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In memoriam: Javier Ausejo, diseñador y decorador

Marta Rodríguez
La Voz

El diseñador y decorador Javier Ausejo llegó al final de su vida este domingo 23 de mayo como consecuencia de una grave enfermedad. Tenía 67 años y en los últimos se había convertido en una de las caras amables que aguardan al lector en la Librería Zebras, en la Plaza Balneario San Miguel.


Aunque nacido en Madrid, donde estudió en la Escuela Técnica Superior de Arquitectura, llevaba 19 años afincado en Almería, ciudad donde deja una profunda huella entre sus amistades, colegas profesionales y familia, a la que se ha consagrado estos meses.

Antes de trasladarse a vivir junto al mar Mediterráneo, Javier destacó dentro de su ámbito en la capital de España donde trabajó en empresas punteras y firmó proyectos que se distinguían del resto por su calidad, armonía y perfección.

“Era un hombre con la vanguardia de la decoración en las venas”, sentencia Pilar Escudero, dueña del Grupo Paladio, para el que diseñó las Joyerías Regente. Otro de sus proyectos representativo es la Farmacia de Adra, donde destaca un maravilloso artesonado.

Escudero define a Ausejo como un profesional con una visión modernísima y cuyas creaciones no pasan de moda. “A las tiendas les dio un estilo fantástico y atrajo a más clientes, pero es que en casa creaba ambientes acogedores y podías dejarlo solo, porque sus ideas eran siempre mejores que las tuyas”, afirma.

Su trayectoria como interiorista, tal y como indica Azucena Bretón, de la galería Arte21, es menos conocida en Almería porque "trabajó en muchas casas de particulares, que no han querido que se viesen sus creaciones".

Precisamente junto a ella, estuvo al frente de la dirección artística de la desaparecida galería La Nave Blanca. Ambos prepararon una potente muestra inaugural que aún es recordada con obras de Rafael Alberti y Carlos Pérez Siquier.

“De Javier fue la idea de acompañar una lectura de poemas de la primera edición de la Noche en Blanco con una suelta de velas”, apunta Bretón, quien asegura que Ausejo ha sido elegante hasta el final, incluso en la forma de gestionar y comunicar su enfermedad. “Siempre estuvo en mis alegrías y en mis penas; nunca lo olvidaré”, expresa.

“Era una persona extraordinaria: cercano, muy humano, educado, elegante y tenía una formación exquisita”, concluye una emocionada Pilar.

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