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Desde Cataluña, ¡Viva Andalucía!

Juan de Dios Ramírez-Heredia
Abogado y periodista

⏩⏩⏩ Nací hace infinidad de años en un precioso pueblo marinero fundado por los Reyes Católicos en 1483 a orilla del Océano Atlántico, marcando uno de los quicios de entrada a la Bahía de Cádiz. Y de este hecho fundacional le viene el nombre de Puerto Real. Toda mi infancia y mi primera juventud la viví correteando por sus calles o pasando las horas muertas en las estribaciones de su pequeño muelle, mientras el sol se mantenía allí arriba a punto de zambullirse en la línea horizontal del mar donde parece que se acaba el planeta.

Histórica manifestación del 4-D

Recién cumplidos los 22 años cogí el petate y me vine a Barcelona donde esperaba encontrar los medios necesarios para poner en marcha un proyecto ilusionante que nos empujara a los gitanos españoles a ser dueños de nuestro destino y administradores de nuestra libertad. Y debo reconocer que las expectativas fueron cumpliéndose y al poco tiempo, a pesar de que al franquismo todavía le quedaban largos años de vida, empezaron a crearse en casi toda España, al calor de las Cáritas de entonces, los primeros Secretariados Gitanos que fueron el fermento del pujante asociacionismo que hoy marca el devenir reivindicativo de la comunidad gitana española.

Pero no es de esto de lo que me quiero ocupar hoy, día en que los andaluces, de dentro y de fuera de nuestras fronteras regionales, celebramos nuestro día territorial. Hoy quisiera zarandear el árbol de mis recuerdos para revivir con ustedes lo que supuso la jornada de aquel mágico jueves del día 28 de febrero de 1980 en que se celebró el referéndum que dio paso a la elaboración del Estatuto de Autonomía que gracias al artículo 151 de la Constitución nos liberaba de la vía lenta del 143 para equipararnos al mismo nivel del que disfrutaban los llamados “territorios históricos” que habían tenido Estatutos durante el tiempo que duró la República.

El Centro Andaluz en Cataluña
Corría el año 1975. España entera sabía que Franco moriría pronto, lo que supuso un acicate para quienes, desde la clandestinidad, o desde la tolerancia vigilada, aspirábamos a conseguir una sociedad distinta donde la política nos permitiera ser hombres y mujeres libres capaces de luchar por conseguir una vida mejor. Y en ese contexto yo gozaba de un plus de popularidad gracias a un programa flamenco que dirigía y presentaba diariamente en Radio Nacional de España. Eso propició que un grupo de personas, amigas mías, decidiéramos crear un movimiento genuinamente andaluz que animara a nuestros paisanos residentes en Cataluña a luchar por el advenimiento de la democracia. Dejo que sea Pedro J. Parra quien describa lo que unos cuantos soñadores pretendíamos conseguir: “En 1975 se funda en Barcelona una asociación con el nombre de Centro Andaluz en Cataluña. Es una asociación atípica porque además de propagar y extender la cultura andaluza, quiere luchar por las justas reivindicaciones de nuestro pueblo. Y se declara político y multipartidista, para aglutinar todas las tendencias. Por lo tanto, nace con una clara intencionalidad política.” Hasta donde la memoria me alcanza quiero rendir homenaje a Antonio Romero, que ya se nos fue, a Juan José Guisado, industrial que puso el dinero para pagar el piso de la Via Layetana donde instalamos nuestra sede, a Pablo Martínez, inquieto luchador que fue el fundador de la pujante Casa de Cádiz, a Amparo Jiménez, vivo ejemplo de mujer luchadora y comprometida, a Gregorio Cano, el mejor poeta cordobés que ha cantado a su pueblo desde Cataluña, a Pedro Penalva, profesor de Derecho en la Universidad de Lérida y a Gonzalo Crespo, joven y brillante abogado que fue concejal del Ayuntamiento de Barcelona y luego Director General de Migraciones de la Junta de Andalucía. Todos ellos me hicieron el honor de elegirme primer Secretario General del Centro Andaluz en Cataluña desde el que dimos testimonio de nuestra condición de andaluces en un momento crucial en el que todo el futuro inmediato estaba por escribir.

Cataluña, la novena provincia andaluza
Y podía serlo sin ningún tipo de complejo. En los años 70 había en Cataluña 1.300.000 andaluces. Y almerienses en Cataluña vivían más que habitantes tenía en aquellos años toda la provincia incluida la capital. ¡Quién me iba a decir en aquellos años de plomo que el destino me llevaría a ser diputado precisamente por Almería durante dos legislaturas completas!

Hay un estudio del historiador granadino Francisco de Borja García Duarte ―El ideal de Blas Infante en Cataluña”― que es de obligada lectura para tener un conocimiento documentado de la realidad histórica, política y cultural de la población andaluza residente en Cataluña. A él me remito para ofrecerles una pincelada histórica del indiscutible protagonismo que tuvo el Centro Andaluz en Cataluña en la movilización política de tan ingente población.

La capacidad de movilización de la burguesía catalana, inspiradora desde siempre de un nacionalismo titubeante que en los momentos difíciles no dudó en aliarse con sus adversarios, ha sido sustituida en gran parte por la ingente masa de inmigrantes que a veces desorientada, a veces engañada, ha tomado como propias reivindicaciones identitarias de las que nunca tuvieron conocimiento. Yo mismo debo confesar que en mi despertar al activismo político, desde el sentimiento consciente de mi pertenencia a una clase situada en el extremo más bajo del bienestar, pensé que los andaluces debíamos imitar a los catalanes que nos llamaban charnegos para que nunca ningún andaluz tuviera que salir de su tierra a ganarse la vida fuera de su casa y de su entorno natural.

Y con ese sentimiento y ese fuego interior de querer cambiar lo que me parecía tan injusto, volví a Andalucía desde la Cataluña que me había llevado al Congreso de los Diputados para ser participante en la redacción de la Constitución Española. Pero mi destino quiso que los entresijos de la política frustraran mi deseo de ser Diputado por Cádiz y que Alfonso Guerra me enviara a Almería. Almería fue la horma de mi zapato. En esa provincia extrema a la que hay que ir, porque por ella no se pasa, viví los ocho años más felices y comprometidos de mi vida política. Almería me permitió adentrarme en una realidad política y social que, yo diría, era desconocida hasta por las siete provincias que integran su realidad geográfica. Les repetí hasta la saciedad lo que yo había aprendido en Cataluña para zarandear sus conciencias y conseguir que se levantaran contra el sistema que nos había condenado a ocupar el último lugar en el ranking del progreso y el desarrollo de las restantes comunidades autónomas. Claro que para mí fue fácil porque tuve un maestro y un compañero excepcional, Joaquín Navarro Esteban, juez que ejerció su profesión en el País Vasco y que poseía una oratoria incendiaria que hacía levantarse a quienes le escuchaban. Pronuncié tantos mítines con él a lo largo y ancho de toda la provincia, que en alguna ocasión llegué a temer, cuando ya tenía a todo el público entregado, que culminara su proclama diciendo.

―Compañeros y compañeras, para acabar con este estado de injusticias que padecemos los andaluces, no me queda otro remedio que deciros: ¡a las armas, a las armas!

Evidentemente jamás dijo tal cosa y ni siquiera lo pensó, pero a mí me animaba para repetir una y otra vez lo que el profesor Francisco Murillo, de la Universidad de Granada, había escrito con gran acierto: “Si el andaluz rico emigra a Madrid y el andaluz pobre emigra a Cataluña, ¿quién piensa en Andalucía?”

La autonomía de Andalucía costó un muerto
La gente de mi generación lo sabe. El 4 de diciembre de 1977, cuando todavía no habían transcurrido ni seis meses desde las primeras elecciones democráticas, los andaluces que vivían en la región y los que lo hacíamos en Cataluña nos movilizamos para conseguir que también Andalucía tuviera un Estatuto de autonomía. Dos millones de andaluces nos echamos a la calle para gritar a pleno pulmón que queríamos ser protagonistas de nuestro propio destino. Y el muerto lo puso Málaga. Manuel José García Caparrós, un joven de 18 años, trabajador de una cervecera malagueña, recibió un tiro cuando portaba la bandera blanca y verde y se unía gozoso y esperanzado a la muchedumbre que despertaba de un letargo demasiado prolongado de marginación y pobreza.

Aquello fue el principio. Pero aún debían suceder muchos acontecimientos duros, peligrosos y esperanzadores en los que el Centro Andaluz en Cataluña jugó un importante papel hasta lograr el ansiado Estatuto. La semana que viene los contaré.

El Almería se viene también de vacío de Cádiz (2-1)


Carlos Miralles
La Voz

⏩ Nada sostiene al Almería. El equipo se queda sin mensaje, no gana, la crisis aumenta y el ascenso directo empieza a ser una utopía. La visita al Ramón de Carranza estaba marcada en rojo en el calendario para revertir la situación, ya que llegaban los hombres de Guti con cinco jornadas a sus espaldas sin alegrías. Y la tarde comenzó bien, con gol de José Corpas a los once minutos. Se vio un Almería eléctrico, jugando a pocos toques, y en una recuperación, Valentín Vada busca a Darwin Núñez, el uruguayo cede a Vada, al que le sale un pase sin querer a Corpas, que supera al segundo intento a Cifuentes. El punto y final de la crisis estaba más cerca.

El empate del Huesca ante el Extremadura favoreció al Almería, que hoy puede verse superado por el Girona

Ni Cádiz ni Almería atraviesan su mejor momento y se notó en el inicio del encuentro. Sin embargo, después del 0-1 el conjunto rojiblanco dio un paso atrás y no lo desaprovechó Alberto Perea para meter un centro desde la izquierda que remataba Nikola Maras a la red en la disputa con Choco Lozano. Los problemas defensivos volvieron a aparecer y la efectividad amarilla, también. 

Cervera tiró de veteranía, de experiencia, para dinamitar el partido con los cambios después del descanso. Se guardó una bala en el banquillo, Salvi Sánchez, que resultó ser fundamental. El extremo dejó atrás en carrera a Iván Martos, apura hasta línea de fondo, centra raso y Álex Fernández, desde el suelo, mete el balón en la portería. Era el golpe de efecto que aupaba al Cádiz hacia la victoria, a asegurar el liderato, a oler la Primera División; y hunde en su mala dinámica al equipo de Guti.

Tuvo opción de réplica Jonathan Silva, que en boca de gol mandó la pelota al larguero un minuto después del 2-1 local. La mejoría en cuanto a juego e imagen fue evidente, pero a falta de doce jornadas y con dos puntos de dieciocho, no es suficiente para acabar con la crisis rojiblanca. El ascenso directo se empieza a alejar y cambian las prioridades: ganar es más importante que hablar de recuperar la segunda plaza o del objetivo final de la temporada.

Partidos como el de Carranza marcan mucho y mientras la fiesta del Cádiz tiene tintes de Primera, en el vestuario visitante tratan de dar con soluciones. Fiel a su estilo, a los argumentos que lo han llevado a lo más alto de la tabla, el Cádiz se lleva un partido con máxima efectividad. Los puntos se quedan en Carranza y las sensaciones, que de poco valen ahora, se vuelven para Almería.

El tiempo se acaba y cada vez hay más incógnitas en el ambiente. La mejoría no terminará de ser real hasta que el Almería vuelva a celebrar una victoria en Liga. La caída libre de resultados en el Almería sigue preocupando. Dos puntos de dieciocho acumula el equipo rojiblanco en un tramo decisivo de la competición. Desde el pasado 19 de enero, en Almendralejo, no celebra una victoria la plantilla. Fue ante el Extremadura, coincidiendo con el último liderato. A partir de ese día se inició una dinámica tan negativa que complica el ascenso directo. Elche, Numancia, Racing, Huesca, Fuenlabrada y Cádiz dejan sin margen de error al Almería en la búsqueda del objetivo final. El sábado llega el Deportivo y el triunfo se hace imprescindible.

Cádiz: Cifuentes; Carcelén, Fali, Cala, Espino, Ramos, Bodiger (Sergio, m.65), Álex Fernández, Iván Alejo (Salvi, m.53), Perea; Choco Lozano (Álvaro Giménez, m.74).

Almería: Fernando; Balliu, Costas, Maras, Iván Martos (Francis, m.73); De la Hoz, Aguza (Muñoz, m.62); Corpas, Appiah (Jonathan, m.53), Valentín Vada; y Darwin Núñez.

Goles: 0-1, min 11: José Corpas. 1-1, min 16: Nikola Maras, en propia puerta. 2-1. min 59: Álex Fernández.

Árbitro: Isidro Díaz de Mera (Comité Castellano-manchego). Amonestó con cartulina amarilla a los locales Fali y Alberto Perea.

José María Crespo, el hombre que nos bajó del Alsina


Antonio Torres
Periodista

⏩⏩⏩ Todo un referente de Los Gallardos y de la provincia de Almería, José María Crespo Pérez, nacido en 1941, deja a todo un pueblo huérfano de su arrolladora personalidad. Era hijo de dos emprendedores y dueños del Bar-Pensión Crespo, negocio que amplió, junto a su esposa, Isabel Haro, tras regresar de la emigración alemana, un idioma que dominaba. Sus dos hijos, Dami y Juanjo, fueron y son dos ejemplos de honestidad y con sendas carreras universitarias, fruto del esfuerzo al que fueron educados.

José María Crespo y Eilleen Kennedy se han ido con apenas dos días de diferencia (Foto. Jack Kennedy)

José María Crespo, corazón de león o como lo definió ayer el responsable de la funeraria Padilla e Hijos “un John Wayne”, fue el hombre que nos bajó del Alsina y a varias generaciones nos ensanchó el mundo. Éramos adolescentes y estudiantes y la generosidad de José María nos llevaba a comer al Restaurante Juan Pedro, de Almería, donde nos sentíamos como en casa y allí nos daban cobijo los empleados Joaquín, de Alfaix, o el chef Diego “el del Ventorrillo”.

Vecino de La Veleta o el cortijo de Los Chicharrotes, de su esposa, donde comenzó a enseñarnos con la recogida de oliva, fruta, su ganadería, lo que es un jornal de sol a sol. Los sábados, de mercado en Vera y sus encuentros con Antonio Carmona, con el que consolidó amistad por sus tiempos de mili. Enseño a decenas de jóvenes a trabajar de camareros en las ferias de media provincia donde montaba un chiringuito de cerveza y fiesta. Dio cobijo a los primeros mítines democráticos.

Sentía adoración por nuestro superviviente del campo de concentración de Mauithausen Antonio Muñoz Zamora. Nos quitó mucha caspa pueblerina. ¡Qué va decir una de las personas que lleva su sello hasta en el nombre de Chacho”, expresión que trasladé a mis primeros trabajos en Ideal, medio para el que lo entrevisté con Miguel Ángel Blanco o la amistad que trazó con Pedro Manuel de la Cruz cuando nos visitaba a nuestra casa de Calzada de Castro. El origen de todo es José María, punto de encuentro de tertulias veraniegas con Emilio Ruiz, Llorente, Haro, Lanero y tantos otros.

Le admiré como futbolista, delantero valiente que pisaba el área y remataba todo; atleta que ganaba carreras en Almería en todas partes; árbitro de fútbol que me hizo conectar con “los Chirivia” o el mismo Andújar Oliver; el que me hizo árbitro y a los dos partidos comprendí lo difícil que es; el que me despidió el día que me fui a Palma de Mallorca; su terraza y la colección de discos Polidor para saborear a Los Puntos o a Miguel Ríos. Los conciertos en directo que le organizaba Joaquín de la Muela. Por supuesto que la celebración de mi boda se celebró en su terraza.

José María sentía adoración por su madre Damiana, hermana de Frasquito Pérez Casquet, exalcalde de Zurgena y Antas. Todo un conglomerado de carácter. Fue concejal por UCD en las primeras elecciones democráticas y su pasión de ahora estaba en sus nietos y el fútbol. Aún lo recuerdo cuando dormimos juntos en un hotel de Madrid, debú del Almería de Emery, y palco de As con ilustres almerienses, entre ellos Manolo Escobar con el que conversó mucho y que nos preparó el gran Alfredo Relaño, al que años antes lo llevé a Los Gallardos y desde entonces me pregunta por el madridismo de Crespo como lo hacen tantos y tantos amigos. 

Toda una comarca se presentó para despedirle. Seguirá siempre en nuestra memoria. Son líneas que se agolpan y no tengo capacidad de resumir.

El hijo del cura de Dalías silenciado por el cardenal Suquía


Javier Pajarón
Periodista

“Hace unos años, recuerdo que un grupo de sacerdotes entró en el establecimiento donde trabajaba como camarero. Yo no los conocía, pero ellos me miraban y hablaban sobre mí. Me sentí mal. Ahora pienso que todos sabían quién era mi padre”. Emilio Jesús Gómez vio el mundo por primera vez en la clínica Sant Josep Oriol de Barcelona hace 51 años y, aunque lleva el nombre de un cura en su DNI, muestra con la voz entrecortada y una humildad natural su preferencia. “Llámame Jesús, por favor”.

Emilio Jesús Gómez, con una foto de su padre (La Voz)

Hace más de dos décadas, deshizo las pisadas de su madre hasta la provincia de Almería, un regreso a los orígenes familiares donde construir una vida. Las respuestas llegaron antes incluso que las preguntas. “En el pueblo todo el mundo me conocía como el hijo del cura, aunque no me supuso ningún problema”. El 19 de noviembre de 2016  falleció Emilio Muñoz, antiguo párroco en Dalías. Su madre le entregó entonces un profuso archivo de cartas y fotografías para demostrar la supuesta relación sentimental entre ambos, ocultada durante medio siglo por el velo de la Iglesia y la oscuridad del franquismo. 
El ‘hijo del cura’ a los ojos del pueblo quiere ahora serlo también a la vista de los tribunales y ha presentado una demanda para la determinación de paternidad
Aquellos documentos se convirtieron rápidamente en el motor de la búsqueda de Jesús Gómez. “Estoy cien por cien seguro de que es mi padre y solo quiero que se haga justicia a mí y a mi madre”. El ‘hijo del cura’ a los ojos del pueblo quiere ahora serlo también a la vista de los tribunales y ha presentado una demanda para la determinación de paternidad. Un Juzgado de la localidad de Martorell (Barcelona) estudia desde hace unos días las alegaciones presentadas por los abogados María de los Ángeles Ruiz Olmo y Mariano Garfias, con despacho en Roquetas de Mar.

“Emilio Muñoz, por su condición de sacerdote, mantuvo en secreto la existencia de un hijo”, explica Ruiz Olmo. “Y desde el Obispado de Almería muy posiblemente se encubrieron el hecho, según se desprenden de los documentos aportados”. Los documentos se refieren a una colección fotográfica de la madre de Jesús Gómez y el párroco Emilio Muñoz (sin sotana en la mayoría de ellas)  fechadas en los años sesenta y, especialmente, a cartas del párroco dirigidas a la mujer y que reflejan una relación amorosa.

En una misiva fechada en octubre de 1967, el cura se muestra frustrado desde Barcelona por la distancia y parece animar a la mujer a abortar ante la imposibilidad de estar juntos y cuidar al niño. 

“Querida Mary. Con suma alegría y al mismo tiempo con gran pena recibí la tuya del día 30 de septiembre. Se ve que tardan mucho las cartas (...) Cuéntame cosas. Pero, de entre todo, ya sabes lo que quiero que me cuentes. Me parece mentira que va a llegar la hora en que me digas que no tienes ya nada, que has empezado a estar normal. Yo comprendo tu situación, pero la mía comprenderás, Mary, que no es mejor. (...) 

Tu, al menos, tienes a tu prima. Yo con nadie cuento. No tengo ganas de nada. me encuentro extraño ante todos. Solo pienso en lo nuestro. (...) En estos momentos empiezo a llorar. No me puedo resistir. Me acuerdo de tantas cosas nuestras y ver que todo el mundo va en contra tuya y mía. Bueno, ya veré hasta dónde dura esto. Mary, inténtalo por todos medios. Quédate libre. Sé valiente. Sin más, recibe un fuerte abrazo de tu... que te quiere con locura”.

La carta tiene su continuidad en otros textos. De hecho, en un fragmento habla de envíos diarios de escritos a Mary desde Barcelona y de la angustia de un amor imposible.
“Mi madre es posiblemente la persona más perjudicada de esta historia”, indica. “Pensemos en aquella época, en una mujer sola, en un pueblo pequeño; fue una situación muy complicada para ella”
Jesús Gómez fue inscrito en diciembre del año 1968, aunque su madre le relató que tardó muchos meses en acudir a registrarlo oficialmente, lo que permitiría casar las fechas con la cronología de las comunicaciones conservadas. “Mi madre es posiblemente la persona más perjudicada de esta historia”, indica. “Pensemos en aquella época, en una mujer sola, en un pueblo pequeño; fue una situación muy complicada para ella”.

El caso no pasó desapercibido para la jerarquía eclesiástica. Monseñor Suquía, entonces Obispo de Almería (1966-1969), tomó el mando para silenciar el asunto, como demuestran dos cartas fechadas en octubre de 1968 y julio de 1969. “Yo les agradecería en el alma si este asunto tan delicado y difícil trataran de resolverlo entre el doctor Sala y usted conjuntamente y de acuerdo con Mary (...) Y, por mi parte, abriré el corazón plenamente a la caridad”.

El texto escrito a máquina y firmado por Ángel Suquía, una de las figuras más importantes de la Iglesia en España en la segunda mitad del siglo XX, apunta presuntamente a la manutención de la madre de Jesús Gómez. La mujer fue enviada a una institución religiosa en Cataluña, lejos de las malas lenguas de la provincia de Almería y la carta se remitió a un reverendo.  

Además, en un segundo escrito dirigido a Mary, el propio Ángel Suquía habla de pagos mensuales de 8.500 pesetas para los gastos.   “Querida Mary. He recibido hoy dos cartas: una del 14 de mayo y otra del 3 de julio pasados. Con fecha de mañana envío a Don Francisco la cantidad de 8.500 pesetas correspondiente al mes de mayo. No sabe usted con cuánto gusto he hecho este sacrificio para ayudarle, pero ya no puedo más”.


Estas palabras firmadas por Ángel Suquía el 16 de julio de 1969, manuscritas en un folio con el membrete del Obispo de Almería, llegaron aproximadamente un año después del parto. La hoja se quedó pequeña para todo el mensaje y monseñor acabó por despedirse en el margen izquierdo con una mención al “pequeño”.

“Mi madre me habló de Ángel Suquía, pero nunca lo hizo bien; diría que era persona non grata para ella”, advierte Jesús Gómez con firmeza. “La Iglesia ha ocultado muchas cosas y aún tiene mucho poder”.

Jesús se confiesa católico y, aunque apenas menciona el llamativo parecido físico con su presunto padre, incide en otras conexiones más espirituales. “Me veo similitudes con él, aunque no sabría explicarlo. Siempre me ha llamado mucho la atención la religión y he sentido algo especial”.  Mira la mesa y coloca una a una cada foto en blanco y negro.

La presunta relación amorosa entre el cura de Dalías y una vecina del pueblo provocó la inmediata reacción de la Iglesia. Mientras la mujer fue enviada a Cataluña para apartarla de las miradas curiosas, el sacerdote Emilio Muñoz acabó en una misión en Alemania. Antes de partir hacia su nuevo destino, remitió una carta de despedida a su “querida Mary” entre lamentos. En ella subraya nuevamente el papel del obispo de Almería.

“Mi apreciable Mary. Creo sería poco digno que me marcharse sin avisarte. Hoy mismo. Ayer lunes, me llamó el señor obispo. Está enterado de todo lo nuestro. Ya se lo habían contado. A mí me trató como un padre. Nada de regañarme. Solo me ha pedido que me marche de seguida. Sufro mucho. A ti te pido paciencia. No quieras vengarte. Espera y calla. Adiós mi Mary”.

El documento se aportará entre las pruebas de la demanda presentada por los letrados Mariano Garfias y María de los Ángeles Ruiz Olmo en los Juzgados de Martorell (Barcelona). Ángel Suquía fue luego obispo de Málaga, arzobispo de Madrid y presidente de la Conferencia Episcopal en España. En 1985 fue nombrado cardenal. Murió en julio de 2006.

Las portadas de los periódicos de Almería (01-03-20)

Aarón Rodríguez
@opinionalmeria

⏩⏩⏩ La Voz de Almería abre su portadas con una declaración del primer y único contagiado de coronavirus en Almería: "Estoy bien, con síntomas leves, estos no es el ébola". Diario de Almería dice sobre la situación del Almería: "No tiene remedio". Ideal destaca sobre el mismo tema: "En caída libre".