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Genoveses: un emblema de utilidad pública


Jaime Rodríguez
Catedrático de Ecología de la Universidad de Málaga

⏩ Hace más de 30 años que, invitado por mis colegas Hermelindo Castro y Fernando Molina, vinculados entonces a la antigua Agencia de Medio Ambiente de Andalucía, participé en un ilusionante proyecto dirigido a conseguir la declaración de espacio protegido para el ámbito terrestre y marino del Cabo de Gata, amenazado por iniciativas urbanísticas que transformarían irreversiblemente este entorno inigualable. Hoy todos podemos disfrutar del “Parque Natural marítimo–terrestre del Cabo de Gata-Níjar”, calificado como “Reserva de la Biosfera” por la UNESCO.


Nuestra contribución se plasmó en la propuesta de una franja marina de protección en la que destacaban varias zonas de “Reserva”, una de las cuales se ubica en el Morrón de Los Genoveses, formando con el resto de la bahía del mismo nombre un conjunto marítimo–terrestre único. Si, como creo, el Parque Natural del Cabo de Gata es un emblema para nosotros los almerienses, la Bahía de Los Genoveses es un espacio emblemático dentro del Parque, y lo demuestra la respuesta popular frente a la aprobación, por parte de la Junta de Andalucía, del proyecto de restauración de un antiguo cortijo ubicado a menos de 1 kilómetro de la línea de costa de esta bahía, para su conversión en un hotel de vocación “ecoturística”.

Fuentes bien informadas me indican que, de acuerdo con la calificación que el Plan de Ordenación de Recursos Naturales (PORN) del Parque asigna a la zona donde se ubica el cortijo, la decisión es legal una vez que la autoridad municipal competente declara que el proyecto es de “utilidad pública”, concepto tan ambiguo y difícil de cuantificar como el de “bienestar humano”, hacia cuya mejora se supone que va dirigida la citada declaración. En este contexto, me gustaría destacar tres cosas: 

(1ª) Actualmente, la mayoría de los ecólogos hemos asimilado la necesidad de hacer compatible la conservación de la naturaleza con la explotación sostenible de los recursos que ofrece y, no menos importante, con el reparto equitativo de los beneficios derivados de su explotación. 

(2ª) El bienestar humano, entendido como calidad de vida, va más allá de lo que nos dicen indicadores como el PIB o los niveles de renta per cápita, y su medida requiere la consideración de variables relacionadas con la salud, la educación y, cada vez más, con las buenas relaciones sociales o la libertad de decisión. 

(3ª) La contribución de los ecosistemas al bienestar humano (los llamados “servicios” de los ecosistemas) no consiste exclusivamente en la producción de materiales directamente convertibles en dinero (alimento, genes, madera, etc.). Algunas contribuciones, como la regulación del clima, la protección de la morfología litoral, la regulación de la fertilidad del suelo o la polinización, son procesos fundamentales para el bienestar humano cuyo valor monetario es muy difícil de calcular. Y no acaba aquí la cosa, ya que los ecosistemas brindan al ser humano toda una batería de servicios “culturales” en forma de valores estéticos, paisajísticos, emocionales o relacionados con el sentido de pertenencia a un determinado territorio o paisaje, a los cuales es imposible asignar un valor monetario. Ni se compran, ni se venden.

Es en este marco de los valores culturales en el que hay que entender el rechazo a una decisión tan relevante cualitativa y simbólicamente para este espacio único que es la Bahía de los Genoveses, decisión que ampara su legalidad en una declaración de “utilidad pública”… ¿Para quién y para cuántas personas? ¿Hasta cuántos cortijos? Quizás habría que plantearse la modificación de esa herramienta de gestión del Parque para que sea posible reconocer el valor cultural, cualitativo, no monetario, de la contribución que un paisaje emblemático como el de Genoveses aporta al bienestar humano en general. Esta es y debe seguir siendo su verdadera “utilidad pública”, y ninguna autoridad competente tiene que declararla porque sus beneficios ya están siendo repartidos equitativamente entre todos.

La coherencia de los políticos y el extraño caso del cortijo de los Genoveses


Ramón Herrera de las Heras
Diputado autonómico por el Partido Popular

⏩ El Parque Natural Cabo de Gata-Níjar es un singular espacio litoral que, además de albergar valiosos recursos naturales, biológicos y geológicos, nos brinda un espectacular paisaje. Este último es, sin duda, su principal activo y a la vez el más arduo de proteger, porque el paisaje es dinámico y fiel reflejo de los avatares de la acción humana. Los almerienses amamos “nuestro” Parque, y los políticos tenemos la obligación de desarrollar políticas públicas que nos permitan, simultáneamente, disfrutar de él y mantener intacta su riqueza para las próximas generaciones.

Hace unas semanas surgió una polémica por la tramitación de un proyecto para la rehabilitación del Cortijo Las Chiqueras, actuación que, por cierto, llegó a las dependencias de Medio Ambiente hace ya cuatro años, en 2016, y que a lo largo de todo este tiempo ha sumado ya varios informes previos de otros departamentos autonómicos, la inmensa mayoría durante la gestión del anterior gobierno de la Junta.


Tras el análisis técnico del proyecto, la rehabilitación inicialmente propuesta por el promotor ha sufrido sustanciales modificaciones dirigidas a incrementar las restricciones medioambientales y eliminar elementos de nueva construcción, como dos nuevas zonas de aparcamientos.
Esta cortijada, situada a más de un kilómetro de distancia de la costa, es uno más de los proyectos de rehabilitación de viejos cortijos que se han tramitado por la Delegación desde hace décadas
Esta cortijada, situada a más de un kilómetro de distancia de la costa, es uno más de los proyectos de rehabilitación de viejos cortijos que se han tramitado por la Delegación desde hace décadas. Proyectos que han contado con informes favorables y la rúbrica beneplácito de anteriores gobiernos socialistas. Incluso sabemos que esas reformas, que incluyeron ampliaciones, fueron subvencionadas por la propia Junta de Andalucía. La propia normativa del parque, que data de 1994, ha pretendido siempre facilitar la implantación de establecimientos rurales, aunque con la restricción de asentarlos en las edificaciones construidas antes de 1988, año de la declaración del parque natural. 

La última revisión de esta veterana norma se produjo en 2008 y fue aprobada mediante un decreto del entonces gobierno socialista, que incidía en ese fomento del turismo rural y especificaba las zonas en las que podían asentarse, su tamaño y la tipología constructiva. 
Que hoy políticos del PSOE sostengan que los establecimientos hoteleros solo deben ubicarse en los núcleos urbanos del parque, tan solo puede responder a una impostura falsa e insultante
Por todo ello, que hoy políticos del PSOE sostengan que los establecimientos hoteleros solo deben ubicarse en los núcleos urbanos del parque, tan solo puede responder a una impostura falsa e insultante. Para entender-nos, primero crean la norma y luego, tras su descabalgada institucional, re-niegan de ella olvidando la decena de establecimientos hoteleros que ellos mismos autorizaron en su andadura por el parque natural. Sin duda, puro oportunismo político de un Partido Socialista cada vez más desdibujado.

Los mismos que en su día permitieron que se enladrillase Cabo de Gata con un macrohotel, el Algarrobico, buscan ahora una comparación que solo se sustenta en mentiras y bulos. Si el Partido Socialista tuvo tiempo para paralizar la construcción del Algarrobico, y no lo hicieron, cualquier posición que mantengan ahora a este respecto carece de credibilidad alguna.

Ahora es el momento de presentar las oportunas alegaciones a un proyecto cuya tramitación sigue viva. Unas alegaciones que serán consideradas, como han sido las presentadas con anterioridad y que han tenido como respuesta la modificación del proyecto inicial para reforzar las restricciones medioambientales.

Cada alegación será la muestra del interés que evidencian por la conservación del espacio protegido. Un objetivo, el de la protección del parque con un desarrollo medioambientalmente sostenible, compartido por el Partido Popular de Almería.

Las mentiras del PP con Los Genoveses


Noemí Cruz
Parlamentaria del PSOE de Almería

⏩ La reacción de los responsables de PP y Cs después de que se conociera la intención del Gobierno andaluz de autorizar la apertura de un hotel de lujo en mitad del valle de Los Genoveses recuerda a una estampida. La huida en todas las direcciones, sin lógica ni concierto, de los representantes de los dos partidos del gobierno de Moreno Bonilla es absolutamente indecente.


La opinión pública se ha expresado con claridad –cerca de 200.000 personas han firmado en contra del proyecto- para proclamar lo que es de sentido común: que no se puede levantar un complejo hotelero en el corazón del Cabo de Gata, en una zona con un equilibrio medioambiental tan frágil que ha habido incluso que imponer restricciones al acceso y de la que depende la imagen misma del parque natural.

Ante la masiva contestación a este proyecto, el Gobierno de Moreno Bonilla ha emprendido una huida en todas las direcciones, cambiando de argumento una y otra vez y recurriendo abiertamente a mentiras.
El Gobierno andaluz ha dicho que no le consta que el proyecto de Los Genoveses vaya a ser “un hotel”, aunque en la documentación se dice claramente que es “para uso hotelero”
En los escasos días que han transcurrido desde que saltó la polémica, el Gobierno andaluz ha dicho que no le consta que el proyecto de Los Genoveses vaya a ser “un hotel”, aunque en la documentación se dice claramente que es “para uso hotelero”. También han dicho que se trata de “un pequeño cortijo”, aunque la superficie de intervención es de 26.925 metros cuadrados, y que está a 2 kilómetros de la playa o a 1 kilómetro y medio –depende del día–, aunque lo cierto es que sólo dista de la playa 950 metros.

Desde la Junta insisten en que ahí no se quiere construir nada, sino sólo rehabilitar, algo que también es falso, porque en esos casi 27.000 metros cuadrados hay prevista una inversión de más de 2 millones de euros para convertir los modestos corrales actuales en un hotel con 30 habitaciones, restaurante, bar, piscina, calles y un aparcamiento de 70 plazas.

A la vista de que no servía de nada negar la realidad, el Gobierno andaluz cambió de estrategia y empezó a intentar exculparse. Resulta inverosímil que el PSOE haya autorizado algo, cuando quienes gobiernan son PP y Ciudadanos, pero aun así, lo han intentado. Han dicho que el anterior gobierno socialista “impulsó” el proyecto, cuando lo que hizo, en 2016, fue darle trámite, como se tramita cualquier papel que entra por registro.

A partir de ese momento, resulta que anterior gobierno andaluz por lo visto dio 8, 9 o 10 informes favorables –la cifra que dan también depende del día–, aunque nadie ha visto esos informes porque se niegan a hacerlos públicos. Y se niegan a hacerlos públicos porque su mentira quedaría al descubierto, ya que todos ellos condicionan la viabilidad del proyecto a que tenga viabilidad ambiental, que es precisamente lo que le ha otorgado ahora el actual Gobierno andaluz.

Por si no colaba lo del anterior gobierno socialista, también han intentado inculpar al Ayuntamiento de Níjar con la misma historia, a sabiendas de que lo único que hizo Níjar fue decir lo mismo: que para eso hacía falta un informe ambiental.

Los últimos coletazos de la consejera de Agricultura en esta historia también han sido de traca, al acusar al anterior gobierno de la Junta de haber autorizado actuaciones similares, aunque ninguno de los hoteles que ha citado se sitúa en la única zona de parque natural con limitaciones de acceso. Efectivamente, el PSOE no se opone al desarrollo, aunque a lo que sí se opone es al daño medioambiental y a la desigualdad. No se puede consentir un modelo en el que pague el hotel pueda entrar a Los Genoveses, mientras el resto se queda esperando en la barrera de acceso.

No habrá hotel en los Genoveses


Álvaro Vera Revueltas
“Alvarito”

Si hay alguien que aún dude de si los Genoveses contará con un hotel, le daré la respuesta: No. No habrá hotel dentro del Parque Natural del Cabo de Gata al igual que no hay hoteles dentro de Timanfaya, de los Picos de Europa, de la pirámide de Guiza, del Machu Pichu o de la ciudad de Petra.


Un hotel dentro del parque sería menospreciar ese paraíso, rebajar su categoría, infravalorar lo que significa y lo que ofrece a Almería y a todo el que lo visita. Sería como decir: Bah, aquí sí se puede. Sólo hay matorrales y lagartijas. Frases que he escuchado salir por las bocas de gente inculta, insensible y sin ningún amor por el Parque.
Cabe decir que ya hay suficientes hoteles y alojamientos en los núcleos urbanos que se hallan dentro del Cabo de Gata ¿para qué más?
El término “Turismo Sostenible” es un oxímoron; no existe ese tipo de turismo, es una trampa lingüística creada por empresarios tahúres cuyo único interés es ganar dinero a costa de lo que sea y de quien sea. Cabe decir que ya hay suficientes hoteles y alojamientos en los núcleos urbanos que se hallan dentro del Cabo de Gata ¿para qué más? Sabemos que son demasiados por la masificación que se produce en los meses estivales. El Parque no necesita ni soporta más negocios de esta envergadura.

Me entristece profundamente que algunos almerienses acepten y aplaudan la ubicación del hotel en ese paraje. Es como si una venda les impidiera ver el delito natural, y una voz sibilina les susurrará a los oídos: “Es trabajo, es progreso, es dinero…Di sí al hotel, vamos, di sí. Será nuestro tesoooro…” Almerienses que han disfrutado del Cabo de Gata las cuatro estaciones del año, que han presumido de él…Y que ahora defienden el atroz proyecto alegando que “sólo será una rehabilitación”. No, no será una rehabilitación; serán piscinas donde apenas hay agua, camiones llenos de material de construcción destrozando todos los caminos, zanjas kilométricas en suelos protegidos para meter tuberías y cables, coches circulando los doce meses del año, ingentes cantidades de basura... Serán puñaladas a una tierra que no lo merece.

Ya van cerca de doscientas mil firmas en change.org y subiendo. Esa es, prácticamente, la población de la ciudad de Almería. Los almerienses amamos el Cabo de Gata tal y como está: es nuestra tierra sagrada, nuestro Olimpo salvaje y prehistórico, y por eso no permitiremos que ni un solo camión, ni saco de cemento cruce a ese santuario de la Naturaleza.
(Facebook)

El hotel de los Genoveses: esto no va de arquitectura


José Miguel Gómez Acosta
Arquitecto

⏩ El tema de la construcción de un hotel en la bahía de los Genoveses, en el corazón más inalterado del Parque Natural de Cabo de Gata-Níjar, nada tiene que ver con la arquitectura. La discusión no parte de las virtudes o defectos del proyecto arquitectónico que lo sustenta. De hecho, casi me atrevería a decir que es totalmente indiferente a las características concretas de dicho proyecto.


Lo que quiero decir es que, sea mejor o peor, más acertado estéticamente o menos, más sostenible o menos respetuoso con el medio ambiente, el tema del hotel de los Genoveses no va de arquitectura. Va de política.
La decisión política de la Junta de Andalucía es la que no compartimos cientos de miles de almerienses (y no almerienses), de enamorados de la especial belleza y situación excepcional del Parque Natural de Cabo de Gata-Níjar
La decisión política de la Junta de Andalucía es la que no compartimos cientos de miles de almerienses (y no almerienses), de enamorados de la especial belleza y situación excepcional del Parque Natural de Cabo de Gata-Níjar. Los que amamos ese minúsculo trozo de costa, los que sabemos la increíble riqueza que supone en un contexto de destrucción medioambiental (léase, cultivos bajo plástico, abusos urbanísticos, imposición agresiva del turismo…), los que, en definitiva, conocemos la desigual suerte del Mediterráneo español del desarrollismo, nos negamos de pleno, en redondo, a cualquier otra actuación en el Parque Natural, salvo las que supongan mayores restricciones en sus espacios más privilegiados desde el punto de vista natural y paisajístico.   

La radical (procedente de la raíz) e inamovible convicción de que en lugares protegidos no hay cabida a una mayor actividad humana proviene no solo de una conciencia ecológica entendida en su mayor amplitud, sino de la seguridad de que la única manera de generar atractivo (y evidentemente progreso económico) es precisamente mantener lo excepcional del lugar: su carácter casi virgen, austero, salvaje, desnudo. La costa española está llena de hoteles con encanto. Lo que hace posible la maravilla en Cabo de Gata es que existan lugares donde aún se puede sentir la ausencia humana. Al menos al nivel mínimo que hemos decidido permitirnos. 
En el tema del hotel de los Genoveses se trata de permitir que lo que tan azarosamente hemos podido conservar comience hoy a perderse, a desvirtuarse
En el hotel de los Genoveses no se trata de realizar una rehabilitación inocua. Se trata de un potente cambio de uso que incorpora la actividad humana turística a mayor escala de la existente.  Todo en un lugar en el que no sería difícil ampliar la oferta hotelera en los núcleos de población asentados. En el tema del hotel de los Genoveses se trata de permitir que lo que tan azarosamente hemos podido conservar comience hoy a perderse, a desvirtuarse. Se trata de vender Cabo de Gata. Al menos, de comenzar a hacerlo. De vender nuestra alma.

Cuando desde un opaco decreto COVID la Junta de Andalucía (la misma que debe proteger el interés común, los espacios naturales, nuestro legado paisajístico, arquitectónico y cultural frente a agresiones) permite edificar aquello que no esté prohibido expresamente, surge una vez más la eterna pregunta:

¿A quién beneficia realmente esta operación? ¿Los almerienses ganan algo teniendo 30 habitaciones de hotel disponibles o, por el contrario, el Parque Natural está un poco más cerca de su tiro de gracia?

Hotel si, hotel no: ¿Qué hubiera opinado Doña Paquita?


Francisco
Díaz Alférez

Cuando regreso de nuevo este verano a mi querida Almeria, desde tierras de Castilla, confieso  que por primera vez a la ilusión del ansiado reencuentro, se le suma la alegría de salir por fin de un largo y obligado confinamiento.


Una vez más encuentro una Almeria alegre y bulliciosa , cariñosa y hospitalaria como siempre, pero actualmente sumida en cierta polémica sobre el hipotético futuro de una zona de su parque natural, donde al parecer se ha proyectado la construcción de un hotel. Tengo que reconocer que hasta no haber observado como la noticia ha saltado de la conversación en los cafés, hasta la publicación en los periódicos locales y de estos a los de ámbito nacional, no había tomado conciencia de que este asunto pudiera haber alcanzado tamaña trascendencia.
Creo que con toda seguridad, tanto doña Paquita como su marido, ante este proyecto,  hubieran dicho que no
Pero el caso es que, apenas transcurridos cinco días de la vuelta a mi ciudad, multitud de amigos y conocidos han recabado mi opinión al respecto, conocedores de que doña Paquita era mi tía, hermana de mi padre, y yo también ahijado de su marido, José González Montoya,  antiguo propietario de esa concreta zona del parque natural. Toda esta gente me ha ido comentando sucesivamente la noticia del proyecto, ignorantes de que yo no tenía ningún conocimiento del mismo hasta la actualidad.

Y así pues, inevitablemente, mis recuerdos han volado a mi infancia y al trayecto desde la finca El Romeral a las Chiqueras, por  un camino pedregoso y franqueado de pitas, donde atrapé mis primeros alacranes e intenté cazar con tirachinas todo tipo de pájaro que se posaba, al que por suerte solo lograba ahuyentar. Era precisamente por ese camino donde se llegaba, unos cientos de metros más abajo, a la casita de pescadores que nos servía de vestuario y que presidía la playa de Genoveses,  que en aquellos años se encontraba en perenne y perpetua soledad.

Mi tío  Pepe González siempre presumía que la transparencia de sus aguas se debía a que era un terreno esencialmente virgen y que la playa había permanecido así desde la época de su creación por un volcán. Don José González Montoya se consideraba el auténtico custodio de todas aquellas tierras y, aunque de vez en cuando vendía algún terreno para la construcción de un chalet, en lo que hoy es el pueblo de San José, siempre imponía  en el contrato ciertas condiciones estéticas para que que la construcción no rompiera la armonía del paisaje tal como él la consideraba ideal.

Mi tía Paquita respetaba la voluntad de mi tío, con cierto grado de veneración, y nunca intentó en ese aspecto torcer su voluntad.  Incluso me relataba, con no disimulada admiración, que una vez unos árabes le ofrecieron miles de millones de pesetas a su marido por los terrenos hoy en litigio, y que al sospechar que la indiscriminada construcción  en la zona iba a arruinar progresivamente el paisaje, estando ya ante el contrato, con lágrimas en los ojos, finalmente se negó a firmar. No puedo en absoluto confirmar la veracidad de este episodio, pero tenga lo que tenga de cierto, si constituye un testimonio indiscutible de lo que al respecto opinaba doña Paquita sobre el particular. Y también sé por ella directamente cómo, una vez viuda, había sido tentada para construir en esa precisa zona un campo de golf, a lo que rotundamente se negó.

“No quiero ni pensar el destrozo que significaría para la transparencia de las aguas de Genoveses el que bajaran  hacia las mismas los residuos fecales de cualquier tipo de urbanización”, me espetó  mientras me relataba la anécdota con cierto grado de indignación.

Por supuesto, no creo en absoluto que por el hecho de ser yo uno de los cinco sobrinos de doña Paquita esté más autorizado a opinar sobre este tema que cualquier otro almeriense, pero sin embargo si supongo que toda una infancia y adolescencia junto a ella si me da cierto derecho a interpretar lo que hoy doña Paquita hubiera opinado sobre este tema particular.  Y yo creo que con toda seguridad, tanto ella como su marido, ante este proyecto,  hubieran dicho que no.

Camuflaje en Genoveses


José Luis Sánchez Teruel
Secretario General del PSOE de Almería

⏩ Autorizar un hotel de 30 habitaciones, 70 plazas de aparcamiento y piscina junto a la playa de Genoveses es una decisión política del Gobierno de Moreno Bonilla que va en sentido contrario del deber que tienen de conservar un espacio único como el que tenemos en Almería. Una decisión política que expresa a la perfección lo que tiene en la cabeza Moreno Bonilla cuando habla de revolución verde.


Para justificar su decisión andan diciendo que en el expediente hay diez informes favorables, después nueve y por último ocho, emitidos por el anterior gobierno, lo cual es una gran mentira para camuflar que el Gobierno de Moreno Bonilla –y solo él– es quien ha dado viabilidad ambiental al hotel en una zona frágil del Cabo de Gata. La decisión se camufla en la rehabilitación de un viejo cortijo, donde van a invertir más de dos millones de euros en unas obras para que en los corrales ahora se alojen los turistas.

Sin embargo, la instalación hotelera que la Junta pretende autorizar supone en la práctica crear un nuevo núcleo de población, con cientos de personas y vehículos circulando a diario por la única zona del parque que actualmente tiene restricciones de acceso por sus valores ambientales y la necesidad de descongestionarla de visitas. Habría más gente deambulando a diario de la que hay en muchos núcleos de población de la provincia, algo que ambientalmente sí tiene consecuencias. 

Este tipo de instalaciones se pueden hacer sin daño alguno en las zonas urbanas del Cabo de Gata y a esos lugares debería remitir la Junta de Andalucía al promotor con argumentos ambientales, que los hay.

Utilizar el ejemplo del hotel de El Sotillo, que se anuncia diciendo que está en el centro de San José, para camuflar otro hotel en los Genoveses demuestra que no tienen por dónde justificar su decisión, porque El Sotillo no es Genoveses ni es ese hotel de 30 habitaciones, 70 plazas de aparcamiento y piscina, en el que van a invertir más de dos millones de euros.

Los actuales dirigentes de la Junta de Andalucía conocen poco el parque del Cabo de Gata, no lo han pisado mucho, y por ello deberían escuchar a su órgano de participación y a la sociedad española, que está diciendo que, ahora que solo hay papeles, es el momento de parar este disparate. La verdadera revolución verde sería optar por comprar para lo público esa propiedad, como hizo el anterior Gobierno de Andalucía con más de 500 hectáreas del parque. Lamentablemente, no es eso lo que tienen en la cabeza los gobernantes actuales de la Junta de Andalucía cuando hablan de revolución verde, para ellos es solo camuflaje. 

Los promotores de Genoveses: “El proyecto es un ejemplo de turismo sostenible”


Miguel Cabrera
Periodista

⏩ La vieja idea de rehabilitar el cortijo de Las Chiqueras, en la bahía de Los Genoveses, para destinarlo a alojamientos de turismo rural se ha materializado por fin en un proyecto que para la familia propietaria de los terrenos es motivo de orgullo y ejemplo de turismo sostenible. Los promotores entienden que el proyecto mantiene el mismo espíritu y la misma filosofía que habían marcado desde hace un siglo José González Montoya y Francisca Díaz Torres, doña Pakyta, nombrada en 2010 Hija Predilecta de Andalucía, precisamente por proteger este espacio del turismo del ladrillo, y por haber hecho posible, por ejemplo, que playas como las de Mónsul o Los Genoveses se mantengan hoy casi vírgenes. 

En esta foto aérea se puede observar, al fondo, San José; a la izquierda, el cortijo Las Chiqueras, que se pretende rehabilitar, y a la derecha, a un kilómetro del cortijo, la playa de Los Genoveses (La Voz)

Los herederos del matrimonio, que forman el grupo Playas y Cortijos y administran la mercantil Torres y González Díaz SL, que promueve el ecohotel, piensan además que se trata de un proyecto del que también la sociedad almeriense en general debe sentirse orgullosa, pues a su entender promoverá y apoyará un turismo sostenible, será un elemento dinamizador de la economía local y servirá para divulgar los valores del espacio donde se encuentra, en la Hacienda El Romeral de la Bahía de los Genoveses, a más de un kilómetro de la conocida playa. Son justo los objetivos marcados por el Plan de Ordenación de los Recursos Naturales (PORN) del Parque Natural de Cabo de Gata-Níjar, donde se encuentra la finca.

Sin embargo, la familia de Doña Pakyta reconoce ahora sentirse “desconcertada” porque su proyecto se ha presentado desde distintos ámbitos políticos y ecologistas como un ejemplo de todo lo contrario a ese desarrollo sostenible que pretende promover, como un nuevo Algarrobico instalado poco menos que en primera línea de la playa de Los Genoveses. Es decir, como un ejemplo de todo aquello contra lo que en realidad la familia viene luchando desde hace décadas y que ha conseguido evitar, pese a ofertas multimillonarias desde el boom del turismo de masas en los años 60. 

“Nos han llegado a llamar amigos para pedirnos perdón, porque habían firmado en internet un escrito contra el proyecto, pensando que se trataba de un macrohotel en la arena de la playa, y para decirnos que cuando han sabido que se trataba de la rehabilitación de Las Chiqueras se han llevado las manos a la cabeza”, explica un portavoz de la familia.

Para salir al paso de todo ello y explicar la “realidad” del proyecto, el grupo ha difundido sus “diez verdades” sobre este ecohotel, que contará con una treintena de habitaciones gracias a la rehabilitación de casas y corrales de la cortijada, que tiene una superficie total de 26.925 metros cuadrados, aunque la superficie construida, que no se ampliará, es de 1.470 metros cuadrados. 

Los siete cortijos que serán rehabilitados mantendrán la tipología de las construcciones tradicionales de la zona, serán de una planta, de fachadas sobrias, con carpintería exterior de madera y evitando tonos metálicos. Además, el espacio contará con una piscina que tendrá la apariencia de una alberca tradicional. 

Junto a esos siete cortijos se mantendrá la ‘Fábrica de cuerda de crin’, rehabilitada desde hace años por interés social y que mantendrá su función actual para la recuperación y puesta en valor del patrimonio etnográfico y agroambiental de la zona, vinculada a la elaboración del esparto, la ganadería y las explotaciones cerealistas.

Esta relación de verdades de la empresa comienza informando de que la cortijada se encuentra a más de un kilómetro de la playa de Los Genoveses, para desmentir uno de los bulos que se están difundiendo masivamente, sobre todo a través de las redes sociales. Otro de estos bulos ha sido la equiparación de este proyecto con el hotel de El Algarrobico, una edificación que pesa como una losa en el imaginario colectivo respecto al parque natural. 

El PSOE, por ejemplo, ha pedido a la Junta que no convierta estos cortijos en un nuevo Algarrobico, que fue construido precisamente durante su etapa en la dirección del Gobierno andaluz.  

Sin embargo, en Las Chiqueras “en ningún caso se enladrillará el espacio”, según los propietarios, que dicen sentirse utilizados, y lamentan que el ecohotel se haya convertido en un arma para la confrontación política. 

En su escrito de verdades sobre el cortijo de Las Chiqueras, los promotores informan de que el proyecto cumple con todas las normas y leyes de aplicación, tanto el PORN ya mencionado como el Plan Rector de Uso y Gestión (PRUG) del parque natural, y el resto de normas urbanísticas, como también han certificado el Ayuntamiento de Níjar y la a Junta de Andalucía. 

Ante la principal alegación ecologista –ya resuelta negativamente, por cierto, por la Administración autonómica-, que dice que el hotel se enclavaría en una zona de protección C-1, no urbanizable y destinado a la agricultura tradicional, y en la que por tanto no estaría permitido en ella un uso turístico, la promotora sostiene que el PORN señala en su apartado 4 que las construcciones destinadas a otros usos en estos espacios protegidos “deben tramitarse como actuaciones de interés público, como se ha hecho”. 

No en vano, argumentan que en la familia ha mantenido desde hace décadas en la finca de 3.500 metros cuadrados en la que se encuentra la cortijada una agricultura y una ganadería ecológicas – la empresa cuenta en unas 600 hectáreas de terreno con seis personas que trabajan todo el año en plantaciones de alfalfa y cebada y en el cuidado de un millar de cabras blancas celtíberas- que prácticamente no les ha proporcionado beneficios, pero que cumplen una importante labor de conservación del ecosistema y fomenta la biodiversidad. En el ecohotel se llevarán a cabo, además, actividades relacionadas con la promoción de estos valores y tradiciones, como también seguirá haciéndose en la Fábrica, que es visitada, por ejemplo, por cientos de escolares de la provincia todos los años.

Desde hace un siglo El grupo Playas y Cortijos asegura que el ecohotel de Las Chiqueras no abre las puertas a una explotación descontrolada del parque, como también se ha llegado a decir estos días, “sino todo lo contrario”. Y señala que el propio PORN establece que “las rehabilitaciones con fines agroturísticos vinculados al necesario desarrollo rural sostenible de la población residente del espacio natural se han convertido en la única oportunidad de conservación y rehabilitación de su patrimonio arquitectónico”.

“Desde hace 100 años, primero de la mano de José González Montoya y doña Pakyta Díaz, y después a través de esta empresa fundada por ella en 1988, se ha venido actuando en la defensa y preservación de los valores medioambientales de la zona. No vamos a atentar nunca contra los intereses del parque porque no va en nuestro ADN”, afirman.

“Es un disparate considerar que esta empresa tiene un fin especulativo o de enriquecimiento distinto a su deseo de conservar el espacio, y este proyecto es precisamente la forma de poder hacerlo, de una forma sostenible e integrando incluso elementos innovadores de energías renovables. El objetivo de la rehabilitación de este cortijo es poder seguir trabajando en su conservación y, dado su interés público, abrirlo a la sociedad para que pueda seguir siendo disfrutado de una forma sostenible, al igual que se realiza ahora con acciones educativas y de transmisión etnográfica que van a potenciarse”. Al margen, como es obvio, de que cualquier empresa tenga todo el derecho del mundo a conseguir beneficios, el grupo expone de esta forma entre sus ‘verdades’ cuál es la idiosincrasia de este proyecto.

Defensores del Parque Natural Parte del desconcierto de los promotores del proyecto viene del hecho de que se les esté acusando de atentar a los valores medioambientales del parque, es decir de los mismos valores que ellos intentan defender con todas sus fuerzas, según mantienen. “Esta empresa es la primera interesada en que no se realicen ni autoricen actuaciones que vayan en contra del parque, tal como ha demostrado en su larga trayectoria y con su actividad ecologista y sostenible, que le han hecho merecedora de importantes reconocimientos, como el nombramiento de doña Pakyta como Hija Predilecta de Andalucía, el Premio Andalucía Medio Ambiente o el Premio Desarrollo Sostenible”, dicen en el escrito con el que han querido dejar clara su posición respecto a su proyecto de alojamiento rural en Las Chiqueras.

Pues sí: hablemos de Genoveses


Jose Fernández
Periodista

⏩ La serpiente de verano, esa mitología periodística de las viejas redacciones sobre asuntos estirados hasta los límites de la física editorial, vuelve a reptar por las dunas de Genoveses, dejando sobre la arena informativa surcos llenos de medias verdades, impostación ecológica y altas concentraciones de hipocresía. De entrada, cabe destacar la buena salud del colectivo habitual de salvadores de la galaxia almeriense. Como buenos surfistas, han visto venir la ola y no han dudado en cabalgarla para hacerla suya: esto no se toca, esto no se hace, esto no se mueve, esto no se dice, salvemos lo que sea. Los de siempre, como siempre. Hotel es caca y ruina es paisaje. Pero bueno, afortunadamente todos tenemos libertad de expresarnos como consideremos dentro de los márgenes de la ley y allá cada cual con sus palabras y acciones.


¿He dicho márgenes de la ley? Si ese es el marco referencial que delimita las acciones dentro de una democracia, no se entiende bien el revuelo por un proyecto que, según declaran las autoridades competentes, se ajusta escrupulosamente a los límites que permite la ley en zonas de interés medioambiental. Otra cosa es que se quiera hacer valer la ley del ruido y el folclore habitual en estos casos para impedir un proyecto que quiere rehabilitar (ojo, no construir, no levantar, no enladrillar) una cortijada ruinosa y convertirla en un alojamiento respetuosamente integrado en una zona bellísima. Las mismas zonas que visitamos encantados los almerienses en otros parques naturales de España y Europa para dejarnos allí el dinero y volver después a Almería a lamentar que somos el culo del mundo, etcétera. Y es que en todas partes puede ser compatible, sin complejos y sin tonterías, una integración respetuosa de la actividad empresarial con la protección del medio ambiente, menos en Almería, donde algunos ven con más agrado a un escarabajo pelotero que a un empresario que genere empleo.
Pues mire usted, doña Esperanza. Lo que quiere saber la gente es algo tan sencillo que no necesita de una larga carta en los periódicos. Sobra espacio en un tuit. Díganos: ¿quiere el hotel en su municipio? ¿SI o NO?
Pero hablaba antes de la hipocresía como uno de los ejes de reacción ante un proyecto que, válgame Dios, bien habría merecido un plan de comunicación inteligente que no hubiera favorecido acabar viendo un titular con las palabras “hotel” y “parque natural” juntas, lo que produce efectos tan descriptibles como hacer pis en un enchufe. Hipócritas los hay en todos lados, pero cuando el PSOE almeriense enarbola la bandera de la defensa medioambiental, la doblez y el cuento ya no tienen parangón. Recuerden que estos chicos, chicas y chiques son los mismos que autorizaron, apoyaron e incluso subvencionaron la insólita actuación del hotel del Algarrobico en Carboneras, hasta que una ministra socialista de paseo en barco, Cristina Narbona, vio aquello a medio construir y, temiendo la furiosa reacción de los ecologistas (el miedo al señalamiento verde no tiene fronteras) mandó parar aquello. Inmediatamente, los mismos que habían autorizado, apoyado y subvencionado la operación, sufrieron un shock anafiláctico por exceso de clorofila y fingieron cabrearse mucho con la insensible empresa destructora del medioambiente a la que mandaron parar la obra. Y ahí sigue el tema, empantanado en los tribunales, y con el esqueleto del hotel incrustado en el paisaje, vacío, anidando okupaciones de diverso pelaje, afeando el litoral y aportando cero beneficios a la zona. Otro éxito del ecologismo político.

Pues bien, ahora el PSOE almeriense escenifica que está muy en contra del proyecto porque piensa que eso reverdece su perfil político. La otra mañana mandaron a la zona (no al emplazamiento de la cortijada por si algún periodista descubría que eso no está en primera línea de playa) al parlamentario Rodrigo Sánchez Haro a montar una performance en plan “del barco de Chanquete no nos moverán”, de la que salió escaldado porque entre el grupo de microfonistas había un periodista -Víctor hernández Bru, de ES Radio- que no sólo le grabó, sino que además le preguntó y que incluso tuvo el atrevimiento de emplear ese arcaico recurso de los viejos profesionales, que es la repregunta. Y el mal rato del pobre Rodrigo fue recordarle que mientras él tiraba de argumentario ecotópico, la alcaldesa de Níjar, municipio en el que está esa ensenada, había dicho que el proyecto se ajustaba a la ley, y punto. Tan malo fue el rato que pasó y tanto interés tiene el PSOE en aparentar que no quiere el hotel para echarle así el mochuelo a la Junta, que esta mañana la alcaldesa, Esperanza Pérez, firma un artículo en la prena local en el que, sin decir nada, deja entrever que el proyecto es una imposición de la Junta fascistoide y que ella es una pobre alcaldesa que ni pincha ni corta en su término municipal.

Pues mire usted, doña Esperanza. Lo que quiere saber de usted la gente es algo tan sencillo que no necesita de una larga carta en los periódicos. Sobra espacio en un tuit. Díganos: ¿quiere el hotel en su municipio? ¿SI o NO? Y está claro que lo quiere (a ver qué alcalde no quiere un hotel que atraiga turismo, negocio y beneficio a su municipio) pero no tiene la valentía política de admitirlo. Prefiere plegarse a la estrategia del fingimiento. Y no sé si los territorios merecen o no hoteles o cochiqueras. Lo que sí sé es que los ayuntamientos merecen tener al frente a gente valiente que mire por los intereses de su pueblo antes que por los de su partido.

Hablemos de Genoveses


Esperanza Pérez
Alcaldesa de Níjar

⏩ Los Genoveses está en un entorno tan concreto como privilegiado, y por ello precisamente hay dos normas específicas que delimitan cualquier cosa que pueda hacerse en este lugar. Todo pasa por el Plan de Ordenación de Recursos Naturales (PRON) y el Plan Rector de Uso y Gestión (PRUG), y ambas dependen de la Junta de Andalucía. Exclusivamente de ellos, y el Ayuntamiento de Níjar carece de cualquier posibilidad de actuación, pronunciamiento o decisión sobre cualquier resolución administrativa del procedimiento previo autonómico. Es decir, se trata de algo impuesto, preceptivo y vinculante, así de sencillo, duro e injusto.


Sencillo porque es el parecer particular de un grupo, la línea política que se quiera marcar o imprimir a la dirección de la Administración lo que decide aquello que se pueda acometer o no en el lugar. Es duro porque una sensibilidad ideológica, o la ausencia de ella, puede dejar heridas o cicatrices en espacios naturales tan específicos como el Parque Natural de Cabo de Gata-Níjar. Pero sobre todo lo considero injusto por el hecho de que los Ayuntamientos, en casos como éste y pese a ser la primera línea de respuesta hacia el ciudadano, estamos maniatados. Es decir, ellos pueden interpretar a favor o en contra de un caso como el de Genoveses, y tienen toda la libertad del mundo para hacerlo, pero a nosotros nos toca asumir lo que diga ese informe concreto o atenernos a las consecuencias. Pero claro, esas consecuencias son concretas y absolutamente previsibles, porque si te opones a esa diabólica jerarquía normativa incumples la ley, cometes un delito y pones a los nijareños a los pies de una indemnización millonaria.
Se trata de lo que la Junta quiera, permita o acepte que se haga en ese lugar concreto, con ese proyecto específico, porque todo depende de un informe preceptivo vinculante que ellos tienen que emitir
El problema de Los Genoveses no es lo que pueda o no pueda hacerse, porque ese es un suelo no urbanizable especialmente protegido por una legislación específica del Parque Natural de Cabo de Gata Níjar. Se trata de lo que la Junta quiera, permita o acepte que se haga en ese lugar concreto, con ese proyecto específico, porque todo depende de un informe preceptivo vinculante que ellos tienen que emitir, que de hecho han emitido y que ahora se expone a alegaciones de todo tipo. Así estamos en este preciso momento.
Como alcaldesa afectada creo que ya está bien de ser nosotros los protagonistas de un guion que ni hemos escrito ni tenemos posibilidad de modificar
Ahora bien, puestos en escena y con todos los focos encendidos, la cuestión está en ser capaces de darle un argumento convincente a esta obra que nos toca representar a todos, y que constantemente deja a los Ayuntamientos en el peor lugar. Como alcaldesa afectada creo que ya está bien de ser nosotros los protagonistas de un guion que ni hemos escrito ni tenemos posibilidad de modificar.

Dicho esto, a ese libreto hay que darle un final claro, conciso y urgente, pero sólo hay una forma de articularlo, y esa es una decisión del director de la obra, que en este momento no es otro que Juan Manuel Moreno Bonilla, presidente de la Junta de Andalucía.

Supongo que la pregunta que todos se harán será del estilo a ‘¿qué margen les queda entonces a los Ayuntamientos?’. Pues por ahora sencillamente podemos reivindicar, exigir libertad de acción para poder imprimir sentido común desde la defensa de la autonomía local, pero muy poquito más. Y repito, los Ayuntamientos no podemos ser la primera línea de defensa de los intereses vecinales y, al mismo tiempo, los que menos recursos y autonomía tengamos para responder ante ellos.

Es en la autonomía local donde radica el verdadero problema en casos como Los Genoveses, porque el constante menosprecio de esa libertad nos hace, estoy segura de ello, menos eficientes y más crispados.