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Las portadas de las cinco revistas semanales

Aarón Rodríguez
@opinionalmeria

Ya están en los puntos de venta las revistas semanales. Cuatro de ellas (Lecturas, ¡Hola!, Diez Minutos y Semana) salen los miércoles, mientras la revista Pronto se adelanta sobre sus compañeras y se pone a la venta los lunes. Estas son las portadas de esta semana:






La dura tarea que tiene por delante María Patiño

Emilio Ruiz
@opinionalmeria

María Patiño ha regresado a la televisión. Y lo ha hecho con un desafío que va mucho más allá de presentar un programa de corazón: conseguir que un espacio que no ha terminado de conectar con los espectadores encuentre, por fin, su sitio en la parrilla. Su estreno al frente de El Sótano Queen, en Ten, se ha saldado con un discreto 0,7 % de cuota de pantalla. Un dato que no invita precisamente a lanzar las campanas al vuelo, aunque tampoco permite anticipar cuál será el futuro del programa.

María Patiño / Ten

La periodista gallega conoce bien las dificultades de la televisión actual. Tras la desaparición de Sálvame y su salida de Socialité, encontró refugio en Ni que fuéramos Shhh, primero a través de internet y después en Ten. Posteriormente participó en la aventura de La familia de la tele, en La 1, y regresó a la cadena de la TDT con No somos nadie, su último proyecto como presentadora antes de permanecer varios meses alejada de las pantallas.

La irrupción de Ten en el universo del corazón en directo supuso una pequeña revolución televisiva. Una cadena minoritaria se atrevía a recuperar el espíritu de Sálvame, con tertulias, exclusivas, enfrentamientos y colaboradores muy reconocibles. Detrás estaba Fabricantes Studio, la productora impulsada por antiguos responsables de La Fábrica de la Tele y posteriormente integrada en el proyecto de La Osa Producciones.

Aquella apuesta no pasó inadvertida. Ni que fuéramos Shhh llegó a estrenarse en Ten con un 3,2 % de cuota de pantalla y consiguió una media global próxima al 2,2 %. Cifras que, aunque alejadas de las que alcanzaba Sálvame en Telecinco, resultaban muy estimables para una cadena de sus características. Después llegarían Tentáculos y No somos nadie, pero el desgaste de la fórmula y las dificultades para mantener el interés de los espectadores terminaron imponiéndose. En enero de este año, La Osa Producciones y Ten pusieron fin a su colaboración.

Sin embargo, la cadena no quiso renunciar al corazón en directo. Su siguiente apuesta fue El Sótano Club, producido por Dollhouse y presentado por Alba Carrillo. La modelo y colaboradora llegaba con experiencia televisiva, personalidad y una importante comunidad de seguidores. Durante aproximadamente seis meses, con la correspondiente pausa veraniega, intentó hacerse un hueco en las tardes de Ten. Pero las audiencias no acompañaron. El programa se movió en numerosas ocasiones alrededor del 0,7 % y el 0,9 %, cifras insuficientes para hablar de una consolidación satisfactoria.

La etapa de Carrillo terminó de manera abrupta, entre desencuentros con los responsables del espacio y versiones enfrentadas sobre las circunstancias de su salida. Su posterior incorporación a La Séptima abrió una nueva etapa profesional para ella y dejó a Ten ante la necesidad de buscar una sustituta.

Fue Marta Riesco quien asumió provisionalmente la presentación. La periodista defendió el programa con naturalidad, energía y oficio, demostrando que podía desenvolverse al frente de un espacio en directo. Pero tampoco consiguió el esperado salto de audiencia. El pasado jueves, por ejemplo, El Sótano Club registró un 0,8 % y 57.000 espectadores. La conclusión parecía evidente: cambiar de presentadora no bastaba para modificar sustancialmente los resultados.

Y entonces llegó la sorpresa. Ten anunció el fichaje de María Patiño, uno de los rostros más reconocibles del periodismo del corazón, y decidió rebautizar el programa como El Sótano Queen. Un movimiento que despertó expectación, especialmente entre quienes habían seguido a la periodista durante sus anteriores aventuras televisivas.

El desembarco, sin embargo, tampoco ha estado libre de dificultades. Patiño ha tenido que afrontar desde el principio diferencias y desencuentros con algunos colaboradores, entre ellos Alberto Guzmán, con quien arrastraba discrepancias anteriores. La periodista tiene una personalidad muy marcada y una forma de entender la televisión que no siempre coincide con la de sus compañeros. Encontrar el equilibrio entre su estilo y la dinámica del equipo será uno de sus primeros desafíos.

Pero la verdadera prueba llegó con las audiencias. Su estreno, este lunes 26 de octubre, obtuvo un 0,7 % de cuota de pantalla. Un resultado que, por ahora, no mejora los registros de Alba Carrillo ni los de Marta Riesco. Sería injusto responsabilizar a Patiño de una situación que viene de atrás, como también lo sería considerar que su incorporación garantiza automáticamente una recuperación.

Hay una circunstancia que merece especial atención. Ten ya demostró con Ni que fuéramos Shhh que podía conseguir audiencias superiores al 2 % con un programa de corazón en directo. Por tanto, no parece razonable atribuir todos los problemas a las limitaciones de una cadena pequeña. La experiencia demuestra que existe un público dispuesto a consumir este tipo de contenidos, siempre que encuentre una propuesta suficientemente atractiva.

Y aquí surge la cuestión fundamental: ¿qué debe cambiar El Sótano Queen para recuperar ese interés? Probablemente bastante más que su nombre o la persona que ocupa la silla de presentadora. La selección de los asuntos, el ritmo de las tertulias, la personalidad de los colaboradores, la capacidad para ofrecer contenidos propios y la búsqueda de una identidad reconocible deberían formar parte de una reflexión profunda.

El ejemplo de D Corazón, de La 1, resulta especialmente ilustrativo. El programa que presentan Anne Igartiburu y Javier de Hoyos atravesó etapas de audiencias discretas y necesitó introducir cambios para mejorar su posición. Lejos de resignarse, fue evolucionando hasta conseguir este pasado fin de semana superar el 11 % de cuota de pantalla tanto el sábado como el domingo.

Evidentemente, comparar una cadena pública de cobertura nacional con una pequeña televisión de la TDT exige muchas cautelas. Ni compiten con los mismos recursos ni parten de idénticas condiciones. Pero la enseñanza es válida: los programas pueden evolucionar, corregir errores y recuperar espectadores cuando encuentran una fórmula adecuada.

María Patiño tiene experiencia, personalidad, capacidad de reacción y una legión de seguidores que celebran su regreso. También Alba Carrillo y Marta Riesco cuentan con sus respectivos públicos. Sin embargo, conviene distinguir entre la popularidad de una presentadora y la aceptación de un programa. Los aplausos en las redes sociales no siempre se traducen en espectadores delante del televisor.

Tampoco sería justo exigir resultados espectaculares después de una sola emisión. Patiño necesita tiempo para imprimir su sello personal, conocer mejor a sus compañeros y participar en la evolución del formato. Pero ese margen no debería confundirse con la ausencia de cambios. Mantener un programa diario en directo exige un considerable esfuerzo económico, técnico y humano, y una audiencia persistentemente situada por debajo del 1 % obliga a reflexionar sobre su viabilidad.

No se trata, por tanto, de ser pesimistas sobre el futuro de El Sótano Queen. Se trata de analizar con realismo una situación que viene repitiéndose con distintas presentadoras. El programa no consiguió consolidarse con Alba Carrillo, tampoco experimentó una recuperación significativa con Marta Riesco y, de momento, no ha mejorado con María Patiño. Eso debería llevar a sus responsables a mirar más allá de los nombres propios.

La periodista gallega tiene ahora una oportunidad interesante. Su experiencia puede contribuir a introducir nuevos contenidos, dar mayor personalidad al espacio y recuperar parte de aquel público que convirtió Ni que fuéramos Shhh en un pequeño fenómeno televisivo. No será una tarea sencilla, pero tampoco imposible.

Porque el verdadero reto de María Patiño no consiste en demostrar que sabe presentar un programa. Eso ya lo ha demostrado sobradamente. Su desafío es ayudar a transformar un programa que todavía no funciona en otro que consiga despertar el interés de los espectadores. Y para lograrlo, Ten tendrá que apostar por algo más que un cambio de presentadora.

Amador Mohedano justifica el maltrato hacia Rocío Carrasco

Alba Haro
@opinionalmeria

En televisión parece que no todo vale, salvo cuando hay una buena audiencia en juego. Telecinco ha vuelto a recurrir a Rocío Carrasco para alimentar la expectación ante una nueva entrega de ¡De Viernes!, que contará con la presencia de su tío Amador Mohedano. Y para calentar motores, Mediaset ha puesto en marcha una estrategia promocional que ha traspasado una línea que ningún medio de comunicación debería cruzar: la banalización del maltrato.

Amador Mohedano, descontrolado

La operación ha tenido dos protagonistas. Por un lado, Rosa Benito, que ha vuelto a arremeter contra la hija de Rocío Jurado con descalificaciones de considerable dureza. Por otro, Amador Mohedano, cuyas declaraciones en un avance promocional del programa han provocado una comprensible indignación en las redes sociales.

El hermano de La Más Grande, al referirse a determinadas actuaciones contra su sobrina, llega a afirmar: "¿Será maltrato? ¡Pues será maltrato! ¿Se lo merece? ¡Pues se lo merece!". Una frase que hiela la sangre, no solo por su contenido, sino por la naturalidad con la que parece justificarse que una persona pueda merecer ser maltratada.

No estamos ante una simple disputa familiar, una diferencia de opiniones o una de esas polémicas que alimentan habitualmente los programas del corazón. Estamos ante unas palabras que, tomadas en su sentido literal, legitiman el maltrato y trasladan un mensaje profundamente peligroso: que determinadas conductas de una víctima pueden justificar la violencia ejercida contra ella.

Pero tan preocupantes como las manifestaciones de Amador Mohedano resultan las circunstancias en las que se han difundido. Según lo mostrado en el avance, ninguno de los colaboradores presentes el viernes pasado, cuando se ofreció el adelanto, reaccionó ante semejante afirmación. Ni una objeción, ni una llamada de atención, ni una reflexión sobre la gravedad de lo que acababa de escucharse. Un silencio difícil de comprender en profesionales que conocen perfectamente la trascendencia de los mensajes emitidos por televisión.

Y aquí aparece la responsabilidad de Telecinco y de la productora de ¡De Viernes!, Mandarina. Porque una cosa es que un entrevistado pronuncie unas declaraciones desafortunadas y otra muy distinta que un medio decida seleccionarlas, editarlas y convertirlas en reclamo publicitario para conseguir espectadores.

Los medios de comunicación no son simples altavoces de cuanto dicen sus invitados. Tienen una responsabilidad social, unos principios deontológicos y la obligación de extremar el cuidado cuando abordan cuestiones tan sensibles como el maltrato y la violencia contra las mujeres. La libertad de expresión no exime de esa responsabilidad, ni convierte en aceptable cualquier mensaje por el mero hecho de que pueda generar audiencia.

Durante años, las cadenas de televisión han promovido campañas de sensibilización contra la violencia machista, han difundido mensajes de apoyo a las víctimas y han defendido públicamente la necesidad de erradicar cualquier forma de justificación del maltrato. Resulta, por tanto, especialmente contradictorio que esas mismas pantallas puedan utilizar declaraciones de semejante naturaleza como ingrediente de una campaña promocional.

La competencia televisiva es feroz y las audiencias condicionan buena parte de las decisiones de las cadenas. Pero la búsqueda de espectadores no puede convertirse en una coartada para trivializar la violencia ni para presentar el maltrato como una conducta que alguien puede llegar a merecer.

Amador Mohedano es responsable de sus palabras. Pero Telecinco también lo es de la decisión editorial de convertirlas en espectáculo. Y quienes estaban presentes tenían, cuando menos, la oportunidad de dejar claro que ninguna persona merece ser maltratada. Porque hay cuestiones que no deberían someterse a las reglas del entretenimiento. Y el maltrato, por mucho que algunos pretendan convertirlo en un reclamo televisivo, es una de ellas.

Amalia Sánchez Sampedro: "El periodismo se aprende en la calle"

Antonio Torres
Periodista

La periodista Amalia Sánchez Sampedro, residente en Puerto Rey (Vera), ha repasado su trayectoria. Pionera de la información parlamentaria, única mujer que cubrió en sus inicios profesionales los últimos consejos de ministros de Franco, es un referente de la historia de la Transición y de la consolidación democrática. “Aunque soy extremeña de Mérida, desde muy joven elegí la provincia de Almería para mi segunda residencia. Me gustaron el sol, el cielo, la luz, la tranquilidad, la gente. A esta provincia traigo amigos y todos quedan encantados. Y, como soy naturista, llevo apalancada casi 38 años en la playa de Vera. Solo hace falta que se cuiden los arenales para que el mar, que avanza inexorablemente, no haga que nos quedemos sin este paraíso natural…”. 

Amalia Sánchez Sampedro, este verano en Villaricos, junto a Francisco Giménez-Alemán, Francis Romacho, Goergina Higueras y Antonio Torres / Foto: Sánchez Haro

El pasado miércoles, en Málaga, ha recordado las limitaciones informativas del franquismo, el control sobre los medios y las distintas formas de censura que seguían condicionando el trabajo de los periodistas incluso después de la Ley de Prensa de 1966, la llamada Ley Fraga, que suprimió la censura previa, pero mantuvo las sanciones y los secuestros de publicaciones. Aludió a las dificultades que afrontaban entonces las mujeres en algunos ámbitos profesionales y en su vida cotidiana. Dejó un titular reivindicativo: "El periodismo se aprende en la calle". 

Amalia Sánchez Sampedro, en un viaje a Guinea Ecuatorial. En la foto aparecen los almerienses Checho Arias y Pedro Fernández Céspedes / Col. A. Torres

La edición número 13 del Congreso Internacional de Periodismo Manuel Alcántara reunió a una buena gavilla de profesionales en la Facultad de Ciencias de la Información de la Universidad de Málaga (UMA). Sánchez Sampedro (Mérida, 1950), autora de Pendientes de la noticia (2003), viajó y siguió de cerca a Suárez, Calvo Sotelo y Felipe. Intervino en una mesa redonda bajo el epígrafe “50 años después…”, un espacio de reflexión que compartió con los admirados y colegas como la docente Ruth de Frutos, el maestro Juan Cruz y Eduardo Castro. El granadino Castro es una de las figuras claves del ‘5 a las 5’, el histórico homenaje público que se le rindió a García Lorca el 5 de junio de 1976, aquel primer gran homenaje popular al autor universal en boga de nuevo con la exitosa La bola negra que hemos disfrutado con los Javis, Calvo y Ambrosi. Otro de los grandes que estuvo en ese primer encuentro, gran homenaje popular al autor de Bodas de sangre, con vigilancia de los censores, fue el añorado alhameño Antonio Ramos Espejo, uno de los grandes periodistas y escritores con mayúscula de la historia de Andalucía.

Junto a José Antonio Martínez Soler, pionero de la televisión matinal, Amalia S. Sanpedro vendió desde el ámbito turístico y gastronómico la fortaleza de Almería. Amalia se hizo popular por acudir a los sitios de la noticia, aspecto muy diferente a la actualidad que por la pobreza de medios apenas se sale de las redacciones. Varias generaciones la recuerdan por los originales pendientes que luce ante las cámaras. El prologuista de su libro es Felipe González, quien arranca el texto con mucha complicidad. Afirma que ha disfrutado y sufrido con su trabajo de una mujer en la que había algo más que la simple traslación de las cosas que oía o veía, porque no era de los que miraban sin ver: “Durante años he sentido la mirada escrutadora de esta periodista extremeña. Cuando actuaba de plumilla, cuando preparaba sus reportajes para televisión o cuando participaba en las tertulias de la radio. La he visto en los actos públicos, en las conferencias de prensa, en los viajes al exterior. La he sentido mientras estaba en la oposición y cuando estaba en el gobierno. Siempre discreta y tenaz, sin hurtar una sola cuestión y sin deseos de protagonista”.

Fue la única mujer que cubría las noticias del Consejo de Ministros de Franco desde 1973 y en los inicios de la democracia, una de las pioneras de las información parlamentaria. “Éramos una docena de profesionales que desgraciadamente han fallecido todos, salvo Miguel Ángel Aguilar”, comentó Amalia, desde su casa en la costa de Vera: “Yo trabajaba desde 1972 en la cadena de periódicos independientes Colpisa donde también influyeron los aires de cambio, especialmente en la posibilidad llamar a las cosas por su nombre en lugar de las filigranas semánticas y las metáforas que teníamos que utilizar para las crónicas políticas durante el franquismo.  Tras sufrir censura y amenazas de cierre, al fin se inició el periodismo de investigación, la prensa llamada de sociedad o Rosa y sobre todo los periodistas pudimos modificar y modernizar aquel lenguaje disimulado y encorsetado para hacerlo más accesible para los ciudadanos”. Sampedro presentó en enero de 1985 la segunda edición del Telediario de TVE, junto a Carlos Herrero, vinculado con la localidad almeriense de Cuevas del Almanzora, pero al poco tiempo, en tiempos sin autocue o teleprónter, pidió dedicarse al periodismo de calle y fue sustituida por la escritora Ángeles Caso. Cubrió las protestas de Tiananmen en Pekín (1989). En su Pendientes de la noticia aparecen decenas de imágenes que corroboran sus viajes. Tuve el privilegio de ser compañera suya cuando fue directora territorial de Canal Sur Radio y Televisión en Madrid, o en las citas anuales de encuentros anuales en casa Tadeo de Villaricos.

En la antigua Escuela de Periodismo, fue alumna del almeriense de Fiñana, Juan Aparicio, mandamás de la prensa franquista, a quien considera que fue buen profesor y simpático, siempre bromeando por su obsesión casamentera, comentó con buen sentido de humor.  “Lo más importante”, rememora Amalia, “tras la muerte de Franco, es que terminó la censura y se consagró la libertad de prensa y de expresión.  Pero no fue un camino fácil. Durante aquellos primeros años continuaron las amenazas, atentados, secuestros y cárcel para periodistas, tanto por parte de ETA como de la extrema derecha.  No hay más que recordar los asesinatos etarras de José María Portell y José Luis López de la calle, el secuestro y simulacro de fusilamiento de Martínez Soler y la condena y encarcelamiento de Xavier Vinader, casos que viví muy de cerca porque eran colegas y sobre todo amigos”. “Fueron muy importantes la publicación de los semanarios Cambio 16 en 1971 y años más tarde Interviú (1976-2018), además de otros medios que ampliaron el espectro político y social de acuerdo a las nuevas normas de libertad de prensa reconocidas en el artículo 20 de la Constitución. Y muy particularmente la salida en mayo de 1976 del diario El País”.  La periodista fue cofundadora de la agencia Colpisa con Manu Leguineche, Francisco Umbral, César Alonso de los Ríos y los andaluces José Oneto y Víctor Márquez Reviriego, todos referentes de la Transición periodística. Pocos conocen el papel relevante de esta periodista en el proceso de privatización de La Voz de Almería (1984) y las conversaciones que mantuvo, entre otros, con uno de los profesionales que modernizó los telediarios, José Luis Martínez, que apostó por entonces jóvenes Amalia y Carlos Herrera entre otros. El navarro Martínez es el histórico editor del periódico decano almeriense y persona muy estimada por los grandes comunicadores de antes y de ahora.

Los herederos de 'Sálvame': un lío difícil de entender

Marian Lozano
@marian65x

Que siempre ha habido bandos entre los herederos de Sálvame no es nuevo. Pero últimamente hay tanto movimiento que, para seguir las tramas, hace falta realizar un organigrama, un manual de instrucciones, un mapa de alianzas como los de Juego de Tronos y un máster en interpretación de indirectas y pullitas.

Un lío difícil de entender 

Se rumorea que todo comienza en el pisito de Ten con Ni que fuéramos Shhh, se traslada la movida a La 1 con La familia de la tele, para regresar a Ten con Tentáculos, y simultanear en La 1 con D Corazón y en Ten con No somos nadie. Todos ellos, platós en los que parece que las historias con enjundia -las buenas- continúan después de que se apague la lucecita de la cámara.

El mal rollismo y el buen rollismo no se han ocultado en estas idas y venidas del pisito a Prado del Rey, de Prado del Rey al sótano o desde el pisito a la cadena de enfrente. Según se cuenta, las tensiones podrían haberse empezado a gestar con el desembarco del equipo de Sálvame en La familia de la tele, en La 1. Tras la cancelación del programa, Carlota Corredera y Laura Fa encontraron su espacio en D Corazón, donde ya llevaban un tiempo colaborando Alba Carrillo, Anna Gurguí, David Insua y Alberto Guzmán Unamuno, además de Javi Hoyos, viejo conocido de la etapa de Mediaset.

Prácticamente todos, a excepción de Alba Carrillo, habrían encontrado su hueco en No somos nadie, el programa de Ten presentado por María Patiño, con Carlota Corredera como sustituta en la presentación. Ya habían trabajado con Ten en Tentáculos presentando por la propia Carlota mientras La familia de la tele seguía en emisión.

Desde su llegada a Ni que fuéramos Shhh, el primer programa de Fabricantes Estudio en Ten, Marta Riesco siempre ha tenido su espacio como colaboradora o reportera en los sucesivos formatos que pusieron en marcha Óscar Cornejo y Adrián Madrid.

Como vemos, los nombres saltan de un plató a otro y las trayectorias se cruzan una y otra vez. Puede que tantas idas y venidas y reparto de roles haya influido en las tensiones que se perciben ahora. El encaje de piezas del puzle solo lo conocen los productores, los colaboradores y los presentadores.

En este organigrama mental, los Kikos (Hernández y Matamoros) han decidido volar por libre, a su rollo, montando su propio canal en YouTube, donde continuar su intensa guerra con Terelu Campos y Lydia Lozano, que prefirieron postularse a un sillón fijo en ¡De Viernes! en Telecinco.

Al margen de estas movidas quedaron, mucho antes, Gema López o Pilar Vidal, que fueron las primeras en dar el paso y acomodarse en Antena 3. O la buena de Chelo, que tras el cerrojazo de La familia de la tele ahora vive jornadas de tranquilidad en la televisión catalana.

Belén Esteban, tras el final del pisito y unas largas vacaciones, recientemente se ha marcado un ¡De Viernes!, mientras -pura coincidencia- su antiguo amigo Jorge Javier Vázquez ha reaparecido en el escaparate de las redes sociales a pocos meses de la renovación de su contrato con Mediaset.

María Patiño, que había quedado desde la salida de Ten como la única pieza descolgada de este tablero laboral televisivo, dio el salto la semana pasada como colaboradora de Marc Giró. Y, sorprendentemente, al día siguiente se anuncia como presentadora de El Sótano Club, que pasará a llamarse El Sótano Queen en su honor.

Todos estos compañeros, nuevos y antiguos, han seguido sus caminos, pero las diferencias del pasado parece que les acompañan de un plató a otro. Desde fuera, se tiene la sensación de que hay bandos enfrentados o pandillitas de amigos que pelean por un espacio en televisión.

Con la salida de Alba Carrillo de Ten, las declaraciones de Marta Riesco y compañeros que se sitúan a un lado y a otro, surge la duda de si esta nueva movida se trata de una discusión puntual o de algo que llevaba tiempo gestándose. Posibles rencillas antiguas de Sálvame, nuevos enfrentamientos en Ten y la lucha por hacerse un hueco en otros proyectos televisivos.

No se sabe con certeza. Todo el mundo opina, se posiciona y da la impresión de que ni siquiera quienes comentan continuamente en X o en TikTok tienen los detalles sobre lo ocurrido.

Para liar un poco más este embrollo, llega María Patiño a escena y, el día antes de sustituir a Marta Riesco -a quien unos días antes habían elegido como sustituta de Alba Carrillo-, añade más leña, metiendo a Marc Biarnés en un lío que no viene a cuento y dejando constancia de esa superioridad que sienten algunos presentadores sobre los colaboradores.

Así que Marc ya se ha visto envuelto en comentarios y críticas, sin comerlo ni beberlo, antes de que comience esta nueva etapa en El Sótano. Deben de estar de los nervios quienes realizan la escaleta del lunes. Y aunque son profesionales y saben disimular, habrá que ver qué caras ponen Laura del Val, Iggi, Samantha Ballentines y el resto cuando se sienten todos juntos y tengan que hablar de amoríos de toreros. Porque, precisamente, el aliciente de El Sótano para la audiencia era que estos jóvenes colaboradores no procedían del mundo del corazón y daban frescura, con sus puntos de vista, a estos temas banales en los que se les veía poco duchos pero muy colaborativos.

No se sabe quién ha sembrado todo este mal rollo. Puede que haya detrás una estrategia grupal, una sola persona con gran poder de manipulación o, simplemente, la mezcla de egos, o mensajes que se interpretan mal, el fichaje de Alba por La Séptima, que puede que haya despertado ganas de malmeter, rivalidades o prisas por saber quién iba a cubrir el puesto que dejaría libre. Todo hasta ahora son conjeturas.

Lo que sí queda claro es que la salida de Alba ha generado división en Ten y que puede que a este paso, por lo observado, lleguen a reproducirse las dinámicas de Sálvame y sean los propios presentadores y colaboradores quienes protagonicen la escaleta.

También estos días, leyendo en redes, se obtienen datos de la idea que tiene el público sobre estas amistades que se producen en el mundillo del corazón. Al final, lo que se ve desde fuera es bastante raro. No parecen amistades normales, sino más bien colegueos o alianzas entre personas que han compartido muchas horas de televisión, que se conocen desde hace años y cuyas relaciones profesionales y personales parece que se complican a la mínima y saltan, más allá de las premisas de amistad, por los proyectos laborales individuales.

Lo curioso es que los espectadores intentan adivinar lo sucedido y destapar alianzas y complots a partir de una recopilación de declaraciones incompletas, de mensajes velados y de versiones de algunos que dicen saber y trasladan sus pesquisas a las redes sociales. Y así, en X se intenta averiguar quién está a favor de unos u otros, quién le ha hecho la cama a quién, si hay traiciones o quién movió la primera ficha.

Lo más consecuente en este caso para los que generan contenido en redes o participan activamente sería quedarse detrás de la barrera, observar y no lanzarse a repartir carnés de buenos y malos al tuntún, sobre todo ante la falta de hechos, datos y declaraciones aclaratorias de los protagonistas. Pero, así son las redes, siempre hay que opinar y seguir opinando.

Y, por favor, si alguien descubre quién empezó todo, que lo cuente ya.