Edita: FIDIO (Foro Indalo de Debate, Ideas y Opinión) C. I. F.: G04253035

La proclamación de la II República en Almería

Juan Francisco Colomina
Investigador

Hoy, 14 de abril de 2021, se cumplen 90 años de la proclamación de la II República en España y Almería. Para entender qué pasó aquel día y cómo se desarrollaron los acontecimientos, debemos viajar dos días antes, al domingo 12 de abril. La mañana de aquel domingo amaneció soleada y con un ambiente de expectación entre la ciudadanía almeriense. Tocaba votar a los próximos concejales del Ayuntamiento en unas elecciones que se habían convertido en un auténtico plebiscito para la monarquía de Alfonso XIII.


Desde la llegada de la Restauración borbónica, el caciquismo había influido de manera decisiva en las confección de los poderes locales a través de las redes clientelares, fundamentalmente en el mundo rural. Un caciquismo que iba unido a la monarquía y a una oligarquía que asfixiaba el avance social, económico y político de España. Como señala el profesor Rodríguez Barreira, “la revolución republicana era un cambio político y, en su imaginario, cuanta menos oligarquía hubiera en los ayuntamientos, más real sería la democracia”.

Y en este contexto se celebraron las elecciones municipales en la ciudad y la provincia. En los ocho distritos en los que estaba dividida la capital, la jornada electoral se saldó sin apenas incidentes. La gran movilización obrera ya preveía un cambio importante en los sillas de la Plaza de la Constitución, como se confirmó al final de la jornada electoral: la coalición republicana-socialista, que había ido en acuerdo al proceso electoral, había sacado una mayoría aplastante frente a liberales, conservadores y monárquicos.

En Almería, la sede del Centro Republicano, sita en Reyes Católicos, bullía de impaciencia. Las noticias llegaban escasas y contradictorias. A las 17 horas un pequeño comité compuesto por Alfonso Triviño, Eugenio de Bustos y Francisco de Burgos Seguí visitan al gobernador civil, Claudio Contreras Valiñas, para que éste les permita realizar una manifestación por la calles de la ciudad. Valiñas accede siempre y cuando los republicanos les aseguren que pueden mantener el orden en las calles. Triviño se hace cargo de las responsabilidades y la marcha da comienzo desde la sede republicana.

Acompañados por la Banda Municipal, los cánticos de La Marsellesa y el Himno de Riego, y banderas tricolores y obreras, la marcha ascendió por el Paseo del Príncipe hasta la Plaza San Sebastián. Prosigue la marcha, que en parte se disolvió llegado a este punto, por la calle Granada, la Plaza de Toros y la calle Restoy para descender por Regocijos hasta volver a la recién bautizada Avenida de la República. La manifestación se disolvió, los cafés cerraron y los responsables políticos esperaban en sus sedes los acontecimientos: aún no sabían si España seguía monárquica o ya era republicana.

Alrededor de las 10 de la noche, el gobernador civil avisa a los republicanos, que raudos marchan hasta la sede gubernamental. Allí, Contreras Valiñas les informa que el rey Alfonso  XIII ha abandonado el país y que tiene orden de traspasar el poder al presidente de la Audiencia. Las noticias empezaron a correr como la pólvora y se izaron banderas republicanas en algunos edificios oficiales, como en el de Correos y Telégrafos. El Gobernador dio la buena nueva a los expectantes vecinos que se congregaban en la puerta: a las 23.10 horas del 14 de abril Almería proclamaba la llegada de la II República.

Mientras, en algunos pueblos de la provincia se celebraba en las calles el triunfo republicano. Cuenta la leyenda que Alhama, la cuna de Nicolás Salmerón, fue el primer pueblo en celebrar la llegada de la República. Un maravilloso círculo que unía los dos periodos republicanos.

El 15 de abril Miguel Granados Ruiz, del Partido Republicano Radical Socialista, es elegido alcalde y forma el primer equipo de gobierno republicano con Juan Company Jiménez, Guillermo García Alonso, Antonio Oliveros Ruiz, Eugenio de Bustos González, Cayetano Torres Mullor, Rogelio Pérez Burgos, Francisco del Pino Hernández y Uldarico del Olmo y Medina. El cambio había llegado.

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