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En venta el castillo de San Ramón por 3,3 millones de euros

Juan Folío
@opinionalmeria

Los propietarios del castillo de San Ramón, ubicado en el playazo de Rodalquilar, en pleno Cabo de Gata, han decidido ponerlo a la venta por 3,3 millones de euros. Consta de "Dos salones, cocina, patio con acceso a piscina, aljibe árabe y batería de cuatro cañones para posibles aunque poco probables ataques piráticos", según el anuncio publicado por la inmobiliaria Bernardó.

"En venta" (Composición gráfica de Amigos de la Alcazaba)

San Ramón es una batería para cuatro cañones que vigila el litoral comprendido entre el Cerrico Romero y la Cala de San Pedro, con cuya fortaleza cruzaba el fuego de su artillería. Se construyó en 1764. Es una de las 9 fortalezas que ordenó construir Carlos III desde Almería hasta Málaga. La batería, fortaleza de estilo renacentista, maltrecha durante la guerra de la Independencia, fue ocupada alternativamente por personas sin refugio y por los cuerpos de policía para la vigilancia de la costa, hasta que en 1875 fue enajenada por el Estado, adquiriéndola un particular por 1500 pesetas. Actualmente el castillo está habilitado como residencia privada. Fue declarado Bien de Interés Cultural (BOE nº 150, el 23 de junio de 2000).


Hace unos meses la Junta de Andalucía descartó ejercer el derecho de tanteo o retracto sobre la propiedad ya que, desde 2009, la política de la Consejería de Cultura es la de "no adquirir" ningún inmueble si bien mantiene "contactos" con la comunidad de propietarios que se hizo con la propiedad en enero de 2016 para hacer que se cumpla con las obligaciones estipuladas en la Ley de Patrimonio ya que está catalogado como BIC.

"La decisión de no adquirir ningún inmueble se toma en plena crisis económica y en un escenario de contención del gasto público en el que se opta por mantener la protección sobre los inmuebles que ya son de su propiedad e instar a propietarios a que cumplan con la normativa", según Alfredo Valdivia, delegado de Cultura.

Las asociaciones Amigos del Parque Natural de Cabo de Gata-Níjar y Amigos de la Alcazaba han reclamado en varias ocasiones a la Junta de Andalucía que ejerciera el derecho de retracto ya que, a su juicio, el Gobierno andaluz ha "dejado pasar" una "buena oportunidad" para adquirir el inmueble y "darle un uso cultural adecuado".

Se caen las 'Casas Nuevas' de Rodalquilar

Carmen López
Periodista

Cada año por estas fechas, descendientes de quienes trabajaron las minas de Rodalquilar se citan en este maravilloso enclave para reunirse y visitar el lugar en el que algunos vivieron o vivieron sus padres. Tal vez por ello, a modo de excusa, se convirtió este sábado en el día ideal para dar una vuelta por aquella espinita aún clavada en el corazón del Parque Natural Cabo de Gata-Níjar, que tanto fue y para la que tantas promesas hubo que se llevó el tiempo. En esas casas que el día a día también destruye, hubo ayer más caminantes, por aquello de los ancestros, la memoria y el no olvido.

La planta Dénver (la planta de la vieja mina) y las casas nuevas son los dos últimos iconos de la fase minera de Rodalquilar, que es la fase tardía de la minería pública durante el franquismo. Pero la primera época, la compañía Darro se limitó a usar todas las instalaciones (fundición y recursos) de una compañía previa que se llamaba Minas de Rodalquilar, que era de capital Banco de Vizcaya y de dirección técnica británica.

Las 'Casas Nuevas'
Antes de todo esto hubo un periodo de pequeñas empresas locales, con un visionario excepcional, Juan López Soler, un perito de minas de la escuela de Vera que estaba convencido de que había muchísimo oro y que comenzó a aglutinar capital local y empezó a hacer pruebas que fueron un desastre económico. Con anterioridad hubo una fase especulativa en la que numerosos oportunistas y aventureros, desde que supieron que había oro por allí, inscribían derechos teóricos para que cuando llegara una empresa con decisión de invertir tuviera que pasar por taquilla y pagarles por esos derechos.

La Planta Dénver y las Casas  estuvieron activas de 1956 a 1966. Comenzaron a construirse en el 55 y en el 56 ya estaban habitadas. En el año 56 llegó Franco para ver la puesta en funcionamiento de la planta. Una planta que no era muy adecuada para este yacimiento, sino para una minería de explotación más masiva. Hasta el momento era más rentable trabajando con el filón concreto, con galerías.

En el 66 cerró la mina y se abandona el pueblo, se queda fantasma, con unas casas en perfecto estado. Las hicieron con buena calidad. Pero quienes vinieron lo hicieron por cuestiones económicas. Eran más de 1.000 personas las que trabajaban y había techo para unas 900 personas. Había 250 alumnos repartidos en 9 aulas, no era una escuela. El profesor vivía junto a su aula, sobre ella. Era del sistema educativo de Adaro. Luego había un colegio público. La dualidad se mantuvo y hubo también un sistema sanitario del Instituto Nacional de Industria, que convivía con el del Ministerio de Sanidad. Del confort que generaba la empresa se beneficiaban todos los habitantes. La finalidad del sistema de Adaro era una educación de élite para aquella época.

La Junta de Andalucía se hace con las Casas Nuevas, tras declararse Parque Natural, en el proceso de transferencias a las comunidades autónomas y pidió la finca porque era un sitio central, con mucha edificabilidad y prestar servicios para la futura gestión del parque. Es propiedad de la Junta, no de la Consejería de Medio Ambiente, es una asignación ejecutiva. Eso no es un dato irrelevante con respecto al deterioro.

Mientras fue de la empresa y había un guarda vigilando no se produjeron ocupaciones; pero cuando se transfirió hubo quienes pensaron que el nuevo amo no era tan poderoso como el otro, tal vez por la pérdida de respeto institucional. Si lo hubieran asignado a otra consejería tal vez hubiera cambiado.

Una asociación de supuestos hijos de mineros ocuparon esas viviendas durante unos 6 años. Muchos de ellos, la mayoría, no tenían nada que ver con los trabajadores de la minería. Muchos creían que podían acabar comprando esas viviendas. En el movimiento de okupas había clases: el presidente se quedó con la vivienda del ingeniero jefe, que vivía en la cota más alta. Era como un falansterio. La gente de las Casas Nuevas era más variopinta: panaderos, cantineros… lo que menos había eran mineros.

El movimiento de okupas, cuando se generalizó fue entre el 93 y 97. La demolición fue en el 97, coincidiendo con el 10º aniversario del parque. La gestión ambiental tenía buena intención, pero esa Consejería tenía algunos ‘elementos’…  Cuando hay un momento crítico aflora el auténtico ser. Predominó la lógica antigua y optaron por demolerlas. Jugaban una lotería un tanto extraña. Se cumplen ahora 60 años de la construcción de las casas nuevas y la apertura de la la mina. El panorama es un tanto desolador.

La demolición ocurrió en la época del conflicto de Bosnia -en concreto el 16 de junio de 1997-  y a la zona se la acabó llamando Sarajevo, porque daba una sensación muy parecdida. El poblado se ha vallado para impedir que la gente entre y las casas están endebles, así que se optó por vallarlo. Desde aquel momento todo lo que se ha hecho es eludir responsabilidades. No hay ninguna idea, aunque hay iniciativa, algunas muy tentadoras, el problema es que no hay ningún tipo de acuerdo social sobre qué hacer.

No hay quien lidere un proceso para dar una salida de consenso, porque hay que hacerlo desde una perspectiva poliédrica. Hay un exceso de observancia y mucha presión sobre el asunto. La administración opta por paralizarse, porque si no hace no obtiene censura, sino una cierta tolerancia. Cómo tenemos el territorio es una expresión muy cabal de cómo somos, para lo bueno y para lo malo.  Aquí hay un problema de debilidad institucional frente al individuo cabreado y poco articulado. Hay una ética de no comprometerse con las instituciones.

Lo que puede hacer un Ayuntamiento en un parque natural está por definir. Hasta ahora se han inhibido. En el caso de Níjar ha sido espectacular, ha sido una huida que se ha vendido como expulsión. Ha mantenido posiciones recaudatorias, pero no ha gestionado.  La Consejería tiene una misión, la de velar por los recursos naturales, pero cuando los dejamos solos como un señor feudal, que se queda con una finca y hace con ella lo que considera…

Parque es un territorio, en él vive gente, y necesita una administración civil. Parque es una acepción administrativa que busca proteger el territorio; pero la voluntad colectiva está huérfana, por la huida de la administración. Hay mucho que recuperar.

La vergüenza de Rodalquilar



José María Granados
Periodista
 
He regresado a Rodalquilar tres años y pico después de aquella incursión en la que su denuncia sobre el lamentable estado del viejo poblado minero parecía que iba a acelerar el proceso de recuperación de lo que no era más que abandono. Pero no, a la sombra de las minas, más arriba de la Casa de los Volcanes, se puede fácilmente comprobar que el único avance experimentado en ese tiempo, ha sido la colocación de una valla de alambre que ahora rodea a las casas derruidas. En eso estamos, en el lamento, cuando nos alcanza una especie de brisa que viene del sur, de esa playa que limita con la caldera de Rodalquilar, con ese incorrectamente llamado valle de retazos volcánicos en el que nos movemos. Y con la brisa, una historia singular que alcanza los oídos de quienes no temen escucharla aunque haga dudar de si se está ante una realidad o en esa ficción de los sentimientos que a veces estimula al ser humano.
 
Les cuento. En plena cuesta hacia el camino de los pozos mineros encuentro dos figuras diferentes distanciadas en un trecho corto de camino. Por una lado una chica joven, rozando la mayoría de edad, con un vestido de tirantillas, de color vainilla, ajustado a la cintura, vuelo en la falda y con cremallera en el costado. De otro, un hombre alto y fuerte, entrando en la treintena, con pantalón de pana y sahariana de grandes bolsillos. Irremediablemente se van a encontrar en el camino. La lógica de un encuentro que va a producirse por encima del pararrayos de la iglesia de Santa Bárbara, a un nivel superior al corazón del poblado.

Él es un minero, estancado en los años de esplendor de las minas, cuando el oro relucía en los libros de texto (Oro en Rodalquilar en la provincia de Almería, inmediatamente después de que el aula entera cantara aquello de «plata de galena argentífera de Sierra Morena»). Ella es la hija del director de la mina. Ambos, cada uno a su manera, aman la tierra que pisan, el escenario en el que se mueven a diario, el paisaje que se apunta magnífico desde las alturas. De esa altura regresa él. A esa altura, viaja ella. Hasta que se cruzan. Se paran. Se miran. Se sonríen como saludo.

Cuenta la historia que hartos de tanto cruzarse, al final decidieron estar juntos y que sus espíritus, desde entonces, bajan y suben a diario de las minas al poblado hasta convertirse en la conciencia de los centenares de personas que descubren el paisaje de esta zona de volcanes y que se preguntan, entre otras cosas , la razón por la que tal patrimonio aparece cerrado los festivos precisamente cuando más gente puede visitar la zona… Es que ambos se sienten muy desilusionados por tanto abandono, por tanta promesa rota y por tanta palabrería. Les duele el que año tras año, cuando los medios de comunicación regresan a Rodalquilar y vuelven a preguntarse ¿para cuándo?, las mismas voces autorizadas de siempre salgan a la palestra para decir «para pronto», cuando desde el año 2001, dos lustros hace de eso, la Junta vendió el cielo de Rodalquilar que entonces costaba casi 9 millones de euros, que luego, en 2007, subió a 11,3 millones y que ahora se ha estirado nuevamente. Una vergüenza.


(http://blogs.ideal.es/aguadelcanillo/posts)