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Quién es realmente el autor de 'La amiga estupenda'

Tania Artajo
@opinionalmeria

No concede entrevistas en persona, no presenta sus libros, no posa ante las cámaras y nadie puede asegurar públicamente cómo es su rostro. Ni siquiera existe la certeza absoluta de que sea una mujer. Sin embargo, Elena Ferrante ha vendido millones de ejemplares, sus novelas han sido traducidas a numerosos idiomas y La amiga estupenda, la serie basada en su obra más conocida, se ha convertido este verano en uno de los fenómenos inesperados de la televisión en España. El éxito alcanzado por la ficción en Televisión Española ha vuelto a despertar una pregunta que persigue a Ferrante desde hace más de tres décadas: ¿quién se esconde realmente detrás de ese nombre? Porque Elena Ferrante no existe. Al menos, no con ese nombre.

Principales protagonistas de 'La amiga estupenda'

Cuatro novelas y la historia de dos amigas

Antes de llegar a la televisión, La amiga estupenda fue un fenómeno literario. La novela apareció en Italia en 2011 con el título de L'amica geniale y abrió una historia que terminaría extendiéndose a lo largo de cuatro libros. La amiga estupenda, Un mal nombre, Las deudas del cuerpo y La niña perdida componen la conocida como saga Dos amigas o tetralogía napolitana. En ella, Elena Ferrante reconstruye varias décadas de la historia italiana a través de la complicada relación entre Elena Greco -Lenù- y Raffaella Cerullo -Lila-.

Todo comienza en un barrio humilde de la Nápoles de los años cincuenta. Dos niñas extraordinariamente inteligentes crecen en un ambiente marcado por la pobreza, la violencia, las diferencias sociales y unas rígidas estructuras familiares. Una podrá continuar estudiando; la otra tendrá que abandonar muy pronto la escuela. Sus caminos comienzan a separarse, pero nunca llegan a hacerlo completamente. Amistad y rivalidad avanzan desde entonces de la mano y, a través de Lila y Lenù, Ferrante construye no solo la historia de dos mujeres, sino también un retrato de la transformación de Italia durante la segunda mitad del siglo XX: la educación, las diferencias de clase, la política, el machismo, la violencia, la maternidad, el matrimonio, el sexo, el trabajo o la posibilidad de que una mujer pueda decidir sobre su propia vida.

El enorme éxito internacional de las novelas terminó haciendo inevitable su salto a la pantalla. La adaptación televisiva nació de la colaboración de la RAI y HBO y contó con la participación de la propia Elena Ferrante en el proceso de escritura. Saverio Costanzo fue el principal responsable de trasladar a imágenes el universo creado por la misteriosa escritora, aunque posteriormente participaron otros directores.

Una superproducción para recrear Nápoles

El proyecto tuvo desde el principio dimensiones de superproducción y una clara voluntad de conseguir el mayor realismo posible. Para reconstruir la Nápoles popular de los años cincuenta se levantó en Caserta un enorme decorado que reproducía el barrio de las protagonistas, con edificios, viviendas, comercios, una iglesia, calles y hasta el túnel que marca algunos de los primeros recuerdos de las niñas. La producción necesitó miles de piezas de vestuario y una minuciosa reconstrucción de las distintas épocas por las que transcurre la historia.

La serie se desarrolla a lo largo de varias décadas, por lo que el paso del tiempo obligó también a sustituir a sus protagonistas. Elisa Del Genio y Ludovica Nasti interpretaron respectivamente a Lenù y Lila durante su infancia, mientras que Margherita Mazzucco y Gaia Girace recogieron después el testigo para encarnar a las dos amigas durante buena parte de su juventud y edad adulta. En la cuarta y última temporada, Alba Rohrwacher pasó a interpretar a Elena e Irene Maiorino asumió el personaje de Lila. Cuatro temporadas trasladaron así a televisión las cuatro novelas de Ferrante y permitieron seguir prácticamente toda la vida de las protagonistas.

La ficción fue recibida con enorme éxito en Italia y posteriormente inició una extraordinaria carrera internacional. Su distribución a través de RAI y HBO permitió que el universo de Ferrante atravesara las fronteras italianas hasta llegar a más de 170 territorios, convirtiendo a Lila y Lenù en personajes reconocibles para millones de espectadores que, en muchos casos, ni siquiera habían leído previamente las novelas.

El inesperado fenómeno de TVE

España ha descubierto masivamente La amiga estupenda bastante después de su estreno internacional. RTVE decidió incorporarla este verano a su programación y la estrenó el pasado 23 de agosto en La 2. Lo que podía parecer una apuesta destinada a un público minoritario terminó proporcionando a la cadena uno de sus grandes éxitos recientes de ficción. La triple entrega de aquella primera noche obtuvo una media de 488.000 espectadores y un 6,2% de cuota de pantalla. Cerca de dos millones de personas -1.983.000 espectadores únicos- contactaron en algún momento con la serie, convirtiendo su llegada en el mejor estreno de una ficción en La 2 en veinte años.

La respuesta provocó una reacción inmediata de RTVE. Solo seis días después, La amiga estupenda saltaba de La 2 al horario estelar de La 1, una decisión poco habitual que confirmaba la magnitud del inesperado fenómeno. La historia íntima de dos niñas pobres nacidas en la Nápoles de posguerra había conseguido, décadas después, atrapar también al espectador español. Y con el éxito televisivo regresó inevitablemente el interés por las novelas y por la enigmática persona que las escribió.

Una escritora a la que nadie conoce

Elena Ferrante llevaba mucho tiempo escribiendo antes de que apareciera La amiga estupenda. Su primera novela, El amor molesto, fue publicada en Italia en 1992, pero desde el comienzo tomó una decisión excepcional: permanecer en el anonimato. Elena Ferrante es un seudónimo. La persona que se encuentra detrás de ese nombre nunca ha participado en la promoción convencional de sus libros, no aparece en presentaciones y sus contactos públicos se han producido fundamentalmente por escrito, mientras su editorial ha respetado durante décadas su voluntad de permanecer alejada de las cámaras y de los actos literarios.

Ferrante ha explicado en distintas ocasiones su posición, que podría resumirse en una idea: una vez escritos, los libros no necesitan a sus autores. La ausencia le concedía, además, una libertad absoluta para escribir y permitía que el lector se enfrentara directamente a la obra sin que la personalidad, el rostro o la biografía de quien la había creado condicionaran su lectura. Durante años aquella decisión pudo mantenerse con relativa normalidad, pero todo cambió cuando Ferrante se convirtió en un fenómeno internacional. Cuantos más millones de personas leían sus novelas, mayor era la curiosidad por descubrir quién estaba detrás de ellas.

Anita Raja, la principal candidata

Entre todos los nombres que se han manejado existe uno que destaca sobre los demás: Anita Raja. Es traductora, especialista en literatura alemana y ha trabajado durante años con Edizioni e/o, precisamente la editorial que publica las obras de Elena Ferrante. Nació en Nápoles y está casada, además, con un conocido escritor napolitano, Domenico Starnone.

En octubre de 2016, el periodista de investigación Claudio Gatti aseguró haber encontrado suficientes indicios para sostener que Anita Raja era la persona que se escondía detrás de Elena Ferrante. Su investigación no se basaba fundamentalmente en semejanzas literarias, sino en datos económicos y registros inmobiliarios. Gatti sostuvo que los pagos recibidos por Raja de la editorial habían aumentado de manera extraordinaria coincidiendo con el crecimiento de las ventas internacionales de Ferrante y puso también el foco en importantes adquisiciones inmobiliarias realizadas por Raja y Starnone. Para el periodista, aquellas coincidencias constituían indicios suficientemente sólidos para identificar a la traductora como la autora.

La investigación dio la vuelta al mundo y provocó una enorme polémica. Muchos escritores, periodistas y lectores consideraron que se había traspasado una frontera: Ferrante no era una dirigente política, ni estaba acusada de ninguna irregularidad, sino que simplemente había decidido escribir sin convertirse en un personaje público. Se cuestionó, por tanto, qué interés público justificaba investigar sus ingresos y propiedades para revelar una identidad que deliberadamente quería mantener oculta. La polémica no impidió, sin embargo, que desde entonces el nombre de Anita Raja quedara inevitablemente unido al de Elena Ferrante.

¿Y si Elena Ferrante fuera un hombre?

La historia tiene todavía otro giro. Antes incluso de que Anita Raja se convirtiera en la principal candidata, durante años se había especulado con que Elena Ferrante podía ser en realidad un hombre. Uno de los nombres que aparecía con mayor insistencia era precisamente el de Domenico Starnone, marido de Raja. La hipótesis no procedía únicamente de rumores, ya que diferentes investigadores realizaron análisis estilométricos, comparaciones informáticas destinadas a detectar características comunes entre diferentes textos, y encontraron semejanzas entre la escritura de Ferrante y la de Starnone.

El escritor ha negado ser Elena Ferrante, pero la posterior aparición de su esposa como principal candidata hizo que el misterio resultara todavía más atractivo. Si determinados análisis literarios conducían hacia Starnone y la investigación económica de Gatti señalaba a Raja, surgía inevitablemente otra posibilidad: ¿podría existir algún tipo de colaboración entre ambos? También esa hipótesis ha sido planteada, aunque nunca se ha demostrado. De este modo, las teorías permiten casi construir otra novela: Elena Ferrante podría ser Anita Raja; podría existir alguna intervención de Domenico Starnone; podría tratarse de algún tipo de colaboración entre ambos o, sencillamente, todas esas investigaciones podrían estar equivocadas.

Un secreto que continúa intacto

Hay coincidencias biográficas, investigaciones económicas, análisis lingüísticos y numerosas sospechas, pero falta lo fundamental: una confirmación. Anita Raja nunca ha reconocido públicamente ser Elena Ferrante y Domenico Starnone ha negado ser quien se encuentra detrás del seudónimo. Tampoco la editorial ha desvelado la identidad de la persona a la que lleva décadas publicando. Por eso, quince años después de la aparición de La amiga estupenda, el misterio continúa oficialmente intacto.

Quizá descubrir quién es Elena Ferrante importe menos de lo que parece. En un mundo editorial en el que el escritor termina muchas veces convertido también en personaje, Ferrante ha conseguido realizar el recorrido contrario. No hay fotografías promocionales, alfombras rojas ni entrevistas televisivas. No existe una imagen pública que colocar junto a sus novelas. Solo existen sus palabras. Y ahí reside la gran paradoja: la escritora que quiso desaparecer detrás de sus libros terminó convirtiéndose precisamente por ello en una de las figuras más misteriosas de la literatura contemporánea.

Ahora La amiga estupenda vuelve a conquistar al público a través de la televisión. Miles de espectadores españoles descubren la inteligencia feroz de Lila, las inseguridades de Lenù y ese barrio napolitano en el que amistad, admiración, competencia y resentimiento se mezclan continuamente. Y, cuando aparecen los títulos de crédito, queda inevitablemente una última pregunta: ¿quién imaginó realmente todo aquello? Las investigaciones apuntan especialmente hacia Anita Raja, otros estudios condujeron antes hasta Domenico Starnone y también se ha especulado con una posible colaboración entre ambos. Pero ninguno ha dicho: «Yo soy Elena Ferrante». Mientras eso no ocurra, la respuesta más rigurosa continúa siendo también la más sencilla: la autora de La amiga estupenda es Elena Ferrante, sea quien sea Elena Ferrante.

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