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Es la hora de Europa


Juan Carlos
Pérez Navas

⏩⏩⏩ En la batalla diaria contra el coronavirus, esa que nos supera diariamente con sus cifras de contagiados y fallecidos, tan sólo se combate con la actitud que muestran aquellos y aquellas que no duermen y que se levantan ayudando, entregando su salud, sus conocimientos, proponiendo y tomando medidas. Además, ayuda saber que la inmensa mayoría de los españoles está aportando en esta crisis quedándose en casa y, otros, mediante la transmisión de soluciones y con su solidaridad, con la que dan  ejemplo de civismo y de humanidad pese a los que han optado simplemente en atacar y en tratar de desestabilizar a este país en su beneficio propio. Pero hay otra batalla que se está librando para el día después de que superemos, juntos, esta crisis.


Esa otra trinchera está en Europa y se vio tras la cumbre de jefes de estado que pretendía pactar una estrategia común por la recuperación y reconstrucción social, industrial y económica en la peor crisis europea que se recuerda tras la segunda guerra mundial. España e Italia, acompañados de otros países, enarbolaban el auténtico discurso europeo de la unidad frente a la emergencia sanitaria y económica con más Europa, con más solidaridad.

Europa se la juega. La historia nos mira en este momento crucial donde se requiere, como pidió nuestro presidente, un compromiso real de actuación, porque sólo así Europa se fortalecerá a sí misma en vez de fortalecer a quienes quieren debilitarnos y a quienes con el populismo pretenden debilitarla y romperla con la ceguera de países como Alemania u Holanda que no parecen entender cómo Pedro Sánchez les recordó la gravedad del momento. El presidente de España expuso de manera brillante que sólo cabe una respuesta solidaria con bonos de reconstrucción económica y social, con endeudamiento público y un plan Marshall de medidas que promuevan la resistencia y la recuperación al día después.

Las palabras de Pedro Sánchez, en las que aseguraba que, de esta manera, es inaceptable hacer frente a esta crisis global, suponen un pulso necesario y urgente para que Europa esté a la altura y que no defraude, porque todos los ciudadanos de la Unión, como los españoles, llevamos años defendiendo y protegiendo esta UE que ahora debe de estar al lado de todos los países, porque todos somos el epicentro del Covid-19. Es necesario dejar atrás discursos vergonzantes que van en contra del propio discurso europeo y que suponen, igualmente, un peligro mortal.

Igualmente, entristece ver a los líderes españoles de los grupos de la oposición dando la espalda al Gobierno en esta otra batalla y volviendo a demostrar su poca altura y su irresponsabilidad escondiéndose en la zancadilla y en la pelea por desprenderse de responsabilidades en las comunidades que gobiernan. Pero, frente a esto, España tiene, gracias a nuestro presidente, una postura firme en la que debe continuar, porque la propuesta de los países del norte es insuficiente y porque no es momento de hablar de rescates que no proceden y que condenarían a este viejo continente a su mayor debilidad histórica y a una Europa de dos velocidades profundizando las desigualdades y dando ventaja a los que como Vox en España defienden la inutilidad de este mercado único por el que tanto hemos luchado, al que hemos aportado y del que debemos seguir recibiendo en un mandato como eurogrupo sin ambigüedades ante la urgencia del momento del que nadie se salva y en el que España ha tomado medidas sanitarias y económicas contundentes para superar este momento todos unidos.

Este cambio en la historia está esperando a Europa, porque es su hora y porque debe estar a la altura de la gravedad que nos afecta a todos los países y a todos sus ciudadanos. Los estados miembro tienen que mostrar su solidaridad. Debemos actuar unidos y hacer lo correcto bajo un mismo corazón europeo y no desde de la individualidad de sus 27 estados, porque ese no es el espíritu que todos hemos defendido y por el que nos hemos dotado de los mejores años de progreso y consolidación de derechos y libertades.

Democracia directa también


Félix
de la Fuente Pascual

De los 19 países de todo el mundo que aprueban el examen de democracia, es decir que tienen una nota media de 8 sobre 10, exceptuados los muy pequeños, España se encuentra en el último lugar con el número 19, según la calificación del The Economist Intelligence Unit (EIU). Pero ¿es esto acaso un consuelo? ¿Es acaso un consuelo que estemos por delante de Francia, Portugal, Italia y de los EE. UU.? ¿Quiere esto decir que tenemos medianamente resueltos los graves problemas sociales?

Democracias plenas

Prescindiendo de que este informe no tiene en consideración los graves problemas del paro, sueldos-miseria, corrupción, despilfarro, desigualdades sociales…etc., España aprueba solamente en 2 de los cinco criterios que aplica el EIU. Aprueba en procesos electorales y grado de pluralismo del sistema de partidosy en el criterio número cinco - las libertades civiles y personales-, pero suspende en cuanto al funcionamiento del gobierno y las Administraciones, a la participación ciudadana en política y a la cultura democrática de cada país.

Por tanto, hay tres de los cinco aspectos fundamentalísimosde la democracia en la que España suspende. Voy a fijarme solamente en los dos últimos suspensos: la participación ciudadanay la cultura democrática. Y al respecto habría que preguntarse, por qué no participa el ciudadano español en la vida pública. ¿Es solo porque no quiere o porque no le dejan?

No te metas en política” este es uno de los consejos más frecuentes que dan los padres a sus hijos.Otro de los tópicos más oídos es también “Yo no quiero saber nada de política”. Ambas frases, además de ser propias de una dictadura (efectivamente, en una dictadura los padres tienen miedo por sus hijos y los gobernantes no quieren que nadie les ponga el menor reparo o les haga la menor crítica), nos están demostrando que a los gobernantes actuales les va muy bien que estos tópicos sigan vivos, para tener ellos todo el poder en sus manos.

Por otro lado, en cultura democrática creo que los españoles dejamos mucho que desear. Todavía no hemos superado el maniqueísmo de buenos y malos, de derechas y de izquierdas, de catalanoparlantes y de hispanoparlantes, de vencedores y vencidos. La mayoría delos españoles pasamos de estos enfrenamientos, pero hay sectores interesados en fomentarlo.  Felizmente ya no se habla de practicantes y no practicantes en el campo religioso.  Pero si el grado de democracia se mide por el grado de respeto a las minorías, creo que nuestra democracia está en mantillas. Cuando nos sentimos dentro de una minoría, reivindicamos nuestros derechos, pero nos olvidamos de que dentro de nuestras minorías hay otras subminorías que merecen respeto en cuanto personas que son. El rodillo de “hago lo que quiero porque somos mayoría” no solamente se da en los parlamentos. Se da también en los partidos políticos, en las grandes poblaciones e incluso en los pueblos más pequeños

Democracia, palabra que viene del griego, significa “gobierno del pueblo” y no “gobierno de los partidos políticos”.  Va siendo hora de que el pueblo deje de verse obligado a actuar únicamente a través de los partidos políticos. Incluso en al ámbito judicial no siempre es obligatorio recurrir a un abogado y en este caso somos nosotros los que lo elegimos, porque nosotros lo pagamos. No es el colegio de abogados el que nos lo impone.

No siempre son los ciudadanos los que no quieren intervenir directamente en política. Son los partidos políticos los que tienen copado el monopolio de la política. Y si en economía están prohibidos los monopolios, también en política deberían estarlo. Mientras tanto, no utilicemos la palabra democracia, hablemos de partitocracia.

¿Y si a España la echaran de la Unión Europea?

Félix
de la Fuente Pascual

➤➤ No  prestar atención en estos días a la preocupación que tenemos todos los españoles, y sobre todo los que vivimos en Cataluña, puede parecer frívolo e irresponsable, pero los que estamos dentro del huracán empezamos a estar hartos  tanta palabrería y de tantas propuestas ingeniosas pero vacías, mientras los otros siguen actuando. No es tanto el 1 de octubre lo que me preocupa, sino el cómo curar las heridas profundas que se han ido abriendo durante 15 años en la sociedad catalana. Me preocupa el día después. El 1 de octubre no tendrá efectos jurídicos, pero está teniendo y tendrá efectos psíquicos y sociales. Como contribución a la cura de estas heridas, ahí van estas ideas sueltas desde la perspectiva del marco jurídico de la UE en que estamos viviendo. No es que mi europeísmo me impida ver los defectos del proceso de unificación europea, pero en muchos aspectos nuestra democracia española está en evidente contradicción con ideas fundamentales de la UE y sería bueno que las tuviéramos en cuenta, si queremos llegar al fondo de los problemas de España.

Sin igualdad no hay democracia

Sin igualdad entre los ciudadanos no hay democracia, y, sin solidaridad, no hay paz. Uno de los principios básicos de la UE y cuya violación ha dado lugar a muchas sentencias condenatoriaspor parte del Tribunal de Justicia de Luxemburgo es la No-discriminación por razón de la nacionalidad (posibilidad de acceso de todos los ciudadanos de la UE a los puestos en las administraciones públicas de todos los países en igualdad de condiciones, peajes que Alemania quería imponer a los vehículos de otros países,etc). Podrá haber excepciones para ciertas regiones que están en situaciones de pobreza, de lejanía, de paro, peo estas excepciones no son privilegios, sino actitudes de solidaridad de las regiones más prósperas hacia las regiones menos ricas. Además, estas excepciones se aplican a todas las regiones que cumplen con ciertos requisitos, independientemente del país al que pertenezcan.

En esta misma línea de solidaridad, están las ayudas s de la UE a los países más pobres.  Y España, hasta la entrada de Polonia, ha sido el país que más se ha beneficiado de la solidaridad europea (Fondo Social Europeo, Fondo Europeo de Desarrollo Regional -FEDER- Fondo se Solidaridad entre otros) La solidaridad es un principio fundamental de toda democracia. En todos los países se ve como la cosa más normal que las regiones ricas ayuden a las pobres y que las rentas más elevadas paguen más impuestos. En todos los países menos en España. Baviera era una de las regiones más pobres de la antigua Alemania Federal y gracias a la solidaridad pasó a ser una de las regiones más industriales del país.

Puede ser que la falta de solidaridad -que es enorme-  entre las diversas regiones de España no sea suficiente para demandar a nuestro país ante el Tribunal de Luxemburgo o para retirarle el derecho de voto en el Consejo de la Unión, pero LA DISCRIMINACIÓN entre las diferentes regiones españolas, en mi opinión, SÍ LO ES. Los privilegios, ya se funden en motivos históricos, religiosos, económicos o de raza, son algo diametralmente opuesto a la democracia. Hace ya varios siglos que la noblezael cleroperdieron los suyos. Los privilegios son, además, un anacronismo.  Querer solucionar el problema catalán otorgando a Cataluña los privilegios de que disfrutan otras regiones, es absolutamente antidemocrático.

Es hora, por tanto, de que desaparezcan en España todo tipo de privilegios, tanto los de los partidos políticos, como los de las regiones. Puede ser que en los inicios de nuestra reciente democracia fueran necesarias las excepciones, pero las excepciones no pueden durar siempre.

Sin igualdad y sin solidaridad nuestra democracia no merece el nombre de tal y debería ser denunciada ante la Unión Europea.

Amigos para siempre

Félix
de la Fuente Pascual

Es difícil sustraerse a la presión que se está viviendo estos días en España y mucho más para los ciudadanos de Cataluña. Me he negado a escribir actualmente sobre este tema. Lo he tratado solamente desde el punto de vista de la UE y hoy, si quiero hablar de él, es desde el punto de vista humano.

Amigos para siempre

“Amigos para siempre”, así reza la última estrofa del himno de los juegos olímpicos del 92, esos juegos olímpicos celebrados en Barcelona, pero que fueron de toda España, porque toda España se volcó en ellos. Unos juegos en los que todavía no había ni buenos ni malos, en un tiempo sin barreas ideológicas ni lingüísticas. “Amigos para siempre quiere decir que siempre serás mi amigo, amics per sempre quiere decir un amor que no se romperá jamás, friendsforlife, no un simple amor de verano o de primavera, amigos para siempre

Estamos ante el himno a la amistad. Sí, la mayoría de los ciudadanos del mundo creen en la amistad y quieren la paz. Sí, la mayoría de los ciudadanos de Cataluña queremos permanecer amigos de nuestros amigos de toda la vida, no queremos muros de Berlín ni campos de minas que nos impidan el paso. Queremos permanecer amigos de todos los españoles hoy, mañana, el día 1 de octubre y toda la vida. Queremos permanecer amigos, porque Cataluña es de todos y en ella cabemos todos los demócratas, cualquiera que sea nuestra nacionalidad, religión o lengua.

Amigos para siempre, porque los García llevamos el apellido más frecuente en Cataluña y porque Cataluña se ha levantado con mucho sudor andaluz, manchego, castellano, gallego y de todas las regiones de España. Amigos para siempre, porque no queremos que nadie se lleve de Barcelona ese conjunto tan turístico que se llama “El Pueblo español”. Amigos para siempre porque la mayoría nos sentimos catalanes, españoles, europeos y ciudadanos del mundo.

Amigos para siempre, porque Cataluña es también de los millones de turistas que todos los años visitan las playas,los pueblos y las ciudades de Cataluña. Amigos para siempre, porque Barcelona  es una de las ciudades simbólicas de encuentro de la juventud europea, de esa juventud del Programa Erasmus (película “L’auvergeespagnol”), de esa juventud que un día dirigirá Europa.

Amigos para siempre, porque Barcelona ha sido regada recientemente con sangre de casi todos los continentes y esa sangre se debe respetar. Amigos para siempre, porque ni la osadía de unos políticos ni el pasotismo de otros van a lograr separarnos a los ciudadanos catalanes, porque somos ciudadanos del mundo.

Europa en positivo

Félix
de la Fuente Pascual

Generalmente las  buenas noticias nunca son noticia.  Un ataque de bomba fallido dará materia para diez telediarios, que machaconamente nos estarán repitiendo la vida y milagros del agresor. Sesenta años de paz en nuestra Europa, tan acostumbrada a las guerras fratricidas, no merece siquiera una nota al pie de página. Por eso, tenemos que celebrar  que la Fundación Princesa de Asturias otorgara ayer el Premio Princesa de Asturias de la concordia 2017 a la Unión Europea. El jurado destaca el "modelo único de integración política supranacional" que representa esta Unión.

Premio Príncipe de Asturias

Es interesante que lo  tengan esto muy presente todos los políticos: los tradicionales, para que dejen de poner trabas al proceso integrador de los ciudadanos europeos, y los de nuevo cuño, para que no echen por tierra todo lo logrado hasta ahora, como si la auténtica democracia empezara con ellos.  Son muchas las críticas que se podrán hacer no tanto a la UE en sí ni a su proyecto, como  a los políticos que han tratado de desvirtuar el proyecto o de paralizarlo. Pero, aunque no tuviera en su haber otros logros la UE, el solo hecho de haber propiciado "el más largo periodo de paz de la Europa moderna", como ha resaltado el jurado, merece ya todo nuestro respeto y admiración, admiración que merecen también tantas personas que han dedicado su esfuerzo a este proyecto.

Valores como la libertad, los derechos humanos, la solidaridad, la democracia y la reconciliación “proyectan esperanza hacia el futuro

El reconocimiento que la UE muchas veces no encuentra entre los mismos ciudadanos europeos  se lo muestran los organismos e instituciones de todo el mundo. Recordemos que en 2012 recibió el premio Nobel de la Paz “por su contribución al avance de la paz, la reconciliación, la democracia y los derechos humanos en Europa”. Valores como la libertad, los derechos humanos, la solidaridad, la democracia y la reconciliación “proyectan esperanza hacia el futuro en tiempos de incertidumbre, proponiendo un ejemplo de progreso y de bienestar". Estos valores, que ahora vemos como algo evidente, no es algo caído del cielo sino en gran parte un logro de la UE.

Hace seis décadas los padres fundadores de la Unión sembraron la semilla de una Europa unida sobre las cenizas de una guerra devastadora. En el recorrido posterior se han forjado los lazos de una unión de pueblos que ha permitido embarcar a los europeos en un proyecto de paz, democracia y prosperidad. Hace treinta años España se sumó a esta aventura europea con entusiasmo y espíritu constructivo. Hoy es uno de los grandes protagonistas del proyecto europeo"; aseguran los presidentes de las tres grandes instituciones de la EU.

Estos días Portugal está sufriendo uno de los incendios más devastadores de su historia. Los españoles y la mayoría de los europeos lo estamos viviendo como si estuviera ocurriendo en nuestro propio país. Lo mismo ocurre cuando hay víctimas del terrorismo yihadista. Me gustaría que la prensa, en medio de esta tragedia de Portugal y de las muchas horas que dedican a los datos de este incendio resaltara la solidaridad de los bomberos españoles, franceses e italianos que están colaborando en este trabajo tan arriesgado. Nadie podrá devolverles a los portugueses los seres queridos y los bienes que han perdido, pero pueden contar con la solidaridad de todos los europeos y con las ayudas que les pueda prestar el Fondo de solidaridad de la Unión Europea.

Podremos ser de centro, de izquierda o de derechas, o incluso “antisistema”, pero lo que no podemos ser es “antieuropeos”, porque la UE, con todos sus defectos, es el símbolo de la solidaridad y de la concordia, y por  eso se merece el “Premio Princesa de Asturias”.

La Europa de los ciudadanos no está muerta

Félix
de la Fuente Pascual

Lo malo no es que Gran Bretaña se haya salido de la UE, ni es que los partidos “ultras” estén a punto de llegar al poder y que amenacen con abandonar el proyecto europeo. Lo malo es que los partidos que dicen defender la integración europea son mucho más “nacionalistas” que “europeístas” y no están convencidos de la necesidad de una unión política. Defienden una Europa de naciones, no de ciudadanos; una Europa económica, no social; una Europa egoísta, no solidaria; una Europa en la que poder ir colocando a todos sus subordinados y amigos. Defienden una Europa en la medida que favorece a su partido. Y esto se puede aplicar  tanto a los que se dicen de izquierdas como a los partidos de centro y de derechas. No están convencidos de lo que predican. Llevan 60 años dirigiendo la UE y lo único que han conseguido es desprestigiar al probablemente mayor proyecto integrador y solidario de los últimos siglos.

La Europa de los políticos puede ser que esté muerta, pero no la Europa de los ciudadanos

La figura de  Theresa May, la premier inglesa, abogando tímidamente por la permanencia de Gran Bretaña en la UE antes del Brexit y defendiendo después el Brexit con uñas y dientes la  ruptura total, podría ser la foto de muchos de nuestros políticos.  No necesitamos este tipo de defensores que hoy defienden una idea y mañana la contraria. “Qué tiempos aquellos en que uno de los máximos defensores de la Unión Política de Europa representaba al Partido Comunista en el Parlamento Europeo”. Me estoy refiriendo a Altiero Spinelli. Hubo un tiempo en que tanto los comunistas como los socialistas y los demócrata-cristianos estaban totalmente de acuerdo en la necesidad de una integración europea. Veían que este proyecto tenía mucho de solidaridad, algo que concuerda plenamente tanto con el verdadero comunismo como con el verdadero cristianismo y el verdadero socialismo. Quizás ahora no podamos aplicar a estos partidos el adjetivo “verdadero”.

Prisionero en la isla de Ventotene, donde se encontraba por oponerse al régimen fascista italiano, redactó Altiero Spinelli el famoso manifiesto “Por una Europa libre y unida. Proyecto de manifiesto”. Y lo hizo en papel de fumar para no ser descubierto. Era el año 1941. Entretanto, los europeos no hemos alcanzado la unidad y estamos a punto de perder  la poca libertad de que gozábamos. Estados Unidos, Rusia y China nos están imponiendo sus valores, su forma de vida y su capitalismo feroz y antidemocrático y están acabando con toda nuestra protección social.

"El ciudadano europeo se ha empezado organizar, pero sin querer saber nada de los partidos políticos, de los que se siente abandonado, si no traicionados"

El ciudadano europeo se ha cansado de esperar. Pasan veinte años, al menos, durante los cuales los partidos políticos están viendo impasibles  cómo se está desmontado el proyecto europeo. El ciudadano europeo se ha empezado organizar, pero sin querer saber nada de los partidos políticos, de los que se siente abandonado, si no traicionados. Listas alternativas a las de los partidos políticos para las elecciones al Parlamento Europeo, listas de personas defensoras de la Unión Política Europea, pertenecientes a los diversos países, que demuestren a los partidos tradicionales que no confiamos en ellos y que no son ellos los que nos tienen que proponer quiénes nos deben representar: este podría ser uno de los primeros pasos.

Lógicamente estas listas serán declaradas nulas, pero les habremos demostrado que somos muchos millones los que queremos la UNIÓN POLÍTICA. Porque aunque seamos muchos los que no queramos esta Europa, somos muchísimos más los que queremos otra Europa. Es hora de unir fuerzas: EU I CAN,  PULSE OF EUROPE y otros muchos movimientos están surgiendo por toda Europa. A estos deberían unirse también los ciudadanos de la UE residentes en el Reino Unido y los ciudadanos británicos que votaron a favor de la permanencia y están residiendo en países de la UE. La Europa de los políticos puede ser que esté muerta, pero no la Europa de los ciudadanos.

El ciudadano europeo, una máquina de votar

Félix
de la Fuente Pascual

Cada vez va siendo más claro y evidente: o los ciudadanos europeos, es decir los que nos sentimos europeos, reaccionamos y actuamos o el proyecto de integración europea se nos viene abajo, y con él tantos años de paz y de relativa prosperidad. Digo “relativa” porque esta prosperidad ni ha sido generalizada ni se ha repartido equitativamente.

Durante muchos años, los políticos europeos se han escudado en el pretexto de la unanimidad, es decir, en el pretexto de Gran Bretaña para justificar el parón en el proceso de integración europea: “se necesita unanimidad y los gobiernos de Gran Bretaña se oponen”. Esto ha resultado ser una mera excusa, pues ha pasado ya casi un año desde el referéndum de Gran Bretaña, y la UE sigue aún en punto muerto. 

El ciudadano europeo sigue desinformado

Entretanto, el ciudadano europeo sigue desinformado  y un día se encontrará ante hechos consumados, le gusten o no. A nuestros políticos ni siquiera se les pasa por la imaginación que son nuestros representantes, nuestros mandados, nuestros apoderados y no “nuestros amos y señores”. No les interesa tener unos ciudadanos informados, porque éstos les quitan protagonismo y, además, los pueden criticar. En esto coinciden todos los partidos políticos, ya sean de izquierdas, de derechas o de centro: en excluir al ciudadano. ¿Qué democracia es esta?  Cuando vamos a votar es como si fuéramos a comprar un coche y no tuviéramos más que una marca. Pocos son los que votan convencidos. Quizás sólo los afiliados a un partido. La mayoría votamos a los menos malos.  Votamos por miedo, no por convicción. Votamos a uno malo para que no salga elegido otro peor.

Si esto sucede a nivel nacional, a nivel europeo la desinformación, el desinterés se eleva al cubo. Los partidos se han hecho con el monopolio de la política, han desterrado al ciudadano de la esfera pública, y el resultado está ahí: populismos, xenofobia, nacionalismos de Estado, agonía del estado del bienestar.

Prescindiendo de los problemas internacionales a los que se enfrenta la UE,  hay dos asuntos especialmente graves a nivel europeo: La situación de los ciudadanos de la UE residentes en el Reino Unido y la situación de los ciudadanos británicos  -sobre todo de  los que no han votado a favor del Brexit- en otros países de Unión. En ambos casos  la solución no  debe suponer  algo negativo para estas personas, teniendo en cuenta, además, que muchas de ellas adoptaron la decisión de dejar su propio país, cuando no existía posibilidad de que un país abandonara la Unión. Aunque se trata de dos problemas diferentes, creo que se deben defender conjuntamente pues tienen las mismas connotaciones y  son más de un millón las personas afectadas, con lo cual la fuerza puede ser mucho mayor.

La UE no es una organización de carácter internacional en la que solamente pueden intervenir los Estados. Los ciudadanos de la UE son también sujetos de Derecho. Podemos y tenemos que defender nuestros derechos directamente, si los gobiernos no los defienden. Los derechos de las personas no pueden ser moneda de cambio para los acuerdos comerciales a que deberán llegar la UE y el Reino Unido. Y si no se llegara a un acuerdo de salida con el Reino Unido  -algo que no conviene a ninguna de las partes-  es la UE la que debe defender los derechos de sus ciudadanos. Son varias las posibles soluciones que se pueden dar a estos problemas, pero no podemos estar esperando pasivamente a que los políticos las propongan. Nos necesitan en el momento de las votaciones, pero luego les podemos hacer sombra. “En la tele no puede salir nadie más que ellos”. En realidad nos han tomado por una máquina de votar  sin corazón y sin sentimientos.

Gracias, Europa

Félix de la Fuente Pascual
Secretario de Acción Política de CILUS

Supongo que los defensores de la integración europea no están muy contentos estos días. Estamos en trámites de divorcio con Gran Bretaña, y de un divorcio peleón. Una ruptura matrimonial no es algo muy agradable en sí, pero menos lo es un matrimonio mal avenido. Y esta es la pura realidad: Gran Bretaña nunca se llevó bien con la UE. No fue un matrimonio por amor, sino por interés, un matrimonio que –no es la primera vez que lo digo – nunca debería haberse celebrado.

Gracias, Europa

Por eso, este asunto debemos olvidarlo para  centrarnos en algo más positivo, en lo que ha significado y significa la UE para los países europeos  y, en especial, para nosotros los españoles. Y si somos sinceros, aunque todavía hay muchos errores e injusticias por corregir, tenemos que gritar bien alto Gracias, Europa por tantas cosas buenas:

Gracias, Europa, por habernos proporcionado 60 años de paz. Ha habido mucha sangre en España en estos últimos 60 años, es verdad, pero también en esto nos ha ayudado Europa, y no ha sido una guerra fratricida  a la que tan acostumbrados estamos los españoles. Gracias, Europa, por habernos ayudado a consolidar nuestra democracia, que aunque todavía deje mucho que desear, sin el control de Europa sería aún más débil. Gracias, Europa, por recordarnos constantemente que no puede haber discriminación por razón de la nacionalidad que uno tiene, lo cual se contradice con la discriminación que tenemos en España por razón de la regionalidad.

Gracias, Europa, por haber derribado fronteras, mientras otros intentan levantarlas

Gracias, Europa, por haber derribado fronteras, mientras otros intentan levantarlas. Gracias, Europa, porque muchos jóvenes españoles han podido encontrar en Europa el trabajo que buscaban  en España. Gracias, Europa, por haber contribuido y estar contribuyendo a que desaparezcan situaciones de injusticia, que nuestros gobernantes no se habían atrevido a abordar: cláusulas suelo, la estiba, energías renovables... Gracias Europa, por la defensa de los derechos humanos, aunque nos gustaría que el Parlamento Europeo se atreviera a tomarse más en serio la defensa de los derechos humanos dentro de los países de la Unión.

Gracias, Europa, por los sistemas de la seguridad social,  por el programa Erasmus, por el Euro, por los visados y controles desaparecidos. Gracias, Europa, por habernos hecho perder a los españoles el complejo de inferioridad y también el de superioridad. Gracias, Europa, por mostrarnos que hay caminos pacíficos para resolver los conflictos. Gracias, Europa, por haber hecho de la solidaridad, al menos teóricamente, uno de tus principios fundamentales. Gracias, en fin, por tantas cosas buenas que ahora vemos como normales pero que te las debemos a ti.

Política sin fronteras

Félix de la Fuente Pascual
Secretario de acción política de CILUS

Aparentemente esto suena a contradicción. Las asociaciones  sin fronteras significan, en principio, solidaridad, idealismo, sacrificio y tantos valores que echamos de menos en nuestra sociedad actual. ¿Son compatibles acaso estos valores con la política? ¿Es posible acaso una organización que se denomine  Políticos sin fronteras?  Prescindamos de la realidad, porque, si miramos a nuestro alrededor,  tendremos que afirmar con la máxima rotundidad que no se puede ni soñar en unos políticos sin fronteras. Los políticos nacen y se cuecen dentro de un  ambiente nacional, con más o menos tintes de nacionalismo, todos dentro de unas fronteras: todos quieren hacer una patria grande en la que lo extranjero y el extranjero sea únicamente un instrumento al servicio de la gran nación o del gran país.

Política sin fronteras

Sin  embargo, políticos sin fronteras, aunque no muchos, existen. El político que ha desterrado de su vocabulario y de su actitud la palabra extranjero”,  porque en cualquier ciudadano, independientemente del color o del idioma de éste, sólo ve la persona, el político que intenta resolver los problemas de su país sin olvidarse de los problemas de otros países,  ese es un político sin fronteras.

"¿De qué problemas nos hablan los políticos en las campañas electorales al Parlamento Europeo?"

Pero hay un campo muy propicio donde debería prosperar el transfronterismo político, un ámbito en el que no existen barreas geográficas y en el que hace tiempo que deberían haber desaparecido todo tipo de barreas, porque uno de sus principios fundamentales es la “no discriminación por razón de la nacionalidad”.     Ese ámbito se llama Unión Europea. ¿Podemos decir, sin embargo,  que los políticos de la UE, es decir los europarlamentarios y los jefes de gobierno –estos últimos constituyen el Consejo Europeo-  practican una política sin fronteras?  Y los ministros de los Estados miembros, que son los que forman  el Consejo de Ministros de la UE, ¿piensan en otra cosa que no sean los intereses nacionales? ¿De qué problemas nos hablan los políticos en las campañas electorales al Parlamento Europeo? ¿Cómo reaccionan nuestros políticos y los políticos europeos ante cualquier problema que afecte a toda la Unión Europea, p.e. los inmigrantes, los refugiados, la amenaza yihadista?  En general, al más puro estilo insolidario y nacionalista.

¿Utopía? ¿Realidad?  Como suele suceder en política, la teoría se encuentra en las antípodas de la realidad. ¿Dónde está esa UE de los partidos transeuropeos? ¿Qué posibilidades tiene un español de votar a un francés o a un italiano, o al contrario? No quiero una UE nacionalista, con  murallas interiores y murallas exteriores. Quizás debamos empezar  constituyendo la asociación de “Ciudadanos sin fronteras”. En un mundo globalizado, donde los problemas sólo se pueden resolver en colaboración con otros países, fomentar el espíritu nacional, es la mayor de las miopías.   Mientas el mundo de la empresa y de las finanzas de globaliza, nuestros políticos se regionalizan.

¿Quién ha triunfado en Holanda, Europa o el miedo?

Félix de la Fuente Pascual
Secretario de Acción Política de CILUS

La situación actual de Europa no es realmente muy optimista -tampoco la de España-,  pero una Europa xenófoba, una Europa nacionalista, una Europa con fronteras y con aranceles, una Europa de visados y de pasaporte, y, sobre todo, una Europa con sangre y guerras es todavía menos atractiva.  Pues esta Europa lúgubre, esta Europa del mediados  del siglo XX  es la que podía y puede aún venir. Los holandeses, un pueblo culto, se han dado cuenta de su responsabilidad y no se han dejado llevar ni por Trump ni por el Brexit. No se trataba de unas simples elecciones, sino de seguir adelante o de echar abajo todo lo logrado durante 60 años.  Aunque la amenaza está ahí, sin embargo ni los populismos  ni los partidos anti-Europa pueden -al menos hoy- cantar victoria.

Para muchos, el voto del miedo

Sin embargo el voto pro Europa es para muchos voto del miedo. No es el miedo que nos obliga a votar a un partido para que no salga elegido el otro partido que no queremos, como sucede normalmente en las elecciones nacionales. Es el miedo a que, si triunfan los partidos xenófobos y populistas,  la UE se nos venga abajo. No se trata de que triunfen unos partidos u otros. Se trata de todo o nada, de que la UE se mantenga o se nos hunda. Son  muchos los que piensan, incluso convencidos,  que la UE debe desaparecer, pero yo no quisiera que con el hundimiento de Europa se nos hundiera la democracia, no quisiera que con la caída de la UE pudieran prosperar los dictadores. Los que han nacido o se han criado dentro de esta realidad llamada UE y no han conocido la España anterior,  no pueden apreciar los grados de democracia y de solidaridad humana que nos ha supuesto a los españoles la entrada en la UE. Pero la rebeldía y la crítica no pueden llevarnos hasta el suicidio.

Votar por Europa no es darles una carta blanca a la Comisión Europa o al Consejo Europeo y mucho menos decirles “lo estáis haciendo fenomenalmente”

Votar por Europa no es darles una carta blanca a la Comisión Europa o al Consejo Europeo y mucho menos decirles “lo estáis haciendo fenomenalmente”. Los resultados de las elecciones en Los Países Bajos nos han demostrado que hay muchas personas desencantadas de Europa. Y es esto lo realmente preocupante. Algo se está haciendo mal en la UE,  cuando el descontento crece en países relativamente ricos y sin paro, como son Alemania, Francia, Holanda, y Austria.

No podemos estar votando eternamente guiados por el miedo

El triunfo de los partidos europeístas de Holanda es una noticia muy positiva para todos los que estamos convencidos de la necesidad de una Unión política de Europa. Pero no me gusta el triunfo del miedo ni una UE basada en el temor. No sé qué es lo que realmente ha triunfado en los Países Bajos si la idea de Europa o el miedo. Tampoco quiero unos Estados Unidos de Europa, si la mayoría de los ciudadanos nos se sienten atraídos e ilusionados por esta idea. Y no podemos estar votando eternamente guiados por el miedo. Quiero un voto de ilusión, un voto convencido. Para esto,  los políticos  tienen que presentarnos la Europa  en la que pensaban los fundadores de la UE, no la Europa actual. Tienen que presentarnos la Europa solidaria  y humana, no la Europa de los bancos y del capital.

Las próximas batallas -las citas electorales  en Francia y en Alemania- están todavía por ganar, y el miedo no es nunca la mejor arma.

Una Europa a varias lentitudes

Félix de la Fuente Pascual
Secretario de Acción Política de CILUS

Parece ser que los políticos europeos empiezan a despertar de su letargo ante la situación en que se encuentra la UE, pero no sé si con buen o con mal pie. Antes de nada deberían utilizar un lenguaje sencillo que pudiera entender todo el mundo. Hablar de “Europa a la carta”, de “Europa a varias velocidades” queda literariamente muy bonito, pero apenas es comprensible para el 50 % de la población, ese porcentaje que se encuentra fuera de órbita, cuando se habla de la Unión Europea. Lamentablemente, los políticos populistas y xenófobos suelen hablar un lenguaje más claro, y, por eso, arrastran a mucha gente.

Miki y Duarte

¿Qué quiere decir “una Europa a la carta”, “una Europa a varias velocidades”?  Gramaticalmente sí sabemos lo que quiere decir, pero políticamente hablando yo tampoco  lo entiendo. ¿De qué velocidades nos hablan? ¿10 Km, 50 Km, 1.000 Km? ¿Velocidad de bicicleta, de coche, de avión? ¿Velocidad de tortuga o de   guepardo?  Hace ya más de 40 años que Willy Brand lanzó idea de Europa a varias velocidades en un discurso pronunciado en París -1974-. Jacques Delors hace también muchos año que viene hablando de un núcleo duro de la UE., del motor de la UE, que podría estar formado por los países que quisieran ir más deprisa en el proceso de integración. Este núcleo central estaría abierto  para los países que quisieran ir adhiriéndose después.  Al parecer es de crear este núcleo duro  del la UE, de lo que nos hablan ahora los políticos

Dar a entender que toda la UE ha ido hasta ahora  a la misma velocidad es casi un eufemismo, pues no solo no es verdad sino que durante las dos últimas décadas la UE ha estado casi siempre en punto muerto. Es más, desde que entró en vigor Tratado de Lisboa en el año 2009, la UE ha ido marcha atrás. Puedo demostrárselo. Solo dos ejemplos: En el Tratado de Lisboa se aprueba que los parlamentos nacionales puedan controlar al Parlamento Europeo. ¿Mayor aberración? ¿Un parlamento haciendo de juez o de policía de otro?  ¿Qué diríamos si el Parlamento español intentara controlar al Parlamento andaluz?  Otro ejemplo: antes del Tratado de Lisboa (permitidme que aclare que  el Tratado de Lisboa es la última modificación de los Tratados de la UE) era imposible abandonar la UE.   Cuando un país solicitaba el ingreso en la UE,  sabía que no había marcha atrás.  Para quienes la UE es un club económico simplemente, esta posibilidad de abandonar la UE será quizás algo positivo. En un club uno puede entrar y salir cuando le parece bien.   Sin embargo, para quienes  la UE significa mucho más que un club, para quienes vemos en la UE un paso de gigante en el proceso democrático, un intento por acabar con las guerras, por tratar a todos los hombres por igual, independientemente del país donde hayan nacido, un intento por derribar muros y fronteras, “una unión cada vez más estrecha de los ciudadanos”, como dice el Tratado de la UE, la posibilidad de abandonar la UE es algo muy negativo. Uno no puede dejar de ser demócrata o ir cediendo grados de democracia cuando le da la gana y decir que esto es algo positivo.  Al menos teóricamente, la UE significa “igualdad de todos los ciudadanos” y “no discriminación por razón de la nacionalidad” – principio fundamental de toda democracia -, y  salirse de la UE significa, al menos teóricamente, “querer ser o creerse algo diferente”.

Por tanto, que nos digan claramente a qué velocidad quiere ir la Europa rápida, si esa Europa a gran velocidad quiere llegar a una auténtica  Unión Política, es decir a unos Estados Unidos de Europa, o a una Europa Federal,  qué papel va a jugar el ciudadano o si va a estar de mero espectador, como hasta ahora,  y que nos digan si va a ser una Europa de nacionalismos discriminatorios o de ciudadanos iguales.

Se nos está insinuando que en esta Europa a gran velocidad, que en este motor de Europa estarían en un inicio Alemania, Francia, Italia y España, y que después se podrían ir integrando los países que lo quisiesen. Está bien que se formulen esta posibilidad y creo que ya va siendo hora de que pasemos de la posibilidad a la realidad, pero lo que se debe hacer en primer lugar es informar a los ciudadanos de lo que democráticamente hablando significa el proyecto de integración europea, es formar al ciudadano en los valores que encierra este proyecto, es demostrar que la UE está pensada para promover el bien de los ciudadanos, no el bien de los partidos políticos. Somos muchos los que defendemos unos Estados Unidos de Europa o una Europa Federal,  pero una Europa Federal que hayamos elegido nosotros y una Europa sin discriminaciones por razón de la nacionalidad, pues “discriminaciones por razón de la regionalidad” ya tenemos bastantes en España.

Europa está enferma porque nuestra democracia está enferma

Félix de la Fuente Pascual
Secretario  de Acción Política de CILUS

Ante las posibles situaciones, o escenarios, como se suele decir ahora, que nos presenta la Comisión Europea con respecto a la crisis actual de la UE, una sería no hacer nada y dejar que las cosas se solucionen por sí mismas, que es actitud normal  de nuestros políticos españoles.  Un segundo escenario sería desmontar la UE o volver a los nacionalismos, es decir retroceder cien años  en la marcha de la historia y perder todo lo logrado hasta ahora tanto en las conquistas sociales como en la convivencia pacífica de los europeos, y otro –hay más escenarios posibles- sería avanzar hacia una Unión política, al menos entre los países de la UE que lo deseen. Es decir una Europa a varias velocidades. Varias velocidades es algo que en realidad ya existe: p.e. la Europa del Euro va a una velocidad diferente dentro de la UE, pero lo que no ha existido hasta ahora es una verdadera voluntad de Unión Política.

Comisión Europea

 A ciudadano de a pie le falta serenidad y elementos de juicio para poder decidir cuál de estas soluciones sería la mejor para él.  No es de extrañar. Después de varias décadas en que los políticos se han dedicado a echar la culpa a Bruselas de todas sus incapacidades, de su corrupción y de sus despilfarros – el despilfarro es quizás más grave aún que la corrupción, pues está más generalizado aún que aquella-, no podemos exigir que haya mucha simpatía por el proyecto de una Unión Política. Se nos ha educado por activa y por pasiva para ser nacionalistas, con todas las connotaciones que el nacionalismo lleva consigo: egoísmo, estrechez de miras, creernos superiores, insolidaridad y un largo etcétera negativo. Es decir se nos ha formado en contra de los valores que son la característica de la integración europea y,  al mismo tiempo, la característica de una democracia viva. Con la UE nos llegó a España un alto grado de democracia. Democracia y UE son conceptos que van íntimamente unidos. Nuestra pérdida de democracia puede suponer la pérdida de la UE y, en sentido contrario, la desintegración de la UE puede suponer también la desintegración de nuestra democracia.

"Lamentablemente, a los españoles, que según la Constitución somos los únicos soberanos, hace ya mucho tiempo que los partidos políticos nos robaron la soberanía"

Idiotas de nosotros, se nos quiere hacer creer que si nuestros políticos nacionales o regionales pierden soberanía, la perdemos también los ciudadanos. Los ciudadanos lo que queremos es que nos gobiernen bien  y nos da igual que el jefe de gobierno sea gallego, andaluz,  vasco o francés o italiano. Lo importante es que se gobierne para los ciudadanos, y no para los partidos políticos. Se nos dice “cuanto mayor sea la integración europea, menos soberanía tendremos los españoles”. Lamentablemente, a los españoles, que según la Constitución somos los únicos soberanos, hace ya mucho tiempo que los partidos políticos nos robaron la soberanía. A su vez,  nuestro gobierno y nuestros políticos, y algo similar podremos decir de los políticos y de los gobiernos de los otros Estados miembros de la UE, no tienen la más mínima autonomía ni soberanía para enfrentarse a los problemas actuales del mundo, pero no porque se la haya quitado Bruselas, sino porque en un mundo globalizado, los Estados miembros de la UE por separado no pintan nada.

Que nadie nos engañe. Cuando oigo que Bruselas nos quita la soberanía, me resuena en los oídos aquello de “España nos roba”. ¿Queremos acaso que nos gobierne Washington o Moscú en lugar de Bruselas, o que sean las multinacionales las que nos impongan sus reglas, como ya lo están haciendo o intentando hacer?

La integración europea corre peligro, porque corre peligro nuestra democracia. Los partidos populistas y xenófobos pueden acabar con la integración europea pero, sobre todo, pueden acabar con nuestra democracia.  La pasividad y la falta de reacción de los partidos políticos no es una excusa para que los ciudadanos no busquemos alternativas. También nosotros hemos estado pasivos durante mucho tiempo, tolerando que nos roben la soberanía. 

Los españoles y portugueses, junto con los países del Mediterráneo y Alemania y Francia, somos los más proclives a una integración política. Sí, a pesar de la educación y formación que se está dando en España, todavía seguimos apostando por una integración europea.  Sí, el peligro y la solución para la democracia empieza en la escuela, ese  capítulo que suele sufrir siempre los primeros recortes presupuestarios.- Europa está en peligro, porque está en peligro nuestra democracia. NO al  revés.

No hay otra solución que Europa

Félix de la Fuente Pascual
Secretario de Acción Política de CILUS

Navegar contra corriente no es nada fácil. En estos momentos de populismo creciente y de democracia menguante hablar de la UE suena a trasnochado e incluso a utópico. Lo que priva hoy y  lo que hoy está de moda es hablar mal de Europa. Por otro lado, alguien me dirá que el verdadero problema no es Europa, sino el paro, los bajos sueldos, la mala calidad de nuestra enseñanza y de nuestra sanidad, la guerra, los refugiados, la hambruna, etc. Hablar de Europa en el momento actual no vende, la idea de Europa no cae simpática. Lo sé y no necesito que nadie me lo recuerde. A pesar de todo, y mientras ningún político me proponga algo mejor, tengo que repetir lo de Ortega y Gasset “…y Europa es la solución”.

Navegar contra corriente no es fácil

Pero, ¿por qué la Europa actual no es para muchos la solución? ¿Quién ha logrado adulterar el proyecto de paz más importante de todo el siglo XX y probablemente de todo lo que queda del siglo XXI?  ¿Quién nos ha vendido el proyecto de integración europea como si se tratara de un gran mercado/proyecto económico? ¿Qué político nos habla de los valores que comporta la UE?  ¿Por qué nadie se ha atrevido a decir que  la UE es en realidad muchísimo más que un mercado? ¿Cuándo se nos ha dicho que la UE es un espacio de lucha por la paz, por la justicia social, por le defensa de los derechos humanos, por las conquistas sociales, por la convivencia pacífica, sin distinción de nacionalidad, un espacio donde se deben abolir todo tipo de nacionalismos y suprimir todas las fronteras, ya sean físicas o políticas, fronteras ideológicas, religiosas  y de sexo? ¿Quién se puede enamorar de un simple “mercado común”, nos dice Jaques Delors? 

Es muy arriesgado decir a los políticos lo que ellos no quieren oír. Sí, los responsables de la mala prensa que tiene la UE, sois vosotros, los políticos, los que vivís de la política y no para la política. Vosotros sois los que habéis parado el proceso de integración europea,  porque en una unión política ya no seríais los dioses  y perderíais poder. Vosotros sois los que estáis echando el freno a una Europea solidaria y  social que trate de resolver conjuntamente todos los problemas que afectan a los europeos. Vosotros sois los que habéis impedido la creación de unos auténticos partidos europeos y unas auténticas elecciones europeas, en las que se nos hable de Europa y no de vuestros trapos sucios.  Vosotros y vuestros partidos políticos  sois la raíz de todos los males de Europa. Habéis monopolizado el poder en provecho propio, cuando no sois más que un mero instrumento al servicio de los ciudadanos. En una unión política de Europa habrá problemas, pero será mucho más fácil resolverlos.

El peligro de Europa no se llama Le Pen, ni Trump, ni Brexit, ni  son los partidos xenófobos alemanes, holandeses o de Grecia. El peligro para la UE sois vosotros.  No habéis querido defender el proyecto europeo por no perder vuestros privilegios. y nos habéis presentado un UE aguada y desilusionante.  Una UE políticamente unida habría podido y podría en el futuro afrontar mucho mejor todas las crisis  y resolver mucho mejor los problemas de los ciudadanos. No busquéis chivos  expiatorios en la banca, en el gran capital o en entes abstractos. Los responsables últimos de todo el mal de Europa tienen un nombre muy concreto: partidos políticos. Os lo dice alguien que defiende la necesidad de los partidos políticos, pero no vuestro monopolio ni vuestra partitocracia. Mientras vosotros no cambiéis, nada cambiará ni en España ni en Europa.