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Adiós al marianismo, bienvenida al aznarismo


Pedro Manuel de la Cruz
Director de La Voz de Almería

➤➤➤Se lo escribí a Simón Ruiz mientras los más de tres mil compromisarios aclamaban a Rajoy durante su última intervención como presidente del PP: “La mayoría de los que esta tarde le aclaman hasta el delirio, mañana votarán lo contrario de lo que con tanta emoción sincera aplauden hoy”. No tenía datos objetivos, pero el ambiente que se respiraba en los salones del Hotel Marriot y el dibujo de la derrota presentida que se perfilaba en los rostros de Juanma Moreno, Antonio Sanz o Carmen Crespo delataba la bancarrota de su candidata.

Pablo Casado

Cuando sugerí a Crespo la situación de incomodidad en que quedaría el presidente andaluz si no ganaba Soraya, la portavoz del partido en el Parlamento andaluz solo atisbó a responder que no pasaría nada “porque Juanma y Pablo son amigos íntimos”. Cuando en una batalla alguien apela a la íntima amistad de los contendientes es que ya ha asumido la derrota. En política no hay amigos, solo Poder y lo alcanzas o lo pierdes. La amistad es un sentimiento efímero que solo se mantiene el tiempo que duran los intereses compartidos.
La expresión más cercana al desánimo que he observado en toda la campaña la encontré dibujada en Gabriel Amat, el político que menos se jugaba en la partida, el que, venciera Casado o Soraya, siempre sería ganador 
Sostienen los clásicos que la cara es el espejo del alma y quizá por eso la expresión más cercana al desánimo que he observado en toda la campaña la encontré dibujada en Gabriel Amat. El político que menos se jugaba en la partida, el que, venciera Casado o Soraya, siempre sería ganador porque no se decantó por ninguno y fue exquisito en el trato con todos, no ha podido durante estas semanas y no pudo el viernes evitar la sombra sutil del pesimismo. Ni horas antes de la votación decisiva, cuando (¡bueno es él!, ya había conseguido que dos de sus hombres de máxima confianza ocuparan puestos privilegiados en las dos candidaturas -Ramón Fernández en la de Soraya y Javier Aureliano en la de Casado- el rostro de Amat abandonó el perfil de la decepción ante la imposibilidad de una lista unitaria.

Portada de La Voz de Almería

La cultura tribal de las primarias no está en los registros políticos del PP y esa es una carencia de la que todos son conscientes, aunque no se atrevan a decirlo. Acostumbrados al cesarismo de Fraga y Aznar, la batalla de Valencia en 2004, en la que salió vencedor Rajoy frente al aznarismo de Esperanza Aguirre, solo fue un ensayo, casi un juego floral comparado con la guerra sin cuartel librada en las ultimas cuarenta y ocho horas en Madrid.

De estas semanas de enfrentamiento a campo abierto pueden sacarse varias conclusiones y, casi todas, poco alentadoras para el principal partido del país. La primera conclusión es la certeza, ya indisimulable, de que el PP no estaba preparado para gestionar con inteligencia su paso a la oposición. Durante los gobiernos de Zapatero los populares supieron adaptarse, aunque con alguna patología obsesiva por las teorías extravagantes, a la salida abrupta del poder tras su impúdica gestión del 11 M. Rajoy, que hasta la mañana de las elecciones sostuvo la autoría etarra (¿obligado por Aznar y su periodista de cabecera?, no lo descarten) fue imponiendo un nuevo estilo para gestionar con los menos daños posibles aquella debacle electoral tan inesperada.
Solo el desconcierto y la desorientación explican la enmienda a la totalidad que supone la elección de Casado frente a Soraya 
Catorce años después, el desalojo del poder tras la moción de Sánchez les ha acercado, más allá de los llamamientos protocolarios de ayer, al riesgo cierto del desconcierto y la refundación. Porque solo el desconcierto y la desorientación explican la enmienda a la totalidad que supone la elección de Casado frente a Soraya apenas veinticuatro horas después de haber aplaudido hasta la desmesura los logros del gobierno en el que ella fue vicepresidenta.

En el umbral que separa un atardecer de un mediodía, centenares de compromisarios olvidaban los últimos siete años de gestión en los que el gobierno -su gobierno- ha sacado al país de una de las crisis más graves que se recuerdan y ha plantado cara (aunque a destiempo y tras una pasividad cercana al bochorno) al desafío independentista. Llegados a este punto, la pregunta es inevitable: ¿Por qué esta contradicción entre lo que se aplaude (la gestión de Rajoy, el marianismo, en suma) y lo que se vota (el regreso del aznarismo y el aguirrismo)?
En medio de la desorientación, entre el pragmatismo de una tecnócrata y la épica de un ilusionado, la tropa siempre sigue al guerrero
El porqué de este por qué quizá pueda encontrarse en que, mientras Soraya personificaba el posibilismo de quien ha gobernado en medio de la tormenta, Casado encarnaba el rearme ideológico y el regreso a las esencias de quien nunca se ha visto obligado a tomar una decisión de gobierno. Y ya se sabe: en medio de la desorientación, entre el pragmatismo de una tecnócrata y la épica de un ilusionado, la tropa siempre sigue al guerrero. Aunque corra el riesgo de que, en medio de la batalla, la bala incontrolable de un máster acabe derribándolo.

El PP de Almería, con Casado


Simón Ruiz
Enviado especial

➤➤➤Acabó el misterio y se deshojó la margarita por completo en la clausura del congreso nacional extraordinario del Partido Popular. Los almerienses se volcaron de manera mayoritaria con el triunfador de la contienda, Pablo Casado Blanco, nuevo presidente. La delegación almeriense la formaban más de 70 compromisarios entre electos y natos. Había quienes apoyaban a Soraya Sáenz de Santamaría y quienes optaron por Pablo Casado, dentro de la libertad de voto pregonada desde la dirección provincial (Gabriel Amat) y de la aspirada neutralidad. Ganaron estos últimos.

Javier Aureliano García, con Casado, y Ramón Fernández-Pacheco, con Sáenz de Santamaría

Según distintas fuentes, de esos compromisarios más de 60 habrían escrito en su papeleta el nombre del exvicesecretario de Comunicación y menos de 15 el de la exvicepresidenta del Gobierno de la Nación. El voto en el congreso nacional extraordinario del PP era secreto. En eso se ha insistido mucho en estos días. Por eso, siempre será arriesgado atestiguar al cien por cien que Casado tuvo esos apoyos de Almería. Pero hay un dato más que relevante. En las recientes primarias, María Dolores de Cospedal dobló en votos en territorio almeriense a Soraya Sáenz de Santamaría. O, lo que es lo mismo, los ‘cospedalianos’ llevaron a Madrid el ‘mandato’ de apoyar a Pablo Casado porque la exsecretaria general no pasó el corte de las primarias. Entre ellos había indecisos, pero todo indica que fueron convencidos en la segunda visita de Pablo Casado a Almería (ayer sábado hizo una semana) y en los pasillos del cónclave en el Hotel Marriot de Madrid.
Casado ha recompensado el apoyo del PP de Almería con la inclusión de Javier Aureliano García Molina en el Comité Ejecutivo Nacional
Casado ha recompensado el apoyo del PP de Almería con la inclusión de Javier Aureliano García Molina en el Comité Ejecutivo Nacional. Como se ha publicado en los últimos días, la delegación almeriense viajó dividida a la capital de España, y con los apoyos más claros hacia Soraya Sáenz de Santamaría. La exvicepresidenta del Gobierno con Mariano Rajoy encontró en estas tierras del Sur el respaldo de dos alcaldes de grandes ciudades, el de Almería, Ramón Fernández-Pacheco, y el de El Ejido, Francisco Góngora, así como de la portavoz parlamentaria en la Cámara andaluza, Carmen Crespo, y la diputada autonómica Aránzazu Martín. Fernández-Pacheco fue incluido en la propuesta de Comité Ejecutivo de Soraya.

Conocido el resultado de ayer, el regidor almeriense puso en valor el perfil político de Pablo Casado para ocupar la presidencia nacional. A esos nombres propios hay que sumar los de los diputados Juan José Matarí y Carmen Navarro y los tres senadores electos, Luis Rogelio Rodríguez-Comendador, Eugenio Gonzálvez y Maribel Sánchez. Apoyaron primero a Cospedal y ahora a Pablo Casado. Y, al margen de ellos, hay quien se ha situado en la llamada ‘neutralidad’. No han desvelado a quién iban a votar. Son los casos de la senadora autonómica Rosario Soto y el parlamentario Pablo Venzal Contreras.


Se equivocó Pedro Manuel de la Cruz
Emilio Ruiz

El director de La Voz de Almería, Pedro Manuel de la Cruz, es un excelente analista de la situación política en la provincia. Sus previsiones raramente no se cumplen. Pero esta vez no ha acertado. Nunca pensó que quienes en Almería habían apoyado a Cospedal, quince días después iban a elegir la papeleta de Pablo Casado.



Hace dos semanas, una vez finalizada la primera fase del proceso de primarias, en su artículo dominical, manifesto: "Quienes optaron el jueves por Cospedal no van a tener mucha dificultad en votar a Soraya en el momento decisivo. Y no lo van a tener porque con su apoyo a la exvecepresidenta recuperarán el camino del reencuentro de aquellos -Juanma Moreno, Javier Arenas- con dolor se alejaron. Los compromisarios almerienses que han votado a Cospedal no van a votar a Casado". Pues, sí, parece que sí, que han votado a Casado, tal como informa desde Madrid Simón Ruiz.