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El porqué de las cosas

José Luis Sánchez Teruel
Secretario General del PSOE de Almería

El ritmo de los acontecimientos, el trajín de la vida, hace que  nos paremos poco a reflexionar sobre el porqué de las cosas. Esta semana, el presidente de la Junta de Andalucía ha inaugurado el Hospital Materno Infantil –tras su decisión de cerrar, unos días antes, el hospital de la Cruz Roja– y allí le preguntaron que para cuándo el hospital de Roquetas. ¿Se han preguntado por qué ha inaugurado ahora el Materno Infantil? ¿Por qué ha cerrado el Hospital de la Cruz Roja? ¿Por qué no han empezado aún el hospital de Roquetas de Mar? Vamos a acercarnos al porqué de estas cosas.

Hospital Materno-Infantil

Para situarnos, recordemos que el Hospital Materno Infantil está en funcionamiento desde diciembre del año pasado, gracias a las obras que ejecutó y concluyó –tras sortear la anterior crisis económica– el gobierno de Susana Díaz. Ahora, un año después de la apertura del Materno Infantil, en el peor momento de la pandemia en Andalucía y en Almería, cuando la sanidad vive un absoluto caos, el presidente andaluz decide montar el ‘show’ de la inauguración del Materno para tapar su mala gestión sanitaria. 

Cerrar un hospital como el de la Cruz Roja en plena pandemia no se le ocurre ni al que asó la manteca, salvo al presidente del Gobierno andaluz

Por otra parte, cerrar un hospital como el de la Cruz Roja en plena pandemia no se le ocurre ni al que asó la manteca, salvo al presidente del Gobierno andaluz. ¿Y por qué lo cierra Moreno Bonilla? Para ahorrarse personal. Trasladan el personal de la Cruz Roja a Torrecárdenas, se reorganizan y dejan de contratar a más de 100 profesionales de manera permanente para Almería. Ese es el porqué del cierre de la Cruz Roja.

De otro lado, está el porqué no han empezado el hospital de Roquetas de Mar desde que se firmó el primer protocolo allá por 2005. Todos los concejales de la oposición han pedido que el alcalde, Gabriel Amat, lo explique en un pleno extraordinario: a ellos y a los vecinos del municipio. Aún no lo ha convocado. Roquetas de Mar, a día de hoy, no tiene hospital porque en 15 años Amat no ha querido, como lo demuestra el que, a la empresa que tenía que darle el dinero al Ayuntamiento para construirlo, a cambio de beneficios urbanísticos, nunca le han exigido las garantías económicas para responder puntualmente de esta obligación.

Gabriel Amat nunca ha licitado la construcción del hospital, como había firmado que iba a hacer y llegó a presupuestar. No ha reclamado en una década pago alguno a la empresa, ni siquiera el dinero gastado en el proyecto del hospital, que había firmado que lo pagaba la empresa, y no ha adquirido en 15 años todos los terrenos para construir el hospital. ¿Por qué? Tendrá que explicarlo y, entonces, tal vez estemos más cerca de conocer el porqué de las cosas. 

El peaje del Materno-Infantil

Antonio Felipe Rubio
Periodista

La intencionada demora para construir el Hospital Materno-Infantil ya nos ha costado a los almerienses casi dos millones de euros. Es el precio que la Junta ha acordado pagar a la UTE Acciona-Tejera para cancelar el procedimiento judicial de reclamación de daños, perjuicios y lucro cesante que esa unión temporal de empresas estimó en unos cinco millones de euros. Como se suele decir y la praxis aconseja es mejor un mal arreglo que un buen pleito. Ahora, las mismas empresas se quedan con la ejecución de las obras, y se “restablecen” las relaciones con la Junta por aquello de llevarse bien para futuras contratas.

"El retraso no esclarecido, el paradero de los millones y la indemnización que ahora nos toca pagar es fruto de una pésima gestión"

Contrariamente a los criterios de “prioridad”, “voluntad política”, etc., este hospital es fruto de un cúmulo de despropósitos que comenzó en 2006 con la presentación de una maqueta que no obedecía a proyecto alguno y que se utilizó como reclamo para la campaña electoral; además, se libró un presupuesto de unos 26 millones de euros; se licitó y se contrató la obra; se colocó la primera piedra con el boato correspondiente; comenzaron los primeros escarceos en la construcción… y se detuvo la obra. Adujeron problemas “resolubles” como el traslado de una torre de alta tensión y el acceso al foso de la cimentación. Pasaron los días; pasaron los meses… y hasta la fecha.

Uno de los aspectos que no tardó en aparecer es el de la “confrontación”, tan recurrente entre Junta y Ayuntamiento. En el proyecto inicial aparecieron más de un centenar de incidencias, algunas tan clamorosas como que una camilla -en un hospital- no podía evolucionar por angostos pasillos. Estos detalles y otras chapuzas contenidas en el defectuoso proyecto anunciaban la escasa convicción en la ejecución del mismo y, desde luego, difuminaron el enfático discurso de la prioridad y voluntad política.

No deja de sorprender que nadie desde las instituciones que fiscalizan las inversiones y la trazabilidad de los presupuestos haya exigido respuestas a la pérdida o volatilización de una partida consignada y finalista. Si se pudo licitar y contratar la obra no es ni más ni menos porque el dinero estaba comprometido. Entonces, ¿qué pasó y a qué lugar se fue esa partida? ¿Qué procedimiento administrativo reglado y legal sustentó ese trasvase o transmutación de los 26 millones?

El retraso no esclarecido del materno, el paradero de los millones y la indemnización que ahora nos toca pagar es fruto de una pésima gestión que se ha tratado de zanjar con el discurso de manual de la Junta. La apelación a la confrontación es agotadora y abarca cualesquiera de las frustradas iniciativas que la Junta emprende en Almería. Valga mencionar -por reciente- los más de 600 000 euros que va a costar adaptar el proyecto de restauración del Ayuntamiento. La Junta proyectó reacondicionar los muros de carga sin tener en cuenta el peso del mobiliario, trabajadores, personal visitante, etc. Algo así como diseñar un barco con el límite de flotabilidad en rosca: al subir el pasaje a bordo, el barco se hunde.

El coste económico es cuantificable, pero el tiempo perdido no tiene precio. Como decía Cela, “todas las horas del reloj hieren; la última, mata”. El tiempo pasado es irrecuperable, así como las oportunidades perdidas, que otros supieron aprovechar. No disponer del Hospital Materno es un agravio por incomodidad y afrenta al mayor reto que afronta la especie humana: la reproducción. No es broma ni grandilocuencia metafísica; los nuevos alumbramientos es mayor inquietud científica que la longevidad de la especie.

La reactivación de las obras del Materno-Infantil será el primer paso para su consecución, que concluirá con la dotación técnica y humana para el ansiado nivel de excelencia. Y, cuando aún no han comenzado los trabajos, ya aparece el fantasma de los recortes en el Hospital de la Cruz Roja. O sea, seguimos pagando el “precio” de aspirar a un Materno-Infantil con humillantes e inagotables peajes.

Hospital materno-infantil sí, pero sin hipocresía

José Luis Sánchez Teruel
Secretario General del PSOE de Almería

Vuelvo a llamar la atención a los lectores de esta columna sobre esa cualidad que están demostrando los dirigentes del Partido Popular para fingir acciones y sentimientos que realmente no se corresponden con lo que piensan o hacen. Esto, que en definitiva se llama hipocresía, ha rozado durante estos días el esperpento político en un asunto como el del Hospital Materno Infantil, en el que todos estamos de acuerdo pero que, en las circunstancias actuales de asfixia financiera del Gobierno de Rajoy, no se puede reivindicar a golpes de pecho.

El Partido Popular, con su secretario general regional a la cabeza,
José Luis Sanz, ante las obras del materno-infantil

Vaya por delante que se trata de un compromiso del PSOE que vamos a cumplir en la medida de las posibilidades económicas actuales. También es cierto que nos podrían ayudar desde el Partido Popular defendiendo frente a Rajoy un reparto justo del déficit público, preservando una financiación equitativa para Andalucía o exigiendo los 214 millones para la dependencia que se nos niegan.

Las cifras, que son claras y objetivas, también nos pueden dar una idea de lo que está ocurriendo con el reparto injusto al que somete el Gobierno de Rajoy. Nuestra comunidad recibe del Estado unos 125 euros por andaluz mientras que hay otras regiones, como Extremadura, que ingresan más de 200 euros por el mismo concepto. Eso supone, y esto deben saberlo también todos los almerienses, que Andalucía recibe cada año 1000 millones de euros menos de lo que nos pertenece. Estas inversiones que nos niegan se traducirían en infraestructuras indispensables para la vertebración económica y territorial de la comunidad y para la generación de decenas de miles de puestos de trabajo en obra pública.

En esta coyuntura de menos recursos no queda otra salida que priorizar, que atender lo indispensable. Así, el Gobierno andaluz, con su presidenta Susana Díaz al frente, ha decidido que lo primero son las personas y las políticas más necesarias para ellas: educación, sanidad y servicios sociales. Por eso, se ha considerado prioritario, por citar algunos ejemplos, llevar a cabo 66 actuaciones en colegios de Almería por valor de 26 millones de euros, pagar las medicinas a los enfermos de cáncer, a los que el Gobierno de Rajoy les quiere cobrar una parte de sus tratamientos, o mantener la dependencia para no dejar desatendidas a muchas personas.

Esta es la realidad a la que nos enfrentamos, de ahí que no pueda entender esa demagogia tan ruin que vienen utilizando en los dirigentes populares de la provincia, incapaces de levantar la voz para defender a Almería y de pelear en Madrid por aquello que es justo. No aspiramos a que nos den más que a nadie, pero tampoco menos. Esta es la cuestión.