutina, en televisión, rara vez engancha.

Gobernar sin escuchar, oposición sin calle

Ignacio
Ortega 

Nos llevó décadas comprender que la política era la herramienta fundamental para mejorar la vida de pueblos y ciudades. Hoy, ese aprendizaje parece desdibujado, como si la práctica institucional hubiera perdido su sentido original. El debate municipal se ha convertido en un juego de sombras donde el gobierno ignora y la oposición se desvanece, dejando a la ciudadanía en una orfandad democrática.

Es la lección que extraigo siguiendo los plenos del ayuntamiento de la capital: percibo, por un lado, un gobierno local que ejerce su mayoría absoluta como un muro y, por otro, una oposición que parece existir como ruido de fondo. Sus propuestas son desestimadas sin debate, generando escenas que recuerdan a Charles Laughton en la película Esta tierra es mía, de Renoir, defendiendo la dignidad humana frente a la prepotencia del poder.

En cada sesión plenaria, la desconexión resulta evidente: concejales con respuestas prefabricadas, intervenciones sin levantar la vista del papel y votaciones con el resultado predefinido. El gobierno observa a la oposición como si careciera de legitimidad y el debate se torna plano, casi ceremonial.

Así, el ejercicio democrático se reduce a un ritual vacío cuyo eco apenas llega a los titulares cansados de la prensa.

El espejo de la democracia no solo se empaña por la soberbia del que manda; también por la anemia de quien aspira a representar. Una oposición que se encierra en sus despachos, que sustituye la asamblea vecinal por el comunicado y la visita al barrio por la rueda de prensa, corre el riesgo de volverse irrelevante. No basta con denunciar la falta de diálogo desde la prensa. Para eso le haría falta una pregnancia social avalada por los barrios, que no la tiene. Si la oposición no es capaz de movilizar ni de ilusionar, acaba siendo cómplice involuntaria del silencio institucional.

Cuando el gobierno municipal no escucha y la oposición no pulsa la realidad de los barrios que sostienen la ciudad, la ciudad pierde capacidad para corregir su rumbo. La democracia no es un latido vacío, sino un organismo vivo. Como en los versos de Celia Viñas: “...queda quieta la mano, el corazón no late con su afán / se ha callado el bullicio del pueblo / se va la luz. Pero la luz no muere, sólo muere la luz que se esconde”, perdida entre la soberbia de unos y la invisibilidad de los otros.

In memoriam: Sebastián González Mañas, panadero de Los Gallardos

Antonio Torres
Periodista

Sebastián González Mañas, conocido popularmente por Lanero, nacido en septiembre de 1953 en Los Gallardos, tendrá este miércoles una despedida entrañable y diferente porque ha sido una persona poliédrica, respetada y muy querida con un horno moruno, auténtico, reclamado por media provincia. El mundo del comercio, del deporte, la cultura, artesanía, los nuevos vecinos asentados en el municipio le echarán de menos.

Sebastián González Mañas / Dora Cazorla

Se le dirá adiós desde el Espacio Cultural de Los Gallardos, en la Plaza Miguel Cánovas, me informaba en la mañana del martes el alcalde, Fran Reyes, visiblemente emocionado por la pérdida de uno de los vecinos más ilustres y más conocidos. Sebastián no era uno cualquiera, digno de admiración y con una cosa que no todos tenemos. Sebas era alma pura, generosa siempre. 

La muerte de un amigo de verdad duele, uno de los pocos que no tenía prejuicios, provoca un desgarro difícil de aceptar y nos empobrece porque estamos ante la pérdida de uno de los mejores, cómplice y pañuelo de muchos desahogos. Hemos estado casi en todas las facetas de la vida, en casi todas. Voraz lector, inteligente y atento sin hacer distinción de nada. Sebastián ha tenido la virtud de escuchar un ejemplo y ser salvajemente sincero, una virtud frente a los bulos. 

Hay amigos de la infancia que sin saber por qué se desconectan, o nos desconectamos, y con Sebas eso no ha ocurrido ni en los buenos, ni en los malos momentos cuando los amigos de verdad dan la talla. Cuando su hija Claudia y su primo Miguel Ángel Mañas me informaron de la triste noticia quedé roto, aunque iba sabiendo día a día por su primo. Le escribí un perfil el pasado año en el que glosé algunos aspectos de su arrolladora personalidad. Seguro que no dejó fincas, barcos ni joyas, pero sí mucha dignidad, sentido común, compromiso, empatía y saber estar. Disfrutó de la vida y amó a toda su gente.

La actual panadería, junto a la iglesia, mantiene el prestigio que escapa de la frontera comarcal. Son muchos los que entran en el pueblo para hacerse con sus famosos panes, las empanadas, pastaflora, la favorita de mí familia, y dulces que se mantienen bajo la dirección de Ana Crespo, esposa de Sebastián. Ambos trabajadores desde media noche, haga frio o calor. Un trabajo impagable con un horno de leña. 

Tras la primera boda mediática, la primera televisada de Balduino y Fabiola, llegó el nombre de su famoso pan, el de las “fabiolas”, populares en casi toda Almería. Todas las generaciones hemos pasado durante madrugadas juveniles por la panadería, al regreso de las noches de Mojácar, para degustar de la amistad, los productos y alguna que otra confesión. En los de mi generación, hasta algún cochinillo asado, pero esa es otra historia.

Gracias a sus gestiones y personalidad única, fue concejal por el PCE, pasaron por Los Gallardos Julio Anguita, Marcelino Camacho, Antonio Romero, Concha Caballero, sin olvidar a sus camaradas de Almería como Antonio Muñoz Zamora, que pasó por los campos de concentración nazis, Paco Aznar, Dámaso Visiedo y Paco Sánchez, entre otros. Casi siempre, el punto de encuentro era el bar o la terraza de José María Crespo e Isabel Haro. Nieto e hijo de alcalde, su hermana Manuela ha pasado semanas enteras de hospital con su hermano, fue directora general de Calidad, Innovación y Fomento del Turismo de la Junta de Andalucía, quien apoyó mucho a las iniciativas de la provincia. Es primo de la concejala de Cultura, Esther González, docente en la Universidad de Almería.

Sebastián sentía pasión por la lectura y escritura. Autor de varios trabajos como 400 años después, publicada con motivo del IV centenario de don Quijote y Sancho una obra de teatro infantil conmemorativa del IV centenario. “El teatro”, decía Sebas, “representa una cura espiritual, lo más grande que hay”. Sobre El Quijote de la que le encantaba una de las definiciones más populares de que es prudencia saberse aprovechar de lo que oye, ve y estudia. “Si pudiera elegir al nacer, habría apostado por ser El Quijote con su humildad y la lección que nos da para rebajar egos”.

El Almería, ante una encrucijada que ya no admite rodeos

Juan Folío
@opinionalmeria

La Unión Deportiva Almería camina por una cornisa cada vez más estrecha. El equipo rojiblanco llega al próximo compromiso liguero ante el AD Ceuta con más dudas que certezas y con la sensación de que el margen de error se ha evaporado. El duelo no solo puede marcar el rumbo de la temporada, sino también el futuro inmediato de Rubi en el banquillo.

Los números, tan fríos como incontestables, dibujan un escenario preocupante: apenas 8 puntos de los últimos 27 posibles, solo dos victorias en nueve jornadas y una preocupante racha de tres partidos consecutivos sin ganar. Una dinámica impropia de un equipo diseñado para pelear por el ascenso directo y que ha pasado, en pocas semanas, de mirar hacia arriba con ambición a hacerlo con creciente inquietud.

La clasificación mantiene al Almería en la sexta posición con 36 puntos y a solo tres del segundo clasificado, el CD Castellón. Sin embargo, la lectura no puede quedarse ahí. El retrovisor empieza a llenarse de sombras: Sporting de Gijón iguala a puntos, mientras Córdoba CF, Burgos CF y Cádiz CF acechan a uno y dos pasos de distancia. La pelea por el ‘play off’ ya no es una hipótesis: es una realidad que aprieta.

Más allá de los resultados, el mayor foco de preocupación está en la fragilidad defensiva. Treinta y tres goles encajados en 23 jornadas —cuatro más que a estas alturas del curso pasado— reflejan un desorden que se repite jornada tras jornada. El equipo sufre sin balón, concede demasiado y transmite una inseguridad que termina contagiando al resto de líneas. No es solo cuestión de nombres, sino de funcionamiento colectivo.

El partido ante el Ceuta se presenta, por tanto, como una frontera. Ganar significaría recuperar oxígeno, calmar el entorno y reforzar la confianza en un proyecto que aún está a tiempo de reaccionar. Tropezar, en cambio, podría abrir un escenario incómodo, con el debate sobre el banquillo instalado sin disimulo y con la temporada entrando en una espiral peligrosa.

En Almería ya nadie pide exhibiciones, solo respuestas. Y el fútbol, como tantas veces, no entiende de discursos, sino de resultados. El reloj corre y el crédito se agota. El próximo partido no decidirá toda la temporada, pero sí puede marcar un antes y un después. Y eso, ahora mismo, es mucho decir.

María del Carmen Flores Piñero: “La IA puede ser enemigo o aliado”

Antonio Torres
Periodista

Una gallardera se ha convertido en referente educativo con la utilización de la inteligencia artificial (IA) en el ámbito académico. La competitividad global se está trasformando con esta herramienta que utilizan más de 1.200 millones de personas. Es la tecnología más rápida en la difusión y acapara todos los ámbitos, según Microsoft. Está en juego ser amigo o aliado, destaca la doctora en Ciencias de la Educación por la Universidad de Granada (UGR) María del Carmen Flores Piñero (Los Gallardos, 1994). Subraya que memorizar ya no basta y es necesario hacer frente a los desafíos que plantea la inteligencia artificial (IA) en su campo. “Me preocupa la pérdida de creatividad y autonomía. Su uso puede aumentar las desigualdades llevando a la brecha digital y puede afectar al bienestar digital, docente y personal”. Flores sabe de dónde viene. Nieta de la centenaria María Josefa Alonso, hija de transportista de yeso desde Sorbas al puerto de Garrucha y de ama de casa, de Alfaix, residentes en la calle Molino de Los Gallardos. Su tesis doctoral se desarrolló bajo el epígrafe El clima motivacional en Educación Física: conductas psicosociales en adolescentes. Actualmente desarrolla su trabajo en el Centro de Magisterio la Inmaculada, adscrito a la UGR. 

María del Carmen Torres Piñero / A. Torres

Límites al uso de la IA en el aula y a las vejaciones digitales, especialmente a las mujeres con ataques a los derechos fundamentales. “Debe haberlos. Porque al final el alumnado se puede ver tentado a realizar todas las actividades y trabajo usando estas herramientas y confiarse en todo lo que dicen”. “Es un error confían cien por cien en la tecnología sin revisar, sin comentar la información que se les proporciona”. “Al final tiene que haber competencia exigente, aprender a aprender, compañerismo, diálogo, trabajo en equipo y también creo que es importante el esfuerzo y el fracaso. Hay personas cada vez más que están acostumbrados a la inmediatez, que no saben valorar el esfuerzo ni la constancia. Al final, se impone la ley del mínimo esfuerzo. Cuando se les exige un poquito más es cuando nos podemos encontrar con el fracaso o abandono escolar, en el ámbito universitario”. Lo dice un talento que desde pequeñica le ha gustado siempre la escuela, los estudios, una joven con método de trabajo. “La vocación por la educación, la he tenido desde pequeña y eso ha sido gracias a mis maestros, entre ellas Rosa Flores Alonso en el colegio público de Los Gallardos. De mis padres aprendí muchas cosas buenas. Me han enseñado valores: constancia, trabajo, humildad, respeto”, reitera la investigadora científica.

Acecha la pérdida de la autonomía, personalidad y creatividad como docentes e investigadores. En ese mundo, la ventaja, no es la tecnología, es la mirada. En 2026, la diferencia se centra en quién sabe preguntar, quién sabe interpretar, quién sabe decidir. Pensar en profundizar es una de las claves que ofrecen a este periodista mis amigos de la Máquina de Ideas. “Uno de los principios de la ética es la perspectiva humanista. Al final, la última palabra la tiene el ser humano. Es importante revisar lo que la IA nos ofrece y no perder el sentido crítico que caracteriza al humano. Tenemos siempre la obligación de revisar todo lo que la IA nos ofrece para que podamos seguir aportando conocimiento científico de calidad”.

Tenemos que ser transparentes, afirma. “Hay que especificar el por qué y para qué la utilizamos”. ¿Cómo puede la inteligencia artificial ayudar a reducir las listas de espera en la sanidad y el abandono escolar?, le preguntamos a Flores: “Todos los datos están en una base de datos. Hay distintas herramientas que ayudan a gestionar grandes cantidades de datos. Lo que se podría es entrenar a una de esas herramientas para trabajar en el ámbito sanitario. Es importante tener la licencia de esa herramienta para proteger los datos personales de los pacientes. Con esta herramienta se podría clasificar a los pacientes según el orden de urgencia que tenga la cita, al especialista que le atienda, etc. Digamos que la idea sería que la herramienta vaya clasificando a los pacientes en orden de preferencia, según gravedad y también según la fecha de derivación. Todo esto aparecería de manera automática y ahorraría tiempo al administrador y al paciente. Habría un seguimiento y se evitarían la pérdida de citas”.

“En el ámbito educativo se podría tomar el mismo ejemplo. Cuando un alumno tiene dos faltas, por ejemplo, podría saltar un aviso para que el tutor, junto a su equipo, se ponga en contacto con la familia y ver el motivo de la ausencia. Si el alumno no tiene motivación para ir a clase, en el ámbito no obligatorio, le podríamos pedir a la IA que nos ofrezca una serie de actividades o de consejos para incrementar la motivación en el alumnado”.

Flores ha participado en un proyecto innovador celebrado en la Universidad Central de Ecuador. Junto a José Antonio Marín y Pablo Dúo de la UGR y otros referentes de universidades americanas como Óscar Bedoya y el doctor Freddy Rodríguez que fue el promotor del proyecto, junto con el grupo EducatechXXI. “Ha sido una experiencia enriquecedora, tanto a nivel personal como el ámbito profesional. Una oportunidad para seguir formándome y nutrirme de la experiencia del resto de los compañeros del ámbito nacional e internacional. Me ha permitido desarrollar nuevas herramientas y habilidades porque al final me he tenido que adaptar a un ámbito nuevo donde el alumnado eran docentes e investigadores, agentes de calidad”, una experiencia que le sigue abriendo puertas para nuevos proyectos con la IA para la docencia universitaria.

Los buenos y los malos hijos de Telecinco

Nuria Torrente
@opinionalmeria

La televisión no solo entretiene. También educa. O, al menos, lo intenta. El problema surge cuando lo que enseña no es precisamente un modelo ético, sino una moral interesada, cambiante y profundamente injusta. En ese terreno resbaladizo se mueve buena parte de la llamada televisión del corazón, con Telecinco a la cabeza, donde los papeles de “buen hijo” y “mal hijo” se reparten no en función de los hechos, sino del relato que conviene en cada momento.

El programa ¡De Viernes! es un ejemplo reciente de este doble rasero. En él se ha señalado descarnadamente a Kiko Jiménez por no atender a su padre, presentándolo poco menos que como un hijo desnaturalizado, egoísta y carente de valores. Lo que se omite deliberadamente es un dato esencial: ese padre nunca ejerció como tal. No hubo crianza, ni cuidados, ni responsabilidad, ni presencia. Pretender exigir ahora deberes filiales donde antes no hubo paternidad real no es solo hipócrita, es una forma de violencia simbólica que revictimiza a quien fue abandonado.

Mientras tanto, el programa —y la cadena en general— se esfuerza en construir la imagen opuesta con Rocío Flores. Se la presenta de forma reiterada como ejemplo de hija entregada, sufridora y leal. Sin embargo, hay hechos que no se pueden borrar con música emotiva ni con planos cerrados. Quedó acreditado judicialmente que fue condenada por maltrato a su madre cuando era menor de edad. Un episodio grave, doloroso y documentado, que rara vez se menciona y que nunca parece afectar a su aura de “buena hija”.

No se trata de negar la complejidad de las relaciones familiares ni de ignorar que una persona puede cambiar con el tiempo, especialmente cuando los hechos ocurrieron en la adolescencia. Se trata de algo más básico: coherencia. ¿Por qué se exige una paternidad moral a quien fue abandonado y, al mismo tiempo, se blanquea una conducta violenta cuando no encaja en el relato que se quiere vender?

Telecinco no juzga hechos: reparte roles. Necesita villanos y necesita héroes, y los fabrica sin pudor, aun a costa de retorcer la realidad. El mensaje que se lanza al espectador es peligroso: no importa lo que haya ocurrido realmente, sino a quién conviene proteger y a quién conviene señalar.

Porque, al final, en esta televisión no hay buenos ni malos hijos. Hay hijos útiles y otros prescindibles. Y eso dice mucho más de la cadena que de las personas a las que expone.

Objetivo: mejorar la conectividad de Almería

María del Mar Vázquez
Alcaldesa de Almería

Aunque este año la agenda institucional en FITUR se ha cancelado como muestra de respeto y solidaridad con las víctimas del accidente ferroviario en Córdoba, el Ayuntamiento de Almería ha estado presente en el entorno profesional de la Feria Internacional de Turismo celebrada esta semana en Madrid, promoviendo acciones y estrategias para seguir posicionando nuestra ciudad como un destino turístico cada vez más atractivo en todos los mercados. 

Todo ello sin olvidar la constante reclamación que las administraciones, empresarios y agentes sociales almerienses seguimos haciendo para mejorar urgentemente nuestras infraestructuras ferroviarias y frecuencias aéreas para combatir así nuestro aislamiento del resto de Andalucía y España. Para Almería, el turismo no es solo gente que pasa; es riqueza que se queda. Cada experiencia compartida genera empleo, impulsa negocios y favorece la economía local. 

Por eso, en el Ayuntamiento trabajamos a diario para favorecer la creación de nuevas oportunidades a través de un motor de empleo joven, creativo y con proyección de futuro. En el marco del stand Costa de Almería, y en estrecha colaboración con la Junta de Andalucía y la Diputación Provincial, el concejal de Turismo, Comunicaciones y Promoción de la Ciudad, Joaquín Pérez de la Blanca, ha mantenido más de 25 encuentros de trabajo con agencias de viajes, aerolíneas, compañías cruceristas y touroperadores. Hemos trabajado para consolidar nuevos destinos con la colaboración la Autoridad Portuaria y hemos creado paquetes turísticos con compañías británicas para que sigan creciendo los visitantes de este país, nuestro principal destino emisor a la provincia y la capital. Nos hemos reunido con las compañías ‘EasyJet Holidays’, que tiene conexión con Reino Unido, con el objetivo de aumentar su oferta en Almería insertando paquetes turísticos; y con ‘Wizzair’ para estudiar la apertura de una posible línea. 

Del mismo modo hemos establecido contacto con la compañía de Cruceros ‘Intercruises’, de la mano de la Fundación Bahía Almeriport, para atraer más cruceros a la ciudad en 2027, aprovechando la finalización de las obras del puerto. La reunión con la aerolínea canaria BINTER ha servido para renovar los vuelos entre Almería y Las Palmas por segundo año consecutivo. Especialmente importantes han sido los encuentros con distintas empresas del sector turístico activo y deportivo, por el que Almería ha apostado decididamente. De igual modo hemos puesto en valor nuestra cultura y un patrimonio tan importante para Almería como es su guitarra, su museo y la figura de Antonio de Torres. 

Por otra parte se ha puesto en valor el turismo gastronómico, un sector que año tras año concentra a un mayor número de visitantes y para ello hemos mantenido distintas reuniones con los ayuntamientos de Murcia, Málaga o Salobreña para realizar distintos intercambios de sabores con cada uno de ellos y también con los responsables de ‘The Champions Burger’, con el objetivo de que apuesten nuevamente por Almería en su ruta del año 2026. Además, hemos tenido un encuentro con la agencia china ‘Lucrea’, que busca destinos españoles con turismo gastronómico para temporada baja. También hemos estado con la empresa ‘Head of the Kitchen’, de Masterchef World, y ‘Fallers Pel Món’ para futuros eventos de promoción gastronómica. 

Por otra parte, este año hemos diseñado una campaña innovadora y adaptada a las nuevas tendencias del sector bajo el lema ‘Efecto Almería’, que muestra al mundo el impacto emocional que nuestra ciudad provoca en quienes la visitan. También hemos presentado el cartel de la Semana Santa de Almería 2026, una celebración declarada Fiesta de Interés Turístico Nacional desde 2019. Para Almería, el turismo es futuro y riqueza compartida. Seguimos trabajando.

Almería mira al futuro

José María Martín
Subdelegado del Gobierno en Almería
Secretario General del PSOE de Almería

Durante demasiado tiempo, nuestra provincia se acostumbró a escuchar promesas que nunca se traducían en hechos concretos. Se realizaban anuncios de todo tipo o se prometían multitud de proyectos, pero la realidad acababa imponiéndose con el paso del tiempo. Es decir, poco o nada de lo que se presupuestaba terminaba ejecutándose. Por eso resulta tan relevante constatar que la provincia atraviesa hoy el mayor ciclo inversor de su historia gracias al Gobierno de Pedro Sánchez, con actuaciones que no se quedan únicamente en el papel y que ya están transformando nuestra tierra. 

En los últimos cuatro años han llegado a Almería más de 560 millones de euros de fondos europeos, que han impulsado más de 3.300 proyectos en sectores clave como la agricultura, el agua, el turismo, la energía o el desarrollo sostenible en un buen número de municipios de la provincia. Se trata de actuaciones que, en la mayoría de los casos, mejoran la movilidad, la competitividad económica y la calidad de vida de las almerienses y los almerienses. 

La alta velocidad ferroviaria es el mejor ejemplo del impulso que el Gobierno de España ha dado a Almería. La conexión con supera ya el 85 % de ejecución, con una inversión total de 3.500 millones de euros y más de 2.500 millones ya ejecutados. A ello se suma el avance del soterramiento en la capital, una reivindicación histórica que progresa con paso firme. 

También en carreteras estamos abordando problemas enquistados durante años. El enlace de Viator, las actuaciones en la A-7 y la A-92, las travesías y los accesos al Puerto conforman un paquete de inversiones cercano a los 260 millones de euros que mejorará de forma notable la seguridad vial y la logística provincial. El agua, un recurso estratégico en Almería, ocupa un lugar central. La ampliación de desaladoras, la mejora de instalaciones existentes y la futura Bajo Almanzora II permitirán incrementar de forma significativa la producción de agua desalada, con cerca de 190 millones de euros de inversión. Junto a la bonificación del agua y la modernización de regadíos, se refuerza la garantía hídrica para la agricultura. 

Cuando las inversiones se ejecutan, se ven. Y cuando se ven, generan confianza y esperanza en nuestra provincia. Almería avanza no por los anuncios, sino por los hechos. Y esa es, sin duda, la mejor noticia.

Ángela Portero se ensaña con Kiko Jiménez en Telecinco

Alba Haro
@opinionalmeria

La intervención de Kiko Jiménez en el programa ¡De Viernes!, emitido anoche en Telecinco, deja una reflexión incómoda pero necesaria sobre los límites del juicio moral en la televisión y el uso de los conflictos familiares como espectáculo. Durante la entrevista, la colaboradora Ángela Portero centró buena parte de su intervención en reprochar al invitado una supuesta falta de atención hacia su padre. El tono no fue el de una pregunta ni el de una contextualización periodística, sino el de un señalamiento reiterado que rozó el ensañamiento público. Se juzgó una conducta sin atender a la historia previa que la explica.

Kiko Jiménez, anoche en Telecinco / Mediaset

Y esa historia no es menor. Los padres de Kiko Jiménez se separaron cuando su madre estaba embarazada de dos meses. La primera vez que vio a su padre fue con cinco años, en una visita a la cárcel, y desde entonces apenas ha habido contacto: un par de encuentros en toda una vida. No puede exigirse responsabilidad emocional allí donde nunca existió cuidado, presencia ni vínculo real.

Ahora bien, tan cuestionable como el reproche moral lanzado desde el plató resulta la propia presencia de Kiko Jiménez en el programa. Si no existe relación con su padre, si no hay vínculo ni intención de reconstruirlo, cabe preguntarse qué sentido tenía sentarse en televisión para abordar este asunto. Porque la ausencia de relación también debería implicar la ausencia de utilización del conflicto como contenido televisivo.

La coherencia es un valor que no debería perderse ni dentro ni fuera de cámara. Rechazar un vínculo por inexistente es legítimo; aprovechar esa misma ausencia para obtener visibilidad o beneficio mediático lo es menos. La televisión no obliga: invita. Y aceptar esa invitación implica asumir una parte de responsabilidad en el circo que se genera después.

Este tipo de debates dejan una sensación amarga. Por un lado, colaboradores que juzgan desde una moral simplista, olvidando que no todas las paternidades existen aunque se nombren. Por otro, personajes que acceden a exponer heridas que dicen no importarles, pero que acaban convertidas en contenido.

La televisión debería reflexionar sobre ambas cosas. Porque cuando el dolor ajeno se convierte en espectáculo y la coherencia se diluye entre focos, lo que pierde no es solo el invitado o el colaborador: pierde el espectador y pierde el propio medio.

Después el vacío

Ignacio
Ortega

Nunca me he sentido cómodo en los relatos redondos ni en las biografías con moraleja. Camino con la sospecha metida en el bolsillo, desconfiando de esa fe política que exige sonreír aunque todo cruja. Mi forma de estar en el mundo es barojiana: avanzar solo, mirar de frente, escribir sin barniz y aceptar que, aunque el mundo reventara en tempestad, yo lo atravesaría.

Hablar de la muerte a mi edad, o de quienes se rinden por desgaste natural, no tiene nada de singular. Lo que nos sacude es morir por azar, como en el reciente accidente del AVE en Adamuz. Allí la fatalidad ignoró el calendario. Víctimas y planes rotos. Esa excepción nos devuelve a una verdad incómoda: la de llegar al final sin épica ni justicia poética. Todos igualados en la intemperie de no saber por qué a unos les toca y a otros no.

Pienso ahora en los días angustiosos de mi abuela, cuando su cuerpo ya no le permitía caminar ni leerme cuentos al acostarme. Ella disimulaba su torpeza; era el eufemismo de las primeras señales de la muerte cuando se anuncia. Una noche, con la ingenuidad propia de un niño, le pregunté por qué moría la gente. Me dijo que ocurre cuando el cuerpo ya no tiene más que dar, como un árbol sin savia. Le pregunté si a ella le quedaba savia. Sonrió y dijo que sí. Y un día, sin avisar, su cuerpo se quedó inerte en ese tiempo suspendido en el que las fuerzas se agotan. Fue una muerte necesaria, casi pedagógica; un destino cumplido sin estruendo.

Pero la muerte mansa de mi abuela no ayuda a descifrar la otra: la que irrumpe sin lógica, como aquel estruendo de trenes en Adamuz. Solo fatalidad. Los griegos la pensaban como tragedia; nosotros, despojados de mitos, ya no sabemos qué hacer con ella. No importa tanto cómo se muere alguien. Lo que importa es el hueco que la muerte deja en quienes siguen vivos: hijos, padres, familiares, forzados a habitar un mundo para el que nadie les dio palabras.

Buscamos moralejas donde solo hay física. Queremos épica, pero solo hay restos. Al final, después del barniz y de los mitos, solo queda la verdad que mi abuela no quiso decirme para que yo pudiera dormir: que el mundo seguirá hirviendo de apocalipsis, pero lo hará sin nosotros. Y no habrá nadie al otro lado que llore nuestra caída.

Soñar en La Chanca

Fátima Herrera
Portavoz del PSOE en el Ayuntamiento de Almería

En el barrio de La Chanca Pescadería bulle la esperanza y lo hace de manera especial a través de sus niños y niñas. Los concejales del PSOE hemos tenido la suerte de asistir a los ensayos de Carnaval de ‘La Traíña’, donde, además de cantar y bailar, entre risas y juegos, se siembra en ellos valores que les acompañarán el resto de sus vidas. 

La labor social que realiza esta asociación, al igual que otras tantas que trabajan en los barrios de Almería, es impagable, pues, además, están rescatando una tradición tan nuestra como el Carnaval y creando un espacio donde se fomenta el orgullo por un barrio lleno de historia, tradición y, sobre todo, de personas que luchan cada día por mejorar su comunidad. 

Los vecinos nos hablan de la falta de limpieza en sus calles, del deterioro de las zonas comunes, de la falta de espacios verdes y parques infantiles, y de la necesidad de mejorar la sede vecinal, punto de encuentro vital para el barrio. No son caprichos, sino necesidades básicas que llevan demasiado tiempo sin ser atendidas. Con muy poco de los 266.000 euros presupuestados por la alcaldesa para decorar su despacho podrían haber arreglado los aseos, que no funcionan, renovar los suelos y dar una mano de pintura a la sede. 

Pescadería La Chanca no es un barrio más, es un símbolo de nuestra ciudad, de su esencia marinera y de su capacidad para resistir y salir adelante. Pero también es un barrio que, durante los casi 23 años de alcaldes del PP, ha sido olvidado en demasiadas ocasiones. Los vecinos no piden lujos, solo lo justo: un entorno limpio, seguro y cuidado, donde puedan vivir con dignidad y donde sus hijos e hijas puedan crecer con las mismas oportunidades que en cualquier otro barrio de Almería. 

Invertir en este barrio no es solo una cuestión de justicia social, es también una oportunidad para dignificar una parte fundamental de nuestra ciudad. Y estos niños y niñas nos han dado una lección: a pesar de las dificultades, es posible soñar y construir un futuro mejor.

‘La Más Grande’: Rocío Jurado, espejo de una mujer que se adelantó a su tiempo

Alba Haro
@opiniuonalmeria

Movistar Plus+ ultima una ambiciosa docuserie que revisa la figura de Rocío Jurado no solo como mito de la música española, sino como símbolo de la evolución social y emocional de la mujer a lo largo de cuatro décadas clave de nuestra historia reciente.

Movistar Plus+ prepara el estreno de ‘La Más Grande’, una serie documental original producida por Tesseo Premium Content que promete ofrecer una mirada profunda, contemporánea y matizada sobre la figura de Rocío Jurado, una de las artistas más influyentes y complejas del panorama cultural español del siglo XX.

Rocío Jurado en la promoción de Movistar Plus+

La producción, compuesta por cuatro episodios, se aleja del retrato hagiográfico para presentar a Jurado como un auténtico reflejo de la transformación de la mujer española desde los convulsos años 60 del desarrollismo hasta la llegada del nuevo milenio. Una mujer que, desde los escenarios, supo cantar al amor, al desamor, al dolor y a la libertad cuando hacerlo aún no era sencillo ni socialmente cómodo.

En esta línea, la docuserie opta por un tono y un lenguaje cercanos a otras producciones recientes de la plataforma, como Lina, que revisaba la trayectoria vital y artística de Lina Morgan desde una óptica renovada y profundamente humana. El objetivo es claro: contextualizar a Rocío Jurado en su tiempo sin perder de vista su vigencia y su impacto en generaciones posteriores.

Al frente del proyecto se encuentra Alexis Morante, un director ya curtido en este tipo de relatos musicales y biográficos tras firmar trabajos como Bisbal, Camarón: Flamenco y Revolución o Héroes: Silencio y rock & roll. Morante vuelve a demostrar su sensibilidad para abordar figuras icónicas desde una narrativa que combina archivo, testimonios y una cuidada puesta en escena.

Entre las voces que participan en el documental destaca la de Pedro Ruiz, quien el pasado mes de noviembre desvelaba en redes sociales su implicación en el rodaje junto a su hija, Rocío Carrasco. “Estuvo en mi casa Rocío Carrasco y el equipo de rodaje de un trabajo sobre su madre para Movistar. Participé y dije que el éxito sucede por dentro, lo exterior es lo de menos”, escribía entonces el actor y humorista, dejando entrever el tono íntimo y reflexivo de la serie.

Y es que ‘La Más Grande’ no se quedará únicamente en el fulgor de los focos, los vestidos imposibles o el repaso cronológico a la discografía y filmografía de la artista de Chipiona. El relato pone el acento en su dimensión más humana: la mujer que fue juzgada, incomprendida y, en ocasiones, distorsionada por los medios de comunicación; la artista que rompió el corsé de la copla tradicional para interpretar baladas convertidas en auténticos melodramas emocionales; y la figura pública que abrió camino a otras muchas.

Con esta docuserie, Movistar Plus+ vuelve a apostar por la memoria cultural como herramienta para entender el presente. Rocío Jurado emerge así no solo como ‘la más grande’ sobre el escenario, sino como un símbolo de fortaleza, contradicción y modernidad en una España que cambiaba a la par que ella.

Los parterres del Paseo de Almería

Asociación de Vecinos
Bastetania

La Asociación de Vecinos Bastetania le traslada a la alcaldesa de Almería, María del Mar Vázquez, las quejas de muchos vecinos de Almería por la extensión de los parterres del Paseo. 

Parterres que han quedado muy grandes dificultando la celebración de eventos y de facilitar el tránsito de las personas. Que han cambiado la faz de este Paseo quitándole su fin principal, el pasear, para ser un jardín. Y no es que no sean necesarios más jardines, pues nuestra Ciudad es muy deficitaria en zonas verdes, sino que no es el lugar más apropiado. 

Paseo de Almería / Bastetania

Lo más grave del caso no es que los técnicos no hayan tenido en cuenta la historia y la naturaleza del lugar sobre el que estaban actuando; lo que es grave de verdad es que desde el Ayuntamiento de Almería se diera el visto bueno a este proyecto, lo que demuestra la escasa conciencia de ciudad de los responsables municipales que dan la sensación a veces de no tener ni idea del suelo que pisan o de estar entretenidos en asuntos más importantes para su propia imagen.

¿Para qué sirve esa cohorte de asesores que no caben en los despachos? Cómo es posible que nadie se hubiera dado cuenta a tiempo de que esos jardines eran desproporcionados y limitaban la vida natural de la avenida y la convertían en otra cosa. No hace falta ser arquitecto ni haber hecho una carrera universitaria para saber que el Paseo de Almería ha sido siempre, a lo largo de la historia, el escenario de las grandes celebraciones colectivas, que no fue concebido ni utilizado jamás como lugar de reposo, sino como la pasarela de la vida social de la ciudad. Además de tantos técnicos y de tantos “asesores” hay que sumar que en nuestro Ayuntamiento tenemos 27 políticos responsables, unos de gobernar, y otros de controlar, inspeccionar, examinar, vigilar... a los que gobiernan.

Ahora entramos en otro escenario, el de eludir las responsabilidades. No es suficiente con que la señora alcaldesa aparezca en su televisión diciendo que esto se arregla rompiendo la obra y reduciendo los parterres a la mitad. Hay que repartir responsabilidades y hay que tomar medidas para que estos errores no vuelvan a cometerse porque se está jugando con el dinero público. Las obras del Paseo ya sufren el suficiente retraso como para tener ahora que volver atrás y rehacer lo que ya estaba terminado. Ahora llega el momento de maquillar el error, de salir en los medios de comunicación como si no hubiera pasado nada y de darle la vuelta a la realidad apuntando que los hosteleros están muy satisfechos con la idea de rectificar lo hecho y recortar de los parterres, como si en esta ciudad no hubiera más voces autorizadas que las de los hosteleros.

La Ley Fraga propició que se pasara de artefactos a bombas atómicas

Antonio Torres
Periodista 

Palomares quiere olvidar. Merece la pena elogiar el trabajo de sus vecinos que han convertido a la zona en referencia económica. El panorama en España en el ámbito del pluralismo informativo era penoso, fruto de una dictadura. La gente para informarse en aquel 1966 tenía que recurrir a las emisiones en castellano de Radio París, la Pirenaica o la BBC. La falta de transparencia era la tónica general de los gobernantes que en los primeros días hablaban de artefacto en todos los medios españoles y ninguna alusión al carácter contaminante de bombas atómicas.

Antonio Alférez y Antonio Torres / A. Torres

El ejidense Antonio Alférez, autor de Cuarto Poder, tenía 24 años en enero de 1966 y trabajaba en Madrid para ABC, periódico de referencia, medio del que fue redactor jefe de Internacional y director ejecutivo de Los domingos de ABC: “En los primeros días de las bombas de Palomares la censura obligaba a escribir artefacto nuclear y lo de las bombas atómicas vino después con la Ley Fraga que por esos días comenzó a regir. Claro que hubo silencios e intrigas para ocultar el siniestro del 17 de enero de 1966 que pudo ser terrorífico”. 

El mundo cambió y se cuestionó el desarrollo nuclear y el papel de la prensa en España: “La última de las cuatro bombas fue rescatada del mar el 7 de abril. En aquellos ochenta días ocurrieron muchos acontecimientos importantes: se activó la guerra fría, se produjo una contaminación nuclear muy grave en el lugar. El entorno de la prensa experimentó un cambio profundo. Un antes y un después en las décadas del franquismo”, rememora Alférez en exclusiva: “Era un joven periodista recién aterrizado en ABC, en la sección de internacional. La noticia llegó en un teletipo de la agencia EFE: dos aviones norteamericanos chocaron y los restos habían caído sobre Palomares. No se le dio mayor importancia. Esa noche busqué en mi modestísima biblioteca y localicé el anuario último del "Jane 's", la biblia de la información militar, con información pormenorizada de los aviones, barcos y tanques de todos los ejércitos del mundo. Había comprado el anuario en Londres en donde había cursado como becario estudios todo un curso. Al día siguiente me llevé el anuario al ABC y se lo comenté al jefe de sección y al redactor jefe. Me dijeron que escribiera una nota y eso hice. Citando la fuente, resumí la descripción del B-52. Con toda suerte de detalles, pero sobre todo éste, absolutamente trascendental: cada B-52 transportaba cuatro bombas termonucleares, de poco más de mil kilos de peso, una extensión de cuatro metros y medio y una potencia letal de 1.1 megatones. Mi reseña se envió al taller, se sacó una galerada y un empleado del periódico lo llevó a la censura. Tachado. No se pudo editar ni una línea. Imperaba la censura. Resultado: la prensa española no ofreció a sus lectores ninguna información significativa. Y cuando toda la prensa internacional se centró en el incidente, los responsables del gobierno abrieron un poquito la mano, a su manera. No se podía escribir bomba atómica. sino artefacto nuclear. Podría contar otros casos lindando con el más espantoso ridículo. Y de pronto, pocas semanas más tarde. no recuerdo el día concreto, los periódicos empezamos a contar lo poco que sabíamos”. 

¿Qué había pasado? “Sencillamente había entrado en vigor la nueva ley de Prensa, la ley Fraga, gracias a la cual dejamos atrás la edad de piedra para poder operar con cierta libertad. Aquella ley dejaba muchos instrumentos en manos del gobierno. Fue otra cosa. Y yo pude escribir todo lo que tenía en mi `Janes's´ y lo que pescaba de algunos expertos y fiables informadores de Le Monde, o el New York Times. Y la presión de los medios fue tan intensa, incluida la española, que al final se tuvieron que dar el célebre baño Fraga y el embajador norteamericano. Y, sobre todo, al rescatarse la bomba caída en el mar, el Pentágono autorizó por vez primera en su historia que la bomba fuera fotografiada. Al día siguiente era la portada en todos los periódicos y telediarios del mundo”.

El 14 de marzo de 1966, precisamente el día antes de la aprobación de la Ley Fraga, sobre la prensa, el NO-DO narró, de forma escueta: “Como parte del programa previsto y para demostrar con el ejemplo que no existe peligro de radioactividad en esta zona costera. El ministro señor Fraga Iribarne, el embajador de EEUU y el jefe de la región aérea del Estrecho se dieron un buen baño. El embajador demuestra con los brazos abiertos que se está bien en estas aguas inofensivas. Un baño diseñado para el éxito del turismo, Y hecha esta elocuente demostración, el ministro y el embajador nos dicen adiós al salir del agua”.  Muñoz Grandes, jefe del Estado Mayor, ordenó una censura completa. “La crisis se alarga, los estadounidenses quieren evitar rumores y fuerzan un cambio de actitud. Fue entonces cuando la esposa del embajador, que había sido relaciones públicas de Pepsi, sugiere el gesto del baño”. Francisco Simó, Paco el de la bomba, le explicó a Pedro Manuel de la Cruz en 1984, director de La Voz de Almería, entonces en El País: que el famoso baño no le gustó: “Fraga me caía y me cae muy bien, pero la escena me pareció un poco... ridícula, aunque hay que reconocer que entonces ni Dios compraba pescado de Almería, Murcia y Alicante, y tenían que demostrar que no había radiactividad".

Los primeros periodistas almerienses que pisaron Palomares, motor económico en la actualidad, fueron Antonio Cano; Rafael Martínez-Durbán; Áurea Martínez, hija de Juan Martínez Martín célebre redactor jefe de La Voz quienes aquella mañana fueron en el vehículo de Cano a realizar un reportaje sobre el Parador de Turismo que estaba a punto de inaugurarse y se encontraron con el accidente termonuclear. Reitero este detalle porque se ha publicado y dicho que estos viajaron por la tarde, e incluso a las “9.30 de la mañana, cuando el accidente fue a las 10.20”. Por su supuesto el padre de Pepe Mullor con los primeros reportajes fotográficos que viajó con Manuel Román, reiteramos que sus trabajos en la hemeroteca están ahí para confirmar que el famoso baño se produjo en Palomares. Además, otros redactores pisaron Palomares. Sin olvidar al fotógrafo Diego Guirao Cano que trabajó para la agencia CIFRA en aquellos tiempos de la prensa del Movimiento. Alguno de esos periodistas del diario decano, al regreso de la jornada en Palomares, aparcaba un enorme turismo negro, propiedad del Gobierno Civil, en la puerta de mi casa en la calle Mayor de Los Gallardos para intercambiar sellos filatélicos con mi cuñado Mario Guillén, suscrito a la revista Reader Digest y apasionado del mundo del sello y de otras colecciones. Todos ellos eran asiduos y amigos del tío de mi madre, la familia Simón de la Venta del Chocolate, donde paraban a almorzar algunos días.  Antonio Sánchez Almodóvar con apenas 15 años en 1966, era ayudante de Ruiz Marín, la histórica firma de la fotografía en La Voz, y que le acompañó a Palomares varias veces. 

Hubo dos periodistas de absoluta confianza de Fraga, que viajaron hasta Palomares. Carlos Sentís y Carlos Mendo, número dos de la agencia EFE, quien escribe la crónica que distribuyen todos los periódicos. Tuve el privilegio de conocer personalmente a Carlos Mendo, persona con una amabilidad exquisita y un conocimiento enorme del periodismo. Contó su admiración por Almería y se preocupó por las obras del tramo de la autovía del Mediterráneo en el tramo Adra-Nerja para al tiempo de disfrutar de sus vacaciones en la costa granadina y del famoso baño. El referente del periodismo deportivo, Alfredo Relaño, enorme amigo desde 19885, año en el que me fichó para El País, me presentó a Mendo el 27 de enero de 1999 en Madrid, tras el nacimiento de las emisiones de CNN +, proyecto común con PRISA, editora de El País, acto del que recuerdo a José Saramago, Pilar del Río, Ted Turner, Jane Fonda, Polanco, entre otros. Alférez estuvo en 1972 en las reuniones previas para la fundación de El País, junto a tres personas fundamentales como Ortega Spottono, Darío Valcárcel y el propio Mendo que acompañó a Fraga a su destino de embajador en Londres. El periodista Alférez de El Ejido tiene mucho bagaje en la génesis del periódico de referencia, pero esa es otra historia que no cabe aquí.

En esa época fue cuando Ortega Spottorno sondeó a Miguel Delibes, el escritor recientemente fallecido, director de El Norte de Castilla, para dirigir El País. Delibes no quiso. La propuesta de que fuera Juan Luis Cebrián el primer director es la que finalmente prospera. Años más tarde Mendo diría que no haber sido director de EL PAÍS le supuso una herida. Así lo explican Mari Cruz Seoane y Susana Sueiro en Historia de El País y del Grupo Prisa. Señalan que Mendo añadió que, en todo caso, el resultado de esta última decisión supuso un acierto para el diario español, global de referencia. “Mendo regresó a esa historia del periódico con la energía de un muchacho, como corresponsal en Londres, en 1979. Había trabajado en la comunicación de bancos y de otras empresas; había sido director de la agencia Efe y responsable de la UPI (United Press International) en España; el periodismo de agencia era para él el lugar de un inigualable aprendizaje. Y ese regreso al periodismo y a El País no le pudo ser más grato. Creía en el aprendizaje permanente de los periodistas, y consideraba que ser corresponsal es la síntesis de todos los trabajos que se pueden hacer en este oficio. Mendo rememoró José Manuel Román, hijo de Manuel Román que fue decano de los periodistas almerienses, que su padre gozó de amistad profesional y personal con el añorado Carlos Mendo. Román hijo lloró de impotencia cuando estaba organizando una exposición sobre la figura del fotógrafo Diego Guirao y se encontró con que la ignorancia había tirado en un contenedor todos los clichés desde la Guerra Civil de bueno de Guirao y de Palomares. Se perdió mucho de la memoria y de la realidad fotográfica de Almería.

La revictimización como espectáculo: Rocío Carrasco y el negocio del aplauso

Alba Haro
@opinionalmeria

Hay violencias que no dejan moratones visibles, pero que se ejercen con una constancia implacable. La revictimización es una de ellas. Y en la televisión generalista española, especialmente en la parrilla de Telecinco, se ha convertido en un formato rentable, repetido y normalizado. El caso de Rocío Carrasco es, quizá, el ejemplo más paradigmático de cómo el dolor ajeno se recicla una y otra vez como contenido de entretenimiento.

Amador Mohedano, en Telecinco

Programas como ¡De Viernes! o Fiesta insisten en reabrir un relato que ya fue judicializado, explicado y expuesto hasta la saciedad. No para aportar luz, contexto o pedagogía social, sino para alimentar la confrontación, la sospecha permanente y el juicio público sobre una mujer que denunció haber sido víctima de violencia machista.

El mecanismo es siempre el mismo. Se sientan en plató colaboradores habituales como José Antonio León o Antonio Rossi, junto a familiares directos como Gloria Camila Ortega, Amador Mohedano o incluso Rocío Flores, cuya presencia garantiza el conflicto emocional y la polarización. El relato se construye desde la duda, la insinuación y la deslegitimación.

Nada de esto sería posible sin una figura clave: el presentador. Santi Acosta, con un tono pretendidamente neutro, dirige el debate como quien arbitra un combate, permitiendo que la violencia simbólica fluya sin freno. Y, como colofón, el aplauso del público. Un aplauso que no celebra la verdad ni la justicia, sino el linchamiento televisado, el morbo y la humillación convertidos en rutina de fin de semana.

Lo más preocupante no es solo lo que se dice, sino lo que se transmite. En una sociedad que afirma querer erradicar la violencia machista, estos programas lanzan un mensaje devastador: que denunciar no sirve, que exponerse tiene un precio, que la víctima será cuestionada eternamente y que su testimonio puede ser desmontado una y otra vez en un plató, sin consecuencias.

Rocío Flores y la estrategia del espejo roto

Tania Artajo
@opinionalmeria

Telecinco vuelve a girar sobre sí misma con un viejo guion: el del conflicto familiar convertido en espectáculo. La última reaparición en ¡De Viernes! de Rocío Flores no es una excepción, sino la confirmación de una estrategia que ya conocemos bien. Una estrategia basada en la confrontación directa, en el señalamiento sin matices y en una ausencia llamativa de autocrítica.

Rocío Flores, en Telecinco

El tono elegido no deja espacio para la duda: críticas duras y reiteradas hacia su madre, Rocío Carrasco, y hacia Fidel Albiac, con un relato que se presenta como inamovible, cerrado a cualquier revisión personal. En ese discurso no hay grietas por las que se cuele el “quizá me equivoqué”, ni un atisbo de empatía hacia quien ha estado al otro lado de una historia compleja y profundamente dolorosa.

Lo más llamativo no es tanto la dureza de las palabras —la televisión vive de ellas— como la negativa a reconocer errores propios o a pedir disculpas por el daño causado. En un contexto en el que se ha hablado hasta la saciedad de responsabilidad emocional, de reparación y de escucha, esta postura suena anacrónica, casi desafiante. Como si asumir una parte mínima de culpa debilitara el personaje, cuando en realidad podría humanizarlo.

El problema de esta estrategia no es solo ético, sino narrativo. La reiteración del ataque sin autocrítica acaba agotando al espectador. El público, cada vez más acostumbrado a relatos complejos, percibe cuándo se le ofrece un discurso plano, diseñado para reforzar una posición y no para comprender un conflicto. La ausencia de disculpas no se interpreta como fortaleza, sino como bloqueo.

Además, insistir en un relato que ignora el sufrimiento ajeno contribuye a perpetuar una dinámica tóxica que la propia televisión dice querer superar. Se habla de salud mental, de violencia psicológica y de reparación, pero se aplaude —o al menos se amplifica— un discurso que rehúye cualquier responsabilidad personal.

Quizá la pregunta no sea por qué Rocío Flores vuelve a atacar, sino hasta cuándo esta estrategia seguirá siendo rentable. Porque en un medio tan volátil como la televisión, la empatía y la capacidad de reconocer errores suelen pesar más que la confrontación permanente. Y porque, al final, ningún relato se sostiene solo con reproches: tarde o temprano, el espejo exige mirar también hacia dentro.