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In memoriam: Ramón Luque Pérez, expresidente de la Junta Local de Matagorda-Guardias Viejas

Nuria Torrente
@opinionalmeria

El PSOE de El Ejido lamenta profundamente la pérdida que ha supuesto hoy el fallecimiento de uno de sus miembros más queridos, Ramón Luque Pérez, tanto para la Ejecutiva local socialista como para el núcleo y la Junta Local de Matagorda-Guardias Viejas, de la que era miembro.

Ramón Luque Pérez fue presidente de la Junta Local de Matagorda-Guardias Viejas con el PSOE durante dos mandatos no consecutivos, en una primera etapa de 2007 a 2011, y en otra posterior, de 2015 a 2019. También fue con anterioridad vocal socialista en la Junta Local, al igual que desde este último mandato, ya que volvió a tomar posesión de su cargo en julio de 2019. Por ello, Ramón Luque era un vecino muy querido y conocido en Matagorda y sobre todo en Guardias Viejas, que siempre ha formado parte de su tejido asociativo y ha colaborado activamente en el comité de las fiestas de Guardias Viejas.

Agricultor, casado y con dos hijos, Ramón Luque era militante de la Agrupación Local del PSOE de El Ejido desde hace más de veinte años, y durante más de una década formó parte de su Ejecutiva local, de la que actualmente dirigía su Secretaría de Agricultura. También concurrió en las listas del Partido Socialista en las últimas Elecciones Municipales.

Para el secretario general del PSOE de El Ejido, José Miguel Alarcón, “hoy es un día muy triste para todos los socialistas ejidenses, porque se nos va un gran compañero pero también un mejor amigo, al que solo podemos agradecer su labor, al que jamás podremos olvidar y que siempre llevaremos en nuestra memoria”.

Ramón Luque fallecía esta mañana a los 59 años de edad tras una larga enfermedad. Mañana será despedido en la más estricta intimidad.

In memoriam: Emilio Navarro Franco, ferroviario y sindicalista

Juan Folío
@opinionalmeria

Nos ha dejado para siempre una de las personas más queridas de Almería, el sindicalista y antiguo trabajador Renfe Emilio Navarro Franco. Su hijo Emilio Navarro González ha escrito sobre su padre un emotivo obituario que por su interés reproducimos:


Hijo de Emilio y Remedios, Emilio Navarro Franco nació el 6 de agosto de 1938 en Elche, durante la guerra Civil Española, y, como a él le gustaba recordar, entre dos batallas la de Extremadura y la del Ebro. Sus primeros años de vida, como los de la gran mayoría de los españoles, fueron muy difíciles. Al hambre y la carestía se añadía el castigo del régimen que por motivos ideológicos tenia exiliado a mi abuelo, ferroviario, en la estación de castigo de Gérgal, después de haber sido herido en la guerra y preso en el campo de concentración de Albatera.

Fue tras el paso por la estación Gérgal cuando por la inacción y el desprecio de las autoridades competentes los hermanos mellizos de mi padre fallecen de inanición. Tras estos desgraciados incidentes se mudan a vivir a Gádor donde viven durante un año en el transcurso del cual se recupera un poco de las lacras del hambre gracias a la ayuda de los dueños del “Cortijo Rojo de los Arcos” para los que estuvieron trabajando mi abuela y su madre, la Yaya, eternamente vinculada a su hija como apoyo vital de la familia.

Una nueva mudanza, esta vez a Antequera, corre el año 1941. La supervivencia de la familia instiga a mi abuelo a realizar estraperlo como tantos y tantos españoles hicieron para poder sobrevivir en aquellos durísimos años. Es en Antequera también donde queda huérfano de madre en el año 1948, un durísimo episodio que siempre llevó clavado en su corazón. Hablaba a menudo de su madre como el ángel que debió ser para él durante los cortos años que la conoció. Un nuevo traslado lo lleva hasta Guadix, donde la familia viviría un largo tiempo y donde se incorporó a la escuela de aprendices de RENFE.

Mi padre tenía otra hermana mayor que él, Isabel, separados ambos por los acontecimientos de la guerra que llevaron a su hermana a vivir en la huerta de Murcia con unos tíos suyos hermanos de su padre. Separados en el tiempo y en el espacio, pues no pudieron convivir apenas a lo largo de su vida. Se sucederían a lo largo de los años las visitas a la casa de la huerta a ver a su hermana. Lugar referente en su vida y la nuestra, con nuestra tía, nuestro tío y primos durante décadas lugar de peregrinación en vacaciones.

Llega a Almería en el año 1957 y se incorpora a trabajar en los talleres de RENFE como Oficial de Segunda Carpintero. Es durante este periodo cuando conoce a la que sería su mujer (mi madre) durante 57 años, Juani, hija de Juan y Lola. Mi abuela llegó a Almería durante el infame episodio del camino de los canadienses desde Málaga hasta Almería con sus hijos pequeños, andando y sufriendo el bombardeo de las tropas franquistas.

Después de realizar el servicio militar y una vez prometido con mi madre, mi padre se embarca en la aventura, como tantos otros, de la conquista del trabajo en Alemania, paraíso prometido con el que salir de la pobreza persistente de la España franquista. Meses después de estar trabajando en Alemania vuelve para casarse con Juani y trasladarse los dos a Holzminden, lugar en el que tenían residencia y trabajo. Durante ese periodo nace su primer hijo, Emilio. Un año después vuelve mi madre a España y mi padre sigue un tiempo más en Alemania trabajando para conseguir algo más de dinero para la familia.

Tras la vuelta a España, no puede reincorporarse a RENFE y con el dinero obtenido trabajando en Alemania monta un bar, el cual estuvo regentando durante 10 años, tras los cuales accede a una convocatoria para reincorporarse a RENFE, reingresando en el año 1978. Durante los años en que mi padre regenta el “Bar la Reina”, sito en la calle del mismo nombre esquina con calle de la Almedina, nacen sus otros dos hijos, Remedios en 1967 y Alberto en 1976.

De nuevo en Renfe, trabaja durante unos años en las estaciones de Gérgal y Nacimiento y en 1982 se libera como delegado sindical de UGT, sindicato al que había estado ligado durante largo tiempo. Tras su liberación sindical accede al cargo de Secretario de Transportes y Comunicaciones de UGT en el que estuvo durante 10 años ejerciendo su acción política con gran intensidad. Al terminar su dedicación al sindicato sigue en el mundo de la política a través del partido Democracia Socialista y más tarde como Secretario de Organización y de Comunicación del Partido Andalucista y en 2007 se jubila de toda actividad pública.

Emilio fue una persona íntegra, trabajadora y luchadora. Con un carácter fuerte y vitalista, curioso por naturaleza, siempre aprendiendo, siempre leyendo, preocupado y atento a todo lo que pasaba a su alrededor. Buen orador, haciendo expresa su opinión a través de los medios y de las redes sociales. Fuertemente arraigado con la familia, siempre con la mano tendida cuando hemos tenido necesidad de él. Permanente referente en nuestras vidas a las que ha dedicado la suya para que tuviéramos todo aquello que nos hiciera avanzar.

Cariñoso a la par que firme, un buen marido, apoyó su vida en su esposa a lo largo de todos sus años juntos. Un binomio indestructible. Comprometido con los demás a través de su acción sindical, política y humana. Siempre tuvo una gran inquietud por ser participe en los asuntos que hacen avanzar la sociedad, conseguir que la justicia y la equidad para los trabajadores fuera efectiva y real. Buscando y generando ayuda para aquellos que la necesitaran. En definitiva, una grandísima persona, un padre y marido excepcionales.

Tu mujer, Juana. Tus hijos Emilio, Remedios y Alberto. Tus nietos Cristian, Leandro, Sonia, Paula y Emma. Tus bisnietos Ian y Laia y todos tus familiares, allegados y amigos se despiden de ti agradecidos por haberte conocido, por haber podido compartirte, por haber podido quererte. Por dejar tu huella imborrable en nosotros para siempre… DEP.

Alfonso Salmerón, artesano del esparto

Manuel León
La Voz

Hay un hombre con bigote mexicano y mofletes brillantes de sol al que toda la ciudad conoce, pero al que nadie parece hacer demasiado caso. Se sienta todos los días debajo del ficus centenario del Paseo junto al quiosco de Toñi y allí labora con su aguja haciendo pleita de esparto. A veces le falta el aire  y se baja la mascarilla como si fuera una celada medieval, mientras su índice y su pulgar van hilvanando los filamentos de la gramínea con ayuda de una aguja, trenzando la hoja de la planta ancestral para que en unas horas se convierta en una cesta o en un canasto que se cotizará a 20 euros en ese mercado de la calle, entre Rueda López y Lachambre.

El artista responde al nombre de Alfonso Salmerón y es, a su manera, como aquel Miguel Angel que veía a Moisés en un bloque de mármol de Carrara. Él, por su parte, ve cosas más mundanas en esas gabillas que recolecta casi a diario en los montes de Enix: un sombrerito, un botijo de adorno, una panera o un cactus para la repisa.  Se siente protegido, como un Tarzán urbano por la sombra de ese árbol lujurioso cuya fronda cruza la vía principal de Almería. A su lado duerme una petaca con tabaco de liar y una bolsa de rosquillas de Alhama para el picoteo de la mañana. Nunca sabe cuánto tiempo aguantará allí, antes de regresar en autobús con sus bártulos a La Gangosa.

Su vida es el esparto, desde hace casi veinte años, desde que se quedó parado y dejó otros oficios como el de camarero en el bar Ortega

Su vida -la de este payo moreno con colgante para el mal fario- es el esparto, desde hace casi veinte años, desde que se quedó parado y dejó otros oficios como el de camarero en el bar Ortega, el de trabajar a jornal sembrando melones o el de vendedor de seguros. Ahora lo suyo es embridar la pleita, trenzar la fina maroma, hacer lo que hacían los almerienses de hace cien y doscientos años. Porque Alfonso es un hombre antiguo, a pesar de no llegar aún a los 60. Nació en un cortijo de La Chanca rodeado de esparto que  utilizaba como mondadientes después de un plato de arroz con choto. Uno de sus antepasado fue el ‘Chulo del Barranco Caballar’, Antonio Salmerón, uno de los tipos más postineros de la redonda que contaba los mejores chistes de Almería y que cantaba soleares.

“El esparto nunca se queja, por eso me gusta” -dice Alfonso, que hace de todo con esa fibra natural: desde canastas para setas y castañas, caballicos o perros rintintín, joyeros para el oro molío o bragas y esparteñas de las de antes. Desde pequeño anduvo por los montes y siempre se fijó en los ancianos como el tío Angel de las Losas cómo trabajaban el trenzado. Y ahora que convive con tanta gente a diario le ha salido , además de callos en las manos, un poco la vena de filósofo presocrático: “El esparto es Almería y Almería es el esparto”. 

Y no le falta razón a Alfonso, que en otras épocas se ponía en el Paseo Marítimo del Zapillo o en la Rambla, frente a la cafetería Colombia. -“¿Caballero le puedo echar un vistazo al género?” -”Sí hombre, está en su casa”.

No le falta razón a Alfonso, porque no hay nada tan genuinamente almeriense -ni el cañillo,  ni la Dulce Alianza, ni Membrives- como el esparto. Desde el siglo XVIII hay constancia de que en esta tierra se le sacaba partido a esta planta cuyo nombre científico es tenaccisima. Y hubo un tiempo en el que la Plaza Vieja se llenaba de vendedores de cestas y aguaderas. Eran matronas tocadas con rempujas que se sentaban sobre faldas enormes en los soportales que hoy ocupa por ejemplo La Tahona que aparecen retratadas en algunas fotos de Ortiz Echagüe. 

Cuando no existía Manolo Abad, todos los Muebles Mago de la casa eran de esparto, los viejos utensilios, el menaje de la cocina, la escoba, la soga, la cuerda para atar el gallinero. Almería debería haberle dedicado una calle al esparto o una estatua a la atocha, porque junto al metal de las minas y a la uva, y ahora el invernadero, es lo que más la define, la que más la ha definido.

Carmen de Burgos tiene un libro costumbrista -El último contrabandista- en el que habla de toda esa labor tan ancestral y de cuando la  Gran Guerra Mundial hundió en la miseria a los esparteros.

Carmen de Burgos tiene un libro costumbrista -El último contrabandista- en el que habla de toda esa labor tan ancestral y de cuando la  Gran Guerra Mundial hundió en la miseria a los esparteros.  Arrancando matas en Orán fueron pasados a cuchillo por una razzia kabileña en 1881 más de un centenar de jornaleros almerienses. El esparto es parte de la sangre de los almerienses, de la salud de los almerienses, que enfermaban de los ojos por ese polvillo picante  que cegaba a los obreros y que agrietaba los labios de las mujeres que lo majaban.

El Barrio Alto fue el distrito espartero por excelencia en la ciudad. Allí estaba el almacén de Enrique Rull y allí se apreciaba a distancia ese olor tónico que desprendían las hebras doradas, como la fábrica de La Celulosa muchos años después. Hombres y mujeres lo arrancaban a partir de la primavera por un mísero jornal y después pasaba a los almacenes de la ciudad donde se limpiaba y se empacaba para salir en goletas o bergantines rumbo a Gran Bretaña para la industria del papel.

En el siglo XIX, los almerienses rurales hacían guita para cuerdas, espuertas, asientos de sillas o aparejos, como ahora se monta en moto. Cuando vino a la ciudad Isabel II, se tomó una limonada bajo un kiosco de esparto en el Puerto. Almería fue siempre su mayor recolectora: en 1900 había en la provincia 200.000 hectáreas en cultivo, la mitad de todo el espartizal español.

El esparto se convirtió en toda una industria, se cocía y se majaba y medraron grandes exportadores como McMurray -en el actual Celia Viñas- Mr Hall, en el Barrio de Los Grillos, los tinglados de Spencer y Roda en el Puerto desde los años 50 del XIX,  Barrón, Ramón Orozco, Peregrín, Luis Figueroa y Simón Fuentes ‘el Rey del Esparto’ en Carboneras y Garrucha. Todo se hacía entonces con esparto, desde un juguete a una jaula para pájaros. A la vuelta de los años hay un hombre bajo un ficus que lo sigue haciendo, aunque nadie le haga puñetero caso. 

Ivanildo Fernandes, nuevo central del Almería

Carlos Miralles
La Voz

Ivanildo Fernandes ya viste de rojiblanco. El central vivió su primer entrenamiento con la UD Almería este viernes, día de Nochevieja, en el Estadio Mediterráneo. Se ha convertido así en nuevo fichaje rojiblanco para lo que resta de temporada. De 24 años de edad y 1,94 de altura, llega en calidad de cedido por el Sporting de Portugal, aunque con una opción de compra por parte de la entidad almeriense. Se ejercitó al margen del grupo.

Ivanildo Jorge Mendes Fernandes nació el 26 de marzo de 1996 en la localidad lusitana de Amadora, y a nivel futbolístico su trayectoria ha transcurrido en el Sporting de Portugal, pasando por diferentes equipos de formación de este club. Ha jugado en calidad de cedido en el Moreirense, de la máxima categoría de Portugal, así como en el Trabzonsport y Rizesport, ambos de la Liga de Turquía.

"El nuevo jugador de la UD Almería es un central zurdo que también puede actuar en la derecha y se caracteriza por poderío físico, velocidad, juego aéreo y buena salida de balón", explica el club en el comunicado oficial.

José Gomes lo conoce bien y ha argumentado que llega para potenciar el sistema defensivo del equipo, teniendo en cuenta en este sentido las convocatorias internacionales de Maras y Jorge Cuenca. Este último tendrá que disputar el campeonato de Europa sub-21 en marzo.

Jesús Miranda Hita toma hoy posesión de su cargo de inspector de la ONU

Iván Gómez
Redactor-Jefe de Diario de Almería

El economista almeriense Jesús Miranda Hita, que en los últimos años ha venido ejerciendo plaza de subdirector general-inspector de servicios en el Ministerio de Hacienda y Función Pública es el primer español que se integra desde hoy, 1 de enero de 2021, en la Dependencia Común de la Inspección (DCI) de las Naciones Unidas (ONU), que es el único organismo de supervisión externa independiente encargado de realizar las comprobaciones del funcionamiento del sistema tanto de los recursos humanos como de los financieros y la gobernanza de las secretarías de agencias y otras organizaciones internacionales.

Jesús Miranda Hita (Diario de Almería)

El organismo internacional tiene una estructura de una decena de inspectores divididos por grupos regionales y en el que se integra España, junto a una treintena de países de Europa Occidental, así como Canadá, Nueva Zelanda e Israel, cuenta con tres de los que dos causan baja. En la reunión de la Asamblea General de la ONU que se celebró a finales de noviembre de 2019 se aprobó la incorporación del que era candidato español y de un alemán en ese grupo territorial, así como otro de Moldavia para Europa del Este y el de Eritrea para el área africana.

Los cuatro inspectores asumen hoy su nuevo cargo durante un periodo de cinco años. Miranda Hita valoraba con orgullo a este periódico la designación para la vigilancia del sistema de Naciones Unidas “por su extraordinaria trascendencia para mí desde el punto de vista profesional, pero también para nuestro país que ha conseguido un representante por primera vez en 50 años de dependencia común de la inspección”. Así lo entendió la representación diplomática en la ONU y el Ministerio de Asuntos Exteriores que respaldaron unánimemente la candidatura del almeriense para hacer posible que pueda ser el primer inspector español en el único órgano externo de Naciones Unidas.

En verano de 2019 ya había quedado patente en la presentación de la candidatura de Miranda Hita en una de las salas de la Misión Permanente de España ante la ONU en Nueva York con la que se implicó la diplomacia de nuestro país y representantes de otros 77 estados. El Gobierno ha empujado para que Miranda Hita cubra una de la vacantes de la DCI a través del Ministerio de Asuntos Exteriores, departamento que ha contado con el almeriense en los últimos años como responsable de formación y asesor, además de su colaboración con la Corte Penal Internacional. El primer paso del que fuera subsecretario de Estado de Fomento se remonta al mes de noviembre de 2018 y el 29 de mayo del ejercicio siguiente, coincidiendo con el Día Internacional de los Cascos Azules, se presentó oficialmente la candidatura ante más de 70 diplomáticos.

Jesús Miranda Hita, que es licenciado en Ciencias Económicas por la Universidad de Málaga, se ha convertido en uno de los almeriense de mayor proyección en gestión y dirección pública, con más de tres décadas de experiencia, entre los que destaca su etapa al frente de la Subsecretaría de Fomento en la que fue uno de los cargos públicos que más contribuyó al desbloqueo del AVE a Murcia. Tiene una dilatada trayectoria como inspector de los Servicios Económicos del Estado, con máster en Tributación y diplomatura en Altos Estudios de la Defensa Nacional.

Fue director general del Catastro y delegado de Economía y Hacienda en Granada, así como director de Asuntos Económicos de Defensa. Fue fundador y presidente de los Comités Permanentes del Catastro en la Unión Europea e Iberoamérica y vocal del Consejo para la Defensa del Contribuyente. Tiene mención honorífica del Ministerio de Economía, fue almeriense del año por la Diputación Provincial en 1998, distinción de honor del Ayuntamiento de Vera y Comendador de Número de la Orden del Mérito Civil, entre otros reconocimientos. Profesor de guitarra y amante de la música, formó parte del Trío Richoly y en septiembre de 2019 recibió la Medalla de Oro de la Cámara de Comercio de Almería por su contribución a las infraestructuras ferroviarias de la provincia.