¿Dónde están las feministas? Como un mantra se repite una y otra vez esta pregunta a raíz del problema en Ceuta. Lo preguntan como si las feministas fueran un grupito de mujeres siempre en la calle, siempre protestando, siempre enfrentadas a alguien. Como si “las feministas” fuera una especie de club de mujeres cabreadas cuya única misión en su vida fuera acabar con los hombres blancos.
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| ONU Mujeres |
¿Y si le damos la vuelta a la pregunta: ¿dónde no están las feministas?
Porque hoy la mayoría de las mujeres se reconocen como feministas. Y están en sus trabajos, en las universidades, en los hospitales, en las empresas, en las administraciones públicas, en la política, en los sindicatos, en los comercios y en sus asociaciones. Cuidando a sus hijos y a sus mayores y desarrollándose profesionales y, por supuesto, en las calles cuando hay que estar.
Mary Nash habla de la
dimensión histórica y plural de los movimientos de mujeres. Las mujeres no han
sido simples espectadoras de la historia. Ellas han sido agentes de
transformación social y política. A través de sus movilizaciones, cuestiones
que durante décadas permanecieron relegadas al ámbito privado acabaron
incorporándose al debate público y a las políticas. Es decir, el movimiento
feminista no solo ha beneficiado a las mujeres, sino al conjunto de la
sociedad.
Porque las agresiones sexuales, el acoso, la desigualdad económica o la sobrecarga de los cuidados no son asuntos privados solo de las mujeres. Son problemas que afectan a la sociedad en su conjunto y que requieren respuestas de los gobiernos y de las instituciones.
Por eso habría que decirles a quienes preguntan dónde están las feministas cuando se habla de violencia machista que debían preguntar dónde estamos todos.
Las feministas están, y desde hace décadas, incluso algunas desde hace siglos. Han denunciado el maltrato, han acompañado a víctimas y han exigido leyes. Y lo han hecho sin seleccionar a las víctimas en función de la nacionalidad de sus agresores.
Porque la violencia de género y sexual no tiene que tener un trato diferente cuando el presunto agresor es extranjero, y más cuando procede de determinados países. Los datos del Ministerio del Interior muestran que en 2024 el 60,76 % de las personas detenidas o investigadas por delitos contra la libertad sexual eran de nacionalidad española y el 39,24 % extranjera.
No hay que minimizar ningún delito cometido por un extranjero. Una agresión sexual tiene que investigarse y castigarse independientemente del origen del agresor. La violencia sexual no tiene nacionalidad. Un violador puede ser español, marroquí, francés o de cualquier otro país. Y una víctima merece exactamente la misma protección en todos los casos.
¿Por qué se hace solo esa llamada a las feministas cuando la violencia es cometida por extranjeros y se calla cuando el agresor es español? Si la preocupación es realmente la violencia contra las mujeres, debería serlo siempre.
Igual que cuando se pregunta a las feministas dónde están ante la situación de las mujeres en Afganistán o en Irán. Por supuesto que el feminismo se pronuncia por la persecución y la vulneración de derechos de las mujeres en cualquier lugar del mundo. Y lo hace. Pero hay que recordar que en esos países existen mujeres que llevan años luchando por sus propios derechos. Mujeres feministas.
Las mujeres afganas o iraníes no están esperando a que las feministas occidentales vayan a salvarlas y que les explique qué es la libertad. La ONU Mujeres trabaja con organizaciones de mujeres afganas que continúan resistiendo y defendiendo sus derechos.
¿Acaso quienes preguntan dónde están las feministas pretenden que las mujeres feministas del mundo formen un ejército y consigan en Afganistán lo que no consiguieron las grandes potencias internacionales?
Y volviendo a Mary Nash, hay
que entender a las mujeres como sujetos históricos y agentes de transformación,
no como víctimas pasivas que esperan ser rescatadas.
Por eso, cuando alguien pregunta dónde están las feministas, la respuesta es: están en todas partes.


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