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Formas de sospechar

Ignacio Ortega
@opinionalmeria

Tengo la costumbre de coger el bus sin ir a ningún sitio. El 1, el 2, el que pase. Me recorro los barrios y, alguna vez, acabé en Cabo de Gata sin razón aparente. Solo por acompañar, desde la ventanilla, la luz que ilumina Almería. Al Puche no voy por eso. Al Puche subo de vez en cuando a por el pan batbout de Fátima. Me gusta cuando lo saca caliente.

Ese día en la parada estaba Abdalá, apoyado en una muleta, mirando las obras de un solar. En la plazoleta, Ahmed arreglaba una BH con la cadena fuera y Fátima sacaba de su tienda el pan recién hecho. Me los encuentro a menudo cuando voy al Puche.

Llevaba en la cabeza un vídeo de la semana anterior: una multitud bajando por una ladera polvorienta bajo el rótulo “Así entran en Ceuta”. Lo vi y pensé en una invasión en toda regla. Tuvo que venir mi hija a sacarme del error: ni era Ceuta ni eran migrantes, sino una celebración religiosa en Turquía. Pero dio igual. La imagen ya se me había quedado dentro. No necesité convencerme; bastó con que encajara en el ruido de la frontera ceutí de esos días.

Y fue allí, en El Puche, donde me di cuenta. Llevaba la imagen de la ladera en la cabeza y, al ver a Abdalá, algo hizo cortocircuito. Durante un segundo, aquella imagen se mezcló con él. Fue un segundo, no más. Pero ocurrió.

No había olvidado quién era Abdalá. Le había puesto encima, como una pegatina, una historia que no era la suya. A Ahmed igual. A Fátima igual. Tres vecinos con nombre convertidos en tres siluetas a las que colgarles mi miedo. Y fue fácil justificar sospechar de ellos: dejar de ver a una persona para ver una categoría. Me dio vergüenza. Le dije hola, como siempre. Luego compré el pan a Fátima y seguí mi camino.

Quizá por eso pensé también en mi nieto de nueve años. Unos días antes, mientras almorzábamos, se sucedían en la pantalla del televisor imágenes en bucle de Ceuta y, sin darle demasiada importancia, me había preguntado si a mí me daban miedo los moros. Me sorprendió oírle aquella palabra porque no la usamos en casa. De algún sitio la trajo.

Yo ya lo hice. Un instante. Pero lo hice.

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