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¿Podremos votar en las próximas elecciones locales?


Lenox Napier
Un británico de Mojácar

➤ Una comunidad necesita tener a sus portavoces: que les representen, que hablen en su nombre, que recauden sus impuestos, que gasten el dinero común sabiamente (sin robar), que planifiquen para el futuro y que celebren el pasado. El Ayuntamiento (en caso de que el centavo no haya caído aún) necesita atraer fondos adicionales de las autoridades centrales, regionales y provinciales, perseguir al turista esquivo (sin molestar demasiado a la comunidad autóctona), educar y entretener a sus hijos, proporcionar cultura a su población en general y proteger a sus pobres y enfermos a través de programas sociales.

Brexit sí, brexit no

Sin duda me he perdido algunos puntos, pero, en resumen, el Ayuntamiento necesita representar a su población, y ser elegido democráticamente por su población. Sin trucos, como añadir gente al padrón unos meses antes de las elecciones (¿veinte o más personas en una dirección?). Sin trucos, como podar el padrón o dejar de decir a los residentes extranjeros que tienen que registrarse para votar. Sin trucos, como no decir a los residentes británicos si pueden votar: ¡Sí o No!

Porque, mientras se hace esa pregunta clave, no hay nadie oficial que está dispuesto a responder. Hay diecisiete concejales británicos en Almería, y ni siquiera ellos saben lo que va a pasar. (La mejor información que puedo encontrar sobre España en general viene de 2008, cuando había 37 concejales británicos en todo el país).

En 2014, un periódico nacional publicó un artículo titulado 'Los inmigrantes en la política local’. El artículo dijo esto: “La inclusión política de los inmigrantes sigue siendo muy desigual con respecto a la población indígena. A pesar de la extensión de sus derechos electorales, están infrarrepresentados entre el número final de consejeros electos y, en menor medida, en las listas electorales”.

Algunos datos están disponibles: Las ciudades con un 15% de población extranjera  tenían menos de un 1% de representación en la política local. Los extranjeros representan actualmente el 10% de la población de España. En España, hay 240.934 residentes británicos legalmente registrados por el Ministerio del Interior (aproximadamente el tamaño de la ciudad de Granada). En Almería hay 14.318 británicos.

Todos ellos, si son mayores de 18 años, pueden votar actualmente (hasta que se les indique lo contrario, y hasta – quizás – que el Brexit sea firme). Entonces, ¿quién nos va a informar sobre nuestros derechos, y cuándo?

El periódico provincial Almería Hoy analiza el número actual de extranjeros en todas y cada una de las ciudades de Almería. Señalan que en Mojácar, donde vivo yo, casi la mitad de la población total (según la información proporcionada por el Ayuntamiento) es extranjera. De hecho, de una población total de 6.630 habitantes, 3.005 -principalmente británicos- caen en aquel epígrafe. 

¿Tendremos derecho a votar en mayo de 2019, después de Brexit, o no? Sin nosotros, por ejemplo, el Ayuntamiento de Mojácar dejará de representar los deseos de cerca de la mitad de sus ciudadanos.

Ciudadanos de tercera clase


Lenox Napier
Un mojaquero británico

Una de cada doscientas personas que viven en este gran país es un residente británico. Cinco en cada mil. Juntos somos un poquillo más que la población entera de la ciudad de Granada. Estoy usando las cifras del Instituto Nacional de Estadísticas. Británicos: 240.934.  Granada: 234.758. No cabe duda de que hay muchos más de esos 240.000 británicos viviendo aquí, en España, pero, como muchos no figuran en el padrón o permanecen solo seis meses al año no vamos a contar aquí con ellos.

¿Tendremos los británicos derecho a voto en las próximas elecciones locales?

Estos residentes británicos, gracias al Brexit (la culpa no la tiene España en absoluto), van a perder el derecho al voto en las elecciones municipales. Dejaremos se ser considerados españoles, y pronto tampoco seremos europeos. No obstante, el tema de la pérdida del voto de los guiris no va a ocupar muchas páginas de la prensa nacional. Pero imagínense que la población entera de la ciudad de Granada perdiese sus derechos democráticos, que no pudieron votar en las elecciones municipales (de las nacionales no vamos a hablar). ¿Sería escandaloso, no?

Los extranjeros que viven en España, miembros de la Unión Europea o no, no pueden votar en las elecciones generales ni en las autonómicas, Por eso no hay nadie que hable por ellos ni en Madrid ni en la capital de su autonomía. A veces Hacienda se acuerda de nosotros y nos pone un impuesto especial (el Modelo 720, por ejemplo) o Interior nos priva de nuestro tarjeta de residencia (como pasó en 2009)… Pero, en general, estamos olvidados y permitidos pasivamente de estar aquí porque traemos pasta desde el exterior.
Quitando a los votantes británicos del proceso democrático no se ayuda en formar la integración
En los municipios pequeños, donde todos conocen a sus mandatarios, es importante para la sociedad que toda la población tenga representación. Quitando a los votantes británicos del proceso democrático no se ayuda en formar la integración. Además, ¿quién se va a preocupar por nosotros?

Se habla de que, quizás, habrá un convenio bilateral entre la Unión Europea y el Reino Unido. Me parece dudoso . Porque, una vez más, ¿quién va a luchar para conseguir tal acuerdo? Los españoles en el Reino Unico no tienen voz (hay doscientos mil), ¿y qué dice la comisaria de Asuntos Exteriores de Europa en sus conversaciones con Londres al respeto? Les voy a ayudar: se llama Federica Mogherini. ¿Y que dice el español? José Borrell tiene sus manos llenas con los catalanes).

Hace unos días, la Oficina del Censo Electoral (depende del INE) mandó una carta a los Ayuntamientos. Dice: ‘En el año 2019 corresponde la celebración de elecciones municipales y al Parlamento europeo, en las que podrán participar ciudadanos de la Unión Europea residentes en España y además, en las elecciones municipales, los nacionales de doce países que tienen firmado un Acuerdo de reciprocidad  de voto con España…’. Brexit cae en marzo del año que viene y las elecciones en mayo.

En mi pueblo, Mojácar, después de mucho tiempo, el Ayuntamiento ha sacado de repente una nota en inglés pidiendo a los extranjeros que viven allí a inscribirse en el padrón municipal. Como sabemos, esto ayuda a traer fondos del Estado. No obstante, el circular no invita a los residentes potenciales a pedir por escrito su derecho al voto, porque –hay que asumirlo – no lo vamos a tener.

La Unión Europea, ¿a cuántas velocidades?

Félix
de la Fuente Pascual

La confusión que reina en torno a este concepto, mejor dicho en torno a todo lo relacionado con la UE en general, exige que nos detengamos a pensar un momento. Hablar de dos o varias velocidades dentro de la UE equivale para algunos a una discriminación entre países ricos y países pobres, Los países ricos quieren dirigir e imponer su voluntad a los menos desarrollados. Así piensan algunos. Nada más lejos de la realidad. La discriminación es lo opuesto a la democracia, pues significa la negación del principio de igualdad de las personas, y en el tratado de la UE está expresamente prohibida toda discriminación por razón de la nacionalidad.

La Europa a dos velocidades no es algo negativo

Por si alguien sigue, no obstante, teniendo alguna duda, conviene recordar al respecto que ni Willy Brand, que fue el creador de este concepto, ni Jacques Delors, que ha sido y, creo, sigue siendo un acérrimo defensor del mismo, pueden provocar la más mínima duda respecto a su talante democrático, y lo harían si relacionáramos la discriminación con la idea de Europa a varias velocidades.

Hay que tener en cuenta que la UE no es algo acabado, sino que es algo que se está haciendo

¿En qué consiste una Unión Europea a varias velocidades? Pues en que unos países quieren y pueden ir más deprisa que otros en el proceso de integración europea. Hay que tener en cuenta que la UE no es algo acabado, sino que es algo que se está haciendo, está en proceso de integración, en un proceso que durante las últimas décadas ha estado casi paralizado pero que está obligado a avanzar.

No todos los países quieren ir a la misma velocidad en este proceso, pero en todos los países debería existir este deseo de integración. Y si un país no tiene esta voluntad de integración, debería salirse de la Unión o no debería haber entrado, pues está clarísimo en los tratados que este proceso se dirige hacia una integración cada vez más estrecha entre los ciudadanos de la UE.  Por eso, he dicho varias aveces que Gran Bretaña y algún otro Estado no deberían haber entrado nunca en la UE, pues nunca tuvieron ese deseo de integración total.

Si existe la posibilidad de salida de la Unión, debería existir la posibilidad de echar de la Unión a un país que incumple con los principios y valores fundamentales de ésta

“El tren de la Unión no puede siempre moverse a la velocidad del vagón más lento. De hecho, tengo la impresión de que algunos de los vagones no quieren moverse o incluso quieren ir hacia atrás» Son palabras de Prodi, antiguo presidente de la Comisión.  Está claro que no existe el mismo deseo de integración en la mayoría de los países del Sur que en los países nórdicos o en los países del Este. Es más, si existe la posibilidad de salida de la Unión, debería existir la posibilidad de echar de la Unión a un país que incumple con los principios y valores fundamentales de ésta. 

El hecho de que exista un núcleo que quiera ir más deprisa no supone ningún perjuicio para los demás Estados. Incluso podría servir de motor que facilitara el avance de los demás Estados y podría estar constituido por los países fundadores, con ciertas dudas respecto a Holanda, junto con España, Portugal y quizás Austria. De hecho, actualmente ya hay dos grupos de Estados miembros claramente diferenciados: los países del Euro y los demás.

La Europa a dos velocidades no es algo negativo, sino algo que podría desbloquear la parálisis actual

Si la Eurozona ha estado abierta a los demás países y no ha supuesto la más mínima discriminación, este núcleo central que estuviera en cabeza de la integración europea tampoco supondría discriminación alguna respecto a los demás Estados, que podrían acceder en cualquier momento al núcleo central.

La Europa a dos velocidades no es algo negativo, sino algo que podría desbloquear la parálisis actual. Claro que para que se constituya este núcleo central, el Parlamento Europeo, por un lado, tiene que defenderlo y los Gobiernos de dichos Estados, por otro, tienen demostrar su voluntad política con hechos y no sólo con palabras, pero tanto unos como otros, a pesar del Brexit y de Trump, siguen callando.

Está en juego la ciudadanía europea y mucho más

Félix
de la Fuente Pascual

Unos meses antes del Brexit publiqué en mi libro Los Estados Unidos de Europa las siguientes frases:

El hecho de que Una Gran Europa sea inconcebible sin Gran Bretaña no ha impedido la tensión constante entre dicho país y los demás países de la UE, y esta tensión es en gran parte la que está paralizando el proceso de integración europea. Además, Gran Bretaña ha arrastrado con ella  a algunos países de la antigua EFTA (Dinamarca, Suecia), que han decidido no integrarse de momento en la moneda única”.

Gran Bretaña se siente, por un lado, unida a Europa y, por otro, unida a los Estados Unidos de América.  Y actualmente se encuentra ante esa alternativa. En principio, esto no debería suponer ningún problema,  pero  querer transformar la UE y adaptarla a los intereses particulares suyos o de los Estados Unidos supondría la muerte de la UE. Querer renacionalizar muchas de las competencias que son características de la UE supondría acabar para siempre con ésta.  Otro golpe mortal sería ampliar indefinidamente la Unión Europea, prescindiendo de la profundización, ampliación en que está interesada tanto Gran Bretaña, como los Estados Unidos, porque significaría paralizar la toma de decisiones y  dejar reducida la UE a un puro mercado”.
En realidad, estas ideas las tenía escritas desde hace ya varios años y reflejan lo expuesto hace ya casi un siglo por Coudenhove-Kalegi en su libro “Pan Europa”, publicación que recomiendo a todos los europeistas. Y más aún, he defendido que Gran Bretaña no debería haber entrado nunca en la UE y que en realidad no ha estado nunca totalmente dentro.

La ciudadanía europea y mucho más

Esta larga introducción quiero que sirva de marco para que se interprete correctamente lo que voy a decir, pues sé que no va a agradar ni a los partidarios del Brexit ni a muchos ciudadanos de los otros Estados miembros de la UE.:

A LOS CIUDADANOS BRITÁNICOS QUE HAN VOTADO A FAVOR DE LA PERMANENCIA EN LA UE NADIE LES PUEDE QUITAR LA CIUDADANÍA EUROPEA

Esto mismo lo defendería si se tratara de ciudadanos españoles o ciudadanos rumanos. Y lo defiendo porque se trata de una máxima injusticia y porque lo que está en juego es algo más que la ciudadanía de unos millones de personas. Es la existencia misma de la UE, que se funda en la supremacía del Derecho de la UE sobre  el Derecho de los Estados miembros. Y en este caso está prevaleciendo el Derecho de un Estado por encima del Derecho de la Unión.   La decisión del Gobierno de Gran Bretaña de salir de la UE afecta a muchos ciudadanos, y el Tribunal de Justicia de la UE ha dicho en varias ocasiones “los Estados miembros, en el ejercicio de su competencia en materia de nacionalidad, deben respetar el Derecho de la Unión”

El Gobierno de Gran Bretaña, al decidir salir de la UE, tomó una decisión de forma unilateral, sin tener en cuenta el Derecho de la Unión, pues privó a millones de personas de la ciudadanía europea - a todos los que votaron a favor de la permanencia - en contra de la voluntad de dichas personas. ¿Está acaso el Brexit por  encima del Derecho de la Unión Europea? El Derecho de la Unión Europea no es derecho internacional sino “supranacional”. Está también en juego el concepto de ciudadanía Europea.  ¿Depende acaso esta ciudadanía exclusivamente de los gobiernos nacionales? ¿A qué quedan reducidos unos derechos y deberes que ligan directamente el ciudadano europeo con la UE sin la intervención de los Estados miembros?

Yo no lo veo tan claro como quieren admitirlo algunos. Y, por eso, si yo fuera británico y hubiera votado a favor de la permanencia en la UE, lucharía con todas mis fuerzas por defender unos  derechos que me ha otorgado la UE y que el Gobierno británico me quiere arrebatar.

Lo primero que haría sería recurrir a un tribunal español y pediría a dicho Juzgado que formulara una cuestión prejudicial al Tribunal de Justicia de UE más o menos en estos términos:

1º ¿Puede el gobierno británico quitar la ciudanía europea contra su  voluntad a un ciudadano británico que ha votado a favor de la permanencia del Reino Unido dentro de la UE? ¿No va contra la primacía del Derecho de la Unión el que se aplique en este caso el Derecho nacional y se prive a una persona de la ciudadanía europea y de los derechos que ésta conlleva sin tener en cuenta el Derecho de la Unión?  (Caso Janko Rottman, contra Freistaat Bayern, asunto c-135708 Puntos 45 y 48).

Si a este ciudadano se le pudiera privar de la ciudadanía europea, ¿no habría una contradicción con otras sentencias del Tribunal de Justicia, que únicamente ha admitido la posibilidad de privar a una persona de la ciudadanía de la Unión, cuando la ciudadanía nacional y, por tanto, la ciudadanía de la Unión, se han adquirido de forma fraudulenta?

3º. ¿No estarían las Instituciones Europeas y, sobre todo, el Parlamento Europeo, obligadas a defender los derechos de unas personas que quieren continuar siendo ciudadanos europeos y a buscar, por tanto, una solución, porque se está vulnerando el derecho de la Unión?

El  hecho de encontrarnos ante el primer caso de un Estado miembro que abandona la UE y en los términos en que está redactado el artículo 50 del Tratado de la Unión Europea, que no habla en absoluto de las garantías de los derechos de los ciudadanos, suscita ciertos problemas o contradicciones entre un Derecho Nacional y el Derecho de la UE, por un lado, y los intereses o derechos de un Estado y los intereses de unos ciudadanos, por otro. No sé si me daría la razón el Tribunal de la UE,  pero yo no me quedaría pasivo ante un hecho que considero de máxima injusticia.

El Brexit, una bendición

Félix
de la Fuente Pascual

Hace un año, dije:  “Cuando se publiquen esta líneas, ya se conocerá el resultado del referéndum de Gran Bretaña. Que no cunda el pánico.  El mal ya está hecho. Las cosas no pueden ir a peor.  En términos financieros se dice que los mercados y las bolsas ya han descontado los efectos de una posible salida. En términos políticos podemos decir lo mismo. La mera posibilidad de poderse salir de la UE,  el someter a referéndum la permanencia en la UE es un mal más grave aún que la salida de Gran Bretaña. Y no porque  tenga nada en contra del referéndum. Un referéndum es, en principio, un acto de suprema democracia. Pero cuando todos los medios oficiales nos vienen bombardeando desde hace ya muchos años, en España también pero mucho más en Gran Bretaña, con eslóganes como estos: “hay que acabar con la burocracia de Bruselas,  Bruselas nos está quitando la soberanía nacional, Bruselas nos está quitando la posibilidad de decidir por nuestra propia cuenta”, lo que equivale a decir la famosa frase  “Bruselas nos roba, Bruselas nos roba”, son muy pocos los que están en condiciones de poderse librar de dicha presión mediática.  ¿Es de extrañar, por tanto, que haya tantas personas en Gran Bretaña y en España contrarias a la UE?".

Una bendición

Con toda la comprensión para los muchos británicos que residen en España y en Europa, a quienes he defendido y  sigo defendiendo como el que más –he dicho que a los que han votado a favor de la permanencia en la UE el gobierno británico no puede quitarles la ciudadanía europea – y comprensión también para los ciudadanos de la Unión que residen en el Reino Unido, a quienes las autoridades europeas deberán defender a capa y espada, tengo que decir que ahora estamos en condiciones de afrontar con claridad los verdaderos problemas que afectan a los ciudadanos.

No es este un momento para lamentarnos. El mal se hizo cuando se permitió que un país se pudiera salir así tan alegremente del la UE, como si se tratara de un club de petanca. El mal está en el Tratado de Lisboa, con sus concesiones a  los nacionalismos. El mal está en haber dado mucha importancia al comercio y poca a las personas. Ojala el Brexit nos haya abierto los ojos. En este sentido el Brexit podría ser una bendición.

Lo que los políticos británicos pretenden ahora es lo mismo que pretendían cuando estaban dentro de la UE. El mal que están haciendo a sus ciudadanos es el mismo mal que buscaban para todos los ciudadanos de la Unión: acabar con las sacrosantas libertades de circulación y de establecimiento, acabar con la solidaridad, que es uno de los valores fundamentales de la UE –y ojalá que lo fuera también de España-, y fomentar el nacionalismo. Por tanto, es mucho mejor que Gran Bretaña esté fuera, aunque yo hubiera preferido que hubiera seguido dentro, eso sí,  en las mismas condiciones que los demás Estados, sin privilegios, sin excepciones y sin complejos de superioridad.

En un momento de debilidad de la UE, Gran Bretaña lanzó un órdago que hubiera supuesto la desaparición de la UE como tal, y lo perdió. Y el mal se lo hizo únicamente a sus ciudadanos. Pero los ciudadanos los británicos que no quisieron salir de la UE, que para mí siguen siendo “ciudadanos europeos”, no pueden sufrir todas las consecuencias y, en concreto, no pueden ser privados de una ciudadanía que no les otorgó Gran Bretaña. A esos ciudadanos  es a quienes debemos defender como conciudadanos nuestros.

Londres ya no sirve de excusa

Félix
de la Fuente Pascual

Reconocer la propia responsabilidad es propio de grandes personas. Buscar excusas es característico de  espíritus mediocres. Hasta ahora había siempre una buena coartada para seguir frenando el proceso de integración europea, pues la mayoría las decisiones de este campo requieren la unanimidad del Consejo de la UE y del Consejo Europeo (es decir, las reuniones de los respectivos ministros nacionales y de los jefes de Gobierno respectivamente) y por sistema Londres se oponía siempre. ¿Qué pretexto buscarán ahora los políticos nacionales, sí, esos señores que se esconden bajo el nombre de Bruselas, pero que deberíamos llamar París, Berlín o Madrid o cualquier otra capital de otro Estado miembro, para tapar su cobardía?

No es la excusa

Por de pronto, han pasado ya casi un año desde el Brexit y desde entonces ni se ha tomado decisión alguna ni hay expectativas de que se vaya a tomar en breve. A la falta de decisión de las instituciones de la Unión se junta la lentitud con que se mueve toda la maquinaria europea  La angustia en que están viviendo millones de ciudadanos, ya sean británicos o de la Unión, por la ligereza y la improvisación que ha rodeado la salida de Gran Bretaña,  bien merece cierta urgencia. Respecto a ciertos problemas, no es Londres quien debe imponer el ritmo, sino las necesidades de los ciudadanos y la responsabilidad de las instituciones de la Unión.

"Si los gobiernos están fomentando los nacionalismos de Estado, que no se extrañen luego de los nacionalismos de las regiones y de los populismos"

Es mucho lo que tiene que cambiar Europa, como dice Macron, pero el cambio tiene  que hacerse en la buena dirección. No es la renacionalización de competencias que hasta ahora estaban en manos de la Unión el camino que se debe seguir. Si los gobiernos están fomentando los nacionalismos de Estado, que no se extrañen luego de los nacionalismos de las regiones y de los populismos. El nacionalismo es populismo. ¿Por qué ha triunfado May en Gran Bretaña y Trump en América? Ante las necesidades de amplios sectores de la población, es verdad, han apelado a los argumentos más bajos.

Pero el nacionalismo es también el argumento más rastrero que están utilizando los gobiernos de los Estados miembros para destruir a la Unión. “España no puede perder su soberanía nacional”, “no puede perder ya más competencias” , y así caemos en la trampa los ciudadanos. En Alemania o en Francia y en los demás países utilizan los mismos argumentos. Pero ¿qué soberanía económica, militar, financiera, medioambiental, atómica... tiene España?

Que no nos engañen los políticos, cuando nos hablan de soberanía nacional están pensando en su propio “poder hacer lo que les da la gana”, se están refiriendo a la soberanía de partidos políticos. En una Unión Política los partidos políticos nacionales no podrán hacer lo que se les antoje y, por eso, se oponen a que la integración europea avance.

Se acabó el hacer de Londres el chivo expiatorio. Ahora no pueden esconder las cartas. No es la soberanía nacional la que importa al ciudadano, sino el llevar una vida digna, en la que no se vean continuamente amenazados por la inseguridad del futuro de sus hijos o por la inseguridad de su puesto de trabajo  y en la que todo el mundo tenga acceso a una educación y a unos cuidados sanitarios no discriminatorios. Esa es la única soberanía que nos importa.

Entre Gran Bretaña y la UE nunca hubo un verdadero amor

Félix
de la Fuente Pascual

No pertenezco a ningún club de fútbol, pero siempre me ha llamado la atención la fidelidad de los socios a su propio club, una fidelidad que yo desearía para otras instituciones y organismos. Estamos oyendo estos días, con motivo del Brexit,  que la UE no es un club, al que uno se puede afiliar y del que uno se puede dar de baja cuando le apetezca,  pero, en vista de lo fácil que ha resultado salirse,  creo que sí estamos ante un club cualquiera.

La situación de Gran Bretaña dentro de la UE se había hecho insostenible

La ruptura de Gran Bretaña con la UE no ha supuesto ningún acto de infidelidad. Donde no hay ni ha habido amor no ha existido matrimonio ni sacramento. Y entre Gran Bretaña y la UE nunca hubo un verdadero amor. Tanto el ingreso de Gran Bretaña en la UE como su permanencia ha sido un apaño puramente económico. Pero, ojo, me estoy refiriendo a los políticos británicos, no a los ciudadanos británicos, porque en muchos de estos últimos sí existe y ha existido amor. Y estos últimos han sido objeto del mayor fraude político de los últimos siglos. Un fraude político que puede tener unas gravísimas consecuencias jurídicas, económicas y familiares.  Los políticos ingleses no han sido infieles a la UE, han sido infieles a sus propios ciudadanos, y de paso también a ciudadanos de la Unión residentes en Gran Bretaña.  Son a ellos a los que los políticos británicos han dado el salto.

Es verdad que a ningún país se le puede retener a la fuerza dentro de la UE,  pero que una decisión y cambio tan transcendental como el ingreso o la salida de la UE se puedan decidir por la mayoría de un voto, o de un puñado de votos, esto no es serio. No es serio ni por parte de Gran Bretaña ni por parte de la UE. No es serio tampoco que el Parlamento Europeo, que es el representante de todos los ciudadanos de la Unión, haya hecho “mutis por el foro”, aunque, es verdad, lleva mucho tiempo callando, sometido a la dictadura de los partidos nacionales. Y el artículo 50 del Tratado de la UE, que regula la salida de la Unión,  se aprobó alegremente con el visto bueno del Parlamento Europeo.

La situación de Gran Bretaña dentro de la UE se había hecho insostenible, pero los ciudadanos europeos no pueden quedar abandonados por decisión de los políticos. Sigo defendiendo que los ciudadanos también estamos unidos directamente con la UE, sin intermediación de  nuestro respectivo Estado, y no se nos puede quitar así sin más la ciudadanía europea. Y si no es así, que no se vuelva nunca más a hablar de ciudadanía europea.

En toda ruptura hay dolor, y en el caso del Brexit, el dolor lo tienen los ciudadanos, unos más que otros, naturalmente. Incluso los que no estamos directamente afectados  sufrimos también esta ruptura, porque a unos conciudadanos nuestros se los ha privado de la ciudadanía europea contra su voluntad y  porque los que nos confesamos europeos nos sentimos amenazados de perder un día dicha ciudadanía, y también contra nuestra voluntad.

Que Gran Bretaña haya dado el salto a muchos ciudadanos británicos/europeos es grave, pero más grave aún sería que el salto se lo dieran también la UE y el Parlamento Europeo.

Los británicos en España se enfrentan al Brexit

Lenox Napier
Un británico de Mojácar

Nota de la redacción: Lenox Napier es un ciudadano británico que lleva muchos años residiendo entre nosotros. No obstante, su dominio del castellano no es pleno, por lo que algunas expresiones de este artículo pueden padecer una redacción inadecuada. No obstante, respetamos la literalidad del mismo.

Los británicos están divididos entre sí: los que prefieren dejar la UE frente a los que quieren permanecer. Los Brexiteers (brexiteros) están en un lado, los Remainers (permaneceros) están en el otro. El Reino Unido está muy dividido al respeto, con más xenofobia, más nacionalismo y más amenazas que nunca. Aquí, en España, nosotros, los residentes británicos nos consideramos parte de la comunidad de los ‘expatriados’. Brexit no es un ejercicio de libertad contra la imponencia de Bruselas (o como sea que lo creen en Londres). Brexit para nosotros los británicos que vivimos en uno de los 27 países de la UE restantes es una amenaza contra nuestra inevitable pérdida de privilegios como futuros ex-comunitarios europeos.

Brexit

En breve tendremos que hacer frente a la obtención de una visa o un permiso de trabajo. Podemos necesitar una cuenta bancaria convertible, o 'fondos suficientes' para permanecer. Podríamos perder nuestra cobertura de salud o ciertos derechos de pensión. Probablemente perderíamos el derecho a un voto local (y también perderíamos a nuestros pocos conciudadanos valientes que trabajan en la política local). Por supuesto, nadie sabe, o si lo hacen, no nos lo están diciendo. Nunca es sin embargo (como debemos recordar de nuestros tiempos en el Reino Unido) una mala idea llevar un paraguas cuando el cielo está revuelto.

¿Entonces, qué podemos hacer? Siendo británicos, por supuesto, muchos de nosotros somos francamente la más extraña de las bestias. ¡Brexiteros Continentales! Según ellos, es mejor sacar  los inmigrantes del Reino Unido, ya que sólo causan problemas mientras que chupan descarados al Estado. Nosotros, dicen, somos diferentes: traemos los fondos que tanto necesitamos a España. Sí, ¡realmente hay los que opinan así!

Otros piensan que debemos ignorar el asunto ya que alguien (ay, alguien) lo solucionará todo para nosotros. ¿Pero quién va a ser nuestro salvador? ¿Michael Robinson, quizás? Nuestros propios periódicos gratuitos de habla inglesa, los que amontonan en pilas fuera de las agentes inmobiliarias y los cafés, han fracasado singularmente en ayudarnos hasta el momento, con algunos columnistas francamente apoyando la causa Brexitera.

Sabemos que el Gobierno británico está interesado, muy interesado, en los negocios europeos. Buscan la pasta, no los derechos sociales. La embajada también dedica todo su tiempo a la construcción del comercio. Los británicos esparcidos por el continente en pueblos poco interesantes u ocupados con su vida profesional en grandes empresas en las ciudades de Europa no van a ser de ninguna consecuencia ya que no son ni organizados ni tienen voz. Si algo, son más obstáculo para la libre circulación del comercio, que otra cosa.

Si los españoles están preocupados por todo esto, será por el trato de sus conciudadanos asentados en el Reino Unido, que también dudan de si pueden obtener permisos de trabajo, visas y el resto. De nuevo, alguien debe de hacer algo. Algunos españoles -si tenemos que creer la prensa- ya están recibiendo sus órdenes de abandonar el país por el Ministerio del Interior británico. ¿Qué van a contar cuando vuelven a España? ¿Quién habla por ellos? España está evidentemente menos preocupada aún por el aparentemente pequeño número de británicos aquí (ver el padrón - somos alrededor de 270.000). Tenemos que atraer vuestra atención.

El turismo no caerá en picota gracias a ninguna acción española tras el Brexit, aunque los reglamentos de la UE aumentarán el coste de los vuelos desde el RU  y habrá más formalidades para los visitantes británicos. Una vez más, debemos centrar la atención en la comunidad de expatriados en España - conocida despectivamente por las autoridades, como quienes practican el "turismo residencial". Somos los "residentes extranjeros", en el mejor de los casos. Los 'guiris' en el peor. Rara vez veremos mención de nosotros en los medios aquí. Somos descartados como infelices viviendo en guetos en algún lugar horrible construido por un político local corrupto. Mejor olvidado.

Mientras que  los fans de Leicester están invadiendo la Plaza Mayor de Madrid, nosotros tenemos que crear nuestra propia identidad bien distinta. No somos como los hinchas británicas, los hooligans. Somos europeos de segunda clase tal vez, como la amenaza Brexit nos persigue, pero europeos que queremos mucho a nuestra país adoptada; y necesitamos ayuda. Hemos creado algunas asociaciones para tratar de dar a conocer la amenaza de Brexit: EuroCitizens, Europats, Bremain en España, Brexpats, etc. Un líder, aceptable y conocido tanto por los británicos como por los españoles, aún no ha surgido de estos grupos.


Suponiendo que se nos ofreció la opción: pasaporte británico sólo, y ser tratado como un extranjero no-UE - o tener dos pasaportes: doble nacionalidad, lo que nos permite mantener nuestra identidad y, al mismo tiempo, continuar con todos los actuales privilegios de la UE (E incluso adquirir los pocos que actualmente no tenemos: como la emancipación completa). ¿Suena bien? Eso es lo que está ofreciendo España (y por extensión Bruselas) a Gibraltar. Si los ciudadanos del Peñón, de nuevo sitiados por fuerzas más grandes, vieron las ventajas del trato, habría de repente treinta mil nuevos españoles británicos. Tal vez habría espacio, en ese momento, por unos cuantos más...

Tensión entre españoles e ingleses

Lenox Napier
Un británico de Mojácar

He recibido, hace poco, una carta de un residente británico que pudiera ser de interés general. Es evidente que, con las actuales barbaridades dichas por la prensa inglesa, reflejados aquí en España, estas tensiones van a seguir, infelizmente. Ésta es la carta:

Estimado Sr. Napier: Nos preocupamos contar que una amiga nos dijera que en una recién visita a la clínica oftalmológica del Hospital de Huércal Overa, un español se levantó y (según lo traducido por su traductor) la arengó y gritó a la enfermera de la clínica que esta señora debe de ser la última en entrar y de que ella no debería estar allí de todos modos. Afirmó que el Reino Unido ya no estaba en la UE (equivocado por supuesto), que estamos recibiendo tratamiento gratuito pagado por el pueblo español (también equivocado, por supuesto). Nuestra amiga se quedó atendida como la última para y a consecuencia de ello estaba muy molesta.

Hospital de La Inmaculada, en Huércal-Overa

Pensamos que sería realmente útil si de alguna manera el público español pudiera ser informado -tal vez a través de la prensa española- de que el Reino Unido permanece en la UE durante los próximos dos años y los españoles no pagan por nuestra asistencia sanitaria. También, que la mayoría de los británicos aquí están jubilados y por lo tanto están contribuyendo a la economía sin sacar nada importante en cambio.  Dejamos dinero en los bares / restaurantes / tiendas. Pagamos nuestros impuestos y las carreteras, hospitales y otras instituciones se mejoran por esto junto con el número de policías, médicos locales, etc., debido a nuestra registración en el padrón.

Si la actitud se vuelve tan antagónica que muchos británicos regresan al Reino Unido, sería la pérdida de España. Sin embargo, sentimos que la mayoría de los españoles no piensan de la misma manera que este antedicho hombre grosero. Para volver a reiterar, sería útil que esto fuera puesto en conocimiento del público español de alguna manera. 

Saludos cordiales
Christine y Michael
PD. No faltaría decir que hemos votado en contra del Brexit

* El Reino Unido pagó 791 millones de euros en 2014-2015 a otros países europeos para el tratamiento saninario de los nacionales del Reino Unido, según el Boletín del Parlamento Británico.

Brexit: qué desastre

Lenox Napier
Un británico de Mojácar

Después de que el líder escocés Nicola Sturgeon haya anunciado el lunes que buscará un segundo referéndum para que Escocia abandone el Reino Unido hemos escuchado algo parecido de los galés, cuyo líder de Plaid Cyrmu dice que “la independencia de Gales debe ser explorada” , y también de la  Irlanda del Norte, en forma de Michelle O'Neill, líder del Sinn Fein en la región, que dice: “... hay una necesidad urgente de un referéndum sobre la unidad irlandesa, ya que el gobierno británico se ha negado a escuchar a la mayoría de las personas en Irlanda del Norte sobre Brexit”.

"¿No sería más fácil que los ingleses abandonen tanto la UE como el Reino Unido y, en consecuencia, desaparezcan -como sueñan tan ardientemente- a la obscuridad tan deseada?"

En resumen, las únicas personas que parecen deseosos de salir del la Unión Europea (y esto no es en absoluto todo de ellos) son los ingleses. ¿No sería más fácil, como la gente está empezando a pedir, que los ingleses terminen con eso, que se pongan las pilas y que abandonen tanto la UE como el Reino Unido y, en consecuencia, desaparezcan -como sueñan tan ardientemente- a la obscuridad tan deseada? Debe ser difícil ser un Brexiteer, cuando la evidencia es tan claramente en su contra. Incluso la carta racista no funcionará más. ¿Van a recurrir a todos los inmigrantes del Commonwealth una vez que los europeos hayan sido deportados o obligados a marcharse?


Más extraños aún son los británicos expatriados que viven en España o en Francia, esperando desesperadamente que ese holandés nazi cuyo nombre suene como un producto de limpieza de los aseos va a ganar las elecciones allí y que, de alguna manera, toda la Unión Europea va a colapsar. Como uno de los pudines de la tía Agatha y luego, después de que el humo se aclare, los europeos del viejo continente desalentados, agarrando sus boinas tristemente en sus manos, van a pedir ayuda y consejo a los ingleses. Un plan tan astuto.

De acuerdo, vamos en serio. Para los británicos que viven en España las cosas serán difíciles después de la Brexit. Al menos y para empezar, su libra valdrá menos (digo 'su', porque yo no tengo ninguno). Su dinero del Reino Unido será más difícil de conseguir y su pensión probablemente se congelará a los niveles de 2017. ¿No me creen? Recuerden, si lo desean, la asignación de ayudas del calor de invierno (una ayuda estatal que no está compartido a los británicos que viven fuera de las islas). Nadie en Whitehall se preocupa por nosotros, ya sabemos.

Entonces, podemos esperar que las vacaciones al extranjero sean más caras, posiblemente con Visas u otras formalidades. No importa para nosotros, ya estamos aquí, viendo nuestras teles de satélite  con una preocupación leve, pero para la familia y los amigos... Los permisos de trabajo se convertirán en la norma para nosotros. O sea, para aquellos de nosotros que trabajamos aquí, ya que "quitamos un trabajo que pueda hacer un español".

Los españoles tendrían escasas razones para tratar a los británicos de manera diferente de como tratan a cualquier otro ciudadano no comunitario. Creemos que somos las personas más inteligentes, mejores y más maravillosas del mundo... pero, ya sabes (y es mejor que te sientes por esto): no hay nadie más que opina lo mismo. Tal vez, con los visados ​​y los tres (o tal vez seis) meses de extensión para los residentes no legales (los que no están en el padrón y no están registrados con la policía), pueden encontrar su estancia aquí un poco incómoda. Antiguamente, cruzaríamos la frontera y conseguiríamos un sello en nuestro pasaporte, pero ahora, Europa no tiene muchas fronteras, y la de Gibraltar probablemente estará cerradísima. Suena como la única cosa para uno es un viaje rápido para Dover o Southampton.

Los que son legales aquí, los 270.000 de nosotros, probablemente perderemos el voto en las elecciones locales (dependiendo en si el gobierno británico acuerda un acuerdo bilateral con España). Nuestros escasos concejales británicos, por supuesto, desaparecerían a los libros de la historia anecdótica de España. Obviamente perderíamos nuestro voto europeo (por cualquier bien que nos haya hecho), pero, quién sabe, tal vez los británicos darían a aquellos de nosotros que hemos estado aquí más de quince años el derecho a votar en Westminster. Coño, imagina lo que se podría hacer con eso.

Las autoridades españolas podían pedir fácilmente que mostraran una cierta cantidad en el banco y una renta viable del extranjero - tal vez obligarnos en tener una cuenta convertible en la Unicaja como lo hicimos en tiempos de Franco. La tarjeta de salud es otra cuestión, y todos nos estamos haciendo un poco mayores ahora. Sin duda, la embajada británica estaría feliz de ayudar cuando nos enfermemos. Tal vez podrían organizar un rifa.

Por lo tanto, muchos de nosotros podríamos estar tentados a volver a "casa". Ya no estamos sentados en la terraza al atardecer, tomando una rioja tranquilamente, sino vagando alrededor de Sainsbury preguntando si tienen algún vino potable para menos de diez libras. Para hacer esto, tendríamos que levantar un poco de pasta y vender el apartamento, pero puede que haya una caída en la demanda: una caída en los precios. Y, ¿cuánto cuesta hoy en día un lugar decente en Londres o bien Wells-next-the-Sea de todos modos?

Conducir podría ser duro para nosotros en el Reino Unido, ya que todos finalmente hemos aprendido a desviar el volante violentamente hacia la derecha para salvarnos de un accidente. Pero lo más difícil de todo será encontrar un lugar adecuado para vivir. Tal vez el gobierno británico ayudaría a los polacos (antes de que los deporten) a construir medio millón de chozas para nosotros en la llanura de Salisbury.

Pero antes de que sucede todo esto, pienso que más de unos poco de nosotros vamos a descubrir que tenemos antepasados escoceses, o galés o irlandeses, y que estaremos negociando con urgencia obtener un pasaporte. Un pasaporte útil.

No hay otra solución que Europa

Félix de la Fuente Pascual
Secretario de Acción Política de CILUS

Navegar contra corriente no es nada fácil. En estos momentos de populismo creciente y de democracia menguante hablar de la UE suena a trasnochado e incluso a utópico. Lo que priva hoy y  lo que hoy está de moda es hablar mal de Europa. Por otro lado, alguien me dirá que el verdadero problema no es Europa, sino el paro, los bajos sueldos, la mala calidad de nuestra enseñanza y de nuestra sanidad, la guerra, los refugiados, la hambruna, etc. Hablar de Europa en el momento actual no vende, la idea de Europa no cae simpática. Lo sé y no necesito que nadie me lo recuerde. A pesar de todo, y mientras ningún político me proponga algo mejor, tengo que repetir lo de Ortega y Gasset “…y Europa es la solución”.

Navegar contra corriente no es fácil

Pero, ¿por qué la Europa actual no es para muchos la solución? ¿Quién ha logrado adulterar el proyecto de paz más importante de todo el siglo XX y probablemente de todo lo que queda del siglo XXI?  ¿Quién nos ha vendido el proyecto de integración europea como si se tratara de un gran mercado/proyecto económico? ¿Qué político nos habla de los valores que comporta la UE?  ¿Por qué nadie se ha atrevido a decir que  la UE es en realidad muchísimo más que un mercado? ¿Cuándo se nos ha dicho que la UE es un espacio de lucha por la paz, por la justicia social, por le defensa de los derechos humanos, por las conquistas sociales, por la convivencia pacífica, sin distinción de nacionalidad, un espacio donde se deben abolir todo tipo de nacionalismos y suprimir todas las fronteras, ya sean físicas o políticas, fronteras ideológicas, religiosas  y de sexo? ¿Quién se puede enamorar de un simple “mercado común”, nos dice Jaques Delors? 

Es muy arriesgado decir a los políticos lo que ellos no quieren oír. Sí, los responsables de la mala prensa que tiene la UE, sois vosotros, los políticos, los que vivís de la política y no para la política. Vosotros sois los que habéis parado el proceso de integración europea,  porque en una unión política ya no seríais los dioses  y perderíais poder. Vosotros sois los que estáis echando el freno a una Europea solidaria y  social que trate de resolver conjuntamente todos los problemas que afectan a los europeos. Vosotros sois los que habéis impedido la creación de unos auténticos partidos europeos y unas auténticas elecciones europeas, en las que se nos hable de Europa y no de vuestros trapos sucios.  Vosotros y vuestros partidos políticos  sois la raíz de todos los males de Europa. Habéis monopolizado el poder en provecho propio, cuando no sois más que un mero instrumento al servicio de los ciudadanos. En una unión política de Europa habrá problemas, pero será mucho más fácil resolverlos.

El peligro de Europa no se llama Le Pen, ni Trump, ni Brexit, ni  son los partidos xenófobos alemanes, holandeses o de Grecia. El peligro para la UE sois vosotros.  No habéis querido defender el proyecto europeo por no perder vuestros privilegios. y nos habéis presentado un UE aguada y desilusionante.  Una UE políticamente unida habría podido y podría en el futuro afrontar mucho mejor todas las crisis  y resolver mucho mejor los problemas de los ciudadanos. No busquéis chivos  expiatorios en la banca, en el gran capital o en entes abstractos. Los responsables últimos de todo el mal de Europa tienen un nombre muy concreto: partidos políticos. Os lo dice alguien que defiende la necesidad de los partidos políticos, pero no vuestro monopolio ni vuestra partitocracia. Mientras vosotros no cambiéis, nada cambiará ni en España ni en Europa.