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La cara y la cruz de la moneda


Juan Carlos
Pérez Navas

⏩Han pasado algo más de quince días desde que el Congreso de los Diputados convalidara el decreto ley que ponía en marcha en España el Ingreso Mínimo Vital y pocos días después, el pasado viernes, casi 2.000 familias de Almería ya recibían el pago de este ingreso por parte de la Seguridad Social en lo que es ya una herramienta para luchar contra la pobreza estructural, que padecía este país y que se ha visto agravada por el Covid19, y una palanca para la inclusión social.


El Gobierno de Pedro Sánchez diseñó esta medida, que se ha gestionado con total diligencia y capacidad, para combatir las formas más extremas de pobreza, poniendo a los posibles beneficiarios en el centro y adaptándose a las distintas características de las situaciones familiares.

Mientras que esta iniciativa tan esperanzadora sucedía en miles de hogares de Andalucía, el Gobierno andaluz de PP y CS paralizaban y enterraban la renta mínima de inserción social que se había diseñado e instaurado en nuestra comunidad hace años gracias a la iniciativa de los anteriores gobiernos socialistas. Nunca se había visto visto tan clara la repercusión que en la sociedad tienen las decisiones que toma la izquierda y la derecha, que se parecen como la cara y la cruz de una moneda.
La renta mínima podría estar en este momento complementando y mejorando el Ingreso Mínimo Vital, dado que es un derecho reconocido en Andalucía en el Estatuto de Autonomía
La renta mínima podría estar en este momento complementando y mejorando el Ingreso Mínimo Vital, dado que es un derecho reconocido en Andalucía en el Estatuto de Autonomía del que se beneficiaban 15.000 familias que ahora se preguntan el por qué de esta decisión irracional y nefasta del Gobierno de Moreno Bonilla.

El presidente de la Junta de Andalucía encabeza un gobierno caótico. Día que pasa, día que Andalucía termina dando un paso atrás. Lo hemos visto con la puesta en marcha de un plan de empleo que cuenta con un presupuesto de 100 millones menos que los que se venían desarrollando por parte de los gobiernos socialistas desde 2014. Es absolutamente demencial que se tome una decisión de este tipo con una crisis económica y laboral tan grave como la que ha provocado el Covid-19.

Además, este plan, denominado AIRE, se queda corto para cubrir las necesidades de empleo de los municipios andaluces, porque da poco oxígeno a los pequeños municipios y ninguno a las medianas y grandes ciudades.  En el caso de los jóvenes, el recorte de este plan alcanza los 38 millones de euros, lo que provocará más precariedad y escasez de oportunidades en un colectivo que ya era vulnerable antes de la crisis y que ahora lo es más, por lo que necesitan estos fondos como apoyo. Moreno Bonilla también se delata dejando de gestionar con eficacia las tan anunciadas como ineficaces ayudas para autónomos ya que tan sólo van a ser capaces de gastar el 10% de la partida de 50 millones prevista para este colectivo.

Durante todo este tiempo, Moreno Bonilla ha sido incapaz de tener un plan para Andalucía y ha mostrado una ineptitud total a la hora de articular medidas efectivas ante tantos colectivos que lo demandan y que ven cómo el único oxigeno que reciben les viene desde más lejos, desde el Gobierno Central. Autónomos, jóvenes, trabajadores, pymes, parados y familias no hallan ni  el Gobierno andaluz ni en el presidente de la Junta un apoyo ni un sustento que, al contrario, sí han encontrado en el Ejecutivo de Pedro Sánchez a través del escudo social que ha tejido para empresas, trabajadores, autónomos y personas más vulnerables que hoy ya se benefician del Ingreso Mínimo Vital.

Conquistando derechos sociales


Adriana Valverde
Portavoz del PSOE en el Ayuntamiento de Almería

El pasado 29 de mayo el Consejo de Ministros aprobó el Ingreso Mínimo Vital, un nuevo derecho que va a beneficiar a aquellas personas que se encuentren en una situación de vulnerabilidad. La crisis sanitaria de la pandemia de la COVID19 ha agravado la situación económica de millones de hogares, que aún arrastran las consecuencias de la anterior crisis y que tienen serias dificultades para llegar a fin de mes. A las medidas sociales, laborales y económicas que ha ido desarrollando el Gobierno de España para paliar las consecuencias de esta pandemia, que afecta a todo el planeta, se le suma este nuevo derecho social que ha venido para quedarse.


Para centrarnos en Almería, en nuestra capital los hogares en situación de vulnerabilidad alcanzan unas cotas inadmisibles que debería preocupar y ocupar todo el tiempo del alcalde Ramón Fernández-Pacheco Monterreal. El último estudio de Zonas Desfavorecidas de Andalucía realizado por la Junta sitúa al 37% de los habitantes en barrios pobres. Es decir, 48.919 almerienses viven en barrios de exclusión social. Estas personas carecen, en la mayoría de los casos, de una red de protección. Es obligación de un Estado redistributivo como es el nuestro el de proporcionar esa seguridad a los hogares que les permita dignificar y mejorar su situación. El Ingreso Mínimo Vital no es caridad ni limosna, como se ha empeñado en señalar la ultraderecha; el Ingreso Mínimo es un derecho que dignifica y produce un efecto positivo que ayuda a la búsqueda activa de empleo.
Aunque es una medida estatal, el Ayuntamiento es la administración pública más cercana y debe garantizar que el Ingreso Mínimo llegue a todos los hogares almerienses que lo necesiten
Con 22.800 parados -de los que casi el 50% son mayores de 45 años y de larga duración- y el 37% de la población en barrios desfavorecidos, el papel del Ayuntamiento de Almería y del alcalde es clave. Aunque es una medida estatal, el Ayuntamiento es la administración pública más cercana y debe garantizar, porque puede, que el Ingreso Mínimo llegue a todos los hogares almerienses que lo necesiten mediante la información y la facilitación de los trámites. El alcalde no puede esperar ni un minuto para firmar un convenio de colaboración para que Ingreso Mínimo Vital sea un salvavidas para muchas familias almerienses que necesitan de esta renta mínima para ver dignificadas sus vidas. Es un nuevo derecho social que busca una salida a la situación de vulnerabilidad y exclusión en las que están inmersos demasiados hogares.

Bulos de destrucción masiva


Esperanza Pérez Felices
Alcaldesa de Níjar

⏩ Algunos y de manera intencionada están haciendo correr el bulo de que los ayuntamientos empiezan a gestionar supuestas ayudas sociales, la renta vital de la que se habla desde hace tiempo, y le ha contado a la población inmigrante sin techo, sin trabajo y sin nada a lo que acogerse, que esos subsidios se pueden recibir por el mero hecho de estar en el país. Obviamente estas cosas no se cuentan en cualquier lugar, sino en las comarcas que hay una especial presión de inmigración que, además, suele estar relacionada con grandes áreas de cultivo, como ocurre en la provincia de Almería.


Y por si alguien aún tiene dudas o se ha tragado el engaño por ingenuidad, ceguera o dejarse llevar lo podemos aclarar en dos palabras: Es mentira. Yo, por ejemplo, tengo uno de esos mensajes distribuidos en grupos de whatssap, que ya he puesto en conocimiento de las autoridades correspondientes, en el que no hay cara ni nombre de persona emisora tan sólo aparece una bandera de España con un lazo negro. Vamos lo que viene ser arrastrar la bandera en vez de llevarla a lo más alto.

Esta maniobra que para algunos puede ser entendida como una brillante estrategia con el fin de generar aglomeraciones en las puertas de los ayuntamientos, y llamar a la movilización general para evitar el supuesto saqueo del estado del bienestar, no es la primera que vemos, porque ya hemos pasado entre otras por las oleadas de peticiones de viviendas a los ayuntamientos promovidas desde elementos de la ultraderecha para luego difundir el bulo de que “están dando casas a los inmigrantes”.

Ahora bien, vamos por partes que el asunto tiene miga. Esas imágenes de aglomeraciones de inmigrantes en las puertas de los ayuntamientos pidiendo auxilio, no son obviamente nuestro mejor folleto de promoción de Almería como una zona de destino turístico para este verano, sobre todo si lo que se busca es un lugar tranquilo, ajeno a cualquier resto de lo queda de pandemia y cosas por el estilo.

Obviamente, después de un año en el que se han hecho correr mil bulos en el terreno agrícola sobre maltrato sistemático de los inmigrantes, semiesclavitud, chabolismo y todas esas cosas que hemos desmentido o puesto en sus justos términos a lo largo del año, nuestros competidores de los países del norte se tienen que estar poniendo las botas. Vamos que no les hace falta ni contratar estrategas porque ya tenemos suficientes insensatos por aquí que les hacen el trabajo sucio sin tener que gastar un euro.

Si a un alemán que sale de hacer la compra en un Lidl le pones el vídeo del camionero holandés que le grita a su presidente del gobierno aquello de “¡a los españoles ni un euro!”, le sumas las fotos o vídeos de las colas de inmigrantes que se difunden en el bulo y lo aderezas con las imágenes de señores en una manifestación con la bandera española al cuello, y aporreando una bandeja con una cuchara de plata, está claro que se pasan del tomate de España al cabrito del Benelux sin pensárselo dos veces. Vamos, lo que viene a ser el efecto de un bulo de destrucción masiva en el que la víctima no es un hombre de color en un pueblo de Almería, sino España como país y emisora de jóvenes emigrantes que buscan aprender idiomas, tener una primera experiencia laboral en una empresa que valore su carrera aún no contando con experiencia previa, y esas cosas que aquí no encuentran.

Y es ahí donde está el problema, en la falta de reflexión, en no pensar las cosas dos veces antes de creernos cualquier historia y, sobre todo, antes de difundirla. Mientras unos creen que están haciendo una gracia o luchando contra el Gobierno de cara a la galería, lo que realmente están haciendo es echarnos tierra encima, pero por toneladas.

Y luego, si quieren, otro día, hablamos de la variable del honor que hay en engañar a personas que no tienen nada, que no hablan tu idioma, que huyeron de sus países porque sencillamente tenían hambre y cruzaron desiertos endeudados hasta las cejas con mafias buscando no un subsidio, sino dignidad. Pero de eso ya hablamos en otro momento, cuando volvamos a disparar las alarmas porque hay que recoger cosechas y no encontramos mano de obra que quiera ese trabajo, en esas condiciones y a ese precio. Eso ya, lo hablamos otro día.