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Pecunia non olet


Pablo Requena
Periodista

Esa máxima del ‘Spain is different’ está hoy más en boga que nunca. Quizá, lo más apropiado sería cambiarlo por algo así como “Spanish are differents”, más que nada, por aquello de no convertir en sujeto a un pedazo de tierra determinado, y sí a las gentes que moran en ella. Pero, ciertamente, me llama poderosamente la atención el cinismo, la ingratitud y la nula coherencia de más de un españolito, incluyendo al vicepresidente Iglesias, también conocido como el marqués de Galapagar, cuando se refiere a la maldita pandemia que nos asola, y en concreto, a las generosas y variopintas donaciones que estamos recibiendo estos días ante la alarmante escasez de mascarillas, trajes de protección, respiradores clínicos, etc. que padece el sistema sanitario español, desbordado por la pandemia.


No quiero entrar en el absurdo que supone que todo un vicepresidente, con la que está cayendo estos aciagos días (mientras escribo estas líneas, se confirman 1.326 muertos y unos 20.000 contagiados en España, eso según cifras oficiales, porque la realidad pinta mucho más negra) haga un colosal ejercicio de bipolaridad, llamando primero a la unidad, para acto seguido animar a caceroladas políticas contra el Jefe del mismo Estado al que representa. El solito se retrata como lo que es; un pedazo de mierda seca que trata de sacar tajada en plena pandemia de covid-19.

Sí quiero entrar, y de hecho es el motivo que me anima a escribir este texto, en lo que mencionaba al principio de las donaciones de material sanitario que estamos observando estos días, y ante las que se reacciona de manera muy distinta, según quién sea el donante de turno. Por ejemplo, China ha donado medio millón de mascarillas a España. Chapó por ellos. Pero  seguro que habrá quien se vea tentado a rechazar esa donación, argumentando, como el marqués de Galapagar argumentó en su día, que España “no es una república bananera que dependa” de la caridad de nadie, o quizá poniendo sobre la mesa el hecho de que China es una dictadura, donde no hay elecciones, sólo existe un partido político (Partido Comunista), régimen asesino y opresor basado en el mayor genocida de todos los tiempos, Mao Zedong, graciosa criaturilla con unos 78 millones de muertos a sus espaldas, cifras que no superan ni Hitler ni Stalin juntos. No, señores. No toca esto, sino agradecer ese medio millón de mascarillas donadas, amén de equipos médicos chinos que ya están en España trabajando por paliar los efectos del covid-19 en nuestro país. Y de hecho, no he visto a nadie hacer una crítica en este sentido, más bien al contrario; aplauso unánime, como debe de ser..
Turki Al-Sheikh, dueño de la Unión Deportiva Almería, ha anunciado una donación de medio millón de euros para la ciudad almeriense en su lucha contra esta cruel pandemia
Como escribo desde mi confinamiento en Almería, aprovecho para recordar que Turki Al-Sheikh, dueño de la Unión Deportiva Almería, además de ministro y mano derecha del rey de Arabia Saudí, también ha anunciado una donación de medio millón de euros para la ciudad almeriense en su lucha contra esta cruel pandemia. Y, nuevamente, aplauso unánime. Como debe ser. A nadie se le ocurrirá salir con el rancio discurso de la “dignidad” de un país que no requiere ayuda de uno de los regímenes más opresores y antidemocráticos del planeta, donde la mujer no vale nada, donde se asesina a periodistas críticos con la aquiescencia del rey saudí, etc. Que no, joder, que no toca eso ahora; toca agradecer y aplaudir el gesto hasta que nos duelan las palmas de las manos.

Pero todo cambia radicalmente (qué adverbio tan premonitorio) si el donante no es un régimen dictatorial manchado de sangre, sino la principal empresa española, es decir, la Inditex de Amancio Ortega, ese hombre que empezó limpiando zapatos hasta levantar una de las empresas más solventes de la Tierra. Porque, si es Amancio Ortega el donante, buena parte de los seguidores del marqués de Galapagar (y de la señora marquesa) comenzarán a convulsionar, a echar espuma por cada uno de sus orificios corporales, en un exagerado ejercicio de cinismo e ingratitud a raudales, y te saldrán con soflamas panfletarias del tipo “Amancio explotador”, “Amancio no tributa”, o lo más sangrante, esa de “España no necesita la caridad de nadie”. De vergüenza ajena, oiga.

Yo ya me despido, no sin antes subrayar que, con la que nos viene encima, toda ayuda es poca, y que de bien nacidos es ser agradecidos. Y por último, me gustaría proponer a alguno de los muchos ricos de izquierdas (créanme, los pijoprogres abundan en este nuestro país, llámense Bardem, Ferreras, Wyoming, Roures, etc.) a que se animen a donar parte de sus inmensas fortunas para combatir al maldito coronavirus. Aunque esto sea, me consta, algo así como clamar en el desierto.

La solapa de Iglesias


Moisés S. Palmero Aranda
Educador ambiental y escritor

⏩ Cuando pase el tiempo y la historia pueda ser explicada en los colegios sabremos si este nuevo Gobierno de coalición ha sido para bien o para mal. Ahora solo nos quedan los exabruptos, las faltas de respeto, las acusaciones, los recuerdos del pasado, las lagrimas de unos, las llamadas al ejército de otros, las presiones para cambiar el voto, las promesas a cambio del poder... Discursos, frases, gestos, miradas que irán diluyéndose en el olvido, o cobrando  protagonismo, a medida que se vayan desarrollando los acontecimientos. Pero de entre todos esos pequeños, invisibles e insignificantes detalles me quedo con un pin que Pablo Iglesias lució en la solapa el pasado martes.


Representa los 17 Objetivos de desarrollo sostenible recogidos en la Agenda 2030, que la Asamblea General de las Naciones Unidas aprobó por unanimidad en el 2015 y que, a través de 169 metas muy concretas, son la hoja de ruta, el plan establecido en favor de las personas, el planeta y la prosperidad. Para mi ese pin significa la última bandera que nos queda, la que tendríamos que enarbolar todos, la que es capaz de reconducir nuestra civilización, de dirigir nuestros esfuerzos. La bandera de la esperanza.

Soy consciente que este plan puede ser uno más de tantos otros que se han firmado y no se han cumplido. El último ejemplo lo hemos tenido en la última, y decepcionante, Cumbre de la Tierra realizada en Madrid el mes pasado, y que esta Agenda 2030 es la prolongación de los Objetivos de Desarrollo del Milenio que marcaban el mismo camino que no se fue capaz de transitar, pero no me negarán que un documento que dice en su preámbulo “Estamos resueltos a liberar a la humanidad de la tiranía de la pobreza y las privaciones, y a sanar y proteger nuestro planeta” no es esperanzador.
Cada uno de nosotros puede tener unos ideales, una manera de hacer las cosas, de afrontar el futuro, de analizar el pasado, pero no puedo creer que mirando a nuestro alrededor no seamos capaces de ver el mundo injusto que hemos construido
Cada uno de nosotros puede tener unos ideales, una manera de hacer las cosas, de afrontar el futuro, de analizar el pasado, pero no puedo creer que mirando a nuestro alrededor no seamos capaces de ver el mundo injusto que hemos construido. Una sociedad que nos empuja a la competición, al querer más por encima de cualquier cosa, que premia al que más acumula sin analizar como lo consiguió. Un modelo que aniquila los derechos humanos, que nos esclaviza, que nos enfrenta a unos contra otros, que esquilma los recursos naturales, que destruye el planeta que nos sustenta. Un sistema que coarta nuestra libertad, nuestro derecho a decidir, a defendernos, a hablar, a trabajar, a tener un hogar digno.

Por eso me gustó ver ese pin en el dividido, enfrentado y tenso Congreso de los Diputados, en el día que marcará la historia de nuestro país, no sé si para bien o para mal. Me gustó reconocerlo porque es una declaración de intenciones, un camino marcado en la tormenta, un plan de trabajo para acabar con las desigualdades sociales, económicas y ambientales que nos han llevado hasta un punto del que muchos creen no hay retorno.

Ese pequeño círculo de colores representa la ilusión de acabar con la pobreza, de que haya cero hambre en el mundo, que se vele por nuestra salud y bienestar, que se luche por una educación de calidad, por la igualdad de género, por un trabajo decente que favorezca un crecimiento económico sostenible invirtiendo en industria, innovación e infraestructuras y garantizando un medio ambiente saludable que apueste por las energías asequibles y no contaminantes. Ese pin habla de paz, justicia e instituciones solidas, de pasar a la acción por el clima, de transformar nuestro mundo.

Ahora toca trabajar para que todo eso se haga realidad y ahí el color azul marino, el que representa el número 17, es el fundamental para conseguirlo: Realizar alianzas para lograr los objetivos. Tiene que ser un esfuerzo colectivo donde las empresas, las administraciones y la sociedad civil remen todos en la misma dirección. Hoy no quiero pensar que el mercado, el capital, se negará a ello, hoy no quiero ser pesimista, porque si algo hemos aprendido en estos últimos años, si estoy hablando de ese pequeño trocito metálico de colores en la solapa de un Diputado electo, es que, aunque el camino sea duro y tortuoso, hay esperanzas para el cambio. Hoy quiero ser positivo, aunque sé que ya están construidas las trincheras y mucha gente dispuesta a ocuparlas.

El bipartidismo siempre gana


Moisés S.
Palmero Aranda

⏩El fútbol, y toda la parafernalia que lo envuelve, es para muchos algo ajeno  a la realidad. Un mundo aparte que se rige por sus propias normas, valores y principios, pero que, bajo mi punto de vista, es solo una muestra del tiempo que nos ha tocado transitar. En él podemos encontrar ejemplos para explicar lo que nos rodea. De los buenos y de los malos, aunque supongo que esto de las comparativas, similitudes y relaciones de ideas muchas veces son apreciaciones muy personales difíciles de entender para los demás.

Pedro Sánchez y Pablo Iglesias (Loa)

Tengo la sensación que tanto en el fútbol como en la política el bipartidismo siempre gana. Pedro Sánchez lo sabe, y por eso no quiere llegar a un acuerdo con Podemos. Está convencido que es el final de los morados, que si tenemos que a ir a votar perderán definitivamente la fuerza que los llevó a donde están.  Iglesias, por su parte, lo intuye, pero vino a hacer la revolución y aun sigue pensando que puede conseguirlo. Pero quien desperdicia tantas oportunidades al final lo termina pagando.

Pedro juega en los equipos grandes de la liga, por historia, por estructura, porque tienen claro que lo importante es el club y no las personas. Sánchez sabe que su tiempo es finito, que tras él habrá otros y su equipo seguirá sin él. Vive confiado porque sabe que detrás de él tiene a forofos que le seguirán votando hagan lo que hagan, aunque en los juzgados se demuestre que se llenaron los bolsillos con dinero de todos, aunque no cumplan lo prometido, aunque ya hayan dado ejemplo de su mala gestión. Siempre lo van apoyar, aunque meta el gol en fuera de juego. Sabe que el sistema les favorece porque ellos lo inventaron y se maneja con la prepotencia, con la soberbia de tener su vitrina llena de trofeos de otra época.

Pablo por su parte, juega en un equipo pequeño, aunque en las últimas temporadas, para él legislaturas, le haya plantado cara a los grandes. Mucho juego bonito, mucha táctica desde la banda, mucha gente del pueblo coreándolos, pero a la hora de la verdad fallan cuando tienen que meterla. Iglesias se cree imprescindible, el mejor. Piensa que puede ganar él solo los partidos y que sus compañeros podrían ser cualquiera que sepa manejar dignamente la pelota. Su club no tiene trofeos en la vitrina, solo algunas copas ganadas en las ferias populares. En realidad no tiene ni vitrina, solo una pared llena de títulos universitarios, que, por desgracia, está descubriendo que no sirven para nada, solo para adornar sus discursos, sus diatribas, sus diabluras por la banda, pero que son insuficientes para ganar de verdad.

Pablo empezó jugando en la calle, rodeado de sus amigos. Hicieron un equipo que atrajo la atención de la gente que se había cansado de que siempre ganasen los mismos. Alentados con sus gritos, con su apoyo, decidieron retar a los grandes. Querían que saliesen a jugar a pecho descubierto, un cara a cara, un tú a tú. Pero los de arriba, los que llevaban décadas ganando, marcando el ritmo, haciendo lo que les apetecía, no quisieron jugar si ellos no ponían las reglas. Y Pablo pensó que no podría perder, que su equipo y la gente de la calle lo hacían invencible, que podría asaltar los cielos, así que accedió a cambiar los campos de tierra para jugar en los de césped. Y nada más entrar al campo se  perdió.

Se perdió mientras intentaba aprenderse las nuevas normas, las que quería destruir, buscando el vestuario, eligiendo unas equipaciones que no desentonasen. Dentro de aquel majestuoso estadio,  que creía pondría a sus pies, lo domesticaron, lo alejaron de la gente de la calle, destruyeron su equipo. Su ego, su talento, lo hacen seguir adelante, pero ya está desarmado, ya no tiene la fuerza, el empuje que lo llevó hasta allí.

Lo cierto, y con eso me cubro las espaldas, es que en el mundo de fútbol hasta que el árbitro no pita el final puede pasar cualquier cosa, pero me da que Pedro dejará pasar el tiempo, haciendo ofertas en las que no cree para tener contentos a sus votantes, como le pasó al Barca con Neymar, que las hizo para contentar a su estrella. Pablo por su parte, escuchará, pero nada estará a su altura, porque no le vale con llegar a la final, él lo quiere ganar todo. Y se la jugará hasta llegar al límite, porque sabe que es ahora o nunca, porque su equipo sin él no tendrá opciones, porque aunque lucha para evitarlo, y a mí me duela en el alma, el bipartidismo siempre gana.

El viaje a ninguna parte de Pablo Iglesias


Pedro Manuel de la Cruz
Director de La Voz de Almería

➤➤➤ Al final sonó el disparo. No fue en un garito húmedo y fétido de Saigón, como en ‘El Cazador’, sino bajo la bóveda pintada por Carlos Luis de Rivera y frente al tapiz con el escudo de España y las esculturas en mármol de Carrara de Isabel y Fernando. Pedro Sánchez y Pablo Iglesias llevaban tiempo jugando a la ruleta rusa hasta que el percutor acabó disparando la bala que se alojaba en la recámara. No había que ser un visionario para prever que la partida acabaría mal. Los protagonistas son tan temerarios que dejaban poco espacio para la duda.

Pablo Iglesias (Loa)

Lo que nadie esperaba es que lo que desvelara el estruendo final fuese la insoportable levedad del líder que iba a asaltar los cielos y lo que se ha saltado ha sido su propia cabeza política. Proponer en el último segundo la concesión de las políticas activas de empleo a cambio de apoyar a Sánchez convierte a Iglesias, no en un pretendido y pretencioso estadista con aspiracion de mando en plaza, sino en un mago de verbena de barrio, tan malo, que, al intentar sacar una carta luminosa de la chistera, acaba sacando un wasapp que ni sabía lo que decía.
El mesías que había surgido desde las aguas del 15 M para salvar a la izquierda ha acabado pareciéndose a Tamarit, eso sí, con más pelo y menos alboroto en la coleta
El mesías que había surgido desde las aguas del 15 M para salvar a la izquierda ha acabado pareciéndose a Tamarit, eso sí, con más pelo y menos alboroto en la coleta. Con su petición (dicen que sugerida por Zapatero, otro ilustrado), Iglesias aparecía en medio del escenario como un ilusionista de tercera (¡a quien se le ocurre hacer depender su apoyo a un presidente en una desesperada subasta low cost!), pero, y lo que es peor, desnudaba la insoportable levedad de sus conocimientos sobre la estructura de un gobierno: pedía unas competencias que están transferidas a las comunidades autónomas.

Con la llegada de Zapatero, el PSOE comenzó a recorrer el camino de la levedad. Algunos decretos ley- como me dijo, con ironía, un secretario de Estado de aquel gobierno- se diseñaban en reservados de restaurantes por jóvenes que habían hecho de la política su única carrera y, por tanto, la única forma de cobrar una nómina a fin de mes. No eran malvados, como sostenía el sector de la derecha extrema que habitaba en el PP y la extrema derecha purpurada del clericalismo tridentino cuando tomaban las calles guiando a sus rebaños, eran simplemente tontos. Y ya se sabe: entre la maldad y la estupidez, siempre hay que optar por la primera, porque el malvado puede llegar a cansarse, pero el tonto no.

La ventaja y el acierto del PSOE es que, a la par de aquellos arribistas del zapaterismo y de estos ambiciosos del sanchismo, en la estructura del partido sobrevive una cultura política que hace que, aunque se acerquen peligrosamente al abismo, nunca se lancen al precipicio. Por eso llevan 140 años vertebrando con mayor o menor acierto España y, por eso, cuando el jueves Iglesias pidió la nada escrita en un wasap a cambio de una vicepresidencia y tres ministerios, el PSOE no cayó en la trampa.

Ahora se abre una nueva etapa. Desde el jueves Iglesias es un jugador tendido sobre la lona. No está muerto (en política nadie lo está; que se lo digan al Sánchez del comité federal del 2016), pero la bala de su negativa a investir por segunda vez a Sánchez le sitúa muy cerca del pudridero. No solo porque el PSOE no confiará ya en él (nunca lo hizo), sino porque quienes le acompañan en la aventura comenzarán, mas temprano que tarde, a abandonarle.

Los primeros en hacerlo serán los cofrades de la hermandad de las tertulias televisivas a los que tanto debe y tanto esperaban recibir del gobierno de coalición al que ellos y ellas, desde sus platós, tanto han luchado por construir.

Los segundos, los militantes de las confluencias que, como las Mareas, ya están mareados por tanto juego de tronos, o, como Izquierda Unida, que ha acabado cayendo en la cuenta de que no han llegado por primera vez al Gobierno desde la republica porque, quien podía hacerlo, nunca creyó en el poder de la unidad, sino en su iluminado cesarismo antisocialista. Los viejos rencores, ya se sabe, nunca nos abandonan.

Podemos (lo de Unidas Podemos es una marca, allí solo cuenta Iglesias y sus camaradas de adhesión inquebrantable) perdió el jueves la oportunidad de cogobernar la cuarta economía de la Unión Europea desde una vicepresidencia y tres ministerios. Dentro de apenas sesenta días sabremos cómo acabará la partida. En lo que no queda mucho espacio para la duda es de que, llegado ese momento, Podemos no podrá pedir al PSOE lo que el jueves tan infantilmente rechazó.

Pasarán los días y el fervorín emocional acabará dando paso al análisis sosegado y lleno de melancolía por lo que pudo haber sido y no fue. Y serán entonces, quizá, cuando en una noche de sueño interrumpido, alguien, en el desvelo inevitable de la frustración, acabe preguntándose por qué, pudiendo haber sido vicepresidenta, todavía sigue siendo una mujer de 32 años, con una licenciatura que nunca ejerció y con solo un año de cajera en una tienda de electrodomésticos en su haber laboral privado.

Claro que, contra esa nostalgia irremediable, siempre está el consuelo escrito en el capítulo primero, versículo primero, de la biblia del buen comunista: el partido nunca se equivoca, lo que se equivoca es la realidad.  Es la ventaja de llevar siglos caminando de victoria en victoria hasta la derrota final. Un camino que Alberto Garzón e IU no quieren continuar recorriendo y ya se lo han hecho saber a Iglesias y a los apóstoles que le acompañan en su, ya, viaje a ninguna parte.

Vox y Podemos en Almería, tan cerca y tan lejos


Pedro Manuel de la Cruz
Director de La Voz de Almería

➤ Podría parecer un juego caprichoso del azar, pero la aritmética ha provocado que Unidas Podemos y Vox, tan distintos, tan distantes, se encuentren cercados por el arma de destrucción masiva de la irrelevancia. La configuración de las futuras estructuras de poder en ayuntamientos, gobiernos autonómicos y gobierno central acabarán diseñando un dibujo en el que los dos extremos del arco parlamentario pueden quedar situados extramuros. Y fuera, ya se sabe, hace frío, mucho frío; sobre todo si hay que permanecer a la intemperie cuatro años. La reconquista y el asalto a los cielos no han superado la brevedad retórica de la consigna y han acabado sustituyendo la épica de la quimera por la seducción erótica del poder y el pragmatismo de la nómina a fin de mes. Iglesias ha bajado de la nube y Abascal se ha caído del caballo. Y, con ellos, la infantería con que cuentan en las provincias.

Santiago Abascal (Vox) y Pablo Iglesias (Podemos), en foto de Actual

El inicio del desencanto comenzó el 28 A en el rompeolas de todas las Españas que es Madrid con el descalabro del frente izquierdo y la frustración del flanco derecho. Pero la marejada fue en aumento y los efectos de la tempestad han acabado llegando a las playas políticas de Almería.
Ni en Almería, ni en El Ejido, ni en Roquetas ni en Adra, PP y Vox han ido más allá de un contacto protocolario en el que ambas partes han mostrado buenas intenciones
A pesar de que en el mediodía del viernes Teodoro García Egea e Iván Espinosa de los Monteros comunicaban haber alcanzado un principio de acuerdo entre PP y Vox para los futuros gobiernos municipales de Almería, Roquetas, Adra y El Ejido, la realidad, la verdad real, es que ninguno de los alcaldables del PP en esos municipios conocía en el momento en que se hacía pública esa declaración de los dos líderes nacionales en qué consistía ese acuerdo. Y lo desconocían porque, sencillamente, no existía. Porque ni en Almería, ni en El Ejido, ni en Roquetas ni en Adra, PP y Vox han ido más allá de un contacto protocolario en el que ambas partes han mostrado buenas intenciones; como lo han hecho, por otra parte, con Ciudadanos. García Egea ha pretendido dejar contento a Espinosa de los Monteros y, a lo peor, ha acabado por incomodar a los dirigentes que mejor resultado han obtenido para su partido, no solo en Andalucía, sino en toda España.

El PP almeriense está abierto a mantener una buena relación con Vox y con Ciudadanos (y hasta con el PSOE; uno de los motivos del éxito permanente del PP en Almería ha sido y es la centralidad y el pragmatismo de sus comportamientos y su vocación reiterada en alejarse de las extravagancias).

A lo que no está abierto Gabriel Amat, Ramón Fernandez Pacheco, Paco Góngora o Manuel Cortés es a un acuerdo global que les obligue a presidir gobiernos de coalición con un partido en el que gozan de gran influencia algunos de los que llevan años intentando sentar en el banquillo de los acusados a parte de sus dirigentes (aunque sin éxito; o peor, todo lo contrario, teniendo que pagar las costas) o que, en el arriesgadísimo tema de la inmigración, algunos de quienes lo lideran en Madrid o en el poniente defienden la estrategia de situar al campo almeriense como territorio privilegiado desde el que construir su relato más radical y populista.  

Los alcaldables del PP en esos municipios quieren alcanzar acuerdos con Vox y Ciudadanos, pero ninguno aceptará coaliciones impuestas desde escenarios alejados de la realidad provincial. Almería no puede ser moneda de cambio para contentar a nadie, aunque ese contento no vaya más allá de un párrafo apresurado escrito en el mediodía tardío de un viernes. 
Los concejales de Vox ocuparán en los futuros gobiernos municipales almerienses una posición estéticamente reconocible pero cercana a la irrelevancia
Los concejales de Vox ocuparán en los futuros gobiernos municipales almerienses una posición estéticamente reconocible pero cercana a la irrelevancia en la gestión del día a día en temas importantes. 

También es verdad que algunos de sus dirigentes locales no aspiran a situarse en la primera línea de la toma de decisiones municipales. La patria y la bandera son ideales supremos a los que consagrar todos los esfuerzos. La limpieza, el alumbrado, los servicios sociales, el urbanismo, en fin, todo aquello que hace mejor a las ciudades y más felices a quienes las viven son cuestiones mundanas de menor importancia a las que no hay que prestar mucha atención cuando lo importante es reconquistar para la patria el brillo imperial perdido hace quinientos años.

Viajando a la otra orilla del escenario político, pocos días después de la derrota, la coordinadora provincial de Izquierda Unida presentaba su dimisión. El frustrado acuerdo con Podemos en la capital les dejaba por primera vez en cuarenta años fuera del pleno, una circunstancia que acercaba aún más a la izquierda del PSOE al abismo de la irrelevancia. Los seguidores de Iglesias y Garzón han perdido (dilapidado mejor quizá) la capacidad de influencia que en otro tiempo tuvieron. La presencia de la izquierda extramuros del PSOE no irá más allá de lo testimonial en unos pocos municipios almerienses. 

Desde el éxito de 2015 en las generales con el sevillano elegido a dedo por Iglesias que no conocía Almeríahasta el fracaso del general en el 2016, también elegido a dedo por Iglesias (un comportamiento idéntico al de los Papas nombrando a los cardenales), el recorrido de Podemos, Izquierda Unida, Unidas Podemos y nuevamente Podemos ha estado marcado por un deterioro electoral imparable. Lo que Franco no consiguió en cuarenta años- acabar con el PCE- lo han logrado Garzón e Iglesias en cuatro caminando de victoria en victoria hasta la derrota final que muchos de quienes militan en sus filas ya perciben como irremediable. 

De aquellos concejales que en el 79 cogobernaron esta ciudad a la única representante con la que ahora cuentan han transitado un largo camino salpicado por mas desencanto que éxitos. Si un día fueron decisivos en algunos municipios hoy han quedado reducidos en Almería a los estrechos límites de poco más que un grupo de opinión al que ni el PSOE provincial presta ya atención.

El próximo sábado comienza una nueva etapa en el poder municipal almeriense marcada por la continuidad del bipartidismo imperfecto que llevan construyendo PP y PSOE desde el 79 y en el que los últimos en llegar no han tenido respaldo para disputar la plaza.
Vox es el refugio de la nostalgia de aquellos que, como el hidalgo venido a menos de “Bienvenido Mr. Marshal”, sueñan por las noches con una España imperial que fue y nunca será
Podemos fue la consecuencia organizada de la indignación del 15 M. Vox es el refugio de la nostalgia de aquellos que, como el hidalgo venido a menos de “Bienvenido Mr. Marshal”, sueñan por las noches con una España imperial que fue y nunca será. 

La vida va tan aprisa que algunos no son conscientes que el tiempo y la realidad de las cosas simples, que son las que, de verdad, hacen mejor la vida de los españoles les ha alcanzado. Podemos ha tardado cinco años en comenzar as recorrer el camino del ocaso. A Vox le han bastado solo cinco meses. La melancolía y la revolución tienen fecha de caducidad y eso hace que, estando tan lejos, Vox y Podemos estén tan cerca. 

Teresa Rodríguez gana el pulso a Pablo Iglesias


Emilio Ruiz

➤➤➤La segunda Asamblea Ciudadana de Podemos, celebrada en febrero de 2017, conocida como Vistalegre-II, se clausuró al grito de "Unidad, unidad, unidad". Ocho mil gargantas clamaban por poner fin  a una lucha cainita entre los dos sectores más importantes del partido, los encabezados por Pablo Iglesias e Íñigo Errejón. Ciertamente, pablistas y errejonistas firmaron la paz, pero se dejaron un cabo suelto: Podemos Andalucía, dominado por los Anticapitalistas. Teresa Rodríguez fue a aquel cónclave con el encargo de la asamblea regional de “alcanzar un Podemos andaluz con más autonomía política, financiera y organizativa”. Ni la escucharon. Es más, cuando se redactaron los estatutos los ‘anticapis’ observaron que el grado de centralismo de la organización sobrepasaba con creces lo acordado en Vistalegre. Para que no hubiera equívocos. La ejecutiva andaluza mostró su “indignación y malestar”, pero la cosa no fue a más.

Teresa Rodríguez y Pablo Iglesias (Foto: Confidencial Digital)

Teresa Rodríguez se vino de Vistalegre con el rabo entre las piernas, dicho sea de forma vulgar. Pero la gaditana tiene como lema de cabecera, desde que está en política, la máxima de Persio, de la que quiso apoderarse Cela, “Qui resistit, vincit”. Y desde aquel mismo día empezó a buscar fórmulas para llegar, por la vía de los hechos, al destino que Pablo Iglesias le negaba.  Sus aliados fueron Antonio Maíllo, coordinador de IU Andalucía, y unos cuantos andalucistas huérfanos de partido. El Partido Comunista de España dio el ok. Crearon ‘Adelante Andalucía’, algo que aún no se sabe si es una confluencia, un manifiesto, una organización, un movimiento o un partido político. Puede ser cualquiera de estas cosas, o cualquier otra, según avancen los acontecimientos. Para ver más o menos por dónde van los tiros hay que entretenerse en analizar las palabras de Enrique Santiago, secretario general del PCE: “Teresa Rodríguez y Antonio Maíllo están demostrando gran altura de miras al anteponer los intereses del pueblo andaluz a cualquier interés particular. El núcleo de la confluencia andaluza es Andalucía, no Podemos, ni IU”. Interprétense estas palabras como se desee.
Teresa Rodríguez se ha hecho con el primer puesto en las ocho provincias, además del segundo en siete –incluida Almería- y el tercero en seis. O sea, victoria por goleada
Viendo la bola de nieve que se les venía encima en las primarias para la Junta de Andalucía, Pablo Iglesias y Pablo Echenique han pretendido pararla creando la candidatura ‘Defender Podemos Andalucía’, avalada por un desfasado Cañamero y una voluntarista Isabel Franco. Los pablistas se han tenido que conformar con un solo voto de cada cuatro. Teresa Rodríguez se ha hecho con el primer puesto en las ocho provincias, además del segundo en siete –incluida Almería- y el tercero en seis. O sea, victoria por goleada.
Teresa Rodríguez tiene engrasados ya todos los engranajes. Incluso ha inscrito su propia Marea Andaluza en el registro estatal de partidos políticos. Pero ‘los pablos’ aún no han dicho la última palabra
Aún no se sabe cuándo convocará Susana Díaz las elecciones en Andalucía. Sean cuando fueren, Teresa Rodríguez tiene engrasados ya todos los engranajes. Incluso ha inscrito su propia Marea Andaluza en el registro estatal de partidos políticos. Pero ‘los pablos’ aún no han dicho la última palabra. Ellos, de estrategia, entienden, y lo menos que desean es oír aquella frase que la sultana Aixa dijo a su hijo Boabdil: “Llora como mujer lo que no supiste defender como hombre” (¡habrá frase más machista!). O sea, que hay partido.

Pablo Iglesias, ministro plenipotenciario


Joaquín Abad
Exdirector de La Crónica de Almería

➤➤➤Me da en la nariz que Pedro Sánchez ha conseguido con su “ministro plenipotenciario” Pablo Iglesias calmar a los de la República Catalana, porque eso es lo que se creen que es, un estado independiente, los seguidores de quien es conocido por su diminutivo Quim, llamado Joaquín Torra. Porque visto lo visto, el líder morado viaja a la capital de la república con aires de autoridad para allanarle el camino a esa entrevista que el presidente del Gobierno de España mantendrá con su homónimo catalán el próximo 9 de julio en la sede de Presidencia, en la Moncloa.

Quim Torra y Pablo Iglesias (Foto: Diari Més)

Y es que el Gobierno de Sánchez le está facilitando al podemita su carácter de autoridad. Es el propio ministro del Interior, Grande Marlasca, quien ordena a Instituciones Penitenciarias que le abran las puertas en Alcalá Meco y en Estremera para que el enviado del presidente del Gobierno se entreviste con los presos políticos catalanes. Que, por cierto, siguen encerrados por empeño del cabezota juez del Supremo Pablo Llarena, que como todo el mundo sabe en Cataluña, lo hace de forma ilegal porque a unos políticos como Junqueras, Turull, Rull, etc., tan responsables, tan modositos, debían poder pasear libremente por las Ramblas. Si, esas Ramblas llenas de lacitos amarillos, en lugar de pudrirse a pan y agua en una cárcel española, que no catalana.

Pedro y Pablo están encantados. Pedro no puede hacer lo que Pablo porque se le revelarían sus votantes y quien sabe si alguno de su comité ejecutivo. Algún barón. El trabajo sucio, eso de ir negociando bajo manta lo que Pedro está dispuesto a ceder a la República Catalana, con la excusa de “normalizar” unas relaciones rotas tras el golpe de estado en octubre del pasado año. Mientras Pedro viaja a Europa, en el avión oficial de la Fuerza Aérea Española, Pablo recorre España en el Audi pseudo oficial para hablar con Torra, con Junqueras, con Trull. “Tranquilos, que todo se va a arreglar. Las competencias de justicia serán traspasadas y un tribunal catalán, que no el Supremo, será quien tenga la última palabra, palabrita del niño Jesús, sobre si hubo golpe o mandato del Parlament”.

El 9 de julio, el presidente de la República será recibido en la escalinata de la Moncloa por un Pedro, como cuando saludó a Peroshenko, presidente de Ucrania. Pasarán a la salita de sillones de piel blanca para hacerse las fotos, con caritas sonrientes, y luego, fuera de periodistas, fuera de micrófonos -excepto los que tenga ocultos el CNI- hablarán cara a cara. De lo que de verdad está dispuesto a ceder Pedro. De lo que Torra quiere ya, para que sus bases, sus radicales, no le llamen traidor como cuando Puigdemond estuvo a punto de convocar elecciones en vez de declarar constituida la República el 27 de octubre del pasado año.

Después del chalé


Joaquín Abad
Exdirector de La Crónica de Almería

➤➤De todo hay un antes y un después. De todo. Y tras el paso al club de la casta por parte de la pareja Pablo Iglesias y su manceba, con chalé frente a Torrelodones, piscina de diseño, casita para invitados y demás exquisiteces propias de ricos, no de trabajadores, se desmorona el partido político que prometió el cielo y ha resultado ser como todos. Y si no ha acariciado la corrupción, aún, es porque no ha gobernado ocho años seguidos.

El chalé adquirido por Pablo Iglesias e Irene Montero (Foto: La Voz de Galicia)

Ha quedado claro que los jóvenes que no han pisado una empresa privada, sólo con dinero político, pueden formar parte de ese minoritario uno por ciento de la población que vive en lujosos chalés en lugar de pisos donde se comparte garaje, ascensor, escaleras con una veintena de molestos vecinos. Pablo y su manceba no tendrán que cruzarle todas las mañanas con la vecina cotilla, si no el portero, si lo hubiera, que sentado observa el trasero de las inquilinas. No, Pablo y su manceba entrarán y saldrán de su vivienda apretando el botón del mando a distancia que abre el portón electrificado, conducirán el todo terreno blanco inmaculado, hasta el garaje y saldrán directamente a su salón con suelo radiante, mientras en los barrios los obreros que les votan se apañan con la estufa de butano.
Lo primero que hace el político cuando pisa moqueta es comprarse coche nuevo, casa nueva y compañera nueva. Generalmente una secretaria diez años más joven que la manceba anterior
Treinta años de hipoteca no lo aguanta ninguna manceba del siglo pasado. Así que de este, menos. Torrelodones, La Navata, Galapagar, está plagado de chalés que se venden porque la pareja dueña se ha separado. Tras cinco años de gozo han decidido que cada uno por su lado. No deseo que la manceba abandone a su Pablo pero me temo que la historia de nuestros políticos, salvo pocas excepciones, está plagada de separaciones conyugales. Lo primero que hace el político cuando pisa moqueta es comprarse coche nuevo, casa nueva y compañera nueva. Generalmente una secretaria diez años más joven que la manceba anterior. O la esposa anterior.
Me temo que Podemos, una vez que a su fundador se le ha visto el plumero pasándose al club de la casta, le queden dos pelados
Me temo que Podemos, una vez que a su fundador se le ha visto el plumero pasándose al club de la casta, le queden dos pelados. Y la pareja de Pablo y su manceba encontrarán acomodo, seguro, en las filas del partido de Pedro Sánchez, que seguro fagocitará a todos esos votantes que le habían abandonado porque se creyeron que los cánticos de Pablo y su manceba eran sinceros, que luchaban por la clase obrera, y vivían como la clase obrera. Y mantendrán el sueldo de parlamentarios para pagar la hipoteca. Tranquilos, que la clase política no es la clase obrera. ¿Verdad?

El sainete de Podemos

Miguel Ángel Vázquez
Periodista / Consejero de Cultura

Sin encomendarse a sus compañeros catalanes, los comunes, Pablo Iglesias anunció ayer por sorpresa la decisión de Unidos Podemos de impugar ante el Tribunal Constitucional la aplicación del artículo 155 en Cataluña. Como en un corral de comedias, entró en escena un Xavier Domènech despavorido por una proclama que rompe su campaña de la equidistancia en las elecciones del 21 de diciembre. Todo un sainete a apenas tres semanas de los comicios. Lo que no podían hacer los independentistas por falta de diputados en el Congreso se lo pone en bandeja la formación morada. Se necesitan 50 parlamentarios para presentar un recurso ante el TC.
Ya lo alertó una de las cofundadoras, Carolina Bescansa, pidiendo que su partido "hablara más a España y a los españoles y menos a los independentistas". Su sugerencia, salta a la vista, ha caído en saco roto
Todo el mundo era consciente de los coqueteos de Iglesias y su troupe con los separatistas. Pero esta iniciativa indica bien a las claras del lado que está Podemos. La posición sobre Cataluña está abriendo un abismo entre Iglesias y sus votantes. Ya lo alertó una de las cofundadoras, Carolina Bescansa, pidiendo que su partido "hablara más a España y a los españoles y menos a los independentistas". Su sugerencia, salta a la vista, ha caído en saco roto. La cúpula nacional de Podemos se ha abrazado al secesionismo. Cada día tiene más poder el ala más radical y antisistema.
Iglesias pretende retorcer la realidad. La aplicación del 155 fue la respuesta constitucional y políticamente adecuada a la declaración unilateral de independencia tras un referéndum ilegal. Y ante el disparate separatista, nada mejor que hable la democracia, que los ciudadanos voten...
Iglesias pretende retorcer la realidad. La aplicación del 155 fue la respuesta constitucional y políticamente adecuada a la declaración unilateral de independencia tras un referéndum ilegal. Y ante el disparate separatista, nada mejor que hable la democracia, que los ciudadanos voten... Aunque a Podemos le gusta más un referéndum de independencia que unas elecciones autonómicas. Qué perdidos están.

Las seis palabras de Susana a Pedro y Pablo

Pedro Manuel de La Cruz
Director de La Voz de Almería

Susana Diaz volvió al comité federal después de la derrota de las primarias y ante las preguntas sobre el desencanto de su victoria inalcanzada respondió que a ella le gusta ganar hasta cuando pierde. La frase sonó a ocurrente, pero no he oído o leído ninguna reflexión que haya ido más allá de su estética sintáctica. Quizá sea la maldad que dan los años, pero creo que quedarse en la atractiva contradicción de esas palabras es un error. La frase está tan meditada que en solo seis palabras -“Me gusta ganar hasta cuando pierdo” dijo literalmente- hay todo un análisis de lo ocurrido en los últimos tres meses. Porque lo que, en mi opinión, la presidenta de la Junta quiso decir a quien lo entendiera es que dos postulados con los que se presentó a la secretaria general del PSOE y por los que fue, en gran medida (por decisivos) derrotada, son los que, al final, han acabado imponiéndose en Ferraz.

Pablo Iglesias y Susana Díaz

Desde el inicio de la guerra abierta entre Pedro Sánchez y Susana Díaz hubo dos posicionamientos diametralmente opuestos. Mientras los pedristas optaban por aproximarse a Pablo Iglesias haciendo acto de contrición pública televisiva (“me equivoqué con Podemos”, confesó Sánchez a Jordi Evole en aquel Salvados memorable) y contemporizando, después de su victoria en las primarias, con una moción de censura a Rajoy apoyada por los independentistas, Susana Díaz mantuvo desde el principio, y desde antes del principio, que con la banda de Iglesias no podía llegar a ningún acuerdo a nivel nacional.
Me lo dijo Susana Díaz en 2014: “El PSOE nunca podrá llegar a acuerdos con Podemos para gobernar porque nosotros queremos cambiar el Gobierno y ellos quieren cambiar España"
Me lo dijo en septiembre de 2014 paseando por uno de los patios del Palacio de San Telmo: “El PSOE nunca podrá llegar a acuerdos con Podemos para gobernar España. Y no podemos llegar porque nosotros queremos cambiar el gobierno, pero ellos quieren cambiar España, hacer otro país, romper lo construido”. Han pasado tres años y tres meses desde entonces y aquella percepción (que no creí: siempre pensé que, si era necesario, pactaría con Podemos en Andalucía; me equivoqué y a veces me lo ha recordado, la última hace unas semanas también en San Telmo), esa diferencia extraordinaria entre querer cambiar a Rajoy o querer cambiar España, digo, se ha hecho evidente en la estrategia desarrollada por Iglesias y Colau en la crisis catalana.
Podemos, sus confluencias y los independentistas hubieran apoyado a Pedro Sanchez, pero no para que gobernara el PSOE, sino para poder llevar a cabo su estrategia de demolición de un Estado en precario
Podemos, sus confluencias y los independentistas hubieran apoyado a Pedro Sanchez frente a Rajoy, pero no para que gobernara el PSOE, sino para que, sosteniendo el gobierno de Sánchez, poder llevar a cabo su estrategia de demolición de un Estado en precario, porque, ¿cómo se puede gobernar el país con solo 85 diputados de una cámara con 350? Esa extremadísima debilidad hubiese sido la mejor aliada para la tarea de demolición de la estructura territorial y política a la que populistas y secesionistas aspiran.

Sánchez coqueteó con ambigüedad durante el verano con la moción de censura pero su prudencia, la presión de los barones, la división en el grupo parlamentario y el camino hacia la locura emprendido por los defensores del procés desde el esperpento bolivariano del 6 y 7 de septiembre despejaron las dudas que pudiera haber en la dirección del PSOE. El Pedro Sanchez de la campaña de Primarias había cambiado. Los días de vino y rosas entre PSOE y Podemos habían llegado a su fin. Para Iglesias, aquel Pedro Sánchez que era la esperanza blanca de su estrategia, el caballo de Troya con el que iba a tomar la Moncloa para demoler el Estado, ha acabado siendo un traidor por pasar del “No es No” al Rajoy al “Si es Si” al 155. Y es en la aplicación del 155 -la aplicación de la Constitución, no lo olviden- donde se encuentra la otra columna en la que se sostiene la aparente contradicción de ganar aunque se pierda.

El posicionamiento de los socialistas catalanes a favor de Sánchez frente a Susana tenía un precio: el recurso literario y envenenado del Estado plurinacional. Pero ese placebo, como hubiera pronosticado un estudiante de primero de Políticas, no funcionó
Durante años el PSC ha mantenido un equilibrio permanentemente inestable sobre la Constitución y el derecho a decidir y no eran pocos en el PSOE los que temían la continuidad de esa ambigüedad. El posicionamiento abrumador de los socialistas catalanes a favor de Sánchez (más del 80 por ciento de apoyos) frente a Susana tenía un precio. El reelegido secretario general se lo dio con el recurso literario y envenenado del Estado plurinacional. Pero ese placebo, como hubiera pronosticado cualquier estudiante de primero de Políticas, no funcionó. Los independentistas aspiraban y aspiran a todo y las palabras se las lleva el viento si detrás no llevan consecuencias jurídicas.
El derecho a decidir ha desaparecido del imaginario de los socialistas catalanes y la plurinacionalidad o la nación de naciones ha acabado convertida en un delirio en el cielo podemita
Los independentistas llevaron su estrategia hasta el final y el Gobierno aplicó el 155 que tanto disgustaba a Iceta y a Sánchez aunque lo acabaran apoyando. El derecho a decidir ha desaparecido del imaginario de algunos socialistas catalanes y la plurinacionalidad o la nación de naciones ha acabado convertida en un delirio en el cielo podemita. “El PSOE está ahora donde debe estar”. Lo dijo ese mismo día del comité federal la presidenta andaluza. Unan las dos frases. Solo así puede entenderse como puede haber victorias después de la derrota. 

El 28-F, Almería y Pablo Iglesias

Simón Ruiz
Periodista

El secretario general de Podemos, Pablo Iglesias, la ha vuelto a liar cuando ha querido comparar el referéndum del Estatuto de Autonomía de Andalucía del 28 de febrero de 1980 con el proceso independentista que se vive en Cataluña y su insistencia en buscar un acuerdo político. Lo ha hecho Iglesias Turrión “reescribiendo” la historia al recordar lo que pasó en Almería ese 28-F cuando “votaron hasta los muertos” y el sí no ‘triunfó’ porque era necesario que los votos afirmativos sumaran, al menos, mayoría absoluta del censo.
Pablo Iglesias vino a decir que como la Ley se cambió para hacer posible la autonomía andaluza, también se puede hacer para buscar un acuerdo político en Cataluña
El sí ganó de manera amplia a los noes a la autonomía andaluza y a los votos en blanco en Almería (119.550 votos a favor, 11.450 en contra y 12.527 en blanco). Como no hubo mayoría absoluta de los síes, los políticos tuvieron que buscar una fórmula legal para incorporar a esta provincia a la autonomía andaluza. Y se hizo tomando como base el Título VIII de la Constitución. O, lo que es lo mismo, fue una incorporación almeriense a la comunidad andaluza “totalmente constitucional”.

La semana pasada, en un encuentro en Sevilla con la líder andaluza de la formación morada, Teresa Rodríguez, el secretario general de Podemos poco menos que vino a decir que como la Ley se cambió para hacer posible la autonomía andaluza, también se puede hacer para buscar un acuerdo político en Cataluña. Pablo Iglesias (hasta hace poco Pablo Manuel Iglesias en su DNI) empezó diciendo lo siguiente en el acto organizado desde la Cadena SER Andalucía:
Susana Díaz: "Pablo Iglesias reescribe con mentiras la historia de Andalucía. El 28F reclamamos igualdad dentro de la Constitución Española. No es ignorancia, sino mala fe"
“Una inmensa, masiva e histórica movilización popular en Andalucía fue capaz de hacer posible lo que parecía imposible. E incluso, a pesar de las restricciones imposibles que establecía la ley que regulaba las diferentes modalidades de referéndum, después del famoso referéndum del 28 de febrero, resulta que el acuerdo político sirvió para superar los límites de la ley”.

Y entonces entró en faena: “La ley no servía y decía que si no había mayoría en Almería, Andalucía no iba a poder tener los mismos derechos o no iba a poder aplicar lo que habían decidido mayoritariamente los andaluces. Y con aquel proceso se demuestra que cuando a veces las leyes establecen límites, pues hay que cambiar las leyes y sentarse a dialogar y buscar acuerdos políticos”.

Tras esos dos argumentos, el líder nacional de Podemos opinó que ese “espíritu de la dignidad de un pueblo y del acuerdo político, ojalá sirva a las élites políticas para sentarse a dialogar”. “Cuando ha saltado por los aires la constitución territorial, ... lo que hay que hacerse es intentar modificar las leyes como se modificaron para dar conducto democrático a la voluntad del pueblo andaluz”.

Poco tardó en responder a Iglesias la presidenta de la Junta, Susana Díaz, en Twitter. “Pablo Iglesias. Pablo Iglesias reescribe con mentiras la historia de Andalucía. El 28F reclamamos igualdad dentro de la Constitución Española. No es ignorancia, sino mala fe”. El vicepresidente, Manuel Jiménez Barrios, le espetó al líder de la formación morada que “cada vez que baja a Andalucía, tergiversa la historia y la lucha de este pueblo, vuelve a desvariar al mezclar el asunto catalán con la historia de Andalucía, que no tiene parangón”.

En defensa de Iglesias salió  el pasado viernes la citada Teresa Rodríguez. Afirmó en la misma red social que “hubo que cambiar la ley para que se hiciera realidad el 28F. Eso fue lo que dijimos ayer, que la ley debe servir a la democracia y no al revés”. Y añadió en otro tuit en respuesta a Susana Díaz: “Si todo fue tan acorde a la legalidad preestablecida como pretenden, no entiendo por qué pedían ustedes repetir el referéndum en Almería”.