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In memoriam: Harry Dean Stanton, protagonista del prólogo de “Por un puñado de dólares”

Emilio Ruiz

Ayer nos abandonó para siempre en Los Ángeles, a la edad de 91 años, Harry Dean Stanton (14-07-1926/15-09-2017), actor icono del realizador David Lynch y estrella de Paris, Texas (1984), de Wim Wenders, en el papel protagonista de Travis. Nacido en Kentucky, ha participado en un más de un centenar de películas y una cincuentena de apariciones en televisión. En España son muy recordados sus papeles en Dillinger (1973) y particularmente en los grandes éxitos Alien, el octavo pasajero (1979) y El Padrino II (1974). También participó en Twin Peaks, tanto en la película como en la tercera temporada de serie de televisión. Su debut en el mundo del cine fue en la película Tomahawk Trail (1957). También tuvo un pequeño papel en La conquista del Oeste (1962), interpretando a un integrante de la banda de Charlie Gant (Eli Wallach).

Amigo de Bob Dylan, también fue un reconocido cantante y guitarrista. Él mismo consideraba que cantar y actuar "son en realidad cosas muy similares". Su vida fue recogida en un documental que lleva su nombre. "¿La vida? Es una gran fantasmagoría", dijo a ‘The Observer’ el día de su estreno. Con su banda The Harry Dean Stanton Band toca temas de jazz, pop, y tex-mex en la zona de Los Ángeles y en el bar de Hollywood “Jack's Sugar Shack”. Ha participado en el video musical Dreaming of You, de Bob Dylan.

La biografía artística de Harry Dean Stanton suele ignorar su participación en un prólogo de una de las películas más populares rodadas en Almería, Por un puñado de dólares.

La biografía artística de Harry Dean Stanton suele ignorar su participación en un prólogo de una de las películas más populares rodadas en Almería, Por un puñado de dólares. En el año 1977 el estreno de la mítica película en televisión no era del agrado de las grandes cadenas por la poca consistencia moral del personaje que interpretaba Clint Eastwood. El director Monte Hellman recibió el encargo de preparar un prólogo de unos pocos minutos, que se emitiría inmediatamente antes del pase de la película. Es interesante que veas este vídeo:


El prólogo se rodó con escasos medios técnicos y humanos en Cuernavaca. Harr Dean Stanton fue su único actor. La figura de Clint Eastwood solo se veía de perfil o de espalda porque en realidad el actor no era él. Un día Hellman comentó a Eastwood si había visto alguna vez el prólogo. “Sí, lo he visto en el hotel, y me pregunté que cuándo rodamos esa escena porque no la recordaba”. Efectivamente, no la recordaba porque el protagonista no era él.

Una de las tareas más difíciles a las que se tuvo que enfrentar fue encontrar un poncho de iguales características que el empleado en la Trilogía del Dólar

El prólogo de Por un puñado de dólares permaneció perdido durante muchos años. Tras su aparición se suele incorporar a las reproducciones de la película en DVD. Su director, Monte Hellman, siempre ha sido consciente de la pobreza artística de su obra (“Hoy lo haría mejor”, confiesa), pero a la vez se siente orgulloso de formar parte de una producción estelar del cine como Por un puñado de dólares. Recuerda el director que una de las tareas más difíciles a las que se tuvo que enfrentar fue encontrar un poncho de iguales características que el empleado en la Trilogía del Dólar. Nunca lo encontró y echó mano de otro parecido.

'La 2' repone 'Por un puñado de dólares'

Emilio Ruiz
www.emilioruiz.es

Esta noche, los amantes del cine tenemos una cita en 'La 2' de TVE: reponen Por un puñado de dólares. Sí, de acuerdo, la hemos visto ya propecientas veces, pero es una película que periódicamente hay que visionar para valorar cómo de la sencillez cinematográfica se puede hacer un buen producto. De paso, es un reencuentro con los áridos paisajes almerienses que dieron y dan vida a cientos de películas.

Por un puñado de dólares

Los veranos de Florencia son tan calurosos y secos como inaguantables. Es lógico que media ciudad se quede huérfana de unos vecinos que huyen despavoridos hacia la playa. Pues fue precisamente el mes de agosto de 1964 el momento que eligió la productora de Por un puñado de dólares para estrenar allí la película. La razón era comprensible: tenían tan poca fe en el film que, cuanto antes cumplieran con el expediente, mejor.

Tampoco fue casual que la mayoría de los artífices del proyecto se escondieran tras un seudónimo. Sergio Leone, el director, fue Bob Roberti. Ennio Morricone, el autor de la música, cambió su nombre por el de Dan Savio. El actor Gian María Volonté se transformó en John Welles. Y si otro de los protagonistas, Clint Eastwood, respetó su nombre no fue por otra razón que porque nada tenía que perder. Al fin y al cabo, su gloria artística se limitaba a un ignorado papel en una serie de televisión en Estados Unidos, Rawhide, de escasa relevancia.

Fue Richard Harrison quien recomendó el nombre de Clint Eastwood tras rechazar él mismo el papel. “Quizás fue mi mayor contribución a la historia del cine”, declararía después

Fue Richard Harrison quien recomendó el nombre de Clint Eastwood tras rechazar él mismo el papel. “Quizás fue mi mayor contribución a la historia del cine”, declararía después. A Leone le gustó del estadounidense “la parte indolente y despreocupada que tenía de aparecer en la pantalla”. Le ofreció 15.000 dólares, un pasaje en turista y los gastos pagados durante 11 semanas de filmación. Antes rechazaron el papel, además del propio Harrison, Henry Fonda, James Coburn, Charles Bronson y Rory Calhoun.

Tanto Florencia como Sorrento tenían un emergente comercio de producciones cinematográficas. Mas aquel bodrio, que apenas costó algo más de 100.000 dólares, a nadie interesaba. Pero se dio la circunstancia de que el cine del estreno estaba situado en las inmediaciones de una estación de ferrocarril. Muchos pasajeros, entre tren y tren, mataban el tiempo de espera viendo la película. A la salida, no mostraban otra reacción que asombro por lo que acababan de ver.

Por un puñado de dólares fue lo que los americanos llaman un unsleeper, un pelotazo que diríamos nosotros

Los comentarios corrieron como la pólvora. Sólo en Italia se llegaron a recaudar cuatro millones de dólares. Por un puñado de dólares fue lo que los americanos llaman un unsleeper, un pelotazo que diríamos nosotros. Lo mismo sucedió en los demás países europeos. Y en el resto del mundo. Akira Kurosawa, autor de Yojimbo, denunció a los productores por plagio de su guión. Y algo de verdad había. Hasta el punto de que Kurosawa consiguió quedarse con todos los ingresos de taquilla de la película en el país nipón. A Estados Unidos la película no llegó hasta enero de 1967, recaudando en pocas semanas algo más que un puñado de dólares: 15 millones.

Por un puñado de dólares cambió la vida de mucha gente. Se convirtió en uno de los filmes más taquilleros de la historia del cine italiano. Inauguró una trilogía, La trilogía del dólar, nombre que le dio United Artists, que completaron La muerte tenía un precio y El bueno, el feo y el malo, y elevó al pódium del prestigio un subgénero cinematográfico que nació vilipendiado: el spaghetti western. A los paisajes desérticos de Almería los puso en la gloria de los mejores escenarios cinematográficos del mundo. Y consagró a alguien que hoy es un genio del cine: Clint Eastwood.

La ruta de la Trilogía del Dólar

Iván Gómez
Redactor-Jefe de Diario de Almería

Más allá del impacto económico de los rodajes que se multiplican en los últimos meses, la provincia podrá sacarle más rendimiento a su pasado como tierra de cine y al séptimo arte como elemento de atracción de turistas a través de una nueva ruta guiada bilingüe que recorrerá los escenarios de la Trilogía del Dólar. Almería tendrá por fin herramientas orientadas a un segmento turístico en auge dentro de una estrategia en la que Andalucía ha sido pionera.

La Trilogía del Dólar

El consejero de Turismo y Deporte, Francisco Javier Fernández, será el encargado de dar a conocer la ruta que llega con un par de años de retraso, siendo la pretensión inicial su estreno coincidiendo con el cincuenta aniversario de la primera película, Por un puñado de dólares, con un Clint Eastwood aún desconocido en Europa de protagonista. Y la presentación tendrá lugar en un enclave único y paradigma de la época dorada del cine en Almería, en el Oasis Minihollywood en la que estarán, acompañando al responsable de la Consejería de Turismo de la Junta, el presidente de Andalucía Film Commission, Carlos Rosado, y también el alcalde de Tabernas, José Díaz.

Los enclaves en los que se rodaron las secuencias de El bueno, el feo y el malo, La muerte tenía un precio y Por un puñado de dólares, en los que medio siglo después se han rodado escenas de series como Juego de Tronos o Penny Dreadful, contarán con un recorrido perfectamente acotado y definido para los amantes del género a través de una aplicación móvil y recreaciones virtuales de las escenas en la que han venido trabajando la Andalucía Film Commission y la Consejería de Turismo en los últimos años. Y lo hará en dos idiomas, castellano e inglés, convirtiéndose a partir de mañana en el primer producto en con el que se pondrá en valor el género del spaghetti western y las películas de Sergio Leone en la comunidad.

La Andalucía Film Commission ha contado con la colaboración de la Filmoteca de Bolonia que a mediados de 2014 presentó una nueva restauración de la Trilogía del Dólar cuando cumplía medio siglo de vida. Del que fuera uno de los rodajes más importantes de los últimos 30 años en Andalucía, Exodus, tal y como reconocieron cuando se anunció la ruta cinematográfica, no se ha avanzado lo suficiente y de momento quedará apartado de los escenarios de viaje que sí se consideran ejes estratégicos.

El poncho de Clint Eastwood

Emilio Ruiz

De las cinco películas que Sergio Leone ha dirigido en Almería, las dos últimas, Agáchate, maldito (1971) y Hasta que llegó su hora (1968), fueron las que utilizaron los mejores medios técnicos, dieron protagonismo a los actores más cotizados y, como consecuencia de ello, tuvieron los mayores presupuestos. Pero ninguna de las dos ha llegado a alcanzar la popularidad de las tres primeras, las que conforman la Trilogía del dólar: Por un puñado de dólares (1964), La muerte tenía un precio (1965), y El bueno, el feo y el malo (1966).

Clint Eastwood
El éxito de la Trilogía radica en la suma de una larga serie de componentes que aisladamente hubieran pasado inadvertidos. Es muy difícil detallar todos ellos, pero siempre hay que considerar la destreza de Sergio Leone para elevar de categoría los planos cortos, la banda sonora de Ennio Morricone, repleta de atonalidades, silbidos, campanas, arpas de boca y coros sin texto, y la presencia de Clint Eastwood, El hombre sin nombre –en ninguna de las tres películas se le llega a nombrar-, un actor norteamericano de medio pelo que, desde 1959, se buscaba la vida rodando aburridos seriales de vaqueros trashumantes. “No conozco Italia, ni Alemania, ni España. No conozco ninguno de los países que producen la película, así que lo peor que puedo sacar de esto es un viaje agradable”, dijo el actor tras aceptar  el papel.

Clint Eastwood no se entiende sin Almería, como reconocen sus biógrafos, pero el spaguetti western o eurowestern tampoco se entendería sin Clint Eastwood. ¿Qué proporcionó de nuevo este actor a un género, el western, que estaba ya en plena decadencia? El personaje de El hombre sin nombre se ha convertido en un icono. Se trata de un hombre duro, sin escrúpulos, sin sentimientos, cínico, solitario y únicamente movido por el dinero. Un hombre de pocas palabras, con fría mirada, dispuesto a matar a sangre fría.

A sus personales rasgos faciales y su estilizada figura, Clint Eastwood unió al personaje un purito en la comisura de los labios, un sombrero de ala ancha y un poncho raído que le dotaban de una identidad peculiar que no deja a nadie indiferente. Para crearse esa identidad no necesitó matar indios, porque en la Trilogía no hay indios, ni hacer el amor con señoritas de alterne de saloon, porque tampoco hay mujeres. A Claudia Cardinale la traería después Leone para Hasta que llegó su hora.

El poncho se expone como una pieza
de museo
Por un puñado de dólares era lo que hoy llamaríamos una película low cost. La productora apenas invirtió 120.000 dólares. Una prueba de la escasez del presupuesto nos la recuerda el mismo Leone cuando cierto día necesitaban utilizar una grúa. Como no la tenían, se la pidieron prestada a Dino de Laurentiis, que también rodaba en Almería. “Solo os la puedo dejar un domingo, pero ya sabéis que en España, por cuestiones religiosas, no se puede trabajar en domingo”. Leone pidió permiso al obispo, al que le hizo ver que eran judíos. El obispo accedió a que trabajaran en domingo y así pudieron utilizar la grúa de De Laurentiis.

Capítulo aparte en esta historia merece el poncho de Clint Eastwood. Es el mismo en las tres películas y nunca llegó a lavarse. Mide 203 x 99 cm. Existen unos bocetos de Carlo Simi, responsable del vestuario, sobre su diseño. Pero cada vez más se acepta la idea de que esos bocetos se hicieron a posteriori. Clint Eastwood dice que el poncho era suyo, según manifiesta en una entrevista para el libro Sergio Leone. Algo que ver con la muerte, de Christopher Frayling: “Fui a un lugar donde vendían ropa en Santa Mónica Boulevard y simplemente compré esa ropa y me la traje a Italia”. Se refiere no sólo al poncho, sino también al chaleco, los vaqueros y el sombrero En otras ocasiones, Eastwood ha manifestado que el poncho lo compró en Roma. O en Madrid, según la ocasión.

Aún hoy día, medio siglo después de estrenarse Por un puñado de dólares, el poncho de Clint Eastwood sigue siendo una prenda muy demandada, principalmente en Estados Unidos, Australia y México. Se confeccionan excelentes réplicas, pero también burdas copias chinas. “El nuestro –manifiestan en Mexican Ponchos- es del color exacto del original, que era verde oliva. Tuvimos la suerte de ver el original en Carmel cuando Clint lo prestó a un restaurante mexicano. Tomamos varias notas. Es 100 % lana y cada uno requiere más de 20 horas de trabajo. Duran toda la vida. Los vendemos a 320 dólares”.

El 50º aniversario de ‘Por un puñado de dólares’

Emilio Ruiz

Los veranos de Florencia son tan calurosos y secos como inaguantables. Es lógico que media ciudad se quede huérfana de unos vecinos que huyen despavoridos hacia la playa. Pues fue precisamente el mes de agosto de 1964 el momento que eligió la productora de Por un puñado de dólares para estrenar allí la película. La razón era comprensible: tenían tan poca fe en el film que, cuanto antes cumplieran con el expediente, mejor.

Cartel español de la película
Tampoco fue casual que la mayoría de los artífices del proyecto se escondieran tras un seudónimo. Sergio Leone, el director, fue Bob Roberti. Ennio Morricone, el autor de la música, cambió su nombre por el de Dan Savio. El actor Gian María Volonté se transformó en John Welles. Y si otro de los protagonistas, Clint Eastwood, respetó su nombre no fue por otra razón que porque nada tenía que perder. Al fin y al cabo, su gloria artística se limitaba a un ignorado papel en una serie de televisión en Estados Unidos, Rawhide, de escasa relevancia.

Fue Richard Harrison quien recomendó el nombre de Clint Eastwood tras rechazar él mismo el papel. “Quizás fue mi mayor contribución a la historia del cine”, declararía después. A Leone le gustó del estadounidense “la parte indolente y despreocupada que tenía de aparecer en la pantalla”. Le ofreció 15.000 dólares, un pasaje en turista y los gastos pagados durante 11 semanas de filmación. Antes rechazaron el papel, además del propio Harrison, Henry Fonda, James Coburn, Charles Bronson y Rory Calhoun.

Tanto Florencia como Sorrento tenían un emergente comercio de producciones cinematográficas. Mas aquel bodrio, que apenas costó algo más de 100.000 dólares, a nadie interesaba. Pero se dio la circunstancia de que el cine del estreno estaba situado en las inmediaciones de una estación de ferrocarril. Muchos pasajeros, entre tren y tren, mataban el tiempo de espera viendo la película. A la salida, no mostraban otra reacción que asombro por lo que acababan de ver.

Los comentarios corrieron como la pólvora. Sólo en Italia se llegaron a recaudar cuatro millones de dólares. Por un puñado de dólares fue lo que los americanos llaman un unsleeper, un pelotazo que diríamos nosotros. Lo mismo sucedió en los demás países europeos. Y en el resto del mundo. Akira Kurosawa, autor de Yojimbo, denunció a los productores por plagio de su guión. Y algo de verdad había. Hasta el punto de que Kurosawa consiguió quedarse con todos los ingresos de taquilla de la película en el país nipón. A Estados Unidos la película no llegó hasta enero de 1967, recaudando en pocas semanas algo más que un puñado de dólares: 15 millones.

Por un puñado de dólares cambió la vida de mucha gente. Se convirtió en uno de los filmes más taquilleros de la historia del cine italiano. Inauguró una trilogía, La trilogía del dólar, nombre que le dio United Artists, que completaron La muerte tenía un precio y El bueno, el feo y el malo, y elevó al pódium del prestigio un subgénero cinematográfico que nació vilipendiado: el spaghetti western. A los paisajes desérticos de Almería los puso en la gloria de los mejores escenarios cinematográficos del mundo. Y consagró a alguien que hoy es un genio del cine: Clint Eastwood.