Edita: FIDIO (Foro Indalo de Debate, Ideas y Opinión) C. I. F.: G04253035

España, un “valle de lágrimas”

Rafael Leopoldo Aguilera

Nos han engañado los sindicatos de clase con la decisión de pactar la reforma de las pensiones. Así de claro y contundente. No podemos aceptar bajo ningún concepto ir con 67 años al trabajo,  o más incluso a la vista de la regulación normativa, con un tacataca, con pañal para la continencia urinaria y pastillas para la tensión, el colesterol, y la descalcificación ósea.

Los principios de universalización y capitalización del sistema de pensiones han quedado desfasados en un plurinacional Estado invertebrado y troceado por las Comunidades Autónomas, las provincias y los miles de municipios sin recursos financieros.

Es de una injusticia social que durante toda la vida laboral se esté cotizando por el máximo permitido, actualmente, 3.198,00 €, y solo puedas acceder a la pensión máxima 2.497,91 €, siempre y cuando hayas cotizado 35 años.

¿Por qué esa diferencia entre la Base de Cotización y la pensión máxima? ¿Ustedes creen que se pueden garantizar las pensiones en un futuro mediato con un índice de paro en Andalucía del 30 %? ¿En qué afectarán las normas a las pensiones de viudedad y orfandad? ….Pensemos en la viuda del libro de “Cinco horas con Mario” de Miguel Delibes.

Cómo no se cree empleo en España sin necesidad de tener que emigrar a Alemania o a Marruecos, ni la reforma laboral, ni la reforma de las pensiones, ni la supresión de los privilegios plenipotenciarios,  van a sostener un sistema que la Constitución española, tan cuestionada por los nacionalismos decimonónicos cantonales, en su artículo 41, instaba al poder público y a los agentes interlocutores la responsabilidad de garantizar en el futuro un sistema público de pensiones justo, equilibrado y solidario.

La reforma de las pensiones lo único que va a producir es una mayor carestía en la mayoría de los casos, cuando los trabajadores y trabajadoras accedan a las prestaciones, porque verán reducida su pensión entre un 5 % y un 10 % al coger como base reguladora para su nivel de protección los últimos 25 años, y siempre y cuando hayan cotizado durante 38,5  años por el máximo, porque si es un periodo menor,  a ese porcentaje de reducción se verá a su vez aminorado el resultante de la pensión. Por no pensar. la pensión que le podría quedar a la viuda o viudo, o huérfanos o huérfanas. Mejor no pensar. Un luto de por vida.

Tendremos pensionistas con 67 años o más  con una pensión, que no tendrán ni para las necesidades básicas, será la total carestía, tiempo al tiempo.

No podemos seguir con un sistema solidario, cuando se ven afectadas en sus pensiones los ciudadanos que acceden a las mismas en régimen contributivo, y además van a tener que acceder a niveles complementarios de protección social de carácter privado para poder sobrevivir con cierta tranquilidad  los años de esperanza de  vida que oscila actualmente en  81,2 años, y a buen seguro se verá reducida con la mortificación de la vejez laboral.

Aumentar los años para acceder a la jubilación a los 67 año, es el tránsito para que se esté trabajando hasta los 70 años, o incluso, toda la vida, porque en la mayoría de los casos no se tendrá derecho a una pensión contributiva, sino asistencial, el Salario Mínimo Interprofesional 641,40 €.

Considero, que el sistema español de Seguridad Social, o cualquier sistema, para hacer realidad el principio constitucional de una acción protectora de carácter público que garantice a todos los ciudadanos una protección suficiente ante situaciones de necesidad, no puede estar basada en los recursos económicos de los afiliados activos a la Seguridad Social, sino que se sostengan dichas prestaciones con otras fórmulas del erario público.

El próximo paso será que podemos estar trabajando hasta el momento del “Sacramento del adiós” y abonar en su integridad  la asistencia sanitaria y quirúrgica en los sanatorios y hospitales, y el pago completo de los productos farmacológicos. Y mientras, dando subvenciones y ayudas económicas a los sindicatos de clase.

Volveremos a los dispensarios y pósitos de la siempre perseguida Iglesia Católica, que estará para atender las necesidades vitales, cómo lo está haciendo ahora a nivel de manutención y alojamiento de familias que se han quedado sin sustento alguno.

Y seguiremos callados, pensando que esta España de charanga y pandereta es un “valle de lágrimas” y no tiene remedio la situación económica y social que estamos atravesando, aunque Mariano Rajoy y Javier Arenas en la Convención de Sevilla, nos han dicho “que la situación es complicada pero tiene solución” y “no estrujarán a los ESPAÑOLES como a un limón”. La esperanza es lo último que se pierde.

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