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Kiko Matamoros y Makoke se autoinculpan de sus trapicheos fiscales

Nuria Torrente
@opinionalmeria

Ayer, viernes 17 de abril de 2026, el plató de televisión se trasladó a la Audiencia Provincial de Madrid. Kiko Matamoros y Makoke, exmarido y exmujer, tertulianos acostumbrados a los focos y a los gritos, se sentaron juntos en el banquillo de los acusados. No era un debate de Sálvame ni un Deluxe. Era la Justicia real, con toga y sin público en las gradas. Y, contra todo pronóstico, el capítulo terminó con un mea culpa conjunto que nadie esperaba.

Makoke y Kiko Matamoros / Telecinco

Los antecedentes del caso no son nuevos, pero merecen recordarse con crudeza. Entre 2009 y 2014, cuando ambos vivían su particular dolce vita televisiva, acumularon una deuda con Hacienda que superaba el millón de euros. Para evitar los embargos, montaron —según la acusación— un entramado de ocultación de bienes. El plato fuerte: una mansión en Pozuelo de Alarcón que se puso a nombre de Makoke, aunque Kiko asegura que fue él quien la pagó íntegramente. También una cuenta bancaria y una hipoteca convenientemente colocadas bajo el paraguas de ella. 

La Fiscalía lo tuvo claro desde el principio: Kiko como autor principal, Makoke como cooperadora necesaria. Petición inicial: cinco años y seis meses de cárcel para él, cuatro años para ella, multas millonarias y la obligación de indemnizar al fisco con más de 600.000 euros entre ambos. El juicio se había suspendido en marzo por un informe pericial de última hora presentado por la defensa de Makoke.

Ayer se retomó. Y todo cambió en cuestión de minutos. Kiko entró declarando que “vengo a reconocer los hechos que evidentemente me afectan y lo que no he hecho correctamente”. Makoke, visiblemente nerviosa y emocionada hasta las lágrimas, admitió su papel. La confesión fue inmediata y estratégica. La fiscal aplicó las atenuantes de confesión y dilaciones indebidas y rebajó drásticamente las penas: dos años para Kiko y un año y nueve meses para ella. Como no superan los dos años y carecen de antecedentes penales relevantes, ninguno entrará en prisión. 

El abogado del Estado, que representa a Hacienda, se mostró más duro (pidió tres años y medio para Kiko), pero la Fiscalía y las defensas se adhirieron al acuerdo. El juicio quedó visto para sentencia. Y la indemnización conjunta a Hacienda sigue en pie, aunque Kiko insiste en que ya ha pagado “casi todo” lo principal.

¿Y el posible desenlace? Todo apunta a que la sentencia ratificará este pacto. No habrá cárcel, pero sí antecedentes penales y una deuda que saldar. Sin embargo, Kiko no se fue precisamente en son de paz. A la salida, con la sonrisa del que se quita un peso de encima, advirtió: “Ahora empieza una pelea por mis derechos”. Traducción: el capítulo penal se cierra, pero el civil acaba de abrirse. La mansión de Pozuelo, donde aún viven familiares de Makoke, vuelve a estar en el centro del tablero. La guerra entre los ex no ha terminado; solo ha cambiado de juzgado. 

Como columnista, no puedo evitar ver en este caso un espejo incómodo de nuestra época. Dos personajes que han vivido de contar intimidades ajenas y propias terminan desnudando sus miserias económicas ante un juez. Nadie está por encima de la ley, ni siquiera quienes han llenado horas de tele con sus broncas y reconciliaciones. La confesión de ayer es, a mi juicio, un acto de inteligencia pragmática: mejor dos años suspendidos y pagar que jugársela a la ruleta rusa de un juicio largo. Pero también revela la fragilidad de un imperio construido sobre deudas, ocultaciones y, sobre todo, un divorcio que nunca se cerró del todo.

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