Edita: FIDIO (Foro Indalo de Debate, Ideas y Opinión) C. I. F.: G04253035

In memoriam: Pepe 'El Almejero'

Manuel León
Periodista

Uno piensa que José Rodríguez Ros (Pepe el Almejero), que acaba de cerrar los ojos para siempre, llegó a Garrucha en el momento justo: finales de los vibrantes años 60, cuando todo estaba por hacer en esa villa de viejos palangreros. Garrucha, en aquel tiempo, empezaba a salirse de sus costuras de pequeño pueblo que solo tenía el mar delante. Principiaba a desarrollarse la flota de arrastre, la pesca de la gamba roja y los hermanos Rossell -José María y Luis- habían empezado a traer alemanes a los primeros hotelitos, el Costa Blanca y a Los Arcos. Fue entonces cuando apareció por Garrucha este cartagenero, que se acaba de ir con 73 años, para trabajar con los hermanos hosteleros catalanes. Pepe se colocó como camarero de Los Arcos, a servir raciones y combinados a aquellos primeros alemanes que aparecieron por el pueblo, que se bañaban de noche en la playa y bailaban en la terraza de madrugada con una botella de Cinzano en la mano. Así fue aprendiendo el oficio, cuando apenas había cumplido veinte años, Pepe, alternando también como camarero en La Bota, el primer pub o boite -como de denominaba entonces- que se abrió en el pueblo y que fue un ciclón de modernidad. Como digo, Pepe llegó a Garrucha cuando estaba todo por hacer, cuando todo parecía que arrancaba, como si germinara de pronto una nueva era después de una larga y pegajosa postguerra de emigraciones, hambres, sudores y lágrimas. 


Pepe fue alternando destinos, después de Los Arcos estuvo en el Hotel Tío Eddy y en el restaurante de la Estación de Servicio de Vera que regentaba Fernando el Campanero. Hasta que dio, por fin, con el negocio por el que será siempre recordado: el de la plancha de pescado, el del fogón más marinero, el de la sala de autopsias de tanto marisco como pasó por sus manos de artista. Porque Pepe, con una espátula en una mano y un puñado de sal en la otra, era capaz de crear música como Ara Malikian con el violín. 

Encontró, como digo, su golpe de fortuna, con mucho trabajo detrás, en una vieja caseta de redes de armadores que su amigo Yordy había convertido con la genialidad que le caracterizaba en una tasca de dos por dos metros para los pescadores bautizada como El Almejero. Allí empezó Pepe, con su mujer Catalina, a servir gloriosas sardinas a la plancha con botellines de cerveza. Era pescado recién capturado que se deshacía de bueno y que Pepe iba alternando por especies: un plato de jureles por aquí, medio lomo de atún por allá o unas rodajas de jibia delicada como la mantequilla o unos salmonetes saltarines. Se corrió la voz por la comarca y ya no eran solo los marineros cuando amarraban el barco los que componían el paisaje de clientes, también llegaban familias oriundas y veraneantes que se sentaban en cajas de cerveza Henninger ante mesas de latón, junto al rumor de los barcos, y despachaban cada noche varios platos del mejor género ungido en esa plancha imperial de Pepe. 

Después, esa proletaria taberna junto a la lonja y la fábrica del hielo, se convirtió en un restaurante de nueva planta, delante de donde había estado la caseta de la Guardia Civil del Puerto. Allí fue donde Pepe y su Almejero del alma tomó nombradía y postín en toda España. Quien quisiera probar la buena gamba de Garrucha, preparada por las mejores manos, tenía que acudir, como en una peregrinación mariana, al Almejero de Garrucha. Y lo mismo que hacía filigranas con el marisco y las brasas, preparaba con esmero una zarzuela o una cuajadera de gallineta o un arroz con bogavante. Porque Pepe fue ganando en excelencia, al tiempo que el local se le iba llenando y tenía que ir paulatinamente ampliando habitaciones. Dicen los que le conocieron en altamar, como su amigo Javier Reverte o Pepe el Vinagre, que era tan mal pescador de atunes como indiscutible cocinero. Porque no solo era trabajar: Pepe, de cuando en cuando, sacaba una botella de Mar de Frades en una cubitera y ponía unas raciones de concha fina o de caballa para los amigos que estuvieran en ese momento por allí. 

El Almejero -es justo decirlo- ha sido durante décadas un emblema de Garrucha, una marca registrada, un reclamo para miles de veraneantes y turistas que venían a Garrucha hechizados por la fama de este establecimiento que tenía en Pepe el alma de un flautista de Hamelín. Los últimos años, tras la brega continua que empezaba con los primeros cafés de madrugada para la marinería, lo veíamos siempre sentado en la primera mesa al entrar al comedor mirando algún partido de fútbol en la Tele, rodeado de fotos de sus amigos colgadas en las paredes, mirando moverse a lo lejos en el fragor del agua los barcos del Muelle, observando el trasegar en la lonja, viendo cómo remendaban las redes los armadores. Se ha ido Pepe y uno tiene cada vez más la sensación de que se está yendo una generación, esa que se sentaba en los bancos del Pósito o junto a las casetas del Pelaílla o de José el de la Margarita. 

Las portadas de los periódicos de Almería (27-09-22)

Aarón Rodríguez
@opinionalmeria

La Voz de Almería abre su edición con este titular: "Un cura, apartado por charlas 'inapropiadas' con un menor". Diario de Almería dice: "Almería, una de las provincias con menor ratio de ATS", Ideal destaca: "Los empresarios planean un otoño caliente por la lentitud de las obras del AVE a Almería".




Los pantanos almerienses, con más agua

Simón Ruiz
Periodista

La provincia de Almería recibe el nuevo año hidrológico, que comienza el próximo sábado, 1 de octubre, con el doble de reservas de agua en los pantanos de Cuevas del Almanzora y Benínar que a finales de septiembre de 2021. Los datos oficiales que constan en informes tanto del Ministerio para la Transición Ecológica y Reto Demográfico (Miteco) como de la Consejería de Agricultura, Pesca, Agua y Desarrollo Rural de la Junta de Andalucía apuntan a unas reservas actuales de 44 hectómetros cúbicos de agua, con una media del 20 por ciento de la capacidad total de ambas presas almerienses.

A finales de septiembre de 2021, el volumen total de agua embalsada era de 23 hectómetros cúbicos de agua, lo que representaba un 10 por ciento de la capacidad total de agua que suman los pantanos de Cuevas y Benínar, en el Levante y Poniente almeriense, respectivamente. Además, se da la circunstancia de que las reservas de agua que hay al comienzo de este año hidrológico también duplican a la media de los últimos diez años, de la última década, en la provincia de Almería, según ambos organismos oficiales.

En el caso concreto de la presa de Cuevas del Almanzora, se trata del pantano que tiene más agua acumulada. Así las cosas, de los casi 170 hectómetros cúbicos que puede almacenar, ahora tiene 33. Está al 20 por ciento frente al 11,20 por ciento registrado hace un año por estas fechas. En el otro extremo de la provincia, en Benínar, cerca de Berja, las reservas actuales se elevan a 11 hectómetros cúbicos. El embalse del Poniente está casi al 18 por ciento, 10 puntos más que hace justamente un año.

Las administraciones, a pesar de estos datos, siguen llamando a mantener las medidas de ahorro de agua en toda la provincia de Almería, después de haber sido de las pocas zonas de Andalucía en las que este verano no ha habido que recurrir a restricciones para el abastecimiento.

Sí hay preocupación en el ámbito de los regadíos, sobre todo en la zona del Levante donde se ha generado inquietud tanto en las comunidades de agricultores como en el principal partido de la oposición en las Cortes, el PP, por la decisión de no enviar más agua para uso agrícola desde el Trasvase Tajo-Segura. Solo se han autorizado recientemente por parte de la Comisión de Explotación un total de 7,5 hectómetros cúbicos de agua desde los pantanos de Entrepeñas y Buendía a repartir entre las provincias de Almería, Murcia y Alicante.

Por el contrario, desde el Ministerio para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico (Miteco), que dirige la vicepresidenta Teresa Ribera, se mantiene que las grandes obras que son competencia del Estado en Almería están en marcha, aunque con distinta tramitación administrativa.

Hace ya una década, una riada dejó sin servicio la planta desaladora en Villaricos (Cuevas del Almanzora). Para este año, la sociedad estatal Acuamed había previsto una inversión de cinco millones de euros para su puesta en marcha. De esa inversión, ni 200.000 euros han sido ejecutados hasta el primer semestre de 2022. Así lo ha denunciado hace escasos días el PP a través de sus dos senadores, Rafael Hernando y Luis Rogelio Rodríguez-Comendador.

A medio plazo, desde la Junta, se confía en paliar las necesidades hídricas con un aporte de hasta 30 hectómetros cúbicos al año a través de aguas regeneradas procedentes de desaladoras en el Poniente y en el Levante almeriense.

Las portadas de los periódicos de Almería (26-09-22)

Aarón Rodríguez
@opinionalmeria

La Voz de Almería abre su edición con este titular: "Almería acumula el doble de agua embalsada que en 2021". Diario de Almería dice: "La provincia ya tiene más camas en viviendas turísticas que en hoteles". Ideal destaca: "Suspenden un partido de fútbol entre Carboneras y Roquetas por insultos racistas".




El timo fiscal de Moreno Bonilla

Juan Antonio Lorenzo
Secretario General del PSOE de Almería

Con la decisión de eliminar en Andalucía el impuesto sobre el patrimonio, Moreno Bonilla ha dejado caer la última careta que le quedaba. Ya sabemos para quién gobierna: para los más ricos; exactamente, para el 0,02% de la población andaluza, que es la que posee más de 700.000 euros. A ellos es a los que les ha quitado la obligación de abonar un impuesto con el que se recaudaron 120 millones de euros en el último ejercicio. Con 120 millones se pueden hacer muchas cosas: 20 colegios, 25 centros de salud, contratar durante un año a 500 médicos de familia, 500 pediatras o mil enfermeros. Más que un lujo, esas inversiones serían una necesidad para una comunidad autónoma como la nuestra.

Andalucía está a la cola del país en inversión en sanidad y educación pública por habitante. Por eso es grave la decisión de Moreno Bonilla de 'perdonarles' 120 millones de euros a los más pudientes: porque el pato lo van a pagar el resto, en forma de falta de recursos.

Las clases medias y trabajadoras son las que necesitan unos servicios públicos de calidad, porque no tienen dinero para acudir a lo privado. Las clases medias y trabajadoras son las que sufren cuando sus hijos acuden a un aula masificada o cuando no hay manera de conseguir una cita médica. A ellos es a quienes perjudica de verdad el regalo de Moreno Bonilla a las clases adineradas, porque lo van a pagar con menos recursos disponibles para sostener lo que es de todos. Moreno Bonilla gobierna para los ricos como ha hecho siempre el PP, porque lo lleva en el ADN. Por eso, el presidente andaluz solo ha recibido el aplauso de sus compañeros de partido, entusiasmados por la posibilidad de que el 'ayusismo' se expanda más allá de sus fronteras: primero Madrid, luego Andalucía y ahora parece que incluso Murcia.

Se cumple, con ello, la advertencia que hicimos los socialistas al conocer esta medida: el riesgo de entrar en una especie de competición a la baja entre comunidades autónomas por ver quién recauda menos, quién invierte menos, quién tiene el paraíso fiscal más grande. Mientras tanto, de los ciudadanos y ciudadanas de a pie, Moreno Bonilla no se acuerda. A ellos no les ayuda el presidente andaluz a llegar a fin de mes, no les bonifica la escuela infantil, no les descuenta ni un céntimo del transporte público.