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In memoriam: Julio Visconti, pintor

Tania Artajo
@opinionalmeria 

A la edad de 100 años ha fallecido el más importante de los acuarelistas almerienses, Julio Visconti Merino. Sobre él se han escrito multitud de artículos y reportajes. Hemos seleccionado la información que aparece en el libro Visconti, de María del Carmen Fernández de Capel Baños.

Julio Visconti (Foto: Diego Martínez, publicada en Diario de Almería)

Julio Visconti Merino ha sido y es una de esas personas con un sentido de observación especial y con la decisión de dar al mundo toda la belleza captada en su hacer: la acuarela. De ascendencia italiana, nace en Fiñana, provincia de Almería, el 20 de Junio de 1921. Siendo muy joven, la familia se instala en Almería donde estudia en el Colegio de La Salle y posteriormente en la Escuela de Artes y Oficios.

Su estancia durante el servicio militar en Marruecos va a tener gran importancia para su vida artística posterior. Le impresionó aquella tierra, no tanto por la luz, el venía del Mediterráneo, sino por la esencia del lugar: las callejuelas, las vestimentas, el misterio que encierra el pueblo, y al igual que Fortuny se entusiasmó por lo exótico, Julio diría posteriormente: “Estas tierras tienen una gran fuerza de atracción. Sus personajes y forma de vivir no han perdido todavía el aire de tribu”.

El traslado a Madrid en 1943 le abrió nuevos horizontes. Cursa estudios de Bellas Artes formándose en la escultura, en el taller de D. Ramón Mateu Montesinos y, a la vez, alterna su formación artística con el trabajo en una oficina bancaria. En principio, Visconti se centra en la escultura y el óleo, pero será en 1960, decisivo en su vida artística, cuando tiene su primer encuentro con la acuarela, convirtiéndose desde entonces en el centro de su obra. En este mismo año de 1960 ingresa en la Agrupación Española de Acuarelistas de Madrid como alumno, de la que posteriormente sería profesor. 

En 1962-63 realiza un viaje por Europa con la finalidad de ver y estudiar el arte en general y de un modo especial la acuarela. En Alemania realiza la decoración de la Casa de España en Stuttgart y alterna este trabajo con la preparación de exposiciones en Viena, Stuttgart, Bonn y Milán. A su regreso a Madrid, en 1964 se le concede una medalla en el salón de otoño y seguidamente recibe la medalla de Felipe Trigo del Ayuntamiento de Madrid, así como el Primer Premio de Pintores y Escultores de África, que en 1971 volvería a conseguir.

En los años 70, Julio Visconti era ya un acuarelista no solo conocido en España y Europa sino también consagrado por toda la crítica. Comprometido con el arte presenta sin interrupción sus obras en las galerías y salones de toda España, obteniendo significados triunfos. 

En esta década, la Dirección General del Sahara, dependiente del Consejo Superior de Investigaciones Científicas, le concede la medalla de África y la Dirección General de Correos emite una serie de sellos PRO-INFANCIA con valores de 2 y 7 pesetas, con reproducciones de motivos y paisajes de sus acuarelas. Y en el año de 1974 obtiene en Valladolid el premio nacional de acuarela.

Julio decide instalarse en su tierra Almería en el año 1982, emprendiendo otros proyectos personales, como la adquisición en Guadix de una casa-palacio del siglo XVI, que rehabilitó, amuebló y decoró con pinturas, antigüedades y objetos de época, convirtiéndola en un referente de respeto y mantenimiento del patrimonio de la ciudad.

En la década de los 80, Visconti recibe múltiples distinciones y reconocimientos: Indalo de Oro, Hijo Adoptivo y Predilecto de Guadix, Premio Jesús de Perceval (casa de Almería en Barcelona) la Uva de Oro (Casa de Almería en Madrid) Mejor Acuarelista del Año en 1997 por la revista Correo del Arte, Socio de Honor de la Agrupación de Acuarelistas de Madrid y, ya en 2004, Almería organiza y ofrece un merecido homenaje. También, Caja Granada promueve y celebra una retrospectiva de sus obras donde se pudo constatar el cariño y la admiración que el público en general y los aficionados al arte sienten por él. Más recientemente, en el año de 2013, la prensa de Almería le distinguió con el premio de almeriense del año, en el ámbito de la cultura; y en el año 2015, la asociación intersectorial de empresarios de la comarca de Guadix ha reconocido la labor social de Julio Visconti a favor de Guadix y su comarca.

En el ámbito docente, en los últimos años, la Universidad de Almería lo ha reclamado para impartir un taller de acuarela con motivo de los cursos de verano, pero también en Guadix, en la sede de la Fundación creada por él, durante los meses de verano, continúa ejerciendo la docencia con ilusión y de forma desinteresada. A juicio de sus alumnos, clases impartidas son un ejercicio de sencillez, destacando la g facilidad que tiene en el manejo de los colores y el agua. Cuando le preguntan, como le viene la inspiración él responde: “Mis obras surgen del encuentro con un lugar determinado donde capto la esencia del mismo”. A la pregunta de por qué siempre al lado del realismo, contesta: “Yo no siento el abstracto, considero que es una habilidad decorativa, aunque hay que respetar todas las tendencias, ya que la pintura no puede ser hermética. Para ser un buen pintor es necesario la enseñanza de la disciplina artística y al mismo tiempo pensar que la intuición está por encima de la excesiva intelectualización del arte”. 

Visconti es un estudioso del Greco, Velázquez, Goya y también un apasionado de los pintores del siglo XIX.

Como persona, Julio es un hombre de espíritu cultivado, de gran inteligencia, desposeído de toda soberbia tan lógica en los triunfadores. A pesar de definirse de carácter inquieto, es tranquilo en el diálogo y en su trato con los demás. Si en su vida artística no tiene cabida la falsedad, en la vida personal es consecuente con estas ideas, que obedecen a expresar sus opiniones sin violencia ni críticas destructivas. Nunca he oído un comentario de Julio que pudiera ofender a ninguna persona. Es un ser integro, la celebridad no ha alterado su vocación de hacer, ni le ha llevado a creerse una persona especial. Su carácter de pedagogo no solo lo demuestra en sus obras, todas ellas sumamente comunicables, sino también como docente, entregándose a la enseñanza por el placer de dar a los demás todo lo que lleva dentro. 

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