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Atresmedia ha presentado sus resultados financieros correspondientes al ejercicio 2025, unas cifras que reflejan la complejidad del panorama mediático actual. Según ha informado la propia compañía, el beneficio neto atribuido se situó en 62,1 millones de euros, lo que representa un notable descenso del 48,4% en comparación con los 120,3 millones obtenidos en 2024.
El impacto de los costes extraordinarios
Si bien la cifra de beneficios se ha reducido prácticamente a la mitad, es necesario desgranar los factores extraordinarios que han lastrado la cuenta de resultados. El grupo ha tenido que hacer frente a una provisión de 45,6 millones de euros destinada a un plan de bajas incentivadas voluntarias.
Sin este efecto contable, el beneficio neto proforma habría alcanzado los 96,3 millones de euros. Aun así, incluso eliminando los gastos extraordinarios, la rentabilidad del grupo muestra signos de erosión: esa cifra seguiría siendo un 20% inferior a la del ejercicio anterior.
Estabilidad en los ingresos
A pesar de la caída en los beneficios, la capacidad de generación de ingresos de Atresmedia se mantiene robusta. Los ingresos netos del grupo superaron ligeramente los 1.000 millones de euros, apenas un 1,5% menos que el año pasado. De esta facturación, el área audiovisual sigue siendo el motor indiscutible, aportando más del 90% del total de los ingresos.
El precio de un liderazgo bajo asedio
En nuestra opinión, la clave de este deterioro en las cuentas no reside en una falta de interés comercial, sino en la feroz competencia que define el mercado actual. Atresmedia, con Antena 3 a la cabeza, ha logrado mantener su liderazgo de audiencia durante un tiempo prolongado, pero este éxito tiene un precio cada vez más alto.
El escenario se ha vuelto hostil por dos frentes:
- El resurgir de la televisión pública: La 1 de TVE ha intensificado su agresividad programática, logrando arrebatar cuotas de pantalla significativas en franjas estratégicas.
- El auge digital: El trasvase de espectadores hacia las plataformas de streaming no se detiene, obligando a la televisión convencional a invertir más para retener a su audiencia.
Mantener el trono de la televisión en España exige hoy producir contenidos de mayor calidad, más competitivos y, por ende, con mayores costes de producción. En un mercado donde la tarta publicitaria es limitada, Atresmedia se ve obligada a "correr más rápido" solo para mantenerse en el mismo sitio, comprometiendo sus márgenes de beneficio en favor de la relevancia editorial.

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