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Zaira Montes, una cabogatera junto a 'El padre'

Evaristo Martínez
Periodista

Los aplausos que hoy recibirá Héctor Alterio tras la representación de El padre en el Auditorio Maestro Padilla -algo que se viene repitiendo en las más de setenta representaciones que suma la obra- tendrán su eco en los que le brinden a una actriz para quien esta función será mucho más que especial. Zaira Montes (Cabo de Gata, 1981) actúa por primera vez en su ciudad, ante los suyos, y dando la réplica, en un papel de reparto, a uno de los gigantes de la escena internacional. “Es un auténtico maestro”, cuenta acerca del argentino días antes de viajar hasta Almería. “Tiene 87 años, así que solo por eso es un pozo de sabiduría. Pero además es tan lúcido, tan gran actor, con esa verdad que tiene, que cada día es capaz de hacer una barbaridad distinta en el escenario”.

Zaira Montes

Dirigida por José Carlos Plaza a partir de un texto de Florian Zeller, El padre habla de la pérdida de la realidad que se puede producir en la vejez. “El espectador se va a meter en la mente de una persona mayor. Hay quien habla del alzhéimer aunque la enfermedad nunca se nombra como tal. Puede ser también una demencia o hay incluso quien piensa que todos están confabulados contra él”.

El padre, por tanto, lleva los rasgos de Héctor Alterio, quien está acompañado por Ana Labordeta, Luis Rallo, María González y Zaira Montes, defendiendo un papel “pequeñito” pero “con muchísima luz” que le permite crear un “vínculo muy estrecho” con el protagonista de películas como La historia oficial, A un dios desconocido y El nido. “Doy vida a una enfermera que contratan para que lo cuide. Cuando me ve, le recuerdo a una hija a la que quiere muchísimo pero que no aparece por un motivo que se desvela al final. Por eso establecemos una relación muy bonita y cariñosa”, señala la almeriense.

La obra viaja de la risa al llanto y juega con el espectador, “que atraviesa muchas sensaciones”, apunta. “Alterio tiene esa cosa tan cercana, tan tierna, que se lleva al público de la mano para que entre en su cabeza. Empiezas con carcajadas pero es dura, te conmueve y te desconcierta”.

Tras la representación de hoy, Zaira Montes se quitará la espinita de no haber actuado nunca en casa. “Era un hueso duro de roer”, confiesa con risa tímida. Sí había visitado localidades comoRoquetas y El Ejido en otros montajes importantes, como Hécuba (2013), junto a Concha Velasco, donde también la dirigió José Carlos Plaza, con quien repitió en La noche de las tríbadas (2015), en la que también ejerció de productora junto a otros compañeros.

Una trayectoria que se ha ido fraguando sin prisa pero sin pausa durante los últimos nueve años, en los que ha trabajado en catorce obras. “Más que querer ser actriz, sabía que iba a serlo desde pequeñilla, cuando comencé a actuar en el colegio deCabo de Gata. En mi adolescencia fui en contra de mí misma y decidí estudiar Empresariales en Almería. Luego me fui a Granada y ahí no pude detener el gusanillo de la interpretación. Comencé a dar cursos con profesores de la Escuela de William Layton y de forma paralela a trabajar en un par de compañías andaluzas”, recuerda.

“Servir de espejo para contar historias y reflejar la naturaleza humana, con sus luces y sus contradicciones” es lo que más disfruta de su profesión. De ella lamenta “la distorsión que existe entre popularidad y profesionalidad” y lo poco que se valora “a nivel general” en España los trabajos vinculados a la cultura. 

Un papel pequeño en la miniserie Lo que escondían sus ojos y otro protagonista en un capítulo de Centro Médico han sido las primeras incursiones en televisión de Zaira Montes, un rostro esculpido por el salitre de Cabo de Gata en el que puede leerse un futuro prometedor que ya es un presente, como podrá verse hoy viernes en un Maestro Padilla que rozará el lleno.