Edita: FIDIO (Foro Indalo de Debate, Ideas y Opinión) C. I. F.: G04253035 Presidente del Consejo Editorial: Emilio Ruiz

Tirando la maleta por la ventana

José Fernández

A medida que se suceden las críticas y las denuncias de los responsables de Izquierda Unida en Almería sobre los socialistas, sus recientes compañeros de gobierno en la Junta, resulta imposible no pensar en las sutiles barreras que en ocasiones separan el despecho del odio. Pero no hablo del odio al otro, que es la forma más común del aborrecimiento, sino del odio hacia uno mismo al descubrirse humillado y utilizado por quien hasta hace poco era feliz compañía, proyecto común y armónica convivencia.

Rosalía Martín
Recuerden que al poco de darse por terminado el pacto, los portavoces más cualificados de la coalición comparecieron para dudar públicamente de la categoría ética y personal Susana Díaz, que hasta un breve rato antes era su socia y valedora. También hemos visto a los cargos más representativos de la coalición de izquierdas pateando barrios periféricos para volcar allí su furia contra sus ahora enemigos, denunciando incumplimientos, desvíos y trapacerías sin límite por parte de quien, en la cúspide de la displicencia, apenas ni se han tomado la molestia de salirles al paso.

Y no sólo eso: se han permitido el gesto de apropiarse de algunas iniciativas suyas para fagocitarlas e incumplirlas. Francamente, hemos visto a señoritas protagonistas del cuché tirando por la ventana la maleta de algún bailaputas con más entereza que el torrente de reproches que van lanzando por los medios los cargos de IU.

El cordobés Séneca escribió hace mucho tiempo que el principal motivo para llorar es no poder llorar. Y eso es lo que le pasa a IU, que no puede -o al menos no debería- llorar de ese modo por las esquinas porque aún no ha pasado el tiempo suficiente como para que se olvide o difumine en la memoria colectiva que apenas quince días atrás, ellas y ellos formaban parte activa de ese conjunto de miserias que ahora quieren señalar como indeseables.

Hace falta más tiempo y más distancia para que la pretendida denuncia no acabe siendo una asunción de complicidad.