Edita: Fidio (Foro Indalo de Debate, Ideas y Opinión) / X: @opinionalmeria / Mail: laopiniondealmeria@gmail.com
Mostrando entradas con la etiqueta partido andalucista almeria. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta partido andalucista almeria. Mostrar todas las entradas

Otra clase

Carmen María González Piedra
Secretaria de Organización del Partido Andalucista

Los andalucistas volvemos a presentarnos en Almería a las elecciones municipales, y me atrevería a decir que esta es la convocatoria más importante de todas las que se hacen en democracia, porque no hay nada más cercano a nuestra vida diaria que la política que se hace desde nuestros ayuntamientos. Estamos aquí, después de tanto tiempo de sinsabores, de travesías del desierto, porque nos creemos lo que hacemos, porque estamos convencidos de que hay otra manera de hacer política, porque sabemos que si conseguimos llegar al Ayuntamiento vamos a hacer las cosas de otra forma.

Queremos que la política se escriba con mayúsculas. Queremos rescatar esa cultura en la que los políticos tenían una responsabilidad con la sociedad y estaban al servicio de ella. Ahora la política está desprestigiada. Cuando debería ser uno de los trabajos más nobles del ser humano, porque su razón de ser reside en la colectividad, se ha convertido en una de las mayores preocupaciones de la sociedad.

Desde hace un tiempo se ha instalado entre nosotros un concepto que, desde el principio, me dio mucho que pensar. En los medios de comunicación, en las encuestas, entre los propios políticos y en la sociedad en general, se habla de la “clase política”. A mí me desorientaba un poco esta expresión, porque he crecido políticamente en una dinámica en la que las clases eran sociales, y no entendía cómo se podía llamar clase social a la política. Me di cuenta de que estábamos tratando a los políticos como profesionales, y no como unos profesionales cualesquiera, sino unos a los que se les puede atribuir el concepto de “clase”. Y es que es verdad, la política se ha convertido en una profesión donde, además, los que se dedican a ella tienen unas prerrogativas que no tiene la inmensa mayoría de la sociedad.

Voy a poner un ejemplo. El candidato del PSOE es funcionario, como yo, pero desde el momento que sale elegido en unas elecciones concejal del ayuntamiento o es nombrado Delegado de la Junta de Andalucía, como anteriormente, deja de ser funcionario, y pasa a ser “político” y, a partir de ese momento, entra en la “clase política”. ¿Veis asiduamente a un concejal del Ayuntamiento desplazándose por la ciudad en autobús de línea? Seguramente no, porque no lo necesitan. Ellos están por encima de todos nosotros y pierden la visión de la realidad porque ellos ya no están en el día a día de la ciudad y no se enteran de cómo funciona el transporte público, ni les interesa.

Han hecho de la política su profesión y la desempeñan dentro de la burbuja en la que viven. Y así como antiguamente las clases sociales no se mezclaban entre sí, excepto en contadas ocasiones en las que las clases altas necesitaban de las bajas, la “clase política” no se mezcla con el resto de la sociedad, excepto cuando la necesitan para conseguir perpetuarse con sus votos en esa burbuja, o para hacerse la foto de rigor y seguir alimentando su ego, personificado en una página de periódico.

Esto hay que cambiarlo de raíz. O acabamos con ese tipo de políticos o ellos acaban con la democracia. Cada uno de nosotros debemos reflexionar si queremos seguir instalados en este bipartidismo en el que parece que, si no se vota al PSOE, sólo se puede votar al PP y viceversa. La esencia de la democracia radica en la pluralidad política, que es la que enriquece los debates en los órganos de toma de decisión, y además garantiza la representación en esos órganos de todas las tendencias que se dan en la sociedad.

Porque los partidos centralistas, convertidos ya en “clase política”, se olvidan durante todo el tiempo de nosotros, se pasan la vida peleándose de cara a la sociedad, para después pactar bajo cuerda sus prerrogativas “de clase”.

Desde aquí los andalucistas queremos hacer un pacto con todos los almerienses: Nunca haremos de la política nuestra profesión, no queremos formar parte de una “clase” y vamos a trabajar, desde el sitio donde nos queráis colocar, para cambiar esta situación que nos lleva a la pobreza democrática.
(www.noticiasdealmeria.com)

La Alcazaba es el símbolo

Pedro Ruiz
Candidato Andalucista a la alcaldía de Almería

La Alcazaba es el monumento más emblemático de la provincia de Almería, y al igual que en el pasado fue un símbolo, también lo es hoy. Antaño fue fortaleza frente a los invasores, ahora sufre el desprecio hacia nuestra tierra, por quienes sólo miran a Sevilla y a Madrid. Siempre hemos dicho los andalucistas, que para recuperar nuestra identidad nacional, que es nuestra razón de ser, viene marcada por la reivindicación de nuestro patrimonio cultural, el material y el inmaterial. Esa es nuestra principal diferencia con los partidos centralistas o españolistas, y así lo hemos vuelto a demostrar recientemente, con la polémica en el Parlamento de Andalucía sobre la Alcazaba de Almería.

El PSOE había presupuestado en el año 2007 invertir en la Alcazaba de Almería 647.000 euros; luego, cada año, ha ido bajando esa cifra que no ejecutó, hasta llegar a 200.000 euros en el presupuesto de 2010, que tampoco ha ejecutado, al menos hasta ahora. Además, este mismo año, la Junta de Andalucía ha quitado la Alcazaba del catálogo de monumentos de nuestra tierra. Y lo ha pasado al de museos. Dicho de otra manera, la Alcazaba no es monumento para el Gobierno andaluz del PSOE; es un museo.

Siendo un museo, el parlamentario socialista por Almería, Juan Antonio Segura Vizcaíno, afirma que "el museo natural de la Alcazaba es el Museo de Almería". Y sí, podría serlo, ya que mientras la Junta de Andalucía deja de invertir en este ¿museo? lo que presupuesta, sí que entrega 600.000 euros este año al Museo de Almería, que es de titularidad estatal. Dicho de otro modo: ayuda al Estado con su museo, pero desatiende lo que es competencia suya.

Lamentable resulta que descubramos que las murallas de Jayrán son propiedad del Ministerio de Economía y Hacienda, pero la rehabilitación de la misma la pagan entre el Ministerio de Cultura y la Junta de Andalucía. Dicho de otro modo, la Junta de Andalucía, también en este caso, acaba sometida; y en vez de exigir al Estado que invierta, lo paga a medias con él. No es serio.

Mientras, el Partido Popular, fuertemente agarrado al Ayuntamiento de la capital, en casi ocho años, se ha limitado a presentar propuestas. Y lo ha hecho en el segundo mandato. Es más, el tiempo pasa, y cuando estamos a pocos meses de las elecciones municipales, seguimos sin ver que el Plan Urban haga algo -o tenga claro qué quiere hacer, que ni eso hacen, ni tener ideas-, en el entorno del Casco Histórico por el que tienen que pasar los turistas.

Para nosotros, para los nacionalistas andaluces, todo lo que tiene ver con nuestra cultura es fundamental y prioritario, pero cuando estamos en un momento de crisis como el actual, lo que no entendemos es que para esos otros partidos que nos malgobiernan, no vean en estas actuaciones una solución -o una ayuda a la solución- del cambio de modelo económico para salir de la crisis.

No se puede eternizar la rehabilitación de la Alcazaba, no se pueden tener dudas de qué es, no se puede tener cerrada los festivos, que es cuando hay más turistas, no se puede tener hecho un asco el recorrido hasta ella, no se puede eliminar elementos atractivos -como la tienda de recuerdos-, no se puede dejar aquello sin contenidos complementarios -como podrían ser más salas y mejor musealizadas-, no puede ser que la Junta de Andalucía sea rácana a la hora de invertir en ella, (pero luego le echa una manita al Estado para sufragar los gastos que le corresponden por ley...); no puede ser.

La Alcazaba es el símbolo, pero también la Iglesia de las Salinas o el Museo Casa Ibáñez, por citar sólo otros dos focos de interés cultural que han sido actualidad en las últimas semanas.

El andalucismo representa eso, la lucha por lo nuestro, la rebelión ante el expolio cultural que, ahora más que nunca, es también el económico.