Una ciudad también se escribe
en sus bancos. En quien se sienta a descansar, en la conversación que se
alarga, en la sombra que permite salir de casa cuando aprieta el calor. Hay una
Almería que se reconoce en esos gestos pequeños. Cortijo Grande tiene mucho de
esa ciudad: jardines, calles peatonales y vecinos y vecinas que han hecho de la
cercanía una forma de vivir.
Pero hasta la convivencia necesita mantenimiento. Una acera levantada
dificulta el paseo de una persona mayor. Un árbol seco deja un hueco en el
paisaje y suma grados en verano. La suciedad, las podas pendientes o el
mobiliario deteriorado van haciendo más difícil habitar lo que es de todos. Y
así el abandono municipal termina alterando la vida cotidiana.
Como portavoz socialista, creo que nuestra obligación es llevar esas
necesidades al Ayuntamiento y exigir respuestas. Por eso planteamos un plan
específico de limpieza, reparación de aceras y conservación de los espacios
públicos de Cortijo Grande; un cuidado permanente de sus jardines y la
reposición de los árboles que faltan, con especies adecuadas a nuestro clima.
Porque la sombra también se planifica.
Junto a la avenida del Mediterráneo, las pistas de petanca son mucho más
que un lugar para jugar. Allí se cultiva la vecindad y ello requiere de
instalaciones dignas, un vallado seguro y un acceso adaptado, ya que también
las utilizan personas del centro de A Toda Vela. Y ninguna barrera debería
decidir quién puede participar de la vida de su barrio.
Hay una imagen que resume cuánto queda por hacer: un solar municipal donde
se almacenan farolas retiradas que muy bien podría convertirse en un huerto
urbano. Pedimos que se estudie su viabilidad porque donde hoy se amontonan
desechos, mañana podrían cultivarse hortalizas y buenas amistades. Y es que
gobernar también consiste en escuchar lo que un barrio es capaz de imaginar.
Hacen falta bancos y luz en la calle peatonal entre José María Artero y
Tejares; medidas para reducir la velocidad en Regaliz; una zona biosaludable en
la plaza Albaida que puedan disfrutar personas de distintas edades y
capacidades.
Aquí, como en otros barrios que recorremos, los vecinos no piden grandes actuaciones sino pequeñas mejoras, demandas concretas de poco presupuesto y fácil ejecución. El barrio de Cortijo Grande ya tiene lo más difícil: una comunidad solidaria, cercana y comprometida. Al Ayuntamiento le corresponde estar a su altura. Porque un barrio florece cuando sus vecinos encuentran respuesta en sus instituciones.

No hay comentarios:
Publicar un comentario