Edita: Fidio (Foro Indalo de Debate, Ideas y Opinión) / X: @opinionalmeria / Mail: laopiniondealmeria@gmail.com
Mostrando entradas con la etiqueta pingurucho coloraos. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta pingurucho coloraos. Mostrar todas las entradas

El Pingurucho, del rojo al colorao y sus libertades


Ginés J. Parra Córdoba
Educador social

⏩ Corría el año 1988, había ido siguiendo por la prensa desde pocos años atrás que se quería reponer el monumento a los Mártires de la Libertad, llamados popularmente como Los Coloraos. Descubrí que se pretendía hacer una replica del que en 1943 fue demolido ante la visita del dictador Francisco Franco a la ciudad de Almería, por orden de su entonces alcalde Vicente Navarro Gay. Unos días antes de la inauguración del nuevo monumento, el 24 de agosto de 1988, me dirigí a nuestra Plaza Vieja, Plaza de la Constitución, y realicé algunas fotos con las columnas posadas en el suelo y con su parte principal ya asentada sobre su ubicación actual.

Pingurucho de Los Coloraos (Loa)

Asistí aquel día a su inauguración y año tras año ha sido una cita constante, hasta este que hará 33 años. Con discursos más o menos solemnes y con mayor, menor y poco acierto en algunos casos. Cada año, tras el acto oficial, amigos, familiares y yo mismo hemos colocado flores en el monumento para homenajear y recordar a “Los Coloraos”, aquellos veintidós hombres que fueron detenidos, torturados, vejados y finalmente fusilados de rodillas sin juicio alguno. No eran delincuentes, sino hombres que se sublevaban contra el absolutismo de Fernando VII, rey impuesto por Francia, y que pretendían, por tanto, defender los valores constitucionales, liberales, y restaurar las libertades usurpadas.
Se amparan en excusas lamentables para arrancar los ficus centenarios de la plaza y destruir el monumento, ya que su traslado se antoja a todas luces imposible
Hoy, casi a punto de cumplirse los doscientos años de aquella gesta y su triste desenlace, setenta y ocho de la demolición dictatorial del anterior monumento y treinta y tres de la inauguración del actual, vuelve frente al colorao, el color oscuro de la negación, de la intransigencia, la intolerancia y el empecinamiento. Se amparan en excusas lamentables para arrancar los ficus centenarios de la plaza y destruir el monumento, ya que su traslado se antoja a todas luces imposible.

Ya lo ha explicado en varias ocasiones y foros el arquitecto Eduardo Blanes, que fue quien dirigió el proyecto y el montaje en 1988. Informó que “se hizo una cimentación de 4,10 metros de profundidad por 36 metros cuadrados de superficie de planta, preparada para soportar el peso de 466.954 kilos. Los bloques que lo forman se unieron con grapas de acero inoxidable, cada pieza del montaje quedaba sellada con cemento blanco, pegándose las piezas mediante relleno de adhesivo estructural de resina y pernos verticales, también de acero inoxidable. El cuerpo ancho del mismo está relleno de cemento armado y largos pernos de acero inoxidable. Todo se formó un único bloque con un peso de 288 toneladas”. Sin entender mucho, con dicha explicación se puede deducir fácilmente que su traslado se hace difícil, por no decir imposible, sin su destrucción.
Ya hubo quien pretendió en plena democracia silenciar y acallar estos actos conmemorativos de homenaje a los Mártires de la Libertad, prohibiendo que se interpretasen los himnos liberales
Ya hubo quien pretendió en plena democracia silenciar y acallar estos actos conmemorativos de homenaje a los Mártires de la Libertad, prohibiendo que se interpretasen los himnos liberales. Este mismo alcalde levantó el Paseo de arriba a abajo colocando un granito gallego. Probablemente ambas cosas le costaron el cargo en las siguientes elecciones. Tal vez alguna heredera de aquello quiera emular a su mentor.

Algunos tal vez confunden el nombre de los coloraos con el rojo. Recordemos que se le denominaban coloraos por el color de su uniforme, pero algunos tal vez obcecados por el pasado, lo colorao, lo asocian solo al rojo y les molesta no solo el color sino lo que significa la libertad y los valores democráticos y constitucionales que representa dicho monumento. Se cierran en sus creencias sin atender a los ciudadanos, como demostraron rechazando las 117 alegaciones presentadas, no escuchando a las 30 asociaciones que dicen “no” al traslado de árboles y del Pingurucho, colectivos que registraron sus alegaciones junto a 130 escritos de particulares y a las casi 24.000 firmas presentadas.

A tiempo se está de corregir, se dice que ello es de sabios. Tal vez hay gente tan joven que ni viven ni sienten la historia y carecen de cariño a Almería, a su idiosincrasia y su pasado, que conforman nuestro presente. Cada año, el 24 de agosto, celebraremos dicho homenaje en su recuerdo.

El traslado del Pingurucho: empecinamiento en un error municipal


Gerardo Roger Fernández
Arquitecto, urbanista, exdirector del Servicio de Urbanismo del Ayuntamiento de Almería de 1982 a 1990 y director del Equipo multiprofesional redactor del Plan General de 1986

⏩⏩ Si se me permite una consideración personal, sigo sin entender ni un ápice la posición del equipo de Gobierno municipal en su empeño casi patológico, injustificado e injustificable de “desterrar” de nuestra Plaza Vieja el monumento civil más representativo de las mejores aspiraciones de todos los almerienses por la libertad, de “exiliar” del lugar urbano más representativo de la ciudadanía y de sus ideales democráticos.


Sigo sin entender, tanto en términos intelectuales como políticos, cómo es posible que unos sedicentes representantes de la ciudadanía desprecian un escenario urbano de altísimo y singular valor histórico, arquitectónico, urbanístico y social como es el de nuestra Plaza Vieja, un espacio urbano conformado desde hace más de un siglo por las relevantes arquitecturas que lo configuran, con el acogedor arbolado centenario que lo rodea y le confiere sombra y vida verde a sus vecinos y con la incorporación del Monumento a los Mártires de la Libertad, reflejo del sentir almeriense contra las tiranías antidemocráticas, monumento sólo desterrado desde entonces durante la dictadura franquista, precisamente tras la adopción de una decisión tiránica y antidemocrática enmendada, al fin, en 1988 por la restaurada democracia ciudadana, decisión adoptada significativamente y sin ningún voto en contra por sus representantes municipales.
La decisión comporta un doble disparate, tanto en términos urbanísticos y arquitectónicos como jurídicos y legales
Pues si la triste y lamentable decisión de la aprobación del desmantelamiento de la Plaza y el consecuente “destierro” del Pingurucho de nuestra “plaza del pueblo” ha sido adoptada actual y recientemente por una exigua mayoría de concejales (Partido Popular y un exconcejal de Vox), se pretende completar ahora el drama escénico iniciado  con la vertiginosa decisión adoptada a los pocos días de la aprobación del desmantelamiento con el desmontaje y traslado del Monumento al Parque Nicolás Salmerón, decisión que en mi opinión comporta un doble disparate, tanto en términos urbanísticos y arquitectónicos como jurídicos y legales. Pasemos a analizarlos, aún de manera somera.

De hecho, el presunto traslado al Parque Nicolás Salmerón se pretende justificar en la aplicación de unos principios básicos de ordenación urbanística a la implantación de elementos escultóricos relevantes en concretos espacios urbanos, como son “la convivencia y el diálogo armónico con el entorno”, la apreciación de su “cualidad arquitectónica”, la comprensión completa de “su inmensidad y su relación con el espacio que lo rodea”, entre otras disquisiciones academicistas al uso. 
Tanto el Pingurucho como la constitución arquitectónica de la Plaza responden al mismo estilo Neoclásico, único y singular espacio almeriense que responde a ese estilo
Pues bien, precisamente esos criterios se satisfacen totalmente en el actual emplazamiento del Pingurucho en la Plaza Vieja. Es en ella donde el monumento se aprecia tanto en “su inmensidad” como en su “cualidad arquitectónica” al estar insertado en un espacio acotado que lo abraza y acoge de manera amable y, sobre todo, donde se produce un “diálogo armónico con su entorno”, pues tanto el Pingurucho como la constitución arquitectónica de la Plaza responden al mismo estilo Neoclásico, único y singular espacio almeriense que responde a ese estilo, circunstancia más que suficiente para mantener la coexistencia del monumento en la misma.

Sin embargo, su pretendido emplazamiento en el parque Nicolás Salmerón, un espacio abierto y exento de edificación en su entorno, salvo la proximidad del Gran Hotel, le hace perder su dimensión escalar y banaliza la trascendencia monumental e histórica que lo caracteriza al ser percebible desde todos sus límites y, sobre todo, anula el “diálogo armónico con su entorno”, a no ser que lo que se pretenda es ofrecer un “diálogo de besugos” con el Gran Hotel. En cualquier caso, un emplazamiento absolutamente inadecuado para el Pingurucho y, sobre todo, en comparación con su actual e histórica localización en nuestra Plaza Vieja.

Pero si urbanísticamente es un disparate, peor es su consideración jurídica. No resulta admisible desde ningún punto de vista legal adoptar una decisión de la trascendencia jurídico-urbanística del traslado del Pingurucho al Parque Nicolás Salmerón apoyada en un mero informe de un arquitecto municipal que acompaña al anuncio de la Concejala de Urbanismo relativo al Concurso Menor de proyectos técnicos de desmontaje, montaje y traslado del monumento.   

Sorprende enormemente que el Ayuntamiento prescinda de la aplicación de los procedimientos legales preceptivos en la implantación de un monumento de la relevancia del Pingurucho en un Espacio Protegido como es el Parque Nicolás Salmerón, integrado en el Catálogo de Elementos Protegidos del Plan General con categoría análoga a la Plaza Vieja, actuación urbana que según el documento de contrato menor objeto de licitación comporta, nada más y nada menos que la “remodelación  la zona del Parque Nicolás Salmerón …, incluyendo el entorno próximo y todos los elementos urbanos y vegetación que se vean afectados” sin que se proceda a realizar una modificación del plan (análoga a la infausta, en mi opinión, modificación de la Plaza Vieja) o a la formulación de un Plan Especial (artículo 14.1,b) de la ley andaluza). No se acaba de entender que si para la eliminación (lamentable) del anillo de árboles existentes en la Plaza Vieja se acometa una modificación de Plan y ahora, para llevar a cabo una remodelación de un ámbito del Parque de la trascendencia y cualificación que esta presenta, se pretenda solventar con un mero informe de un arquitecto municipal.

En resumen, no se puede soslayar la aplicación legal a la modificación que se pretende con el traslado  del Pingurucho al Parque Nicolás Salmerón, obviándose, además, la formulación de los estudios sectoriales básicos de Evaluación Ambiental, de Integración de Paisaje, de Memoria de Viabilidad, entre otros, y sobre todo, no se puede hurtar el escrutinio público y la participación social que comporta la tramitación de la modificación de planeamiento preceptiva ante una decisión municipal de tanta trascendencia como la pretendida.

En fin, ojalá los responsables del urbanismo almeriense recapaciten y reconsideren la errónea posición que vienen adoptando. La mayoría de los almerienses lo agradeceríamos.

¿Megino? ¡Ah, sí! Aquel enemigo de Los Coloraos…


José Antonio Martínez Soler
Periodista

⏩⏩⏩ En cuanto salen de la caverna, y cruzan la Plaza Vieja (hoy de la Constitución), les brota un sarpullido por todo el cuerpo que delata su proximidad al monumento a Los Coloraos, los Mártires de la Libertad. No lo pueden remediar. Se les nota. De lejos. Son los mamporreros de Fernando VII, el rey Felón, que abolió la Constitución de 1812, con la ayuda de los Cien Mil Hijos de San Luis, y mandó fusilar por la espalda a 22 patriotas liberales, el 24 de agosto de 1824, en Almería. ¿Perdonar?, siempre. ¿Olvidar?, nunca.

Pingurucho de Loa Coloraos (Loa)

Uno de esos cavernícolas, conchabado con las tripas de Vox, ha tenido ahora la triste y estulta idea de demoler, por segunda vez, el Pingurucho de Los Coloraos, “bien de interés histórico”, nuestro más querido y glorioso vestigio constitucional. No nos engañemos. Siguen, de tapadillo, la siniestra senda fernandina contra la Libertad. Ya lo hizo, en 1943, su admirado y cruel dictador, Francisco Franco. Desde el balcón de nuestro Ayuntamiento, el genocida golpista no podía soportar su cercanía física al monumento a Los Coloraos y, para librarse del mismo sarpullido que la libertad produce a los liberticidas, lo mandó demoler. Muerto el dictador y recuperada la Libertad en España, por la Constitución del 78, iniciamos el camino de la recuperación del homenaje que nuestros padres rindieron en silencio a Los Coloraos durante los años de la ominosa dictadura franquista.
Recuerdo que José Miguel Naveros, Juan Pérez y otros “salmeronianos”, como mi padre, solían recordar a los Mártires de la libertad, sin monumento, cada 24 de agosto, en la Plaza Vieja
Recuerdo que José Miguel Naveros, Juan Pérez y otros “salmeronianos”, como mi padre, solían recordar a los Mártires de la libertad, sin monumento, cada 24 de agosto, en la Plaza Vieja. El 24 de agosto de agosto de 1988, inauguramos el Pingurucho actual construido con mármol de Macael. Mi amigo Miguel Naveros me pidió que, en el acto inaugural, leyera la carta que un colega periodista, uno de los fusilados sin juicio por el rey felón, escribió en capilla a sus hijos a los que animó a luchar siempre por la Libertad. Lo hice con la piel de gallina y la voz quebrada por la emoción. Inolvidable.

La nueva proyectada demolición del Pingurucho “calentó el corazón” de Almudena Grandes (¡Que bonito artículo, Almudena!), erizó el cabello de la ingeniosa Nieves Coscostrina (almeriense consorte) y movilizó a muchos paisanos míos que nos reclaman agitación ciudadana para impedir la felonía de los cavernícolas. Recuerdo las primeras palabras de Unamuno contra el grito “¡Muera la inteligencia y viva la muerte!” del salvaje fascista Millán Astray en Salamanca: “Hay circunstancias en las que callarse es mentir…” Esta es, para mí, una de ellas. Sí, señor Quevedo: “No he de callar por más que con el dedo, ya tocando la boca o ya la frente, silencio avises o amenaces miedo. ¿No ha de haber un espíritu valiente? ¿Siempre se ha de sentir lo que se dice? ¿Nunca se ha de decir lo que se siente?”.

Felizmente jubilado, con mis niños criados y mi casa pagada, hoy puedo escribir como si fuera libre. No me harán callar estos bárbaros lobos liberticidas, disfrazados con piel de corderos demócratas. En la Plaza Vieja no hay un problema estético ni urbanístico. Lo que hay es un gravísimo problema ideológico, fruto de una injusticia histórica y una ignorancia aterradora. Son restos, ¡qué lástimica!, de la España negra.
Pobre Megino. Quiso matar un símbolo de nuestra identidad constitucional y ha pasado miserablemente a la letra pequeña de nuestra historia
¿Cómo olvidar hoy al alcalde Megino, de tan triste memoria? Habrá hecho cosas importantes por Almería. No lo dudo. Pero los demócratas apenas lo recordamos como aquel cacique, enemigo de Los Coloraos, que prohibió a la banda municipal que tocara La Marsellesa en el homenaje a los Mártires de la Libertad. Pobre Megino. Quiso matar un símbolo de nuestra identidad constitucional y ha pasado miserablemente a la letra pequeña de nuestra historia. Señalaremos y diremos: “Sí. Megino, aquel enemigo de Los Coloraos que prohibió La Marsellesa en el homenaje a los Mártires de la Libertad”.

Por eso, me gustaría saber hoy el nombre y los apellidos (y la foto, si es posible, por favor) del autor de la nueva idea demoledora del Pingurucho. Aunque solo sea para recordárselo a sus nietos y a las generaciones venideras de almerienses orgullosos de nuestra historia. Ya sabemos que la Historia no perdona. Yo, sí. Pero no olvido. Y, en estas ocasiones, recuerdo a don Quijote: “La libertad, Sancho, es uno de los más preciosos dones (…). Por ella se puede y se debe aventurar la vida”. Amén.

Libertad y justicia


Moisés S. Palmero Aranda
Educador ambiental y escritor

Soñamos de jóvenes con ser libres, con poder decidir el camino que queremos seguir, sin que nada ni nadie se interponga en nuestras vidas, salvo tus capacidades, tu ingenio, tu esfuerzo. Imaginamos una sociedad justa, igualitaria, donde todos tengamos las mismas oportunidades, donde nadie esté por encima de nadie, donde todos trabajemos por mejorar nuestra tierra, nuestra forma de vida, nuestro mundo. Juntos, todos a una. Así nos lo enseñaron los maestros y los curas. Bonitas palabras que nunca se creyeron, porque la realidad es otra.

Pingurucho de Los Coloraros (Loa)

Cuando crecemos nos damos cuenta que nunca seremos libres, ni que la justicia es igual para todos, por mucho que lo sigan predicando en los colegios y en las iglesias. Así ha sido a lo largo de la historia, y así seguirá siendo. Siempre puedes revelarte, pero entonces te marcarán para el resto de tu vida como el hereje, el revolucionario, el rojo, el jodido ecologista, e irán a por ti, para que dejes de hablar, de andar, de respirar. Eso es la vida, donde te siguen recomendado que pases desapercibido, que no levantes la voz más de lo establecido, que no te salgas del camino marcado. ¡Allá tú! Te advierten a veces solo con una simple mirada.
A pesar de la dura y cruel realidad siempre hay personas que se siguen emocionando al escuchar las voces que se revelan y que cantan al viento, con la ilusión de que no perdamos la esperanza
A pesar de la dura y cruel realidad siempre hay personas que se siguen emocionando al escuchar las voces que se revelan y que cantan al viento, con la ilusión de que no perdamos la esperanza. Han sido muchas, pero estos días me viene a la cabeza la voz ronca de Labordeta, un hombre que predicó con el ejemplo y por lo que sus palabras deben ser escuchadas: “Habrá un día en que todos al levantar la vista veremos una tierra que ponga libertad”. Y sus voces son la fuerza que los hace resistir, discrepar, pedir justicia, luchar contra la tala de los árboles centenarios de la Plaza Vieja, contra la retirada del Pingurucho.

El Monumento a los Coloraos se ha convertido en un símbolo de la Ciudad de Almería, porque así lo quisieron sus ciudadanos, que sufragaron los gastos del primero que se erigió en Puerta Purchena en 1870, y el actual de la Plaza Vieja de 1988. Querían reconocer la valentía de aquellos hombres que quisieron ser semilla para acabar con el absolutismo de Fernando VII y defender la Constitución de 1812. Unos hombres que fueron fusilados por la espalda sin juicio ninguno, para que sirviese de escarmiento a todos, para que fuese el ejemplo de lo que te puede ocurrir si te revelas contra el poder. Unos hombres que, aún sabiendo que ponían sus vidas en peligro, se echaron a la mar y desembarcaron en una tierra que no era la suya dispuestos a defender sus ideales de justicia y libertad. Lo hicieron por ellos, por ti, por todos.
Trasladar el Pingurucho, el símbolo del pueblo, es para mandarnos otro mensaje, como lo hizo la Falange en 1943 ante la visita del caudillo para inaugurar las casas de los pescadores
Trasladar el Pingurucho, el símbolo del pueblo, es para mandarnos otro mensaje, como lo hizo la Falange en 1943 ante la visita del caudillo para inaugurar las casas de los pescadores. Es recordarnos que la historia se reescribe al interés del ganador, es demostrarnos quien ejerce el poder, por mucho pleno democrático en el que se votó. Si fuesen demócratas, por el bien de la ciudad, lo habrían recogido en su programa electoral, sacado a votación popular, defendido con argumentos prácticos, creíbles. Habrían buscado el consenso, el dialogo, el debate, evitando la división y la confrontación, porque esos tres votos de diferencia reflejan lo controvertida que es la decisión tomada.

Como la historia se repite una y otra vez, y en estos momentos donde las banderas que ya creíamos olvidadas vuelven a ondear sin pudor en el parlamento, el siguiente paso será la supresión del homenaje que cada 24 de agosto se celebra a los pies del monumento. Si consiguen, que aún está por ver, destruir y hacer una réplica del Pingurucho, se buscarán una buena excusa para no recordar aquellos mártires que lucharon por la libertad. Y puestos a adelantarnos a los acontecimientos, debido al verde  que está manchando las sillas de nuestras administraciones, se tenderá a dar más realce al Día del Pendón, más acorde con los ideales que defienden.

Labordeta, en su canto a la libertad, escribe unas palabras que bien pudieron susurrárselas los fantasmas de los coloraos, que no eran rojos, o cualquiera de aquellos que murieron defendiendo la libertad y la justicia a lo largo de la historia: “También será posible que esa hermosa mañana ni tú, ni yo, ni el otro la lleguemos a ver; pero habrá que forzarla para que pueda ser”. Forcémosla, que sea.

Plaza Vieja: la privatización del espacio público


José M. García Redondo
Historiador

➤➤ Tras varios días de polémica, resulta alarmante la testaruda capacidad del Ayuntamiento de Almería de mantenerse firme ―pese a las quejas de numerosos ciudadanos― por la retirada de los árboles de la Plaza Vieja. Haciendo oídos sordos a los argumentos de carácter histórico, estético o ecológico esgrimidos por los vecinos, el Grupo Popular no sólo reafirma su decisión de acometer semejante intervención, sino que la sustenta en que fueron los socialistas quienes previamente la habían aprobado. Con las elecciones en puertas, poco importa el descrédito político y desgaste personal del equipo de Gobierno. Vale la pena sacrificar las fuerzas y el buen nombre cuando el fin que se persigue está por encima de todo ello. Ya lo escribió Quevedo, “madre, yo al oro me humillo”. La decisión municipal no sorprende, es un fenómeno extendido y casi diagnosticable: la privatización del espacio público. Lo hemos visto en otras ciudades europeas en las tres últimas décadas y, sin ir más lejos, en la propia plaza de los Burros.



Como es sabido, el sistema económico neoliberal aspira a la privatización de los servicios públicos, no sólo porque los considere ineficaces frente a los gestionados por empresas privadas sino porque, entre tanto, el legislador puede lograr un buen negocio para sí o para los suyos. En el ámbito urbanístico, esta cuestión se traduce en una progresiva cesión de los espacios públicos a intereses particulares. A pesar de seguir abiertas al tránsito de los ciudadanos, las plazas empiezan a funcionar como una propiedad privada, casi como un centro comercial. Las transformaciones municipales sobre el entorno (la retirada de árboles, la modificación del alumbrado o la concesión de apertura a nuevos locales comerciales y de restauración) se encaminan a fortalecer un estilo de vida consumista, en el que las acciones de las personas se limitan a comprar y a vender. De esta forma, las plazas son despojadas de las opciones tradicionales de convivencia, reunión o protesta por parte de los vecinos. Con suma facilidad, se naturaliza que el acceso al espacio público puede llegar a ser restringido por sus nuevos propietarios tanto si se celebra un acto exclusivamente privado y se cobra una entrada, como si los comportamientos del ciudadano no se adecuan a las nuevas prácticas mercantiles. Los poderes municipales, en tanto conservan jurisdicción sobre el espacio, terminan por convertirse en un alter ego empresarial, fortaleciendo así su capacidad de control y represión ciudadana: Toda actividad vecinal en el ámbito urbano queda perfectamente programada y regulada.
En consonancia con el proceso generalizado de privatización de los espacios públicos, es lógico que sobren los árboles y el monumento a Los Coloraos, para que los nuevos negocios puedan extender ―como prolongación de sus locales― las terrazas y veladores sobre el pavimento de la plaza
En mi opinión, creo que este es el sentido en el que se comprende la promesa de crear un “espacio diáfano” en la Plaza Vieja, convirtiéndola, según la concejala del ramo, en “un espacio moderno”, aunque ―contrariamente― para el alcalde se “recupere” su aspecto “tradicional como Plaza Mayor”. En consonancia con el proceso generalizado de privatización de los espacios públicos, es lógico que sobren los árboles y el monumento a Los Coloraos, para que los nuevos negocios puedan extender ―como prolongación de sus locales― las terrazas y veladores sobre el pavimento de la plaza. La retirada de la sombra natural de los ficus va más allá de lo ecológico. Por un lado, lleva implícito, siguiendo la lógica neoliberal, un desprecio a los servicios municipales de jardinería, prefiriendo comprar o contratar a una empresa privada los toldos o sombrillas que se puedan instalar. (Y espero que en su colocación no dañen los edificios, como ya hicieron los toldos en el Paseo durante la feria). Por otro, se “despeja” y se “aclara” la visibilidad de los balcones de los nuevos y exclusivos apartamentos que se han repartido por la plaza. Se crea por tanto, un centro comercial de primera categoría, en un entorno insuperable que, por sus características arquitectónicas, puede cerrarse cuando gusten los nuevos dueños.Justo todo lo contrario al “cerrar la calle pero abrir camino” que se gritaba en las barricadas del mayo francés.
La intervención sobre la Plaza Vieja, árboles y pingurucho aparte, responde a un pernicioso plan de privatización del espacio ciudadano
En definitiva, la intervención sobre la Plaza Vieja, árboles y pingurucho aparte, responde a un pernicioso plan de privatización del espacio ciudadano, de capitalismo de amiguetes y de coartación de las libertades. Parece que, una vez más, nuestros representantes se doblegan a los intereses del capital. Qué lejos queda aquello de trabajar en servicio de la ciudad.

La remodelación de la Plaza Vieja


Luis Fernández
Arquitecto

➤➤Debo confesar que las noticias del día 4 último, publicadas en algunos medios escritos, en relación con la posible ubicación del monumento a los Coloraos, así como de la ordenación de la Plaza Vieja, me han producido cierta inquietud. En sintonía con mi admirado, y también urbanista, Gonzalo Hernández Guarch, cuyas opiniones vertió, no hace mucho, en este medio, considero que un “obelisco” conmemorativo, en el que domina la verticalidad, debe erigirse en lugares donde confluyan perspectivas desde distintos y distantes ámbitos urbanos... Le corresponde la función de focalizar, de orientar, de servir de “faro guia”, de cuantas más alineaciones vicarias la, mejor.

Plaza Vieja

Así se favorece, de un lado, la contemplación del monumento, y de otro, la identidad urbana de la ciudad. Este es un monumento que no se debe esconder, como lo está ahora, en una caja, por bella que esta sea. Tiene otras muchas funciones ciudadanas que cumplir. El ejemplo parisino debería ilustrar a los responsables del traslado. Qué duda cabe que existen en Almería algunas confluencias urbanas que podrían ser adecuadas para la ubicación del magnífico monumento a los Mártires de la Libertad (que llegaron por mar).

No obstante, a la ubicación que aparece publicada en La Voz, el día referido, sólo le faltan 50 m. hacia levante para ser, quizás, la mejor. Pero son necesarios esos 50 m., de lo contrario, seguiremos con el obelisco escondido, entre la vegetación, más cercana y densa que ahora, y el edificio (lástima) del Gran Hotel.
Parece evidente que su sitio ideal es el lugar que hoy ocupa la fuente rectangular del final de la magnífica Rambla de Almería
Parece evidente que su sitio ideal es el lugar que hoy ocupa la fuente rectangular del final de la magnífica Rambla de Almería, donde confluyen las visuales de la propia Rambla, del Espigón de Levante, del Parque Nicolás Salmerón, Parque de las Almadrabillas, Carretera de Ronda, Carretera de Sierra Alhamilla y Avenida del Cabo de Gata. Y... desde el Mar Mediterráneo, por donde llegaron los Coloraos.
Las históricas y esbeltas palmeras nada estorban, si no que, más bien, son imprescindibles
En otro orden de cosas, mi segundo motivo de inquietud es la pretendida eliminación de la vegetación de la Plaza Vieja. De acuerdo en que esta no debe ser un jardín, tiene otras misiones mucho más deseables. Pero las históricas y esbeltas palmeras nada estorban, si no que, más bien, son imprescindibles contribuyendo desde dentro a señalizar la tercera dimensión y desde fuera a la identificación de tan recoleto y bello lugar.

El Pingurucho de Los Coloraos


Gonzalo Hernández Guarch
Arquitecto, urbanista y escritor

El Pingurucho de Los Coloraos, una denominación que demuestra la cercanía entre el pueblo y este monumento neoclásico, siempre ha sido un importante referente a los héroes por la libertad que fueron fusilados por los absolutistas, un monumento que conmemora la memoria de los mártires, y que pretende mantener viva no solo su memoria, sino sobre todo demostrar que la lucha por las libertades debe ser la base de la democracia.

El Pingurucho de Los Coloraos

Almería así lo entendió, y gracias a ciudadanos ejemplares como don Juan Pérez, aquel extraordinario jurista, se consiguió al final. El déspota iletrado de Fernando VII, uno de los peores reyes de la historia, convencido de lo que su antepasado había afirmado -“El estado soy yo”-, implantó una represión brutal contra los liberales, y en definitiva contra todos los que no aceptaban rendirle pleitesía sin discutirle su gobierno basado en la tiranía, la corrupción y la politica sugerida por la camarilla que le rodeaba. Los que intentaron hacerle frente lo pagaron muy caro, aunque al final la historia puso a cada uno en su lugar.
La Plaza Vieja, la plaza del Ayuntamiento, no es el lugar adecuado. La plaza y el monumento no mantienen un diálogo sereno sino por el contrario una violenta pugna
Hasta ahí casi todo el mundo está de acuerdo. El desacuerdo llega cuando se habla de la ubicación del monumento existente en la capital de Almería. En mi opinión, tal vez muy subjetiva y condicionada por mi profesión como arquitecto y urbanista, el pingurucho no está donde debería. La Plaza Vieja, la plaza del Ayuntamiento, no es el lugar adecuado. La plaza y el monumento no mantienen un diálogo sereno sino por el contrario una violenta pugna.

Las dimensiones de la plaza quedan empequeñecidas por la importancia y la fuerza visual del Pingurucho. Las dimensiones del monumento no guardan una correlación con la arquitectura de la plaza. Es más que evidente que se encuentra fuera de escala, y ello, de una parte destruye el ambiente urbano, y de otra impide el disfrute sereno de la contemplación del pingurucho.

Se ha debatido hasta la saciedad si se debería trasladar o no. Mi opinión sería que con el traslado a otro lugar más adecuado -probablemente el más adecuado- como lo es el inicio desde el puerto de la Rambla de Almería, donde lo disfrutaría todo el mundo, nos proporcionaría dos interesantes espacios.
La magnífica rambla que tiene Almería, de la que todos nos sentimos orgullosos, requiere de un monumento con fuerza y con sentido, y no es otro que el Pingurucho de los Coloraos
La magnífica rambla que ahora tiene Almería, de la que todos los almerienses nos sentimos orgullosos, requiere de un monumento con fuerza y con sentido. Sustituir el monolito que se colocó en su día, a falta de un verdadero monumento histórico, que resulta que existe, y que no es otro que el Pingurucho de los Coloraos, en el cruce de mayor tráfico de vehículos y probablemente de personas de la capital, sería una iniciativa acertada.

El monumento a la libertad en un punto de gran visibilidad demostraría el sentimiento de cercanía y afecto que los ciudadanos de Almería tienen hacia aquellos que lucharon por ella, y al tiempo, la Plaza del Ayuntamiento recuperaría la serenidad de una arquitectura puramente almeriense, y todos podríamos ver como por milagro, esa preciosa y recoleta plaza crecería como por arte de magia, transformándose en un espacio de disfrute y coloquio, en la que solo debería existir, como mucho, una fuente.

Todo en la vida requiere un criterio de proporcionalidad, los espacios públicos también. Nadie pretende ocultar el monumento a las libertades y a sus mártires, todo lo contrario. Tendré que decir que poseo una cierta experiencia sobre estos asuntos, y recordaré por ejemplo que la iniciativa de colocar a don Nicolás Salmerón en la Puerta Purchena, a pie de plaza, al mismo nivel que los viandantes, como un ciudadano más que fuera arriba y abajo ensimismado en sus asuntos, poniendo a aquel extraordinario político en contacto de nuevo con su gente, partió de mi, y por supuesto de la comprensión del entonces alcalde y su teniente de alcalde, que comprendieron de inmediato lo que yo proponía. Al final, un acierto.
Es importante poner a la Libertad donde tiene que estar, en el mismo baricentro de la ciudad, y no arrinconarla por una falsa nostalgia o un sentimiento localista
Ahora, tal vez más que nunca, es importante poner a la Libertad donde tiene que estar, en el mismo baricentro de la ciudad, y no arrinconarla por una falsa nostalgia o un sentimiento localista. El monumento a Los Coloraos es muy interesante visualmente, posee un simbolismo muy profundo y acertado, solo requiere el espacio suficiente en su entorno para poder verlo y disfrutarlo como se merece, en sus verdaderas proporciones. La Rambla cumple con creces con ese requisito, y adelanto ya que merecerá la pena poder disfrutarlo en su emplazamiento y al tiempo volver a recuperar la preciosa y recoleta Plaza Vieja.

El Pingurucho de Los Coloraos 'saldrá' de la Plaza Vieja

Rosa Ortiz
Periodista

El Ayuntamiento de Almería tiene planteadas cuatro actuaciones urbanísticas que supondrán, cuando estén culminadas, la “transformación” del entorno de la Alcazaba. La primera de ellas será la construcción de la nueva sede de la Gerencia de Urbanismo, situada en la Plaza Marín, cuyas obras comienzan esta misma semana. El plazo de ejecución será de un año y no solo se actuará en esta construcción, sino en la rehabilitación de todas las calles de alrededor, con la incorporación de contenedores soterrados para embellecer el entorno. El 30 de noviembre de 2018 es la fecha de entrega de las obras y la idea que baraja Urbanismo es que para diciembre de 2018 “se esté haciendo la mudanza”.

El Pingurucho de Los Coloraos tendrá que abandonar la Plaza Vieja

La intención del Consistorio es que, aparejada a esta primera iniciativa, vaya “por fin” la urbanización de la Plaza Vieja, que sería la segunda gran actuación en la zona. A pesar de que al futuro Ayuntamiento aún le queda mucho para estar terminado, el acuerdo alcanzado con la Junta ha permitido “desgajar” la restauración del edificio de la urbanización de la Plaza, facilitando que este último proyecto cobre gran agilidad. Antes de final de año la redacción del proyecto estará lista  y si se cumplen los plazos -al menos, esa es la voluntad municipal- la nueva Plaza Vieja estará lista para las Navidades de 2018. “En diciembre de este año estará arreglada la fachada del ayuntamiento y, al no haber grúas, nos podemos meter de lleno con la urbanización de la plaza”, explica Castellón.

Concejal Castellón: "Hemos dicho, por activa y por pasiva, que la urbanización implica que el Pingurucho vaya a otro sitio. Eso es un sí o sí conforme al proyecto original que redactó la Junta de Andalucía"

“Se trata de una obra mucho más sencilla de proyectar y ejecutar, independientemente de que el alcalde no esté en el Ayuntamiento en esas fechas. Restaurar el edificio por dentro es una obra mucho más compleja y lleva otros plazos”, señala el responsable del área en el Consistorio. ¿Qué se pretende con la urbanización de la Plaza Vieja? Castellón responde que la intención del equipo de Gobierno es “ponerla a disposición de los ciudadanos”. “El año que viene, la fachada del ayuntamiento estará terminada y la urbanización también, con lo que entendemos que se va a reactivar enormemente la vida en la Plaza Vieja, que será el epicentro de ocio y ciudadana que todos queremos que sea”.

Quitar el monumento a ‘Los Coloraos’ y buscarle un nuevo emplazamiento forma parte también del proyecto de urbanización de la plaza y, en este punto, el Ayuntamiento lo tiene claro: sí o sí, el ‘Pingurucho’ irá fuera. Mantenerlo dentro de la Plaza no está contemplado en el proyecto de reforma. “Hemos dicho, por activa y por pasiva, que la urbanización implica que el Pingurucho vaya a otro sitio. Eso es un sí o sí conforme al proyecto original que redactó la Junta de Andalucía. Creemos que será positivo porque la plaza  tendrá más uso ciudadano y menos administrativo y no al revés, como siempre ha ocurrido aquí”, apunta Castellón.

Lo que sí toca al Ayuntamiento

Antonio Felipe Rubio
Periodista

Recientemente, el alcalde de Almería ha mostrado su intención de cambiar la ubicación del Pingurucho de los Coloraos que ahora se centra en la Plaza Vieja y, con motivo de la esperada rehabilitación, se previó su traslado a un lugar más diáfano que otorgase mayor visibilidad al monumento que rememora a los Mártires de la Libertad.

A la iniciativa de Comendador aparecieron inmediatas respuestas (oposición socialista) de manual con argumentos recurrentes: “eso no toca”, “no es el momento”, “no es prioridad”, etc., y esto sugiere preguntarse qué es, para qué sirve, cuáles son las competencias… y cuándo toca hacer o no hacer a un Ayuntamiento. Evidentemente, a un Ayuntamiento no le toca prohibir los toros, cerrar capillas universitarias, prohibir el Belén municipal, subvertir la historia de la Reconquista… y votar en pleno sobre el Convenio de Libre Comercio Transatlántico. Un ayuntamiento está para la mejor organización de las ciudades, optimización de los servicios públicos, tranquilidad de sus gentes, fomento de su cultura, respeto a sus centenarias tradiciones… e iniciativas atenidas a sus competencias que, entre otras, prevén el diseño de la trama urbana que posibilite nuevos usos y potencialidades que redunden en beneficio de la colectividad.

Sí toca
Decir que algo que sí compete a un ayuntamiento “no toca” delata la escasa convicción y el nebuloso concepto de edil en una corporación municipal. Y, lamentablemente, lo que ahora toca es la eclosión de revancha y odio que, protagonizada por individuos e individuas de una castuza desalmada, se dedican a reemplazar los callejeros con sus colegas anarquistas y revolucionarios; desmontar la figura del Rey en salones de plenos y prohibir, prohibir y prohibir tradiciones, instilando rechazo y odio hacia instituciones como la Iglesia o hacia las leyes que no les satisfacen.

La contaminación de la hiperactividad dispersa y compulsiva de regidores de otras latitudes muy notorias (Madrid, Barcelona, Cádiz, Valencia…) no debe excitar y remedar comportamientos en Ayuntamientos supuestamente sensatos. Ya en Almería conocimos conatos de pseudo Naciones Unidas con Antonio Fernández Sáez y sus disertaciones antiimperialistas o las recreaciones del hálito oriental encarnadas por Natalia Huertas y que jamás hubiese atisbado Omar Khayyam. Y, en esa disparatada orientación, perdimos oportunidades para consolidar tradiciones nacidas de la indeleble historia que nos sitúa -de momento- en el curso de la cultura occidental y la estabilidad democrática.

Es lamentable que se polemice o se desprecie sobre la conveniencia del traslado del Pingurucho y, mientras tanto, ni dios sabe quiénes eran los coloraos, por qué vinieron, a qué vinieron y por qué los despacharon, sin más, en la calle Cenotafio. Sin duda, es competencia del Ayuntamiento de Almería trasladar el Monumento de los Coloraos; como también es su responsabilidad dejar de enredar con el acto y los himnos y lanzarse a difundir entre los almerienses la verdadera y única historia de los Coloraos. Esto, y no las estériles polémicas plenarias es lo que induce, seduce e impele a los almerienses a aceptar o despreciar hitos que jalonan nuestra historia: el conocimiento de la verdad.

Aprovecho para reivindicar -especialmente a los enardecidos defensores progresistas de la cultura- que, a la vez que se sensibilizan por la climatología que aturde a la Banda Municipal y por la reposición de fagotes y flautas, se decidan a instalar un símbolo inequívoco de cultura popular que distingue a los pueblos que los ostentan: el templete/kiosco de la música. Es lamentable que en una ciudad con tantas bondades paisajísticas y climatológicas no tengamos un digno templete para la Banda Municipal de Música; para orgullo de ella y satisfacción de todos. En fin, son cosas que sí tocan a un Ayuntamiento.