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¿Dónde están las feministas?

Marian Lozano
@marian65x 

¿Dónde están las feministas? Como un mantra se repite una y otra vez esta pregunta a raíz del problema en Ceuta. Lo preguntan como si las feministas fueran un grupito de mujeres siempre en la calle, siempre protestando, siempre enfrentadas a alguien. Como si “las feministas” fuera una especie de club de mujeres cabreadas cuya única misión en su vida fuera acabar con los hombres blancos. 

ONU Mujeres

¿Y si le damos la vuelta a la pregunta: ¿dónde no están las feministas?

Porque hoy la mayoría de las mujeres se reconocen como feministas. Y están en sus trabajos, en las universidades, en los hospitales, en las empresas, en las administraciones públicas, en la política, en los sindicatos, en los comercios y en sus asociaciones. Cuidando a sus hijos y a sus mayores y desarrollándose profesionales y, por supuesto, en las calles cuando hay que estar. 

Mary Nash habla de la dimensión histórica y plural de los movimientos de mujeres. Las mujeres no han sido simples espectadoras de la historia. Ellas han sido agentes de transformación social y política. A través de sus movilizaciones, cuestiones que durante décadas permanecieron relegadas al ámbito privado acabaron incorporándose al debate público y a las políticas. Es decir, el movimiento feminista no solo ha beneficiado a las mujeres, sino al conjunto de la sociedad.

Porque las agresiones sexuales, el acoso, la desigualdad económica o la sobrecarga de los cuidados no son asuntos privados solo de las mujeres. Son problemas que afectan a la sociedad en su conjunto y que requieren respuestas de los gobiernos y de las instituciones. 

Por eso habría que decirles  a quienes preguntan dónde están las feministas cuando se habla de violencia machista que debían preguntar dónde estamos todos. 

Las feministas están, y desde hace décadas, incluso algunas desde hace siglos. Han denunciado el maltrato, han acompañado a víctimas y han exigido leyes. Y lo han hecho sin seleccionar a las víctimas en función de la nacionalidad de sus agresores. 

Porque la violencia de género y sexual no tiene que tener un trato diferente cuando el presunto agresor es extranjero, y más cuando procede de determinados países. Los datos del Ministerio del Interior muestran que en 2024 el 60,76 % de las personas detenidas o investigadas por delitos contra la libertad sexual eran de nacionalidad española y el 39,24 % extranjera. 

No hay que minimizar ningún delito cometido por un extranjero. Una agresión sexual tiene que  investigarse y castigarse independientemente del origen del agresor. La violencia sexual no tiene nacionalidad. Un violador puede ser español, marroquí, francés o de cualquier otro país. Y una víctima merece exactamente la misma protección en todos los casos. 

¿Por qué se hace solo esa llamada a las feministas cuando la violencia es cometida por extranjeros y se calla cuando el agresor es español? Si la preocupación es realmente la violencia contra las mujeres, debería serlo siempre. 

Igual que cuando se pregunta a las feministas dónde están ante la situación de las mujeres en Afganistán o en Irán. Por supuesto que el feminismo se pronuncia por la persecución y la vulneración de derechos de las mujeres en cualquier lugar del mundo. Y lo hace. Pero hay que recordar que en esos países existen mujeres que llevan años luchando por sus propios derechos. Mujeres feministas. 

Las mujeres afganas o iraníes no están esperando a que las feministas occidentales vayan a salvarlas y  que les explique qué es la libertad. La ONU Mujeres trabaja con organizaciones de mujeres afganas que continúan resistiendo y defendiendo sus derechos. 

¿Acaso  quienes preguntan dónde están las feministas pretenden  que las mujeres feministas del mundo formen un ejército y consigan en Afganistán lo que no consiguieron las grandes potencias internacionales? 

Y volviendo a Mary Nash, hay que entender a las mujeres como sujetos históricos y agentes de transformación, no como víctimas pasivas que esperan ser rescatadas.

Por eso, cuando alguien pregunta dónde están las feministas, la respuesta es: están en todas partes.

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