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Una visión (no técnica) del PGOU de Almería

Pedro Manuel de La Cruz
Director de La Voz de Almería

Por favor, sigan leyendo. Que nadie se asuste. No voy a entrar en los criterios técnicos que han provocado el rechazo al Plan General de Urbanismo de Almería. Si los expertos municipales y autonómicos no se ponen de acuerdo sobre las razones que deben determinar la aprobación o el suspenso, entrar en ese laberinto controvertido de normas, criterios y planeamiento de futuro es una temeridad irresponsable. Allá los técnicos con sus argumentos contrapuestos y, en cualquier caso, a su pericia corresponde buscar alternativas a una encrucijada en la que nadie se siente cómodo y de la que hay- y todos quieren- que salir cuanto antes.

Desde la Alcazaba
Lo que no se puede entender desde la lógica de la razón es que el PGOU lleve más de doce años -doce, que se dice pronto siendo tanto el tiempo transcurrido- en fase de tramitación. EL Plan es una hoja de ruta por la que circulará el futuro de la ciudad y esa importancia estructural exige ser consciente de que lo que se apruebe marcará el porvenir urbano de las próximas generaciones, lo que obliga a la exigencia del máximo rigor a la hora de diseñarlo. En la vida de las ciudades hay rutas que no tienen vuelta atrás y esta es una de ellas. Hay que acertar y cualquier redacción apresurada es un campo de minas de extraordinaria toxicidad para el futuro.

"Cinco mil días de bucle administrativo es un insulto a la diligencia exigible a cualquier Administración y, a la vez, una incitación a la sospecha de que no es solo el cumplimiento de la norma lo que dilata su aprobación"

Pero esa prudencia exigible en la redacción de cualquier Plan General no encuentra cobijo justificado en el paraguas insoportable de doce años de trámites interminables. Algo o alguien no ha hecho ni está haciendo bien su trabajo. Es incomprensible que dos administraciones que tienen como objetivo gestionar los intereses colectivos no sean capaces de buscar puntos de encuentro en más de 150 meses. Cinco mil días de bucle administrativo es un insulto a la diligencia exigible a cualquier Administración y, a la vez, una incitación a la sospecha de que no es solo el cumplimiento de la norma lo que dilata su aprobación, sino la posibilidad de que existan criterios políticos o intereses grupales inconfesables.

La vida es más compleja que la geometría y aunque la regla, el cartabón y la escuadra demuestran que la distancia más corta entre dos puntos es una línea recta, en la gestión de los intereses a veces hay que buscar andenes en los que detenerse antes de llegar al punto de destino. Se tarda más en alcanzar la meta, pero se llega antes a aquellas estaciones en las que la espera supone un alto coste para el desarrollo.

Es posible que el Plan no pueda aprobarse desde la pulcritud administrativa en su totalidad y que, pese al tiempo transcurrido desde su inicio, haya aspectos que incorporar obligados por olvidos, errores, resoluciones o sentencias sobrevenidas en tantos años de navegación interminable. Pónganse a ello quienes tengan esa responsabilidad.

Pero pónganse también Junta y Ayuntamiento a buscar escenarios de confluencia que imposibiliten la paralización de la ciudad y eviten el alto coste que para las arcas municipales- o sea: los bolsillos de todos- tendría la reversión de millones de euros adelantados por convenios sobre los que puede admitirse la discusión sobre su idoneidad-La Salle con El Corte Inglés, o un hotel en terreno de la Compañía de María a cambio de construir el nuevo cuartel de la policía local, entre otros-, pero a los que hay que hacer frente por haber sido aprobados por mayoría en Pleno.

Aunque con un retraso insoportable ha llegado la hora de la sensatez. Almería no puede estar esperando otros doce años para ver aprobado su Plan General. Y de que esto no suceda tienen la responsabilidad los que situados en las dos orillas del conflicto no han encontrado- o no han sabido, o no han querido- encontrar un punto de encuentro.

No va a ser fácil, pero lo primero que tienen que hacer unos y otros es no convertir esas orillas en trincheras. Algo que hasta ahora y a la vista de los resultados, no han sabido o querido hacer.

Los pelotazos del PGOU

Antonio Felipe Rubio
Periodista

La Junta de Andalucía acaba de “tumbar” el PGOU (Plan General de Ordenación Urbana) de Almería. Los motivos de la desaprobación se refieren a la ausencia de alternativas para garantizar el abastecimiento de agua a futuras viviendas que pudieran construirse en los próximos años. Este argumento es el meramente técnico; igualmente, circula el runrún típico del “pelotazo” que siempre acompaña a cualquier actuación de cierta envergadura en clave urbanística y que lanza la oposición política sin reparar en la mínima caución histórica.

Puerta Purchena
Bueno sería que, cuando se hable de “pelotazos”, se mire hacia atrás y se recuerde, por poner algunos ejemplos, las visitas del hermano de Alfonso Guerra, Antonio El Patillas, para poner a trabajar a todo el consistorio en pos de unos proyectos urbanísticos de dudosa viabilidad. Otro enigmático “desembarco” -éste sí es textual al atracar su yate en Aguadulce- lo propició el propietario de la constructora coruñesa IRCO (Angel Jove y Fernando Martínez a bordo) que también tuvo sus problemas para la aprobación del Centro Comercial Mediterráneo; no sin antes producirse un escándalo político al necesitarse una migración del PSOE a IU-CA para hacer efectiva la aprobación en Pleno.

La construcción de la desaladora de Almería se encareció mil millones de pesetas por un incompresible cambio en la toma de agua que defendió el entonces concejal Pérez Navas. Como incomprensible fue acometer las fatídicas obras del parking de Obispo Orberá sin proyecto técnico de ejecución. 

Posteriormente, con motivo de los JJMM de 2005, se impulsó, con un Ayuntamiento gobernado por la coalición PSOE/IU-CA, la construcción de la Villa Mediterránea concedida a VITRA (cooperativa del sindicato CCOO), y que hubo de rediseñarse al no contemplar ascensores para sus cuatro plantas ni entrada directa desde los aparcamientos; sin mención a las consideraciones estéticas.

En la compra de los terrenos del actual PITA también actuaron conspicuos empresarios que optaron por la operación más costosa –a más importe, mayor rentabilidad-, y no olvidemos las dificultades medioambientales, superadas sin trauma ni ruido (de protegido LIC a construir con toda libertad) -¿otro Algarrobico con más suerte?- cuando tenían una oferta registrada en el Ayuntamiento con terrenos más idóneos, más extensos y a coste cero; además, en un lugar que figura en el proyectado PGOU como una de las tres opciones para polígonos industriales de futuro (El 21).

Y así, hasta llegar a la polémica de El Corte Inglés: Jesuitinas, Guardia Civil, Estación de Autobuses… y La Salle. Pero no. La decisión política (PSOE) fue esperar a liberar terrenos del “futuro” soterramiento con Toblerone e inmediaciones. Ni pérdida de plazas escolares, ni caos de tráfico; el interés por El Corte Inglés era otro muy diferente y, pasado el tiempo y las oportunidades, nos quedamos sin estos grandes almacenes, y la correspondiente y deseable dinamización comercial de su área de influencia… Y algunos hablan de “pelotazos y corruptelas”.

El PGOU es muy necesario, entre otras cosas, para poner en orden en el Polígono La Celulosa, legalizar todo Castell del Rey o para la inversión más cuantiosa (160 millones de euros de inversión almeriense) en el proyecto Puertalmeraya que pretende desarrollar un comercial de 107.000 m2 en el acceso de la A-7 por la rotonda del tanatorio y que daría trabajo directo e indirecto a 4.000 personas y ocupación durante su ejecución a otras 4.500 personas; sin contar la repercusión en las arcas municipales del orden de 24 millones. En definitiva, otra más de la Junta de Andalucía que hemos de aguantar con la estoica resignación de padecer este factor limitante para el desarrollo de Almería.

Menudo Plan

Eusebio Villanueva Pleguezuelo
Arquitecto / Presidente AA VV La Palmera

El Plan General de Ordenación Urbana de una ciudad, lo que vulgarmente se identifica con sus siglas PGOU, es el documento más importante para el desarrollo urbano de un municipio. En él se analiza la ciudad existente: su organización, estructura urbana, vías de comunicación, necesidades y carencias…etc, y se programa el modelo de desarrollo para los siguientes años.

El actual PGOU de Almería, el del año 1988, planificó la ciudad hasta la Vega de Aca. Creó el gran eje de la Avenida del Mediterraneo, que ha articulado el territorio de Norte a Sur y que viene a ser el tercer gran eje estructural junto con el Paseo y la Rambla. Este Plan no está agitado en la actualidad y quedan, todavía, unos cuantos años para que se colmate.

En este Plan la zona de La Molineta se clasifica como suelo de reserva, una gran zona verde, libre de edificación, que sirve de colchón de amortiguación con la autovía que circunvala la ciudad. Hace ya unos años, alrededor del 2005, unas cuantas asociaciones, lideradas por la AA VV La Palmera, propusimos la realización de un gran parque en esta zona. Esta iniciativa se fundamentaba en los valores existentes, en las balsas, bancales y acequias que jalonaban los valles y cerros situados frente al colegio Sta. Isabel y la rambla García Lorca, lo que unido a la vegetación existente, los valores paisajísticos y la situación de equidistancia y centralidad respecto a los diferentes barrios de Almería, lo convertían en un lugar idóneo para la realización de un gran parque público, viniendo a paliar la carencia de espacios verdes que esta ciudad tenía y tiene.

En los días previos a la campaña de las municipales el Ayuntamiento ha hecho el amago de sacar una revisión del PGOU, incluso estuvo prevista su aprobación el 29 de abril y en el último momento se quitó del orden del día. El documento en realidad más que un plan general es un plan de urbanización de La Molineta, una forma de poner nuevo suelo en el mercado para la construcción de más viviendas, algo que en las condiciones actuales (miles de viviendas sin vender y mucho suelo sin edificar) y con las nuevas tendencias de desarrollo no parece lo más inteligente (es como si ahora nos dedicáramos a la energía nuclear después de lo de Japón).

El plan propuesto no analiza la ciudad existente ni sus problemas: la circulación, la falta de espacios públicos, las horribles medianeras, la ausencia de arbolado, las barreras arquitectónicas…etc, y les puedo asegurar que para detectar estos problemas no hace falta contratar a un Notario, simplemente hay que mirar un poquito a nuestro alrededor. Pero tampoco responde el plan a la voluntad de los ciudadanos, nos se les ha preguntado qué ciudad quieren para el futuro, hacia donde crecer y como, cuáles son sus necesidades. ¿Se imaginan que un extraño entrara en su casa y se la remodelara sin consultarles?

Y para rematar la faena pretenden cargarse la Molineta.

Ahora, en campaña, todos apoyan el Parque de la Molineta. Nuestros políticos se han vuelto verdes, más que las lechugas. Esa mutación ya les pasó hace cuatro años, aunque luego se les olvidaran sus promesas y compromisos. Por eso yo les recomendaría lo que a mí me decían de pequeño, que tomara rabillos de pasa, a ver si esta vez tienen la gallardía de mantener su palabra.
Una petición a los futuros gobernantes: hagan ustedes un nuevo Plan General escuchando la opinión de los ciudadanos.

El PGOU que no conocemos

Juan Carlos Usero
Presidente de Diputación y candidato a la alcaldía de Almería por el PSOE

No hay nada más político que la redacción de un Plan General de Ordenación Urbana, un documento que va a regir el futuro desarrollo de la ciudad, organizar las actividades de ciudadanos y empresas, determinar los lugares que se deben reservar para crear nuevos servicios públicos o definir las comunicaciones y articular el tráfico. Por eso, no se puede entender que el equipo de gobierno del Ayuntamiento de Almería, del Partido Popular, haya decidido hurtar a los ciudadanos la posibilidad de debatir en plena campaña electoral el futuro Plan General de Ordenación Urbana, ante el temor de que, puesto sobre la bocina de la camioneta electoral, la sociedad almeriense en su totalidad llegue a enterarse de lo que en realidad esconde entre sus páginas. Nunca mejor que ahora mismo podríamos debatir cuál es la ciudad que este alcalde del Partido Popular imagina de aquí a los próximos quince o veinte años.

De momento ya hay unos cuantos ciudadanos que se han percatado del verdadero rostro de la derecha: los vecinos del barrio de Los Ángeles y de la Plaza de Toros, que han descubierto sobre el plano el insignificante detalle de 55.000 viviendas, 300 de ellas unifamiliares, que se construirán en lo que tendría que ser el gran Parque de La Molineta. El Partido Popular ha tratado de despistarlos asegurando que el parque se mantendrá sus dimensiones, eso sí, convenientemente repartidas en las márgenes de la autovía, en las zonas más escarpadas, donde nadie podrá pasear, y entre el chinorro de las glorietas. Unos fenómenos.

Cuando en Almería sobran solares para urbanizar y viviendas sin vender, el Ayuntamiento propone meter la pala a la única zona verde que se mantiene por generación espontánea en la ciudad, sin riego por goteo, sin picudo rojo, sin operarios, gratis total. Con apenas unos pequeños retoques, como vallado, arreglo de senderos, creación de un merendero y unos miradores, podría convertirse en un lugar de excelencia para el ocio, de esos que estamos tan necesitados los almerienses.

Obviamente, los problemas de los ciudadanos no son de crecimiento de la bolsa de viviendas, sino de activación de la economía local y de mejora de la calidad de vida. Tenemos que dejar atrás el urbanismo del crecimiento para quedarnos con el urbanismo de la transformación, restar al promotor urbanístico protagonismo para entregárselo al ciudadano.

Ahora no toca planificar nuevos desarrollos, pues tenemos suelo planificado y desarrollado en cantidades suficientes como para garantizar el crecimiento demográfico de los próximos 20 años.

Ahora toca una reflexión profunda sobre cómo estructurar esta ciudad que nos ha legado la política expansiva y desarticuladora del Partido Popular, una ciudad con bloques de pisos aislados y familias sitiadas por los escombros de esos solares ya declarados urbanizables cuyos edificios tardarán años en levantar. Veamos cómo resolver esta situación de ciudadanos dispersos por el territorio, sin apenas servicios, como consecuencia de una centralización absurda que les obliga a realizar continuos desplazamientos. Analicemos con valentía cómo evitar la dependencia del vehículo particular ante la falta de un Plan de Movilidad Urbana Sostenible que articule las arterias y venas por las que tiene que circular la vida.

Pero además, tras siete años de redacción y un coste cercano a los 3 millones de euros, inexplicablemente, el PGOU de Comendador olvida pronunciarse sobre asuntos importantísimos para la recuperación de la capitalidad perdida, como el desarrollo del proyecto Puerto-Ciudad o del soterramiento del ferrocarril, la rehabilitación del Casco Histórico, la ubicación de una gran biblioteca, la creación de un centro de exposiciones y congresos, la implantación del tranvía en la trama urbana o la elaboración un mapa de oportunidades de negocio para la reactivación de nuestro sector de servicios, de manera que incentivemos la creación de empleo.

Por mucho que lo defiendan, está claro que este Plan General de Ordenación Urbana no es el que queremos la inmensa mayoría de los vecinos de la ciudad. Por eso han preferido esconderlo debajo de la mesa y tratar de aprobarlo, si ganan las municipales. Toda una lección de democracia y transparencia.

Salvemos La Molineta

Mar Verdejo Coto*
Ingeniero-Paisajista

La polémica arranca en 2005, momento en que los medios de comunicación anuncian que el nuevo Plan General de Ordenación Urbana de Almería prevé la urbanización de 8.000 nuevas viviendas en la Molineta, un paraje almeriense de i...ncuestionables valores etnológicos, paisajísticos y culturales que, sin embargo, carecía de un nivel de protección específico.

El ayuntamiento de Almería propuso la revisión del antiguo PGOU de 1988 por varios motivos: la necesidad de adaptación a la nueva legislación urbanística LOUA así como de adopción de un modelo territorial, y el agotamiento del planeamiento anterior, ya que la ciudad había crecido hasta sus límites naturales y se estaba agotando el suelo urbanizable. Se pretendió entonces eliminar la categoría, hasta entonces vigente, de Sistema General de Espacios Libres para poder hacer uso de ese suelo.

La propuesta fue inmediatamente criticada, ya que Almería posee unos índices bajísimos de espacios libres por habitante y, aunque es cierto que el nuevo PGOU contemplaba la creación de 30 hectáreas de zonas verdes, éstas se planeaban como espacios integrados en 238 hectáreas residenciales, que darían cabida a más de 8000 viviendas, lejos, por tanto, de las expectativas ciudadanas, que llevaban tiempo demandando un gran área verde de esparcimiento. En cuanto a la Molineta, hasta el momento regulada como “suelo no urbanizable”, pasaba a declararse en el nuevo PGOU como “suelo urbanizable no sectorizado”, abriendo así la veda a la presión urbanística.

El equipo de gobierno PP-GIAL aprobó un Plan Parcial que suponía el desarrollo urbanístico en la zona norte de la Rambla del parque de la Molineta, sin contar con la aprobación de la Consejería de Obras Públicas de la Junta de Andalucía. A partir de entonces se inicia una consistente lucha por más de una quincena de asociaciones vecinales, ecologistas y culturales (Los Verdes de Andalucía, Ecologistas en Acción, Grupo Ecologista Mediterráneo, Pro Derechos Humanos de Andalucía, Asociación para la Prevención, A.F.A.T, Asociación de Amigos de la Alcazaba de Almería, Asociación Socio-cultural de Mujeres, etc.), con la asociación La Palmera a la cabeza, con objeto de reivindicar la conservación del espacio natural de la Molineta, exigiendo al Ayuntamiento su calificación como zona verde y su acondicionamiento para la posterior construcción de un gran parque periurbano.

Con tal motivo, redactaron una alegación al proyecto en la que se solicitaba una reserva de suelo de más de 145 hectáreas en la zona norte de la ciudad -de ellas, 60 irían destinadas a parque periurbano y 80 a reserva forestal-.

Junto a la alegación se presentaron más de 11.000 firmas de apoyo. Asimismo, es destacable la celebración de la Semana Cultural de la Asociación en noviembre de 2006, con la que se pretendió dar un sentido más técnico y científico a las peticiones: debates y mesas redondas, planeamiento de actos reivindicativos, celebración de una exposición de fotografías antiguas y modernas sobre la Molineta por parte de artistas locales, etc.

El día en que culminaron los actos, decenas de cometas, hechas por los niños del barrio, sobrevolaron el cielo almeriense con los lemas “Parque periurbano ¡ya!” o “Salvemos la Molineta”. A la marcha reivindicativa se unieron el Grupo Ecologista Mediterráneo, Ecologistas en Acción, el Partido Socialista de Andalucía, Izquierda Unida y la Plataforma Acantilados SOS, entre otros colectivos.

Esto hizo que en 2007 el Gobierno Autonómico, a través de la Consejería de Obras Públicas, que por entonces estaba en plena redacción del Plan Subregional de Ordenación, se planteara la posibilidad de incluir La Molineta como un Parque Metropolitano.

En 2008 los periódicos se hacen eco de los resultados de la DIA (Declaración de Impacto Ambiental) facilitadas por la Delegación Provincial de Medioambiente, según los cuales muchas de las propuestas de expansión urbana previstas por el PGOU almeriense supondrían un terrible impacto en el medio natural de la ciudad, especialmente en la zona norte de La Molineta. Según el documento, se debía modificar entre un 60% y un 70% del suelo urbanizable no sectorizado para que el PGOU pudiera ser aprobado, mientras tanto, sus pretensiones urbanísticas se verían paralizadas.

Sin embargo, las asociaciones en defensa de la Molineta consideraban que la permisividad de la Administración ante los procesos de expansión urbana no lograría evitar la destrucción del entorno natural y por ello mantenían un estado de movilización permanente: campañas de sensibilización, excursiones reivindicativas con el lema “Acércate a la Molineta”, manifestaciones en contra de la especulación “Almería no se vende”, e incluso organizaron una jornada de limpieza simbólica del paraje a la que se unieron un centenar de personas, parte de las cuales señalizaron algunas de las especies con cartelitos identificativos, animando a que las autoridades tomaran el relevo y dieran las directrices oportunas para la catalogación de la zona.

Unos meses más tarde, el Ayuntamiento de Almería presentaba a la secretaría general de Planificación y Desarrollo Territorial de la Consejería de Ordenación del Territorio, la revisión del documento. Reelaborar el PGOU había costado a las arcas municipales, según los grupos de oposición IU y PSOE, 1,6 millones de euros. Megino anunciaba que se había hecho un recorte de más del 80% de suelo urbanizable para ajustarse a las directrices del informe de impacto ambiental y que las viviendas que ocuparían la Molineta serían de protección oficial, algo con lo que, al parecer, la Junta de Andalucía estaba de acuerdo, pero se negaba a informar de la superficie a ocupar señalando “que pongan ellos los límites para el futuro parque ".

En agosto, la Junta de Andalucía se pronuncia sobre la Molineta, aunque sus declaraciones no fueron bien acogidas por parte de las asociaciones, que se vieron traicionadas por ella. Si hasta ahora la Administración Autonómica había anunciado que el Plan Subregional iba a incluir a la Molineta como un gran pulmón verde al constituirlo como Parque Periurbano y, de hecho, había calificado como “inviable” la propuesta municipal de construcción de viviendas en la zona, tras la reunión mantenida el 24 de agosto con los técnicos municipales su posicionamiento cambió, declarando que se estudiaría la posibilidad de que la corona Norte de la capital almeriense albergara 8.500 viviendas, parte de las cuales serían de protección oficial y se edificarían en el área de La Molineta.

Unos días después el presidente de la plataforma vecinal en defensa de la Molineta, recriminaba al Gobierno andaluz el cambio de postura, aunque, viendo que era inevitable la construcción de viviendas en la zona, hizo dos peticiones a la Junta: que se preservara el área de mayor valor ecológico y patrimonial -un espacio de unas setenta hectáreas- y que las viviendas fueran efectivamente de protección oficial. Una opinión que no compartían en absoluto las demás asociaciones, mucho más duras con los equipos de gobierno, como el grupo ecologista Cóndor, que reprochaba a la Administración Autonómica su propuesta después de haber apoyado a los colectivos vecinales y ecologistas en su petición de hacer un gran parque en la Molineta, viendo en ese cambio de actitud “complicidades del PSOE en las oscuras tramas urbanísticas del PP y GIAL en la capital almeriense”.

El debate trascendía ya los límites de la ciudad almeriense y se presentaba como una reflexión sobre el patrimonio, la politización a la que a menudo se ve sometido y el papel que le compete a la ciudadanía en lo que respecta a su conservación. Así se podía leer en un artículo de Ideal en octubre de 2008: “Hay mucha gente en Almería que ahora se para a mirar la Molineta. Se detiene a emitir su propio juicio. ¿Tiene sentido la conservación de uno de los pocos parajes de la ciudad con interés paisajístico y etnológico? ¿Tiene sentido llegar a consensos razonables entre el ayuntamiento y las asociaciones defensoras de la Molineta para evitar la construcción indecente e indiscriminada a la estamos, por desgracia, acostumbrados? ¿Se necesita escuchar la voz de los vecinos, de los que disfrutan realmente el vacío natural de la Molineta? ¿Es conveniente escuchar la voz de profesionales solventes que alertan de los perjuicios de la pérdida y proponen soluciones reales?”.

Otros colectivos, hasta ahora ajenos al problema que afectaba a Almería, empiezan a sensibilizarse con el tema y a proponer soluciones desde sus limitadas posibilidades. De esta forma, por ejemplo, unos alumnos de la Escuela Técnica Superior de Arquitectura de Granada dieron a conocer una serie de proyectos de vivienda sostenible en una sala de exposiciones con el título “Reciclando Arquitectura, entre el barrio de los Ángeles y la Molineta”, un ejemplo de puesta en valor de la zona con el que se solucionaba el problema de la vivienda desde un punto de vista respetuoso con el medioambiente.

A principios de 2009, el Grupo Parlamentario Izquierda Unida Los Verdes-Convocatoria por Andalucía (IU LV-CA) presentaba a la Comisión de Cultura del Parlamento Andaluz una proposición no de Ley en la que solicitaba la declaración del paraje de La Molineta como Bien de Interés Cultural, puesto que consideraba que era la única vía para conservar y promocionar los valores de la zona. La respuesta se hacía esperar por lo que, en junio, el Grupo Socialista decide darle respaldo instando al Consejo de Gobierno de la Junta de Andalucía a que, una vez concluidos los trabajos de documentación pertinentes, se inscribiera en el Catálogo General de Patrimonio Histórico de Andalucía, todos los bienes etnológicos de la zona que fueran susceptibles de ello.

En la sesión celebrada el 18 de junio de 2009 por la Comisión de Cultura, la proposición contó con el voto a favor del Grupo Socialista, del Grupo IULV-CA y la abstención del Grupo Popular. • En la actualidad, la lucha por la protección de la Molineta continúa. El pasado mes de febrero los representantes de varias asociaciones vecinales y ecologistas se reunieron con el Delegado de la Junta de Andalucía en Almería, Miguel Corpas, y la Delegada de Cultura de la Junta de Andalucía, Yolanda Callejón para pedir la protección integral del paraje de la Molineta ante el enorme grado de deterioro y las presiones a las que está sometido e insistieron en la necesidad de avanzar en las tareas de gestión fomentando las rutas de senderismo, miradores, uso educativo, creación de un centro de interpretación, etc.

La Delegada de Cultura informó de que están en proceso de declaración algunos de los bienes de la zona como los cortijos, canteras o el canal de San Indalecio, aunque estos expedientes tienen un plazo de tramitación muy largo. Por otra parte, el Plan de Ordenación del Territorio de la Aglomeración Urbana de Almería (POTAUA), en vísperas de ser aprobado, prevé la creación de un Parque Metropolitano de la Cornisa de Almería de unas 60 hectáreas en la Molineta que preserve sus valores naturales y patrimoniales, pero aún queda por ver cómo reflejará el Ayuntamiento de Almería ese parque metropolitano en su Plan General de Ordenación Urbana y en el Plan Especial que se ha de crear a tal efecto. Además, recientemente se ha inaugurado la Puerta Verde del Cordel de la Campanita, una ruta que pretende conectar el entorno urbano de la capital con la Molineta, cerca de un kilómetro de recorrido en el que se alternan carriles peatonales y de bicicletas, con zonas de usos múltiples – parque infantil, área de descanso, zona deportiva, mobiliario urbano, espacios verdes, etc.

El último acontecimiento promovido por la asociación se produjo el pasado 5 de junio, Día Mundial del Medioambiente, momento que aprovecharon la Asociación de vecinos “La Palmera” y Ecologistas en Acción de Almería para realizar una manifestación lúdico-festiva en la que se alternaban las protestas de silbatos y banderas negras, con juegos infantiles medioambientales, teatros callejeros y un recorrido por el paraje con paradas explicativas de su historia, que culminaría con la lectura de un comunicado de prensa elaborado para el acto por las asociaciones participantes. Sin duda, la Plataforma en Defensa de la Molineta seguirá velando por la protección de esta área de incuestionable valor.
* La autoría de este artículo es del colectivo Salvemos La Molineta