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Caso Almería: reconocimiento como víctimas del terrorismo


Antonio Torres
Director de Canal Sur en Almería

➤➤Cantabria homenajeó a las víctimas del caso Almería, los tres jóvenes que fueron asesinados en 1981 por la Guardia Civil tras ser identificados por error como miembros de ETA. Por unanimidad de todos los grupos políticos se reclamó al Estado reconocerles como "víctimas del terrorismo", en un acto institucional.

Darío Fernández y Francisco Javier Mañas, en una entrevista en Canal Sur

El presidente de Cantabria, el mediático Miguel Ángel Revilla, tuvo palabras de apoyo para la familia del almeriense Juan Mañas Morales. Reiteró su compromiso a reconocer a las víctimas del Caso Almería como víctimas del terrorismo. El ministro de UCD el desaparecido Juan José Rosón calificó el asesinato de “trágico error”. Conviene destacar que el letrado Dario Fernández Álvarez que actuó como acusación particular en nombre de la familia consiguió que por vez primera en España los tres guardias civiles, condenados, se sentaran vestidos con ropa ordinaria y no de guardias civiles en el banquillo de los acusados de la Audiencia Provincial de Almería.

El aniversario de aquel día triste, en Almería, 10 de mayo de 1981, se trasladó a Santander el pasado jueves. Fue una fecha intencionada y sensible del gobierno cántabro. El acto fue promovido por la asociación Desmemoriados en homenaje a las víctimas del caso Almería, en el que perdieron la vida tres jóvenes a manos de la Guardia Civil. Murieron tres inocentes, trabajadores de los ferrocarriles de Santander, como el almeriense Juan Mañas Morales (Pechina, 1956-Carretera de Gérgal, 1981), el santanderino Luis Cobo Mier de 28 años y el salmantino Luis Montero García de 33 años.

Dicha asociación prepara un documental en el que este autor colabora por ser el primero en informar sobre el caso Almería y abrir durante muchas jornadas el informativo Hora 25 de la Cadena SER, cuando otras emisoras, ni TVE, se sumaron días después al comprobar la apuesta editorial de periódicos de ámbito nacional marcaron la agenda como El País, Diario16 y La Vanguardia. Era la época en la que los gobernadores civiles quitaban y ponían directores de medios.

Recuerdo en especial la mañana del domingo día 10 y cómo era imposible conocer dónde se encontraban los cadáveres y cómo los localicé en el cementerio y a partir de ahí encaminé a los periodistas Pedro M. de la Cruz y al reportero gráfico Mullor hasta la carretera de Gérgal. En fin, no había teléfonos móviles y el silencio era absoluto. Hasta en el cuarte de la Guardia Civil había una cuartilla grabada en la puerta, cerrada, remitiendo al ministerio de Interior. O el silencio del Gobernador Civil Bances o el gabinete de prensa.

Nadie habló en los primeros días. Tengo grabado en mi interior cómo entré en directo desde el despacho del alcalde de Pechina en la SER durante la noche del velatorio de Juan Mañas en Pechina y dos días después el entierro. Obvio el dolor de la madre, María Morales, que clamaba ante tanto silencio oficial. Y el regreso en mi vehículo con Pepe Mullor y José María Granados, de Ideal, así como Diego Miguel García, de Radio Almería.

Recordamos que las tres víctimas acudieron a la primera comunión de Francisco Javier Mañas Morales (Pechina, 1972) que en mayo de 1981 tenía ocho años. Francisco Javier se mostró emocionado por el acto y la importancia que tuvo un reconocimiento institucional. Todos los hermanos de Juan Mañas y sus parejas estuvieron en Santander. El hijo de Antonio Mañas Morales, Miguel A. Mañas, estudiante de Ingeniería Informátíca de la Universidad de Almería, pidió a los partidos de ámbito nacional que se impliquen para que no sean “desmemoriados”.

El portavoz de la familia en el Parlamento, Francisco Javier Mañas Morales, actual trabajador la empresa que prefabrica cuartos de baño, Hidrodiseño, de Huérca Overa, y padre de dos hijos, fue contundente: “Ni la Guardia Civil ni el Estado nos han pedido nunca perdón por el asesinato de mi hermano Juan quien desde mi primera comunión que le estuvimos esperando está en el corazón de toda mi familia”.

"La ley de memoria histórica de Andalucía ha contemplado a las víctimas del caso Almería porque comprende hasta el año 82, y algo es algo, así que espero que el Parlamento nuestro siga los caminos de la sociedad civil de Cantabria que por unanimidad política nos dieron un trato amable y muy sensible con mi familia”. Francisco Javier estuvo acompañado por todos sus hermanos quienes trasladaron telefónicamente, nada más terminar el acto, a la madre María Morales, las palabras emocionadas que les trasladó la presidenta del Parlamento de Cantabria, Dolores Gorostiaga, quien leyó una declaración institucional en la que el hemiciclo insta al Gobierno de España a iniciar cambios legislativos "para que todas las víctimas de terrorismo, incluyendo las víctimas de la violencia policial, grupos de ultraderecha y grupos parapoliciales, sean reparadas. Gorostiaga insistió en asumir para con las víctimas y sus familiares los principios de verdad, justicia y reparación.

Por un relato democrático del Caso Almería


Desmemoriados
Memoria colectiva de Cantabria

➤➤La fotografía que ilustra el texto corresponde al barranco de Gérgal, en el desierto de Tabernas, lugar elegido por los guardias civiles implicados en el Caso Almería para escenificar, de madrugada, un delirante intento de huida de Luis Cobo, Juan Mañas y Luis Montero, tres jóvenes trabajadores que residían en Cantabria y que se habían desplazado a Pechina para asistir a la primera comunión del hermano pequeño de Juan y que habían sido detenidos horas antes; en realidad se trató de un montaje para eliminar indicios incriminatorios de las torturas y asesinatos cometidos. En 1981 no se había construido aún el tramo de la autovía A-92 que se aprecia en la imagen (se inauguró en el año 2001), por lo que nos encontramos en una paraje solitario, apropiado para el fin que se perseguía. En este lugar, hoy próximo a la salida 388 de la citada autovía, se reúnen cada 10 de mayo familiares, amigos y miembros de sociedad civil para rendir homenaje a las víctimas y tratar de que el crimen no caiga en el olvido.

En la carretera de Gérgal

Sin embargo, en el relato de los acontecimientos, en el qué y el cómo de los hechos, con demasiada frecuencia se sigue colocando un elemento que distorsiona absolutamente lo sucedido y sus implicaciones posteriores. Hablamos del error, la confusión, el equívoco.
El relato del Caso Almería que perdure en nuestra sociedad no puede incluir una distorsión que atenúe la extrema gravedad de lo sucedido
El argumento del “trágico error” o la “confusión reiterada” fue utilizado por el Ministro de Interior del momento, Juan José Rosón, como elemento causal que dio lugar a todos los acontecimientos posteriores. Ciertamente y para desgracia de la verdad, la expresión ha hecho fortuna. Y no, no puede ser. Se trata de una tergiversación de la historia que el error, la confusión, la equivocación constituyan uno de los elementos capitales del caso Almería. El relato del Caso Almería que perdure en nuestra sociedad no puede incluir una distorsión que atenúe la extrema gravedad de lo sucedido. El error es un factor de azar, un atributo que nada tiene que ver en este caso con la tortura y asesinato de tres jóvenes bajo custodia. La obcecación criminal del teniente coronel Castillo Quero le hizo sostener en el juicio al que fue sometido que lo volvería a hacer. Porque para él no hubo ningún error en ejecutar a tres asesinos etarras, delincuentes comunes, o lo que, según su criterio, fueran aquellos tres jóvenes que cayeron en sus dominios.

Lejos de abandonar esta línea argumental, el último espacio informativo de difusión general que ha tratado el Caso Almería, el programa de La Sexta “¿Dónde estabas entonces?”, dedicado al año 1981 y emitido el 14 de diciembre de 2017, la reitera. Bajo la dirección de Itziar Bernaola, Ana Pastor comenzaba la locución centrando el tema: “Hay historias que están por escribir y otras que se interrumpieron de forma inesperada. Aquel mes de mayo del 81 se sucedieron las malas noticias. Tres jóvenes viajaron desde Santander hasta Almería para asistir a la primera comunión del hermano de uno de ellos. Nada les hizo pensar que en ese viaje perderían la vida por una terrible confusión”.
No hay una línea razonable y coherente que en un estado democrático conduzca de una detención errónea a la tortura y al asesinato
El planteamiento del trágico error o de la confusión como titular del Caso Almería convierte lo circunstancial en sustantivo. Llevando la premisa al absurdo también podemos concluir que la causa de todo fue la avería del coche que les transportaba desde Santander o convertir al ciudadano que creyó reconocer en ellos al comando etarra que había asesinado brutalmente en Madrid el 9 de mayo de 1981 a Guillermo Tebar, Manuel Rodríguez y Antonio Nogueras y dejado gravemente herido al teniente general Joaquín Valenzuela y que llamó a la guardia Civil, como el origen de lo sucedido. No, el peso del error finaliza un segundo después de ser detenidos. A partir de ese momento, ya bajo custodia, comienza lo irregular, lo arbitrario, las prácticas criminales: el horror. No hay una línea razonable y coherente que en un estado democrático conduzca de una detención errónea a la tortura y al asesinato.

Volvemos en este punto a recordar un fragmento de lo escrito por Jorge M. Reverte en la tribuna de El País titulada “Almería”, publicada el 12 de abril de 1994: “…Dicen los cronicones que Castillo Quero mandó torturar y asesinar a unos jóvenes porque los confundió con etarras. ¿El crimen de Castillo Quero fue, entonces, confundirlos? ¿Si hubieran sido etarras sería menos crimen torturar y asesinar a unos chavales? Nos podemos confundir mucho. El crimen es el mismo en cualquiera de los casos. Castillo Quero torturó y asesinó a unos jóvenes…”. Convendría que periodistas, documentalistas, historiadores, etc. no olviden el sentido y trascendencia de estas palabras cuando elaboren programas o escriban retrospectivas sobre el tema. El otro elemento fundamental que ha contribuido a fijar en la sociedad un relato distorsionado de los sucesos fue, sin duda, el desarrollo del juicio por el Caso Almería y la sentencia dictada.
Si como en todo juicio los objetivos fundamentales eran probar unos hechos, tipificarles, aplicar los fundamentos de derecho y dictar sentencia en función de las peticiones de las partes y el fiscal, el empeño fue una pura frustración
Se presupone que el juicio debería haber aportado luz y habernos acercado a la verdad de lo sucedido para condenar a todos los culpables y aplicado una pena proporcional a los crímenes cometidos. Nada de esto sucedió. Treinta y seis años después de su celebración sigue pareciendo un elemento necesario que contribuyó a no disipar la niebla que interesadamente se  extendió sobre los sucesos. Si como en todo juicio los objetivos fundamentales eran probar unos hechos, tipificarles, aplicar los fundamentos de derecho y dictar sentencia en función de las peticiones de las partes y el fiscal, el empeño fue una pura frustración.

La lectura hoy de las crónicas periodísticas del juicio produce, 36 años después de que tuviera lugar, indignación e impotencia. Es un hecho evidente la desigual correlación de fuerzas que se planteó desde un comienzo en la sala y fuera de ella. Las presiones y coacciones de todo tipo fueron extraordinarias, como bien puede dar testimonio el abogado de la acusación, Darío Fernández. Se intoxicó con falsedades a medios de comunicación y opinión pública. Periodistas como Melchor Miralles sufrieron amenazas contra su integridad física…
Bien por estrategia, bien porque el juicio no se atuvo completamente al desarrollo que habían previsto, incluso los abogados de los tres guardias civiles cambiaron la petición de absolución inicial por la de homicidio en la exposición de conclusiones, acercándose así a la tipificación de la fiscalía
Para empezar, la instrucción del sumario fue deficiente, por no hablar de la fiabilidad de las pruebas forenses. Ya en el juicio, las contradicciones de los testimonios aportadas por los encausados, la inconsistencia de su relato, la destrucción o desaparición de documentos y pertenencias de las víctimas y la evidente colocación de pruebas falsas motivaron la petición de reconstrucción de los hechos por parte del abogado de la acusación. A pesar de todo ello, el fiscal y la presidencia de la sala no la consideraron necesaria. Este elemento y que se diera por buena la práctica totalidad de la versión de los procesados fue capital a la hora de emitir el fallo.
Bien por estrategia, bien porque el juicio no se atuvo completamente al desarrollo que habían previsto, incluso los abogados de los tres guardias civiles cambiaron la petición de absolución inicial por la de homicidio en la exposición de conclusiones, acercándose así a la tipificación de la fiscalía. No por ello aminoraron en su empeño de condicionar y amedrentar al Tribunal, valgan como muestra dos intervenciones efectuadas en la fase de conclusiones: “Sois un Tribunal civil pero debéis juzgar teniendo en cuenta normas de tipo militar, porque la ley os obliga a ello” o, de forma más chusca “66.000 compañeros de los procesados esperan con ansiedad vuestra sentencia, convencidos de que en su comportamiento los procesados actuaron lealmente como guardias civiles y esperan que así lo reconozcáis”.

Si, ya de entrada, únicamente fueron juzgados tres de los once guardias civiles que participaron en los hechos que condujeron a la muerte de los tres jóvenes, la sentencia se situó en un punto medio entre la petición del fiscal y las de las defensas al aceptar dentro de la calificación de homicidio las eximentes parciales de cumplimiento del deber (teniente coronel Castillo Quero) y obediencia debida (sus subordinados Gómez Torres y Fernández Llamas). El juicio se cerró así en falso, por lo que los sentimientos de dolor, angustia e impotencia han anidado desde entonces en las familias de las víctimas. De ahí la certera afirmación del valiente periodista y profesor universitario, Antonio Ramos Espejo, de que el Caso Almería es un caso cerrado para la justicia y abierto para la Historia.
para la justicia y abierto para la Historia.
La actuación de la Guardia Civil como institución dejó mucho que desear a lo largo de todo el proceso. Su alineación con los encausados y condenados fue más allá del corporativismo y llegó al cuestionamiento de la honorabilidad de las víctimas y al intento de deteriorar las relaciones entre las familias de los asesinados, lo que no consiguieron. La dilación en el cumplimiento de las sentencias, las condiciones en las que se desarrollaron e incluso la utilización de fondos reservados son únicamente explicables a partir del deficiente desarrollo democrático de las instituciones y el contexto político de aquellos años.
La Guardia Civil como institución haría bien en pedir perdón de forma expresa a las familias. No hacen falta cámaras de televisión. Han pasado casi 40 años y hay posiciones que no deberían mantenerse por más tiempo
La Guardia Civil como institución haría bien en pedir perdón de forma expresa a las familias. No hacen falta cámaras de televisión. Han pasado casi 40 años y hay posiciones que no deberían mantenerse por más tiempo. Como puede leerse en la página oficial de la Guardia Civil: “El honor es un conjunto de obligaciones que, de no cumplirse, hacen que se pierda”. ¿Son solo palabras de un lema?

Actos de homenaje como el que se han celebrado el 10 de mayo en el Parlamento de Cantabria y declaraciones institucionales como la del Ayuntamiento de Santander de mayo de 2016 o la propia del Parlamento cántabro, unidas a la posibilidad que abre la Ley de Memoria Histórica y Democrática de Andalucía (y esperemos que próximamente la de Cantabria) de su reconocimiento como víctimas, constituyen contribuciones necesarias y valiosas para la restauración de la justicia y el derribo del “muro de silencio”, en expresión de Reyes Mate. Igualmente necesaria e imprescindible es la reforma de la Ley de Reconocimiento y Protección Integral a las Víctimas del Terrorismo, para que personas como Luis Cobo, Juan Mañas, Luis Montero y tantos otros, tengan cabida.

Cantabria reconoce a las víctimas del 'Caso Almería'


Ruth Ruiz Toraño
Licenciada en Filosofía

➤➤ Hoy, jueves 10 de mayo, a las 19:30 horas, la Asociación de Memoria Colectiva de Cantabria Desmemoriados ha organizado un acto en el Parlamento de Cantabria en homenaje a las víctimas del Caso Almería, en el 37 aniversario de su asesinato. Se trata de un acto de justicia, dignidad y reparación a las víctimas y a sus familias.

La memoria es dignidad

Recordemos que Luis Montero García, Luis Cobo Mier y Juan Mañas Morales, tres trabajadores que residían en Cantabria, fueron secuestrados, torturados y asesinados el 10 de mayo de 1981 en Roquetas de Mar por unos guardias civiles cuando se dirigían a Almería para asistir a una fiesta familiar. Los once guardias afirmaron haberlos confundido con miembros de ETA pero es sabido que no hicieron ninguna comprobación al respecto. De haberlo sido sus torturas y ejecuciones no estarían justificadas pero el hecho es que, además, no lo eran.
Además del asesinato y las torturas, la Guardia Civil y otros funcionarios del Estado trataron de ocultar la verdad, y desde el Gobierno se trató de minimizar los hechos hablando de “trágico error” en lugar de asesinatos
El asesinato de estos tres jóvenes tuvo mucha repercusión siendo considerado una de las mayores vergüenzas de la transición españolaAdemás del asesinato y las torturas a las que fueron sometidos previamente, tras los hechos tanto la Guardia Civil como otros funcionarios del Estado trataron de ocultar la verdad por lo que se abrió una investigación que pese a revelar multitud de contradicciones, trató, una vez más pero esta vez desde el Gobierno, de minimizar los hechos hablando de “trágico error” en lugar de asesinatos.

En el juicio solamente tres de los once guardias civiles implicados fueron procesados por homicidio, lo que implicaba pena menor que por asesinato. Los jóvenes nunca recibieron el merecido reconocimiento como víctimas de terrorismo.

Desmemoriados lleva años tratando de otorgarles la dignidad que merecen. En 2016 lograron que el Ayuntamiento de Santander aprobara una moción en muestra de dolor y respeto a los familiares de los asesinados e instara al Gobierno de la Nación a modificar la legislación existente para que fueran reconocidos como víctimas del terrorismo también las víctimas de violencia policial, de grupos de ultraderecha y de grupos parapoliciales.

Tras unas declaraciones de Revilla al respecto del Caso Almería los miembros del colectivo iniciaron, inagotables, una ronda de contactos con los distintos partidos políticos con representación parlamentaria cuyo fruto ha tardado en llegar mucho más de lo esperado, hasta el pasado mes de febrero no se logró un consenso. Han tenido que pasar 37 años para que Cantabria realice un homenaje a Luis Montero García, Luis Cobo Mier y Juan Mañas Morales pero al fin se hará, este jueves a las siete y media en el Parlamento de Cantabria.

Caso Almería: una espera de 30 años

Miguel Ángel Blanco Martín
Periodista

El ‘Caso Almería’ es un caso abierto para la historia de la transición de la democracia en España. “Más tarde o más temprano, el ‘Caso Almería’ tendrá que reabrirse”, afirmó el 10 de mayo de 1996 el abogado Darío Fernández Álvarez, abogado que representó a las víctimas del ‘Caso Almería’, al cumplirse quince años de aquel trágico suceso que hoy, 30 años en 2011, todavía conmueve e indigna por la magnitud de los hechos y por los silencios de los responsables y su entorno oficial, a pesar de las condenas. Y esta realidad de asignatura pendiente en la historia de la transición democrática explica el libro “El Caso Almería, abierto para la historia”, del periodista Antonio Ramos Espejo, de próxima aparición. Es desde la condición de periodista comprometido como se explica este libro, otro paso más que sigue a lo que fue la primera edición, con nuevos datos y crónicas recuperadas junto a la demanda de lo que todavía sigue esperando respuestas. “En cualquier caso, como periodista no me podía sentir ajeno a unos sucesos tan graves”, ha escrito Antonio Ramos recordando las razones de su crónica, asumiendo riesgos y actitudes que forman parte del acontecer del periodismo crítico que indaga en búsqueda de la verdad. Y cada vez más, contracorriente. Una actitud compartida y vivida por los periodistas que trabajaron en Almería y otros medios de España para desvelar el trasfondo de aquella tragedia que todavía permanece, para dar legítima justicia a Juan Mañas Morales (24 años), Luis Montero Garcia (33 años), Luis Cobo Mier (28 años).

Tras el juicio, en 1982, el coronel Carlos Castillo Quero fue condenado a 24 años de prisión mayor, ya fallecido; teniente Manuel Gómez Torres, a 15 años de prisión menor; y el guardia Manuel Fernández Llamas, a 12 años de prisión menor, estos dos últimos ya en libertad. La sentencia fue confirmada por el Tribunal Supremo. También hubo guardias civiles (8 según el libro de Antonio Ramos), cómplices y encubridores, que no fueron procesados y que todavía hoy día, sin conciencia, guardan silencio.

Silencio roto

Sólo un guardia civil rompió el silencio, eso sí desde el anonimato. Fue en 1984. La familia recibió una carta mecanografiada, llena de faltas de ortografía y con una redacción muy elemental, casi de analfabeto, que hace pensar que su autor quería camuflarse más todavía para ocultar su identidad. El contenido de la carta se hizo llegar a los medios de comunicación, pero no vio la luz, por razones obvias, hasta años recientes, en el diario ‘El Mundo’ y en el documental televisivo ‘Crónica de una generación’.

La carta del guardia civil anónimo, corregida para hacerla inteligible, dice lo siguiente:

“Mi querida familia, ante el respeto que merecen me dirijo a ustedes para contarles el hecho siguiente, respecto a las extrañas circunstancias de la desgracia de vuestro hijo y compañeros que fallecieron en manos de los asesinos de la Comandancia de esta localidad. Como saben ya de antemano los detuvieron en Roquetas de Mar, los trajeron a la Cabecera de la Comandancia, con grandes medidas de seguridad. Acto seguido los trasladaron en los mismos vehículos al Cuartel de Casas Fuertes, junto al aeropuerto, donde fueron sometidos a interrogatorio. Acto seguido ordenó Castillo Quero que tenían que ser sometidos a garrote y pidió voluntarios, saliendo el primero Juan Martínez Castro, casado, en Lubrín en la actualidad, con dos hijos; pertenece al Servicio de Información de la Comandancia. Estuvo, antes de ingresar en la Guardia Civil, 7 años en la Legión. Después salió el sargento Cañadas, hoy destinado en Ceuta, que lo pidió él cuando se celebró el juicio. Otro, el guardia Pabón, destinado y a punto de jubilarse, en la Comandancia. Otro, el guardia Fenoy, también destinado en el Servicio de Información de la Comandancia. Estos fueron los asesinos de vuestro hijo y de los compañeros. Al principio les dieron gran paliza, especialmente por el guardia Castro, perdiendo uno el conocimiento. Y entonces los mataron con un tiro de pistola a cada uno que recibieron por separado. Posteriormente, los envolvieron en mantas viejas, penetrándolos en un Ford Fiesta en el asiento trasero y al volante, el guardia Castro Martínez, ordenando Castillo Quero que fueran volcados en un sitio que no los viera nadie, y que se les pegara fuego para que no se conocieran los maltratos. Como el guardia Castro se destacaba, con el dinero de los pobres, ya cadáveres, que fue el que se quedo con él, le echó en San Silvestre gasolina al Ford y una lata de cinco litros llenó, con la que luego después prendió fuego al vehículo en la carretera de Gérgal. Y antes de pegar fuego, con la metralleta de los compañeros, el guardia Castro gastó dos cargadores de 30 cartuchos cada uno sobre lo cadáveres, en combinación con el depósito de la gasolina del Ford. Acto seguido, con el mechero pegó fuego a la gasolina que se derramaba del depósito, añadiendo la que tenía en la lata aparte.

Por otra parte, cuando tuvieron que abrir diligencias no querían figurar en ellas, pero como el guardia Llamas, que se incorporó al hecho después de todo y como estaba aprobado para cabo, los otros, le dijeron “Llamas este servicio es un buen servicio porque hemos matado a tres terroristas y si tú figuras sacarás el número uno de tu promoción de cabo”. Y cuando él se dio cuenta de lo que había hecho y estaba en Cabo de Gata ya arrestado, todos los días era visitado por numeroso público, tanto del Cuerpo como paisanos, que era mandado por el capitán Masegosa, hoy capitán de Tráfico de la Comandancia, entonces Jefe de Servicio de Información. Y le llevaban al mencionado guardia grandes regalos, más los paisanos, como uno de ellos, Francisco Cazorla, el de Rioja, y otros que no me acuerdo de ellos.

Y los guardias que no éramos adictos a estos asesinos, a algunos de ellos los han trasladado de puesto, como uno del Aeropuerto, que dijo en un bar que el chico de Pechina era buena persona, este guardia fue arrestado inmediatamente y trasladado con urgencia a Pozo del Esparto.

Sin nada más se despide un gran amigo de ustedes, que en la actualidad es guardia civil pero no asesino, como en unas declaraciones que se hicieron a la prensa.

No me identifico `porque sería una cosa no oportuna para mi.

Firma: Arriba Pechina.

Posdata: Si tienen  bien, esta carta quiero que sea vista por el letrado de Santa Fe, Darío, que cumplió nada más con su deber”.

Caso abierto

Han pasado 30 años de aquel 10 de mayo de 1981, una tragedia que está sin cerrar, a la espera de que algunos de los dos guardias civiles condenados o de los ocho que fueron cómplices desvelen los acontecimientos para descargar sus conciencias. Mucho tiempo, de todas maneras, para tanto silencio grave. Por eso Antonio Ramos ha vuelto a escribir sobre la tragedia: “El ‘Caso Almería’ es un caso cerrado para la justicia pero abierto para la historia y para la conciencia de aquellos culpables que viven y de los testigos que participaron en los hechos. El enigma queda aún por descifrar”.
Hay todavía mucha gente, familiares, amigos y periodistas, decididos a que no se olvide. Y 30 años después, seguimos esperando.