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La Almería vaciada y el ejemplo gallardero de Las Norias


Antonio Torres
Periodista

⏩El autor de Las sandalias aladas de Hermes, que incluye fotografías de Domingo Leiva e ilustraciones de Paloma Capuz, aprovecha para homenajear la generosidad de su padre en especial a dos grandes trabajadores Alonso Haro Hernández y Manuela Alías Batista. Levantaron desde 1944 Las Norias, ese alfoz de Los Gallardos con mirada turrera, expresión de Pepe de Piedad, en Relatos de verano (III) que acaba de lanzar La Voz de Almería, dentro de la colección Narradores almerienses con el apoyo de Santiago Alfonso Rodríguez de Grupo Cosentino y Arráez Editores de Juan Grima. “Sostengo desde hace tiempo”, afirma Santiago Alfonso, “que nos arrepentiremos mucho de haber dado la espalda al mundo rural“. 

Maestro Francisco González Ruiz

La barriada ha cambiado el paisaje con el viejo camino de tierra de Los Gallardos a Turre con la presencia de un tramo ya construido del futuro AVE. “Antes de ocuparse de la siega y de la trilla”, relato de González, “en el entretiempo primaveral, Alonso y Frasquito ya habían sembrado las sandías y los melones de invierno, cuya cosecha se haría en agosto y septiembre; además, para cuando comenzó a marcear, en los bancales de la huerta sembraron las judías, los présoles, las patatas y el garbanzal, tal como aconsejaba el refranero por estas tierras, y, en abril, recogieron los nísperos, preludio del estadillo del resto de frutales en la huerta. Cuando llegó junio, llenaron los capachos de brevas, peretas, peras azucareñas, ciruela y albaricoques; los melocotones y las peras de agua quedaron para julio y los higos, los chumbos, las uvas y las algarrobas para agosto. En septiembre, recolectaron los jínjoles (azufaifas) y observaron que los yullanares (la flor) de las granadas se habían transformado en magníficos frutos, a un punto de su maduración. Para entonces, Manuela había dado a luz a la cuarta de sus hijas y séptimo de sus vástagos; como en las ocasiones anteriores, lo había hecho sola, sin ayuda de comadrona o médico alguno”.

Hay una mirada íntima de historias familiares. El infatigable Fernando Ortega de la moderna almazara de Huerta Nueva tiene el ancla de su vida en su abuelo, padre y tío Antonio Ortega, El royo, en Las Norias cuando con mucha imaginación sacaban agua de Las Norias con ayuda de la caballería. El periodista tiene nostalgia de los encuentros en el comercio familiar de las visitas de Paula y Paco Cánovas, un agricultor y persona con la que aprendías. La génesis de Las Norias, el tío Alonso, “el curíca” por su prudencia, me atendía y cuidaba cuando su cortijo era lugar de avituallamiento para el vaso de agua, o los dátiles, cuando nos desplazábamos en bicicleta a Turre para nuestros partidos de fútbol infantiles. Juanita Torres de 80 años, la madre de Conchi “la de las quinielas”, recuerda hasta el timbre de voz de Manuela, su franca sonrisa,  y la fuerte personalidad. Otra vecina de zona fue la tía Catalina, abuela del exdioputado provincial Martínez Balastegui, que sembraba todo tipo de hortalizas. “Antes de llegar a la plaza de abastos de Los Gallardos ya había vendido todo por la calidad y variedad”, apunta Torres.

El maestro rural Francisco González Ruiz (Turre, 1903-1970), padre del escritor González, aparece en el relato de Las Norias como persona generosa. Y ante algunas insinuaciones de que se desprendiera de esas tierras afirmó: “Las Norias ni tocarlas”.  Su labor docente, tan callada como eficaz, permitió reducir considerablemente la elevada tasa de abandonos de la escuela de la época. Supo abrir la mente a sus alumnos para que alimentaran los yullanares de su inteligencia y dieran los mejores frutos. Conviene releer El flexo que ilumina las noches… y los días, microrrelato contenido en el libro Ajuste de Cuentos González.

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