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Feliz cumpleaños, Clint Eastwood


Evaristo Martínez
Periodista

⏩Clint Eastwood cumple 90 años. El domingo 31 de mayo, el gran icono del cine norteamericano soplará 90 velas mientras a lo largo de todo el mundo millones de fieles le acompañarán, posiblemente, disfrutando con alguna de las películas de su filmografía: 38 como director y cerca de 50 como actor desde que saltó al estrellato con 'Por un puñado de dólares'.

Clint Eastwood, en un fotograma con el niño almeriense Antonio Ruiz Escaño en "La muerte tenía un precio"

Aquella gran oportunidad que Sergio Leone le dio en pantalla fue además el inicio de la historia de amor entre el cineasta romano y los paisajes de Almería, que visitó en cinco de los siete largometrajes de su corta carrera. Una relación en la que Eastwood tuvo mucho que decir: su papel de Hombre sin Nombre en la Trilogía del Dólar (después de 'Por un puñado...' llegaron 'La muerte tenía un precio' y 'El bueno, el feo y el malo') vinculó al espigado actor a la tierra del indalo y, por extensión, a España, ya que Granada, Burgos y Madrid dibujaron también aquel universo fronterizo con el que el spaghetti western comenzó a marcar sus reglas.

Por este motivo, varias agrupaciones y asociaciones culturales de nuestro país han impulsado el proyecto #90ClintEastwoodSpain, una campaña en redes con las que se quiere felicitar al mito nonagenario. En Almería, el grupo Almeriacine, que capitanea Juanen Pérez Miranda, es uno de los promotores, junto a colectivos como la Asociación Cultural Sad Hill, de Burgos; Colmenar Viejo - Tierra de Cine, de Madrid; y el Club de Fans de Clint Eastwood de España. Apoyan asimismo la iniciativa el Almería Western Film Festival de Tabernas y el Oasys MiniHollywood, el parque temático nacido del poblado que se levantó para 'La muerte tenía un precio'.

Cómo participar
La acción consiste en felicitar a Clint Eastwood a través de las redes sociales incluyendo una foto (individual o de grupo) etiquetada con el hashtag #90ClintEastwoodSpain. Con todas las fotos resultantes se va a diseñar un gran mural que representará una imagen en homenaje al actor y director nacido en San Francisco. Esta imagen será impresa y enviada al director de 'Gran Torino' como regalo de cumpleaños de todos sus seguidores en España.

Por su parte, el Centro Comercial Torrecárdenas va a ayudar a las citadas asociaciones asumiendo los gastos de impresión y de envío hasta Estados Unidos. Será una "muestra de cariño" más tanto a Eastwood como a la carismática comunidad fan que tiene en España. "Y un guiño más del centro comercial al mundo del cine", indican en una nota de prensa en la que recuerdan que las instalaciones de este espacio cuentan con distintos homenajes a la historia del celuloide rodado en Almería.

TCM nos alegra el fin de semana
Asimismo, el canal de pago TCM, que puede verse a través de la oferta de distintos operadores, se ha unido al cumpleaños de Clint Eastwood para culminar durante el fin de semana la fiesta que le lleva brindando durante todo el mayo, con la proyección cada noche en horario de máxima audiencia de uno de los títulos de su carrera.

Por la parrilla han pasado westerns como 'Infierno de cobardes', 'Dos mulas y una mujer', 'El fuera de la ley' y, por supuesto, el mítico 'La muerte tenía un precio', thrillers como 'Escalofrío en la noche' (su ópera prima), 'Poder absoluto' y 'Deuda de sangre', cintas bélicas como 'El desafío de las águilas' y 'Firefox, el arma definitiva' y dramas románticos como 'Los puentes de Madison' y 'Primavera en otoño'.

Y parafraseando a su expeditivo 'Harry el sucio', TCM "alegrará" a los espectadores no el día sino todo el fin de semana de su cumpleaños proyectando durante las 48 horas del sábado y el domingo, sin interrupciones, un maratón de sus películas.

Clint Eastwood y su poncho

Emilio Ruiz

De las cinco películas que Sergio Leone ha dirigido en Almería, las dos últimas, Agáchate, maldito (1971) y Hasta que llegó su hora (1968), fueron las que utilizaron los mejores medios técnicos, dieron protagonismo a los actores más cotizados y, como consecuencia de ello, tuvieron los mayores presupuestos. Pero ninguna de las dos ha llegado a alcanzar la popularidad de las tres primeras, las que conforman la Trilogía del Dólar: Por un puñado de dólares (1964), La muerte tenía un precio (1965), y El bueno, el feo y el malo (1966). El éxito de la Trilogía radica en la suma de una serie de componentes que aisladamente hubieran pasado inadvertidos. Es difícil detallar todos ellos, pero siempre hay que considerar la destreza de Sergio Leone para elevar de categoría los planos cortos, la banda sonora de Ennio Morricone, repleta de atonalidades, silbidos, campanas, arpas de boca y coros sin texto, y la presencia de Clint Eastwood, El hombre sin nombre, por entonces un actor norteamericano de medio pelo que se buscaba la vida rodando aburridos seriales de vaqueros.

Clint ha desempolvado de nuevo su viejo poncho

Clint Eastwood no se entiende sin Almería, pero el Spaguetti Western tampoco se entendería sin Clint Eastwood. ¿Qué proporcionó de nuevo este actor a un género, el western, que estaba en plena decadencia? El personaje de El hombre sin nombre se ha convertido en un icono. Se trata de un hombre duro, sin escrúpulos, sin sentimientos, cínico, solitario y únicamente movido por el dinero. Un hombre de pocas palabras dispuesto a matar a sangre fría. A sus personales rasgos faciales y su estilizada figura, Clint Eastwood unió al personaje un purito en la comisura de los labios, un sombrero de ala ancha y un poncho raído que le dotaban de una identidad peculiar. Para crearse esa identidad no necesitó matar indios, porque en la Trilogía no hay indios, ni hacer el amor con señoritas de alterne de saloon, porque tampoco hay mujeres. A Claudia Cardinale la traería después Leone para Hasta que llegó su hora.

Por un puñado de dólares era lo que hoy llamaríamos una película low cost. La productora apenas invirtió 120.000 dólares. Una prueba de la escasez del presupuesto nos la recuerda el mismo Leone cuando cierto día necesitaban utilizar una grúa. Como no la tenían, se la pidieron prestada a Dino de Laurentiis, que también rodaba en Almería. “Solo os la puedo dejar un domingo, pero ya sabéis que en España, por cuestiones religiosas, no se puede trabajar en domingo”. Leone pidió permiso al obispo Ródenas, al que le hizo ver que eran judíos.

Capítulo aparte merece el poncho de Clint Eastwood. Es el mismo en las tres películas. Mide 203 x 99 cm. Existen unos bocetos de Carlo Simi, responsable del vestuario, sobre su diseño. Pero cada vez más se acepta más la idea de que esos bocetos se hicieron a posteriori. Clint Eastwood dice que el poncho era suyo, según manifiesta en una entrevista para el libro Sergio Leone. Algo que ver con la muerte, de Christopher Frayling: “Fui a un lugar donde vendían ropa en Santa Mónica Boulevard y simplemente compré esa ropa y me la traje a Italia”. Se refiere no sólo al poncho, sino también al chaleco, los vaqueros y el sombrero En otras ocasiones, Eastwood ha manifestado que el poncho lo compró en Roma. O en Madrid o en Níjar, según la ocasión.

El poncho de Clint Eastwood

Emilio Ruiz

De las cinco películas que Sergio Leone ha dirigido en Almería, las dos últimas, Agáchate, maldito (1971) y Hasta que llegó su hora (1968), fueron las que utilizaron los mejores medios técnicos, dieron protagonismo a los actores más cotizados y, como consecuencia de ello, tuvieron los mayores presupuestos. Pero ninguna de las dos ha llegado a alcanzar la popularidad de las tres primeras, las que conforman la Trilogía del dólar: Por un puñado de dólares (1964), La muerte tenía un precio (1965), y El bueno, el feo y el malo (1966).

Clint Eastwood
El éxito de la Trilogía radica en la suma de una larga serie de componentes que aisladamente hubieran pasado inadvertidos. Es muy difícil detallar todos ellos, pero siempre hay que considerar la destreza de Sergio Leone para elevar de categoría los planos cortos, la banda sonora de Ennio Morricone, repleta de atonalidades, silbidos, campanas, arpas de boca y coros sin texto, y la presencia de Clint Eastwood, El hombre sin nombre –en ninguna de las tres películas se le llega a nombrar-, un actor norteamericano de medio pelo que, desde 1959, se buscaba la vida rodando aburridos seriales de vaqueros trashumantes. “No conozco Italia, ni Alemania, ni España. No conozco ninguno de los países que producen la película, así que lo peor que puedo sacar de esto es un viaje agradable”, dijo el actor tras aceptar  el papel.

Clint Eastwood no se entiende sin Almería, como reconocen sus biógrafos, pero el spaguetti western o eurowestern tampoco se entendería sin Clint Eastwood. ¿Qué proporcionó de nuevo este actor a un género, el western, que estaba ya en plena decadencia? El personaje de El hombre sin nombre se ha convertido en un icono. Se trata de un hombre duro, sin escrúpulos, sin sentimientos, cínico, solitario y únicamente movido por el dinero. Un hombre de pocas palabras, con fría mirada, dispuesto a matar a sangre fría.

A sus personales rasgos faciales y su estilizada figura, Clint Eastwood unió al personaje un purito en la comisura de los labios, un sombrero de ala ancha y un poncho raído que le dotaban de una identidad peculiar que no deja a nadie indiferente. Para crearse esa identidad no necesitó matar indios, porque en la Trilogía no hay indios, ni hacer el amor con señoritas de alterne de saloon, porque tampoco hay mujeres. A Claudia Cardinale la traería después Leone para Hasta que llegó su hora.

El poncho se expone como una pieza
de museo
Por un puñado de dólares era lo que hoy llamaríamos una película low cost. La productora apenas invirtió 120.000 dólares. Una prueba de la escasez del presupuesto nos la recuerda el mismo Leone cuando cierto día necesitaban utilizar una grúa. Como no la tenían, se la pidieron prestada a Dino de Laurentiis, que también rodaba en Almería. “Solo os la puedo dejar un domingo, pero ya sabéis que en España, por cuestiones religiosas, no se puede trabajar en domingo”. Leone pidió permiso al obispo, al que le hizo ver que eran judíos. El obispo accedió a que trabajaran en domingo y así pudieron utilizar la grúa de De Laurentiis.

Capítulo aparte en esta historia merece el poncho de Clint Eastwood. Es el mismo en las tres películas y nunca llegó a lavarse. Mide 203 x 99 cm. Existen unos bocetos de Carlo Simi, responsable del vestuario, sobre su diseño. Pero cada vez más se acepta la idea de que esos bocetos se hicieron a posteriori. Clint Eastwood dice que el poncho era suyo, según manifiesta en una entrevista para el libro Sergio Leone. Algo que ver con la muerte, de Christopher Frayling: “Fui a un lugar donde vendían ropa en Santa Mónica Boulevard y simplemente compré esa ropa y me la traje a Italia”. Se refiere no sólo al poncho, sino también al chaleco, los vaqueros y el sombrero En otras ocasiones, Eastwood ha manifestado que el poncho lo compró en Roma. O en Madrid, según la ocasión.

Aún hoy día, medio siglo después de estrenarse Por un puñado de dólares, el poncho de Clint Eastwood sigue siendo una prenda muy demandada, principalmente en Estados Unidos, Australia y México. Se confeccionan excelentes réplicas, pero también burdas copias chinas. “El nuestro –manifiestan en Mexican Ponchos- es del color exacto del original, que era verde oliva. Tuvimos la suerte de ver el original en Carmel cuando Clint lo prestó a un restaurante mexicano. Tomamos varias notas. Es 100 % lana y cada uno requiere más de 20 horas de trabajo. Duran toda la vida. Los vendemos a 320 dólares”.

El 50º aniversario de ‘Por un puñado de dólares’

Emilio Ruiz

Los veranos de Florencia son tan calurosos y secos como inaguantables. Es lógico que media ciudad se quede huérfana de unos vecinos que huyen despavoridos hacia la playa. Pues fue precisamente el mes de agosto de 1964 el momento que eligió la productora de Por un puñado de dólares para estrenar allí la película. La razón era comprensible: tenían tan poca fe en el film que, cuanto antes cumplieran con el expediente, mejor.

Cartel español de la película
Tampoco fue casual que la mayoría de los artífices del proyecto se escondieran tras un seudónimo. Sergio Leone, el director, fue Bob Roberti. Ennio Morricone, el autor de la música, cambió su nombre por el de Dan Savio. El actor Gian María Volonté se transformó en John Welles. Y si otro de los protagonistas, Clint Eastwood, respetó su nombre no fue por otra razón que porque nada tenía que perder. Al fin y al cabo, su gloria artística se limitaba a un ignorado papel en una serie de televisión en Estados Unidos, Rawhide, de escasa relevancia.

Fue Richard Harrison quien recomendó el nombre de Clint Eastwood tras rechazar él mismo el papel. “Quizás fue mi mayor contribución a la historia del cine”, declararía después. A Leone le gustó del estadounidense “la parte indolente y despreocupada que tenía de aparecer en la pantalla”. Le ofreció 15.000 dólares, un pasaje en turista y los gastos pagados durante 11 semanas de filmación. Antes rechazaron el papel, además del propio Harrison, Henry Fonda, James Coburn, Charles Bronson y Rory Calhoun.

Tanto Florencia como Sorrento tenían un emergente comercio de producciones cinematográficas. Mas aquel bodrio, que apenas costó algo más de 100.000 dólares, a nadie interesaba. Pero se dio la circunstancia de que el cine del estreno estaba situado en las inmediaciones de una estación de ferrocarril. Muchos pasajeros, entre tren y tren, mataban el tiempo de espera viendo la película. A la salida, no mostraban otra reacción que asombro por lo que acababan de ver.

Los comentarios corrieron como la pólvora. Sólo en Italia se llegaron a recaudar cuatro millones de dólares. Por un puñado de dólares fue lo que los americanos llaman un unsleeper, un pelotazo que diríamos nosotros. Lo mismo sucedió en los demás países europeos. Y en el resto del mundo. Akira Kurosawa, autor de Yojimbo, denunció a los productores por plagio de su guión. Y algo de verdad había. Hasta el punto de que Kurosawa consiguió quedarse con todos los ingresos de taquilla de la película en el país nipón. A Estados Unidos la película no llegó hasta enero de 1967, recaudando en pocas semanas algo más que un puñado de dólares: 15 millones.

Por un puñado de dólares cambió la vida de mucha gente. Se convirtió en uno de los filmes más taquilleros de la historia del cine italiano. Inauguró una trilogía, La trilogía del dólar, nombre que le dio United Artists, que completaron La muerte tenía un precio y El bueno, el feo y el malo, y elevó al pódium del prestigio un subgénero cinematográfico que nació vilipendiado: el spaghetti western. A los paisajes desérticos de Almería los puso en la gloria de los mejores escenarios cinematográficos del mundo. Y consagró a alguien que hoy es un genio del cine: Clint Eastwood.

El reencuentro de Clint Eastwood con Almería

Emilio Ruiz
www.emilioruiz.es

De los tres principales protagonistas de El bueno, el feo y el malo, la tercera de las películas de La trilogía del dólar, de Sergio Leone, rodadas en Almería, solamente el bueno Clint Eastwood sigue con vida. Tiene 86 años. Lee Van Cleef, el malo, murió en 1989, y el feo Eli Wallach se nos ha ido hace unas semanas. Tras su estancia con nosotros hace más de medio siglo, con motivo del rodaje, los almerienses solamente hemos podido disfrutar del reencuentro con Tuco. El reencuentro con Rubio es un deseo al que los almerienses no queremos renunciar.

Clint Eastwood en Almería
Una serie de circunstancias han impedido que Clint Eastwood haya vuelto a España, y particularmente a Almería, donde permaneció durante largos periodos de tiempo en tres años consecutivos, de 1964 a 1966. Entre esas circunstancias no figura el desinterés del actor, que manifiesta a cada momento su deseo de venir otra vez.

“Quiero volver –decía en 2008-, mi esposa me presiona para que volvamos. Pero no he tenido la oportunidad. Entonces… eran otros tiempos. Era un gobierno distinto. Franco estaba allí. Pero como extranjero me parecía un país bastante simpático. La gente me parecía bastante simpática. Trabajé en Almería. En aquel tiempo no se podía llegar en avión, había que ir por carreteritas desde Madrid. Era bonito. Almería era una ciudad pequeña e interesante. Bueno, supongo que habrá crecido mucho desde entonces. La recuerdo con gran placer”.

Clint Eastwood siempre ha destacado la importancia de sus tres películas rodadas en Almería como el germen de su fructífera carrera cinematográfica. Cuando en 1964 dejó Hollywood para venir a rodar Por un puñado de dólares (1964) lo hizo en contra de la opinión de su agente. “Vas a dar un mal paso”, le dijo. Pero Clint estaba harto de trabajar en un papel secundario en Rawhide, una anodina serie en la que llevaba seis años.

Clint Eastwood, hoy
Nadie podía imaginar, por aquel entonces, el éxito de aquella película rodada “en tierras exóticas”, como él dice. Hay que tener en cuenta que la película apenas costó 200.000 dólares, diez veces menos de lo que cinco años antes costó el típico western de Hollywood de la época, Río Bravo (1959). Y menos aún nadie podía imaginarse que el éxito iba a ser multiplicado por tres, con La muerte tenía un precio (1965) y El bueno, el feo y el malo (1966).

“Dejé de participar en una serie de éxito en la CBS para irme a Almería a rodar un spaghetti western de bajo presupuesto”, ha recordado recientemente. “Y fíjate”, ha añadido, “a raíz de aquello pude montar mi propia productora, Malpaso”.

En la visita que Eli Wallach hizo a Almería, con motivo del homenaje que se le tributó en el certamen de Almería en Corto, Tuco llamó a su amigo Rubio desde la suite del Gran Hotel para informarle de su presencia en Almería y le animó a hacer lo mismo. “Dice que sí, que en cuanto pueda vendrá”, manifestó Eli al colgar el teléfono. Clint Eastwood jamás regresará a Almería es el título de la obra de Antonio Sánchez de Amo. No debe ser así. No podemos resignarnos a que sea así. Porque, como ha dicho Faye Dunaway, “sin Almería no habría Clint Eastwood”. Son pocos todos los esfuerzos que se hagan por propiciar el reencuentro de Clint con esta tierra que le lanzó al estrellato.