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Almería camina hacia el 38 por ciento de paro


Javier Menezo
Letrado del INEM

A finales de semana se conocerán los datos de la encuesta de población activa del primer trimestre y no es descabellado pensar que la tasa de paro de nuestra provincia supere el 38%. Cuando se conocieron los datos anteriores, hubo un frenesí de declaraciones, actuaciones y, cómo no, decretos-leyes para acabar con la "lacra", en ese momento la del paro juvenil. Un enorme activismo sin acción cuyo único resultado cuantificable, por ahora, es la disminución de la contratación indefinida. Tengo curiosidad por saber a qué solución parcial se dedicarán este fin de semana. 

Y, para ello, por si se acaban las ideas, tengo una posible: el paro de larga duración. Es cierto que como compensación al tema juvenil, y por tocar todos los palos, se dijo algo, pero quizás sea ahora cuando se le dedique más espacio, ya que parece difícil aceptar la verdad de nuestro problema que no es el paro juvenil, o el de la construcción, o el de las mujeres, es elevado nivel de paro en general, convertido ya, una gran parte de él, en estructural. Es decir, en un paro que persistirá a pesar de la mejora de la economía.

Para entender lo que es: imaginemos que nos dedicábamos a construir casas. De repente la situación cambia y la gente no compra casas pero quiere muebles. Los que construían casas no saben hacer muebles, por tanto, si una empresa que fabrica mobiliario quiere establecerse en esa zona, no lo hará porque no encontraría personal cualificado y así la situación de desempleo persistirá en el tiempo a pesar de la demanda de bienes. 

Almería es un buen ejemplo de lo que estamos diciendo. Sólo basta ver el dato de paro registrado en las oficinas de empleo. En 2009, como quien dice ayer, éramos una provincia en la que el 42 % de los parados llevaba así menos de tres meses. Incluso un 14 % no llevaba en paro un mes. Hoy la situación ha dado un vuelco, y como una silenciosa mancha de aceite se extiende y aumenta. Hoy el 41 % de los desempleados lleva más de un año así y la mitad de ellos hace dos que dejaron de trabajar. Lo peor es que constituyen el grupo más importante de parados, el 22 % del total frente a un 9 % en 2009. 

Podemos imaginar lo que todo esto supone: menos ingresos, prestaciones agotadas, más dificultad para reintegrarse porque las habilidades laborales disminuyen y cómo seguimos sin ver el desempleo como un problema global.

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