Edita: Fidio (Foro Indalo de Debate, Ideas y Opinión) / X: @opinionalmeria / Mail: laopiniondealmeria@gmail.com

Una semana trágica

Adriana Valverde
Portavoz del PSOE en el Ayuntamiento de Almería

En sólo 24 horas tres mujeres murieron a manos de sus parejas la semana pasada, entre ellas, la joven Zouhr, vecina de Pescadería, de sólo 27 años. Vaya desde aquí mi cariño más sincero para sus hijos y mis condolencias a toda su familia, con la certeza de que se hará justicia y la esperanza de que algún día vuelvan a encontrar la paz en sus corazones. 

Lo ocurrido debe hacernos reflexionar, remover conciencias y activar las respuestas necesarias, con el objetivo firme de erradicar esta lacra insoportable. Debemos actuar, por un lado, mejorando la atención, tanto para las víctimas que denuncian como para las que viven en sus hogares historias de dolor, de miedo y de silencio. Y, por otro lado, es preciso potenciar la educación en valores para que niños y niñas aprendan a respetarse e incorporen el principio de igualdad a lo largo de su vida.  

A tal fin en nada ayuda la estrategia del PP y de sus aliados de VOX en Andalucía de invisibilizar la violencia machista, disfrazándola de 'asuntos particulares que ocurren en el seno del hogar', bajo la etiqueta de 'violencia intrafamiliar', cuando lo expertos aseguran que se trata de un  tipo de violencia que ejerce el hombre sobre la mujer por considerarse superior y que se produce en todo tipo de familias. 

También los gobiernos municipales tienen mucho que decir como administración más cercana. Nuestro Ayuntamiento debe involucrarse de verdad y trabajar seriamente en la erradicación de la violencia de género, dotando los Centros de la Mujer de atención psicológica y jurídica, con un horario suficiente, para atender todas las situaciones que lamentablemente se producen en nuestra ciudad.  

Es urgente acabar con la violencia de género, transformar una sociedad androcéntrica que utiliza el poder para perpetuar modelos sociales que lesionan nuestro desarrollo como personas y como comunidad. Junto a la rabia y la condena enérgica frente al terror machista, trabajemos desde las instituciones para construir una sociedad justa e igualitaria.

Había que hablar de la docuserie de Rocío Carrasco

Marián Lozano
@marian65x

El estreno en Telecinco, hace ahora 30 meses, de la docuserie Rocío, contar la verdad para seguir viva produjo una gran conmoción en la sociedad española por la crudeza con la que se exponían supuestos casos de violencia de género, mediática, vicaria e institucional. La Universidad, que nunca se debe mostrar ajena a lo que ocurre en la sociedad de la que forma parte, también entró de lleno en el tema y fueron numerosos los trabajos que se elaboraron sobre este tema, tal y como hemos dado cuenta en un artículo de Emilio Ruiz firmado en La Opinión de Almería. Marián Lozano, alumna de la Universidad Rey Juan Carlos, también se ocupó de este conmovedor caso. En este artículo -que forma parte de su trabajo- explica cómo llegó a esa determinación.

Las oportunidades hay que aprovecharlas y dejar pasar una, bien sea por pasotismo, timidez o pudor, con la experiencia ya de los años vividos, no es que sea imperdonable, es incluso irresponsable. No hay necesidad de someterse al machacante lamento del ¿por qué no lo haría? o ¿y si lo hubiera hecho? Cuando el profesor Fernández Hoya nos planteó realizar un trabajo libre para la asignatura de Procesos de comunicación…, sin necesidad de formato académico, en el que tratáramos sobre un tema relacionado con la publicidad, la televisión, el cine o la producción musical, tuve claro al instante que esa era la ocasión.

Dicen que un grano hace granero y ese era mi objetivo, poner el grano en el lugar adecuado. No tenía en mente elaborar un gran trabajo, primero, por inexperiencia, y segundo, por la limitación temporal. De lo que no tenía ni una sola duda era del mensaje que deseaba transmitir y con qué intención, siendo consciente de que solo llegaría a una pequeña audiencia, pero la adecuada.

Tan solo en las cuatro o cinco primeras clases de esta asignatura no fueron pocas las ocasiones en las que el profesor, de forma intencionada, levantó el debate sobre el machismo en el mundo audiovisual, la mirada masculina en el cine y en la publicidad, la hipersexualización de las jóvenes en los realitys, el feminismo a medias de algunas divas de la canción y, por supuesto, el machismo desmedido en el reguetón. Y fueron en estos debates en los que se puso de manifiesto la influencia de las RR.SS. en un colectivo joven, ávido de conocimiento, pero también vulnerable y aún no selectivo con el origen de la información.

Se estaban reproduciendo muchas situaciones que, como usuaria activa de Twitter, me resultaban ya muy conocidas, diríamos que la red social se había trasladado al aula. Opiniones taimadas y otras más broncas. Mayoritariamente, buenas intenciones mezcladas con mantras procedentes de las organizaciones más conservadoras. En buena medida, confusión de conceptos. Minoritariamente una claridad absoluta sobre el rol de la mujer. Y residualmente el negacionismo presente más que nunca en nuestra sociedad.

Hablar de televisión y polémica y que no aparezca Telecinco es casi utópico y mi aula no iba a ser la excepción. Más cuando en Telecinco en ese momento se estaba emitiendo La isla de las tentaciones, uno de los pocos formatos de televisión que todavía hoy en día fideliza a una audiencia joven consumidora de plataformas como Netflix, Prime o HBO.

Y si me hablas de Telecinco, si me mencionas las contradicciones de la cadena, si me vendes que el modelo de lo que nos ofrecían en MyHyV ha marcado a una generación, si me cuestionas el testimonio de Rocío Carrasco, me estas tocando las palmas y no es que me ponga a bailar, pero se me mueven los pies debajo del pupitre.

Ojalá hubiera tenido la formación, los conocimientos y la experiencia de Ana Bernal-Triviño en ese momento para poder transmitir, de esa manera didáctica y a la vez llana con la que ella se expresa, todo aquello que en esos momentos era necesario aclarar. Pero llegado el momento, el discurso fluye solo, la carga de la razón se antepone a otras carencias, solo que el tiempo limitado siempre es un inconveniente.

No somos feministas solo de palabra, el feminismo hay que ejercerlo en nuestro día a día, en todos los ámbitos en los que actuamos. Sin grandes pretensiones y sin visos de adoctrinamientos pero con convicción.

El objetivo de este trabajo era profundizar en el tratamiento no siempre  responsable en materia de violencia de género, ni coherente con su propio “Código Ético”, de un medio de ámbito nacional, en este caso, la cadena de televisión generalista Telecinco.

En torno a la serie documental Rocío, Contar la Verdad para Seguir Viva, emitida en 2021, se produjo una polarización social que llegó a todos los estamentos sociales, sin diferenciación de edad, educacional o de estatus y también la demanda de los espectadores al medio así como grandes desencuentros entre profesionales del periodismo.

Rocío Carrasco, en la serie documental, tras veinticinco años de silencio, narraba sus vivencias en las que hacía constar su condición de víctima de violencia filio-parental, violencia de género y otras insertas en esta como son la violencia psicológica y la violencia vicaria; así como la violencia institucional y la violencia mediática.

La polémica y el cuestionamiento a la cadena de televisión parten del comportamiento poco coherente y errático de la misma al permitir que varios de sus programas, a través de sus presentadores, periodistas y colaboradores, emitieran juicios de valor en los que se cuestionaba a la víctima e incluso se negaba esta condición de victimario y se llegaban a poner en duda las distintas sentencias judiciales.

La fuerza y repercusión que puede tener el testimonio de un personaje relevante al hacer público un problema o apoyar campañas de concienciación social es incuestionable. Poseen millones de seguidores y disponen de los medios para llegar a un gran sector poblacional a través de una entrevista, la televisión o sus RRSS. En muchas ocasiones estas personalidades del mundo de la cultura, el deporte, el cine,  la canción o la televisión han ayudado a dar visibilidad a temas como la explotación infantil, xenofobia, bullying, sexismo, violencia, hambrunas, investigación y otros muchos temas de calado social.

En el caso de la serie documental ofrecida por Telecinco, esta alcanzó unas audiencias estratosféricas, tres millones y medio de espectadores, con un 33,2% de audiencia y casi cinco millones y medios de espectadores en su minuto de oro. Fue tal la repercusión y el impacto que las cifras de llamadas al teléfono 016 de atención a las víctimas de VG aumentaron un 42% en los días siguientes a la emisión y durante los meses que se mantuvo en antena. Podríamos afirmar que la emisión de la docuserie ha sido, sin pretenderlo en origen, la mejor campaña contra el machismo y la violencia de género que se ha llevado a cabo en nuestro país en los últimos años, superando a cualquier campaña institucional.

La serie documental, producida por La Fábrica de la Tele y dirigida por Anais Peces,  cierto es que contó con un impecable formato. La serie documental  parte con  temática inédita en la cadena Telecinco, muchos detalles fueron tenidos en cuenta y denota el esfuerzo  de la dirección, que no regateó a la hora de mostrar al público que todos los hechos contados por la protagonista habían sido contrastados y documentados. 

Por otro lado, en los debates que se llevaban a cabo posteriormente a la emisión de cada episodio en el que participaban periodistas y colaboradores especializados en corazón, siempre contaron con la presencia de profesionales de la abogacía, psicología o expertas en violencia de género con el fin de ratificar  o corregir, en su caso, cualquier tipo de declaración no precisa o incorrecta que pudieran alegar los periodistas presentes en el debate. Para el espectador, muchos términos jurídicos o específicos en materia de violencia de género pueden ser complejos y los responsables del programa vieron la necesidad de aportar una función didáctica que ha sido reconocida y bien estimada por todos aquellos que siguieron la serie documental.

Muchas  víctimas se vieron reflejadas en las vivencias de la protagonista, Rocío Carrasco. Otras muchas mujeres posteriormente se atreverían a dar a conocer su condición de víctimas, otras vieron cierta similitud entre  las situaciones narradas por Rocío y otras reconocerían a sus maltratadores en los comportamientos relatados. Cientos de agradecimientos  y de testimonios de víctimas recorrerían las RRSS durante los tres meses que duró la emisión de la docuserie. De este modo, Rocío Carrasco se convierte en referente nacional de las víctimas de violencia de género.

Periódicos de tirada nacional, revistas, emisoras de radio, digitales, informativos y programas de televisión, inmediatamente se hicieron eco del impactante testimonio de Rocío Carrasco y en pocas horas el mundo informativo se inundó de titulares y artículos en los que recogían la condición de víctima de Rocío. Horas y horas de artículos, de tertulias radiofónicas y de programas de televisión se hacían eco del impactante relato que Rocío, después de años de silencio, había expuesto ante todo el país.


Telecinco falló a Rocío Carrasco y a los espectadores

Marián Lozano
@marian65x 

Telecinco es una de las cadenas de televisión que actualmente cuenta con más programas que dentro de su formato tienen espacios dedicados a la actualidad y al mundo del corazón. Todos ellos acapararon y dedicaron una ingente cantidad de horas para relatar, comentar y especular sobre todo lo relacionado con los hechos narrados por la protagonista de la docuserie Rocío, contar la verdad para seguir viva, Rocío Carrasco. Pero parte de la sociedad no llegó a comprender que, apenas unas horas más tarde de su emisión, esos programas de la misma cadena banalizaran con grandes dosis de frivolidad y cuestionaran a la protagonista, a pesar del  impactante y duro testimonio, sin saber diferenciar entre el personaje popular y la víctima de violencia de género. Algunos colaboradores no tuvieron ningún reparo en poner sinónimos a la violencia de género, tales  como “desavenencias entre una pareja rota”, negaron una sentencia judicial de violencia filio-parental, minimizaron los efectos del maltrato psicológico, obviaron los informes psicosociales de los juzgados y pusieron en duda un intento autolítico, incluso dudando del número de pastillas que había ingerido y venían reflejadlos en los informes médicos.

Rocío Carrasco, en un "Deluxe" / Telecinco

Otros, desmintieron años de terapia para superar  un proceso ansioso depresivo como consecuencia de las secuelas producidas por  el acoso imparable  de su ex pareja y por la presión social suscitada dada  la imagen de mala madre que este había vendido a los espectadores y lectores durante años. En consecuencia, algunos periodistas jugaron a psicólogos o expertos en violencia de género.

Conscientes o no del alcance de sus alegaciones, estos periodistas o comunicadores, de alguna manera, al cuestionar el testimonio de una víctima, están negando a muchas otras víctimas que han vivido las mismas experiencias.  Revictimizando a  todas aquellas mujeres que, como Rocío Carrasco, han vivido silenciadas y han sido víctimas durante años con el desconocimiento de su entorno. Estos tertulianos hacen dudar a parte de los espectadores de la veracidad de los hechos. Cuestionan a todas las mujeres que deciden denunciar y se encuentran con las dificultades de los largos procesos judiciales. En definitiva, se las somete a escarnio público.

Decía Maqueda Abreu que “de ahí también que el problema del maltrato permanezca en la privacidad, como un secreto, un tabú que no debe salir del ámbito doméstico y que el propio grupo debe resolver sin la intervención de terceros ajenos al conflicto, fomentándose así, como con razón se afirma, uno de los prejuicios culturales que en mayor medida han obstaculizado la persecución de la violencia de género”, que sigue siendo en la actualidad para muchos “un delito invisible”.

La serie documental, gracias a una gran hemeroteca que se ha formado a lo largo de los años, dada la cantidad de declaraciones que el padre de los hijos de Rocío Carrasco hacía en los programas en los  que colaboraba o en aquellos en los que era invitado para conceder entrevistas, demostró a cuánta humillación pública y a cuánta injuria fue sometida Rocío Carrasco y cuántas acusaciones inciertas se habían vertido sobre ella. Acusaciones a las que periodistas y colaboradores, durante todos estos años, dieron pábulo sin llegar a contrastar y colaborando de alguna manera en acrecentar el daño causado por el que Rocío ahora públicamente califica como su “verdugo”, haciendo referencia a su expareja. De poco o nada  sirve que se hable con expertos de violencia de género y se muestre un documento testimonial en un programa en prime-time si en el siguiente cuestionan y menosprecian a las víctima.

Vienen muy bien en este punto las palabras de Ana Bernal Triviño en uno de sus artículos en El Periódico, en el que dice: “El lenguaje puede terminar por destruir a una víctima y dificultar su proceso de recuperación hasta transformarse en una superviviente. Se monetiza el tema, se rentabiliza, se quiere hacer caja con ese drama, en lugar de crear una conciencia social para evitar futuros casos y ayudar a esa víctima. Hay determinados medios de comunicación que contribuyen a que se produzca un efecto disuasorio y que lleve a muchas mujeres a no contar sus agresiones o situaciones, o que incluso lleguen a no denunciar”. Tratar con tal ligereza un asunto de violencia de género, minimizar sus consecuencias, cuestionar una sentencia, desacreditar a la víctima  e incluso responsabilizarla y culparla de provocar al maltratador son formas de revictimización. Actitudes inadmisibles, más si se produce a través de un medio de cobertura nacional como es el caso de la cadena Telecinco.

De todos es sabida la importancia del rol que ejercen los medios de comunicación como transmisores de normativas, novedades o noticias en materia de género, igualdad o violencia de género. Los medios, generalmente, son el único canal del que dispone una mayoría de ciudadanos para obtener información que se difunde exclusivamente por otros canales de más difícil acceso para un determinado sector poblacional analógico. Por esto los medios no pueden ser neutrales.

Podíamos decir que hay un antes y un después en el tratamiento de la violencia de género en los medios de comunicación desde el caso Ana Orantes, que fue asesinada por su marido en el año 1997, trece días después de haber intervenido en un programa de televisión contando su experiencia de malos tratos por parte de su marido.  Su brutal asesinato generó por primera vez en la sociedad una toma de conciencia unánime sobre un grave problema social, la violencia que sufrían las mujeres a manos de sus maltratadores.           

Pero no es hasta la entrada en vigor de La Ley Integral contra la violencia de género de 2004 por la que se establece en su Artículo 13 que desde la Administraciones se velará por el papel de los medios de comunicación en cuanto a protección y salvaguarda de los derechos fundamentales, con especial atención a la erradicación de conductas favorecedoras de situaciones de desigualdad de las mujeres en todos los medios de comunicación social, de acuerdo con la legislación vigente. Igualmente la Ley 3/2007, de 22 de marzo, para la igualdad efectiva de mujeres y hombres, incide en la necesidad de que los medios de comunicación promuevan acuerdos de regulación que contribuyan al cumplimiento de la legislación.

En 2004, el Gobierno y las principales cadenas de Televisión -Telecinco, Antena 3 y Radio Televisión Española- firman el “Acuerdo para el fomento de la autorregulación sobre contenidos televisivos e infancia”. No obstante, ya en 2002 el Instituto de la Mujer, junto con RTVE, elaboró  el “Manual de Urgencia y tratamiento informativo sobre la violencia contra las mujeres”, un manual de estilo con el que se pretendió  informar en materia de violencia de género y que adoptarían otras cadenas como Telecinco, Antena 3 y Canal+.

El tratamiento de la información y el compromiso de los medios va cambiando sustancialmente en la dos décadas de este nuevo siglo.  De informar sobre los asesinatos de las víctimas de violencia de género como simples hechos de sucesos, violencia doméstica, crímenes pasionales o enajenación por celos, hoy en día no se  esconde la verdadera condición de estos crímenes ni se dulcifican con eufemismos. Pero lamentablemente podemos afirmar que todavía no se ha alcanzado el objetivo de que la totalidad de los medios utilicen los términos correctos: asesinatos machistas o feminicidios.

Sin perjuicio de esto, a lo largo de los años se han sucedido situaciones inadmisibles y denunciadas por la audiencia y organizaciones ante los órganos competentes, actualmente la Comisión Nacional de Mercados y la Competencia (CNMC), que es el  órgano encargado de supervisar la adecuación de los contenidos audiovisuales con el ordenamiento vigente y los códigos de autorregulación en los términos establecidos en el artículo 9 de la Ley 7/2010, de 31 de marzo.

Mediaset y Telecinco no han estado libres de polémica. En mayo de 2022, la Asociación de Periodistas por la Igualdad y un gran número de espectadores indignados solicitan la cancelación del programa Viva la vida por haber dado voz a Ramón Santiago, el asesino de la joven Sandra Palop, que fue brutalmente asesinada, quemada y atropellada por una manada de asesinos. Ese día, el programa llegó incluso a dar la posibilidad  a Ramón Santiago de promocionarse profesionalmente en su faceta de cantante. Todo esto sucedió estando presente en el plató la madre de la víctima, María del Mar Bermúdez.

El  20 de enero de 2022, Paz Padilla, en el programa Sálvame, en el que actuaba como conductora, envió un peligroso mensaje a la audiencia sobre violencia machista cuando afirmó que “el amor todo lo puede” en un contexto en el que se estaba valorando la negativa de una víctima de maltrato filio-parental, en este caso Rocío Carrasco, a reunirse con su maltratador. La presentadora incluso llegó a decir que ella los encerraría juntos en una habitación para que solventaran sus diferencias, dando a entender que las víctimas lo deben perdonar todo. Las redes sociales se llenaron de mensajes en los que se pedía el cese inmediato de la presentadora. Diarios de ámbito nacional recogieron el incidente. Meses más tarde la presentadora sería despedida del programa por otras afirmaciones también polémicas respecto a otros temas.

Continuando hablando de hechos que han vulnerado los derechos de las víctimas, quizás el más escandaloso que afectó a Telecinco fue el caso “La Noria”. En octubre de 2011, el  programa del mismo nombre entrevistó a la madre de El Cuco, uno de los implicados en el asesinato y desaparición de Marta del Castillo, habiéndole abonado la productora 9.000 por su intervención. Fueron el bloguero Pablo Herreros y un ejército de seguidores en Twitter los que iniciaron una campaña en la que solicitaban a las marcas anunciantes que retiraran su publicidad del programa, y así sucedió. La fuga de anunciantes obligó a la cadena a retirar el programa de su emisión. Telecinco reconoció su error en días posteriores.

En el caso que estamos tratando,  el de Rocío Carrasco,  los usuarios de RRSS, durante más de veinte meses, se han convertido en vigías de los programas de Telecinco en los que se manejaban informaciones relacionadas sobre su relato, denunciando sin descanso cualquier situación que pudiera atentar contra la imagen de las víctimas, actitudes machistas o poner en cuestión la existencia de violencia de género en nuestra sociedad.

En cuanto al papel de los profesionales del medio, más concretamente aquellos periodistas que forman parte de tertulias y programas del corazón, no podemos olvidar que ellos, aún tratando temas en ocasiones banales, tienen una responsabilidad a la hora de informar en atención a su código deontológico y las recomendaciones propias en materia de igualdad y violencia de género.

El tratamiento informativo sobre asuntos en los que confluyen actos de violencia de género cambia mucho cuando se trata desde un informativo a cuando se aborda desde los llamados programas de corazón o magazines matutinos, en los que tertulianos y periodistas se convierten en opinadores de cualquier tema que se les proponga. El desconocimiento de la Ley de Igualdad entre hombres y mujeres o la realidad de la violencia de género en nuestro país no exime de responsabilidad al profesional o al medio. Existen herramientas para la formación que deberían manejar todos los  profesionales de los medios.

Trasmitir una imagen relajada del grave  problema que acucia a nuestra sociedad, en el que miles de mujeres viven aterrorizadas por los malos tratos, ya sean físicos o psíquicos, a manos de sus parejas, es de una irresponsabilidad tremenda. Una media de  cincuenta mujeres son asesinadas anualmente y más de mil cien desde que se estableció un registro. Los medios sin imprescindibles en la lucha contra la violencia de género. Algunos de los programas llamados del corazón que se emiten en Telencinco,  de alguna manera están ayudando a perpetuar comportamientos contrarios a los que se proponen en las políticas que se desarrollan desde las Administraciones para concienciar y erradicar la violencia machista.

No se nos puede escapar el también llamado movimiento “negacionista”, ligado a la ultraderecha española, que, como tal indica el término, niega la existencia de violencia machista en nuestra sociedad y equipara los crímenes a cualquier otro tipo de violencia como puede ser la cometida por psicópatas o delincuentes. Movimiento al que, por lo observado, algunos profesionales de la comunicación se sienten cercanos y aprovechan el medio en el que desarrollan su labor profesional para vender sin pudor el discurso negacionista.

La falta de veracidad o las imprecisiones en la interpretación de hechos o un vocabulario inadecuado en el abordaje de estas materias, cuando el periodista o colaborador se está dirigiendo a una audiencia importarte, puede causar un daño irreparable no solo a la víctima sino al conjunto de la sociedad, y especialmente, a todas las mujeres que son o han sido víctimas de violencia de género. La formación -junto a una legislación y políticas  específicas- es la única fórmula hasta ahora conocida que tenemos para erradicar la violencia de género, y es por ello por lo que los profesionales del periodismo o comunicadores deben obtener la cualificación suficiente para tratar un tema tan sensible socialmente.

Fútbol y religión

Emilio Ruiz
@opinionalmeria

El pasado sábado, unos instantes antes de dar comienzo el partido de fútbol entre el Athletic Club y el Real Madrid, en San Mamés, las cámaras de televisión sorprendieron a los telespectadores con un directo ofreciendo lo que en ese momento sucedía en el vestuario local. Después se ha sabido que LaLiga incentiva económicamente a los equipos que autoricen la entrada de las cámaras a ese espacio del campo tradicionalmente tan reservado. ¿Y cuál es el motivo de la sorpresa? Las cámaras recogían un corro formado por jugadores, equipo técnico y personal auxiliar del Athletic en el momento en el que Íker Muniain tomaba la palabra. Las palabras del capitán no eran, como suele ser habitual en estos casos, una arenga hacia sus compañeros para conseguir la victoria, sino que lo que se producía era el rezo, completo, de un padrenuestro, la oración cristiana por excelencia.

Visita de la UD Almería a la patrona / UD Almería

La utilización del fútbol como medio de exposiciones o reivindicaciones políticas ha sido una constante en nuestra historia. El mismo San Mamés ha sido escenario de esa situación en una época pasada y el Camp Nou ha sido exponente de reivindicaciones independentistas prácticamente hasta el día de hoy. En el mismo partido al que hacemos referencia unas cuantas banderas nacionales con el escudo del Real Madrid lanzaban al aire un mensaje más político que deportivo. Parece que está perdida definitivamente la batalla de mantener el deporte al margen de cuitas políticas. Y es una pena. 

La escena del rezo del padrenuestro en San Mamés ha levantado ampollas en las redes sociales. Ciertamente, era algo inimaginable. Las creencias religiosas son cuestiones tan personales e íntimas que jamás podíamos imaginar ese uso en un grupo humano donde, por simple lógica, se mezclan jugadores de todas las creencias. Los espectadores habíamos casi normalizado la expresión pública de sentimientos religiosos por parte algunos jugadores en los segundos previos al comienzo de un partido. Pero una manifestación grupal como ésta nunca la habíamos visto. Ni siquiera en tiempos de la dictadura, con fuerte presencia de la religión católica en todos los ámbitos de la vida, se obligaba a los clubes de fútbol a acometer una tarea así. 

A raíz de lo extrañamente visto el sábado ahora se ha sabido que ese ritual se viene haciendo en San Mamés desde hace muchos años, y el mismo Íker Muniain tiene escrito en su libro “Íker Muniain, un balón, un escudo, una vida” que “mientras esté yo no se dejará de rezar el padrenuestro en el vestuario, aunque la mayoría ya no reza". La tradición ha sido incorporada al equipo femenino del Athletic. El gran Johan Cruyff decía, con sorna, que “si las oraciones funcionaran en el fútbol todos los partidos terminarían empatados”. 

El fútbol almeriense tampoco es ajeno a esta incursión de la religión en las entrañas del club más representativo de la ciudad. Juan Ignacio Martínez, entrenador de la UD Almería en la temporada 2014-2015, obligaba a los jugadores a rezar antes de salir al campo. En algunos socios de la UDA –entre los que me encuentro- existía la convicción de que la pleitesía que el equipo rinde a la Virgen del Mar, patrona de la ciudad, al comienzo de cada temporada y en los momentos de un ascenso, tenía –y debía tener- los días contados. No ha sido así. Ni siquiera han sido argumentos suficientes para ello que el presidente y dueño del club sea saudí, que en el cuadro directivo abunden las personas que profesan religiones ajenas al cristianismo, que la plantilla sea multicultural, multiétnica y multirreligiosa y que los mismos socios y aficionados sean de tan diversa estirpe como la propia sociedad almeriense. Y es otra pena.

Las 50 canciones que más se cantan en las fiestas de los pueblos de Almería

Nuria Torrente
@opinionalmeria

El mes de agosto y, en general, los meses de verano suenan a fiesta, a fiesta de pueblo. En Almería hay 103 municipios y, como es natural, todos ellos celebran las fiestas populares, pero a estos pueblos hay que sumar una inmensidad de aldeas y barriadas que también celebran sus verbenas populares, generalmente en honor a un patrón o una patrona. ¿Cuáles son las canciones que más se cantan y bailan en las verbenas de los pueblos y aldeas almerienses? Hemos hablado con varias orquestas y, sin ánimo de hacer una lista exhaustiva, éstas son las canciones que generalmente nunca se dejan de interpretar:
  • Yo Quiero Bailar, de Sonia y Selena
  • Mari Carmen, de La Pegatina
  • El Chipirón, de Orquesta Poncela
  • Cuando Zarpa el Amor, de Camela
  • La Madre de José, de El Canto del Loco
  • No Rompas Más, de Coyote Dax
  • Te Quiero Más, de Fórmula Abierta
  • Soldadito Marinero, de Fito & Fitipaldu
  • Paquito el Chocolatero, de King África
  • Zapatillas, de El Canto del Loco
  • Nochentera, de Vicco
  • Toda la Noche en la Calle, de Amaral
  • La Bicicleta, de Shakira y Carlos Vives
  • Un Beso y una Flor, de de Nino Bravo
  • Princesas, de Pereza
  • Mayonesa, de Chocolate
  • Chiquilla, de Seguridad Social
  • Session 53 de Shakira
  • La Camisa Negra, de Juanes
  • Devuélveme a mi Chica, de hombres G
  • Física o Química, de Despistados
  • Bailando, de Enrique Iglesias
  • Vas A Volverme Loca, de Natalia
  • Sabor de Amor, de Danza Invisible
  • Despacito, de Luis Fonsi
  • Sarandonga, de Lolita
  • El Rey, de José Alfredo Jimenez
  • El Vals del Obrero, de Ska-P
  • Dolores se llama Lola, de Los Suaves
  • Me Colé en una Fiesta, de Mecano
  • A Quién le Importa, de Fangoria
  • Mentirosa, de Ráfaga
  • Ven, Ven, Ven, de Sex Bomb
  • A Quién le Importa, de Alaska
  • Vamos A La Playa, de Loona
  • Velero, de Banda Caliente
  • Qué Dolor, de Rafaella Carrá
  • Livin la Vida Loca, de Ricki Martin
  • Waka Waka, de Shakira
  • Levantando Las Manos, de El Símbolo
  • Ave María, de David Bisbal
  • Nunca volverá, de El sueño de Morfeo
  • La Bomba, de King África
  • Te Comeré a Besos, de Rod S Band
  • Clavado En Un Bar, de Maná
  • La Botella, de Mach & Daddy
  • La Ventanita. de Sergio Vargas
  • Que la detengan, de David Cirera
  • Dime, de Beth
  • Aserejé, de Las Ketchup