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¿Donde están Matarí y Amat está Arenas?


Juan Torrijos
Periodista

➤Juan José Matarí le debe su carrera política a Javier Arenas, como en su momento Rafael Hernando se la debió a José María Aznar, pero con la diferencia de que Matarí ha seguido necesitando cada cuatro años el apoyo del campeón mientras que Rafa sacó la cabeza y politiqueó a su antojo por el Manzanares. Gabriel Amat lo ha sido casi todo en el PP durante los últimos años en Almería, pero no creo que olvide que Javier Arenas ha defendido su política, su gestión y su persona a capa y espada. Hermanos se han dicho en más de una ocasión, y la vinculación del campeón con Roquetas y Amat ha sido la tónica general en la política del PP andaluz.

Miembros del PP de Almería

A esa vinculación Arenas unió con fuerza a Matarí, y el trio, al que se unía un cuarto hombre (y casi por libre), Rafa Hernando, mandaba con claridad en la vida política almeriense. Con la llegada de Moreno Bonilla algo cambió en el panorama político en Almería. Los mimbres de Moreno ya no eran sólo los de Amat y se empezó a abrir una grieta que se ha ido haciendo cada día un poco más grande. Y las actuales primarias lo están demostrando. Al titular: ¿Donde está Juanjo Matarí, está Javi Arenas? Dicen que ya no, que un intento de jugada por parte de Javier Aureliano, Matarí y ¿Amat?, abortada por Arenas a petición de Mari Carmen Crespo, ha roto la vieja amistad entre Juanjo y su viejo mentor.
Si mañana se da un paseo por Almería la exvice Soraya, Gabriel estará en la foto y tan sonriente como hace unos días con Cospedal
Gabriel formaba parte de la operación como protagonista, y no se sabe si subía o bajaba. Por lo que si mañana se da un paseo por Almería la exvice Soraya, Gabriel estará en la foto y tan sonriente como hace unos días con Cospedal, estén seguros. ¿Y si aparece Casado? Tendrá también el abrazo del “viejo zorro” roquetero. 

Y vamos a la operación. Javier Aureliano tiene complicado conseguir la nominación a presidente del partido y de la Diputación. Son muchos los que quieren esos cargos. Listo como es, sabe que necesitaba llegar a la presidencia desde la vice, y para eso se intentó, con el apoyo de Matarí, que Gabriel dimitiera y aupara a la presidencia a Javier Aureliano, movimiento desmontado por Javier, según dicen, a petición de Mar Carmen Crespo. La operación rompía la confianza de Javier Arenas en algunos de sus íntimos en Almería y con ello llegaba la división al PP.

El viejo y caduco PP de Almería se decanta por Cospedal


Juan Torrijos
Periodista

➤➤➤Que Juan José Matarí, Gabriel Amat, Eugenio Gonzálvez, Luis Rogelio Rodríguez-Comendador y Cía se inclinen por apoyar a Cospedal, con Zoido detrás y es de imaginar que el Campeón Arenas (en caso contrario no estaría en la lista Matarí), no es una candidatura a la que se le pueda pedir la más mínima renovación. Ni por asomo están por la labor, ellos a mantener su momio. No han manifestado todavía su decisión, pero el equipo de almerienses que está detrás de Moreno Bonilla en la dirección regional y a la espera de dar el salto a la dirección provincial (Crespo, Venzal) parece más cercano a la ex-vicepresidenta Soraya, lo que tampoco parece ser la tan necesitada renovación que necesita el partido de la derecha española.

Soraya y Cospedal, en el Congreso de los Diputados (Foto. El Español)

¿Quién queda? Que los jóvenes peperos tomen la palabra y apuesten por una renovación total, que manden a sus casas a los campeones y Cía, a la ex-vice y ministra que no han levantado la voz durante años contra un Gobierno que ha renunciado a defender las líneas e ideas de una España unida, compartiendo algo tan elemental como que los españoles somos todos iguales y con los mismos derechos en todas y cada una de las comunidades donde hayan nacido.
El PP en Almería va a vivir a partir de las primarias para su congreso nacional un drama parecido al que se ha instalado en el PSOE, lo que no sé es si están preparados para ello
Rajoy se olvidó de esto durante los últimos siete años, pero lo mismo hicieron Soraya, Cospedal, Zoido, Arenas, Matarí y el resto de campeones peperos. Era de lógica que una parte de ciudadanos les mandara a hacer puñetas, y en esas andan. El PP en Almería va a vivir a partir de las primarias para su congreso nacional un drama parecido al que se ha instalado en el PSOE, lo que no sé es si están preparados para ello.

Si gana Soraya se pueden dar por “bendecidos” los Crespo, Venzal y demás chicos de Moreno en Almería (no parece cambio muy apetecido en las alturas), pero si lo hace Cospedal se van a mantener los mismos mimbres políticos que vienen tejiendo el cesto pepero almeriense desde hace siglos. Cesto viejo y caduco, ciertamente.

Con la victoria de una de las dos candidatas la división del PP en Almería sería eminente y veríamos deserciones del grupo perdedor camino de hacerse “ciudadanos” de primera y con carnet político. Las vendettas en la izquierda son duras, en la derecha son cruentas. En la izquierda se llegan a ayudar, en la derecha se destrozan y si no pregunten a José Luis Aguilar Gallart. ¿Alguien habla de Casado? 

Gabriel Amat, ante su decisión más difícil


Pedro Manuel de la Cruz
Director de La Voz de Almería

➤➤➤¿Cospedal o Soraya, Zoido o Arenas, continuidad matizada o renovación con matices? Gabriel Amat atraviesa estos días un desfiladero tan lleno de sentimientos contradictorios que hubiese hecho cualquier cosa para evitarlo. Pero la realidad se acaba imponiendo siempre a los deseos y la encrucijada que menos deseaba ha llegado. Las primarias corregidas (otro error) del partido le obligarán a elegir y a optar por una de las dos opciones con más posibilidades; tendrá que doblar una esquina abandonando la otra y esa decisión, sin vuelta atrás, para un tipo como Amat, buscador incansable de consensos, le rompe emocionalmente. Por eso ha sugerido (o mejor, ha dado la indicación) de que nadie hable. El partido no hará un pronunciamiento explícito, como ha sucedido en Málaga, pero la división de opiniones es una realidad privada, aunque todos callen en público.

Gabriel Amat

Predecir hacia donde irán las preferencias de los militantes almerienses es adentrarse en un laberinto lleno de sombras premeditadas. Donde sí habita más luz es en las presumibles preferencias de algunos de sus dirigentes. Pero de eso hablaremos la semana próxima. Comenzando el análisis por la cupula, Amat se encuentra más cerca de Cospedal que de Soraya. La todavía secretaria general ha cultivado con sutileza su relación con el presidente provincial en el último año. Reuniones en Génova, encuentros en la sala de autoridades del aeropuerto de Almería con motivo de alguna escala técnica y conversaciones telefónicas han construido una arquitectura en la que el respaldo de Cospedal a Amat en algunas situaciones ha sido la clave de bóveda.
Amat puede querer votar a Cospedal, pero Juanma Moreno y su amigo político más sincero, Javier Arenas, esperan con confiada ansiedad su decisión favorable a Soraya
La desazón llega cuando, en la otra trinchera, Amat otea la presencia de Juanma Moreno y Javier Arenas respaldando a Soraya. Amat puede querer votar a la exministra, pero el presidente regional y su amigo político más sincero esperan con confiada ansiedad su decisión favorable a Soraya. Su permanencia en una orilla o el inicio de la travesía hacia la contraria le provoca tanta incomodidad que acabará produciéndole el sentimiento dolorido del desgarro. Un desgarro que alcanza los perfiles de abrumador cuando piensa que su decisión no es personal e intransferible.

Amat no es un militante sin más incidencia que la que alcanza su entorno mas cercano; ni un dirigente de influencia notable, aunque reducida. Es mucho más. Es la persona que tiene en su decisión la decisión de la mayoría de los militantes almerienses que, en última instancia, optarán por la candidata por la que él se decante. La consciencia de esa realidad le quita el sueño que no le han robado otras circunstancias quizá mas peligrosas. El presidente de la Diputación es una persona de lealtades, para él la amistad, como la palabra dada, es sagrada y tiene más valor que la ley. De ahí su desgarro. 

El azar inesperado de la convocatoria del congreso extraordinario ha provocado, paradojas de la política y la biología, que el dirigente que más va a sufrir en estas duras horas de duda, incertidumbre y desasosiego sea el que menos tiene que ganar o perder en la batalla. Su futuro político no depende de circunstancias internas de partido, solo de su voluntad. Ha llegado hasta donde ha querido llegar y nadie discutirá (o mejor: nadie se atreverá a discutir) la decisión de futuro que adopte cuando lleguen las municipales de la próxima primavera.
El presidente provincial del PP nunca se ha situado extramuros de la mayoría del partido
Amat recibirá mañana a Cospedal y dentro de unos días a Soraya, hablará con Juanma Moreno y sabrá, sin necesidad de hablar con él, cual es la postura y lo que espera de los militantes almerienses. Pero será prudente. Quienes quieren situarlo en la incomodidad de ser el verso suelto del PP andaluz desconocen su alergia por el lirismo político. El presidente del PP nunca se ha situado extramuros de la mayoría del partido. Su problema, como el de tantos dirigentes y militantes de la provincia (y de Andalucía y de España) es el desconocimiento de dónde está esa mayoría.

No he hablado con él en las últimas semanas. Sé que su respuesta a mi pregunta sería el silencio. Lo que sí sé, aunque nunca lo dirá, es que sólo una persona podría condicionar su voto: Mariano Rajoy. La relación política y personal de Amat con el expresidente del Gobierno (y su admiración por Mariano, como él le llama) me hace escribir con certeza que una palabra suya, una sola palabra, bastaría para sanarle en estas horas de incertidumbre y desazón. Esa palabra no llegará.

Durante los días que faltan hasta el cinco de julio, en que están convocados a votar, los miles de militantes del PP en Almería y decenas de dirigentes andaluces y nacionales van a valorar todos y cada uno de los gestos del presidente provincial. Nunca se habrá sentido más observado. Al final, en uno de estos atardeceres previos a la batalla, se irá al campo; cortará algunos de los productos que aún quedan prendidos bajo los invernaderos en esta campaña tardía y mientras cocina una cena apresurada en la soledad de su cortijo tomará la decisión. Le costará trabajo. 

Pero será entonces y solo entonces cuando comenzará a reconciliarse con el sueño roto por una guerra que lo ha situado en la primera línea de fuego y en la que nunca creyó que iba a llegar.