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Mar de plástico, océano de prejuicios


Mario López Martínez
Socio de Acción por Almería

➤ Allá por septiembre de 2015 reflexionaba sobre los estereotipos negativos que sufría Almería, a raíz de una serie de televisión que explotaba todos los tópicos vigentes por aquel entonces. Tres años después, esta misma semana, ha nacido otro estereotipo. Determinados sectores de la política y los medios de comunicación han dictaminado que Almería es la cabeza de puente de la extrema derecha organizada, y han vinculado los buenos resultados del partido Vox con el escaso nivel cultural de los habitantes de nuestra provincia, en general, y del Poniente almeriense en particular.

Julio Llamazares (El País)

Cuando entonces, en aquel exitoso artículo, me indignaba por la naturalidad con la que se aceptaba la insidiosa imagen del agricultor esclavista, muchos relativizaban la cuestión, con el repetido mantra de “es una serie de ficción”. Pues bien, ya no estamos ante ninguna obra figurativa, ni ante ninguna campaña pagada por competidores de nuestros productos agrícolas, ni siquiera ante las reflexiones comprometidas de algún gran escritor con sentimientos encontrados hacia nuestra tierra. Esto es, sin miedo a exagerar, una explosión de bilis que, viniendo de poderosos creadores de opinión, puede llegar a cuajar, con todo el peligro que ello implica.

Desde “El País” se vinculaba el éxito de Vox en El Ejido a que “allí ya no quedaban librerías”. Otra insidia fácil de desmontar, pero que quedará implantada en las mentes de muchos de sus lectores. Cierto es que la capacidad de influencia de este medio ha caído en picado, a la par que su número de lectores, pero continúa siendo el diario escrito de mayor difusión en España, y referencia de corresponsales extranjeros demasiado perezosos para comprobar por sí mismos las noticias.
En cuanto a “La Sexta”, cadena televisiva de gran audiencia entre un público joven y urbano, la táctica ha sido sacar los micrófonos a las calles de El Ejido para ridiculizar a sus habitantes

En cuanto a “La Sexta”, cadena televisiva de gran audiencia entre un público joven y urbano, la táctica ha sido sacar los micrófonos a las calles de El Ejido para ridiculizar a sus habitantes, preguntándoles por las contradicciones entre sus creencias y el sentido de su voto. Como si en Alcalá de Guadaira o en Sanlúcar de Barrameda los votantes hubieran estado recluidos en bibliotecas la semana antes de las elecciones, para ponderar los programas de los partidos políticos.

Nuevamente, observamos que opera el mismo mecanismo que denunciábamos con anterioridad. Unos oportunistas sin escrúpulos aprovechan la existencia de un estereotipo previo en la mente de sus lectores o espectadores, para inocular el veneno de la insidia y del prejuicio. La cuestión es si resulta posible enfrentarse a corrientes de opinión tan poderosas. Hay quien aboga por que las instituciones almerienses denuncien algunas de estas prácticas, o por llevar a cabo algún tipo de boicot a estos medios. En mi humilde opinión, estas estrategias resultarían inútiles. Más aún, contraproducentes. Creo más acertado intentar comprender por qué tienen lugar estos ataques, y buscar una vacuna que los haga menos dañinos.

El verdadero hecho diferencial de Almería respecto a la Comunidad Autónoma en la que (por obra y gracia de una flagrante inconstitucionalidad en 1980) estamos integrados es la independencia económica de gran parte de nuestros agentes económicos. Aquí, el peso de las subvenciones no es determinante para la subsistencia de sectores productivos como la agricultura intensiva, la piedra natural o el turismo. Los cantos de sirena del poder, sea del signo que sea, no tienen el efecto balsámico que en otros lares. Y esto es peligroso para quien manda. Mejor tener un voto cautivo y complaciente, dependiente de mil y una prebendas, que a miles de ciudadanos que han salido adelante sin ayudas, solo con su esfuerzo y su capacidad de innovación. Que pueden equivocarse, o no, al votar, pero que no le deben obediencia a ningún amo ni a ningún señorito (andaluz o no).

La vacuna contra su odio es nuestra autoestima. Tenemos que sentirnos muy orgullosos, no avergonzados, de haber hecho florecer un pedregal. De ser la huerta de Europa
Una vez que hemos entendido por qué nos atacan, no resulta difícil deducir que la mejor forma de responder es hacernos fuertes en los valores que nos han permitido sobreponernos una y otra vez a las adversidades. La vacuna contra su odio es nuestra autoestima. Tenemos que sentirnos muy orgullosos, no avergonzados, de haber hecho florecer un pedregal. De ser la huerta de Europa. De haber cortado la hemorragia de la emigración, para pasar a ser la tierra prometida para miles de familias de todos los rincones del mundo, que han encontrado aquí un proyecto de vida digna. De tener un modelo de agricultura familiar elogiado por la ONU. De contribuir a mitigar los efectos del cambio climático con los invernaderos.
A ver en qué lugar del mundo, y en qué momento histórico, han tenido lugar tasas de asimilación de extranjeros tan altas como aquí

Pero, por encima de todo, de haber consagrado la ética del trabajo. Todo el mundo ha sido bienvenido aquí mientras viniese a trabajar. Desde los primeros colonos procedentes de la Alpujarra, a los temporeros venidos de África con voluntad de quedarse. Muchos de estos son ya dueños de sus propios invernaderos, aunque no sean entrevistados en El País o en La Sexta. Lecciones de integración, las justas. A ver en qué lugar del mundo, y en qué momento histórico, han tenido lugar tasas de asimilación de extranjeros tan altas como aquí.

Seguirán llegando calumnias, y acomplejarnos sería la peor forma de encajarlas. En El Ejido sí hay librerías. Y Los Millares fue la primera civilización de Europa Occidental. Y Almariyya fue un foco cultural y económico en la Edad Media. Y ninguno de los muchos terremotos, sequías o crisis ha conseguido ni conseguirá extirpar la presencia humana de este rincón desértico, salvaje y bello, apto solo para gente indómita, rebelde y emprendedora.

Estimado Julio Llamazares

Moisés Palmero Aranda
Educador ambiental y escritor

➤ Estimado Julio Llamazares: Supongo que escribir una columna con asiduidad no debe ser nada fácil, y probablemente no puedas dedicarle todo el tiempo que se merece y te gustaría. A veces elegirás los temas al azar, según las interesadas noticias que veas reflejadas en los medios de comunicación, y en muchas ocasiones las harás de forma precipitada, sin contrastar las afirmaciones que haces, más por cumplir tu compromiso con El País que por ofrecer un buen trabajo. También es cierto que tu solo haces opinión, no es información, y que dentro de ese término se pueden decir muchas barbaridades bajo el paraguas de la libertad de expresión, pero deberías esforzarte un poco más.

El Ejido, en Navidad

En realidad decirte estas cosas por una solo columna que he leído tuya es hacer un juicio de valor precipitado y sin fundamento ninguno, pero eso es más o menos lo que tú has hecho en “El peor de los tiempos” al hablar de El Ejido. Ver una película, escuchar los noticiarios, recitar los tópicos como si fuesen mantras y centrarte en algunos sucesos y datos inconexos, puede ser suficiente para hacer una columna y salir del paso, pero no para reflejar lo que realmente es la comarca del poniente de Almería.

Vivo aquí desde que nací, hace 42 años, y fui el primer sorprendido con los resultados electorales del pasado domingo, y mucho más con los numerosos análisis que se han hecho al respecto. Y pueden que en parte tengan razón y el tema de la inmigración haya sido clave para votar a una desconocida formación, que ha crecido, desde mi punto de vista, más por el descontento general con los demás partidos políticos que por su programa electoral. No me voy a parar mucho en este tema porque no es el que me preocupa de tu columna.

Lo que realmente me preocupa es la imagen de gente inculta, de nuevos ricos, de xenófobos, de explotadores, de insensatos que abusan de los productos químicos en su cultivos, que se tiene en el resto de España de mis convecinos y que, de forma tan gratuita, has incluido en tu columna.
El modelo de negocio está cambiando para los libros, para el pan y para la ropa, y eso no significa que estemos desnutridos y vayamos en cueros por las calles de mi pueblo
Es cierto que la última librería como tal cerró en el 2015, pero la razón no es porque no se lea, es porque es un modelo de negocio que tiende a desaparecer, como el resto de pequeños negocios o tiendas de barrio. El modelo de negocio está cambiando para los libros, para el pan y para la ropa, y eso no significa que estemos desnutridos y vayamos en cueros por las calles de mi pueblo.

En tu periódico, el 4 de marzo de 2015, aparecía una noticia, no opinión, con un titular que decía “Dos librerías se cierran cada día en España”, así que supongo que ese dato, que como afirmas no es superfluo, sino general en todo Europa y el reflejo de un cambio de valores, no deberías utilizarlo para explicar lo que sucede en El Ejido. Como anécdota, por si te vale, para comprar mis libros tengo dos puntos diferentes a menos de trescientos metros de mi casa.
Que seamos un pueblo racista, con miedo a lo diferente, a perder el nivel económico adquirido, como dices, es algo que no puedo aceptarte
Aquí convivimos más de cien nacionalidades diferentes, aproximadamente un 33 % de la población es inmigrante, y conflictos relacionados con la inmigración alguno hay, es algo que no te voy a discutir, pero que seamos un pueblo racista, con miedo a lo diferente, a perder el nivel económico adquirido, como dices, es algo que no puedo aceptarte.

Deberías venir unos días a conocer El Ejido, el trabajo que se hace en los invernaderos, ver las condiciones de trabajo en su interior, la misma para los inmigrantes que para los agricultores, la escasez de químicos que se utilizan, la calidad humana que hay en nuestros centros educativos entre niños de todas las nacionalidades. Quizás podrías venir cuando estemos celebrando el Festival internacional de Teatro, que ya va por la 41 edición, o para conocer las actividades que el tejido cultural y asociativo del municipio organiza de forma permanente.
Que la falta de librerías explique el crecimiento de la ultraderecha en El Ejido es un razonamiento vulgar y simplista por tu parte, fruto del desconocimiento y de las pocas ganas de querer conocer la realidad
Comparto contigo la conclusión con la que terminas tu texto sobre que lo que está pasando en Europa hace tiempo tiene raíces culturales más que políticas o económicas, pero que la falta de librerías explique el crecimiento de la ultraderecha en El Ejido es un razonamiento vulgar y simplista por tu parte, fruto del desconocimiento y de las pocas ganas de querer conocer la realidad.