Edita: Fidio (Foro Indalo de Debate, Ideas y Opinión) / X: @opinionalmeria / Mail: laopiniondealmeria@gmail.com
Mostrando entradas con la etiqueta gitanos. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta gitanos. Mostrar todas las entradas

No está todo perdido


Juan de Dios Ramírez-Heredia
Abogado y periodista

⏩ Ya tenía terminado mi comentario semanal, al hilo de la actualidad que más directamente nos afecta, cuando al abrir el correo electrónico me he tropezado con una carta que me envía una de nuestras colaboradoras que trabaja en uno de nuestros programas sociales en Extremadura. Ella es una mujer luchadora que, a pesar de contemplar la dureza con que transcurre la vida de buena parte de nuestra gente, nunca ha tirado la toalla ante las adversidades.


María ―permítanme que la llame así porque este no sea su nombre― ha leído nuestra última noticia de alcance relacionada con la denuncia que ha hecho otra gitana de gran valía, que durante alguna legislatura pasada ha sido concejal del ayuntamiento de la capital, Jaén y que ahora pone en entredicho la marginación y el abandono que están sufriendo los niños gitanos del barrio de la Magdalena. Carmen Carrillo, que este sí que es su nombre verdadero, ha dicho que en Jaén hay colegios guetos “En concreto el de aquí tiene el 100% del alumnado gitano y han sufrido una clara discriminación con respecto a los alumnos no gitanos de otros colegios. Conocemos de primera mano como el resto de alumnos tuvieron materiales, libros y equipos informáticos desde la semana siguiente al decreto del estado de alarma mientras nuestros niños no dispusieron de esos materiales. (…) Los niños tienen problemas de obesidad porque comen galletas y comida rápida, les faltan frutas y verduras en su dieta y esto va entorpecer su crecimiento. Una infancia que está sufriendo con una diferencia enorme con el resto de la sociedad. Están sin atención.”

Pero no está todo perdido porque en esta España nuestra, que tanto nos duele, aún quedan muchas personas, como María, que nos animan a seguir en la brecha. Este es su testimonio:

“Buenas tardes, Juan de Dios. Me he quedado helada leyendo la noticia de Jaén. Hay una tremenda verdad en toda esa noticia. Lamento desde lo más profundo de mi alma la situación de Jaén. Gracias a Dios, aquí, en Villajerte, eso no ha sucedido. Las familias más necesitadas, que han sido muchísimas, han tenido ayudas de los Servicios Sociales, de Cáritas y de la Cruz Roja que de alguna manera han paliado la situación con el pago de facturas, bombonas de butano y el servicio de comedor de los colegios.

Además, nuestra organización, Unión Romaní de Villajerte, ha estado ahí, día y noche tramitando telemáticamente ayudas y prestaciones que no podían realizar presencialmente. Nos han concedido, decenas y decenas de ellas. Hemos trabajado incansablemente para que sufrieran lo menos posible. Todo el sufrimiento no lo hemos podido evitar. Porque hemos pasado mucho, Juan de Dios, muchísimo.

No teníamos certificado electrónico para poder hacer ciertos trámites, pero escribimos a la Seguridad Social, y le dijimos que trabajábamos en una ONG, Unión Romaní, y que nuestras gentes vivían en barrios periféricos y carecían de recursos informáticos. Que por favor aceptaran las fotos que me hacían del DNI, y la documentación que les mandaba por WhatsApp. En nuestra lucha diaria, nos encontramos con gente muy buena, de todos los organismos. Gente que valoró nuestro trabajo y lo reconocieron.

También durante estos días han nacido niños, Juan de Dios, que necesitaban asistencia médica. Pues solicitábamos la asistencia gratuita sanitaria y así pudieron tener a su pediatra. Igualmente hemos pedido la prestación por hijos a cargos, así como el que pudiera corresponderles por familias numerosas. Esto nos ha permitido pedir otras ayudas. En fin, hemos sacado dinero debajo de las piedras. Prestaciones que ni yo sabía que existieran. Pero nuestra odisea no termina aquí. Quedaba buscar recursos para garantizar que las familias pudieran alimentar a sus hijos.

La escuela era otro muro con el que topábamos. Un gran número de profesores se pusieron en contacto conmigo porque no localizaban a estas familias.  Con algunas tenían contacto y a través de la aplicación de Telegram y la plataforma educativa de Extremadura, Rayuela. Pero eso era muy complicado para ellos. Así que WhatsApp se hizo nuestro aliado. Los niños me mandaban los deberes a través de fotos, y nosotros a través de videollamadas les ayudábamos en sus tareas para que no se quedarán descolgados. Al menos, los profesores con quienes me he coordinado, eran geniales. Han mostrado mucho interés por los niños. Y han sido más de 30. Muchos días terminaba con ellos a las 12 de la noche. Han respondido la mayoría muy bien. Pero con otros hemos hecho lo imposible por implicarlos. Y con toda sinceridad y franqueza, puedo decirte que la culpa no ha sido solo de ellos. Las trabajadoras sociales, saturadas de trabajo, han hecho lo indecible por resolver sus problemas.

En fin, Juan de Dios, ha sido muy duro. Hemos sufrido juntos y juntos hemos llorado largas horas por teléfono y por WhatsApp. Pero son estos momentos los que te acercan al dolor de los demás y los haces tuyos. Llevo muchos años trabajando con los gitanos y siempre hemos estado muy unidos. Por eso te digo que esta pandemia ha sellado nuestras vidas, que caminan en paralelo. 

Ahora estamos mejor, con mucho trabajo por delante, pero con el mismo entusiasmo de hace dos décadas. Hemos recibido decenas de llamadas a diario, porque se sentían perdidos. Ahora veo sonrisas en sus rostros. Que duro ha sido, pero que gran satisfacción la de haber dado lo mejor de nosotros. 

Un abrazo, y perdona por extenderme, pero necesitaba que alguien me escuchara, y quien mejor que tú".

Me ha parecido oportuno ofrecerles este testimonio. Si quieren ustedes acéptenlo como un bálsamo en medio de tanta tragedia como nos rodea. Parece que una parte de la sociedad se ha vuelto loca. El racismo se ha adueñado de amplias capas de la sociedad sin hacer distinción entre ricos y pobres. En los últimos meses ha brotado en algunas ciudades europeas y americanas un clamor iconoclasta que es consecuencia de la violencia racial con que algunos individuos, servidores del Estado, han actuado abusando de su fuerza contra los más débiles y marginados.

Mientras haya gente como María, y créanme, las hay y son mayoría ―tan solo es necesario que despierten y empiecen a actuar― una sociedad mejor y más solidaria será posible.

Salvini, un racista contra los gitanos


Juan de Dios Ramírez Heredia
Presidente de Unión Romaní
Exdiputado del PSOE por Almería

Se veía venir. Más tarde o más temprano sabíamos que sucedería. Conocemos muy bien cómo se las gasta la Liga Norte de Italia. Sus componentes son radicalmente racistas y su ideología es calcada a la del partido nazi de Adolf Hitler que tanto dolor y desesperación trajo a millones de personas que acabaron siendo exterminadas en los campos de exterminio o en las cámaras de gas.

Salvini

Y decimos que lo sabíamos porque ya hemos sufrido en nuestras propias carnes los zarpazos genocidas del gobierno italiano cuando en época no demasiado lejana, bajo el gobierno de Berlusconi, la Liga Norte, separatista y rabiosamente nacionalista, se hizo con el Ministerio del Interior del gobierno de coalición que gobernó Italia en el año 2013. La lista de agresiones de estos miserables racistas sería interminable. Por no ir demasiado lejos, hace cinco años, el vicepresidente del Senado italiano, y miembro de la ultraderechista Liga Norte, Roberto Calderoli, comparó a la ministra Cecile Kyenge, por ser negra, con un mono. "Cuando veo las imágenes de Kyenge no puedo dejar de pensar, aunque no digo que lo sea, en las facciones de orangután".
El alcalde de Treviso, Giancarlo Gentiilini, dijo en un mitin que "hay que eliminar —¿quiere decir asesinar?— a los niños gitanos"
Hace diez años denuncié que la situación estaba llegando a unos límites insospechados en Italia. El que entonces era alcalde de Treviso, una ciudad de más de 100.000 habitantes, capital de la provincia del mismo nombre y perteneciente a la región del Véneto, al norte de Italia, llamado Giancarlo Gentiilini, dijo en un mitin, ante miles de personas, que "hay que eliminar —¿quiere decir asesinar?— a los niños gitanos". Este miserable presumía de haber destruido dos campamentos de gitanos y se jactaba pregonando que en su ciudad "¡Ya no quedan gitanos!" Él mismo se autoproclamó el sheriff de Italia, y como tal se hizo famoso pregonando que contra los gitanos hay que practicar la “tolerancia doble cero”.
Salvini se propuso tomar las huellas dactilares de los niños gitanos, tal como se hizo en la alemania nazi en los años de la preguerra mundial
Hoy asistimos al bochornoso espectáculo que nos ha ofrecido el actual ministro del interior del gobierno italiano Matteo Salvini que no hace más que seguir las huellas de quien ocupó la misma cartera en el último gobierno de coalición de la Liga Norte con el partido de Berlusconi: Roberto Maroni (2008-2011). Este político racista, que ha sido presidente de la rica región lombarda hasta marzo de este mismo año en que le sucedió otro miembro de la liga norte, Attilio Fontana, se propuso tomar las huellas dactilares de los niños gitanos, tal como se hizo en la alemania nazi en los años de la preguerra mundial. No lo permitimos y yo mismo participé en Bruselas, junto a un nutrido grupo de gitanos italianos, en una manifestación ante el Comisario de Justicia de la Comisión Europea para denunciar esa horrible disposición.

Matteo Salvini es un racista peligroso. Y lo es porque nunca tuvo el más mínimo reparo en ocultarlo y ni siquiera disimularlo. Lamentablemente no he tenido la oportunidad de enfrentarme personalmente con él como lo he hecho en tantas ocasiones contra los diputados racistas del Parlamento Europeo porque cuando Salvini fue elegido miembro de la Cámara de Estrasburgo yo ya había dejado de serlo. No obstante acabo de ver un video grabado en 2009, siendo este sujeto diputado en Estrasburgo, donde él aparece cantando a coro con un grupo de nazis de su misma calaña. Se le ve con un vaso de cerveza en la mano mientras canta: “Siento que huele mal, tanto que hasta los perros salen corriendo. Es porque están llegando los napolitanos que no conocen el jabón porque nunca se han lavado”. Imagínense: si dice eso de sus paisanos italianos, ¿qué dirá de los que no lo son?

Pues dice, y así lo pidió al Presidente de la República aquel mismo año, que se reservaran dos vagones del metro en los que no pudieran entrar ciudadanos que no pertenecieran a la Unión Europea. Idea envenenada que al año siguiente defendieron Erminio Boso y Sergio Divina, dos representantes provinciales de Trento, también de la Liga, dando como motivo oficial de la petición que “los extranjeros huelen mal”. No olvidemos que estos nazis pertenecen al mismo partido de Umberto Bossi, aquel que amenazó con sacar las armas a la calle. “Los fusiles siempre están preparados –dijo–, nosotros estamos preparados. Si quieren enfrentamientos tengo trescientos mil hombres siempre dispuestos".

El Día del Pueblo Gitano


Juan de Dios Ramírez-Heredia
Abogado y periodista
Presidente de Unión Romaní

Catorce millones de gitanos que vivimos en todo el mundo, de los cuales cuatro millones están en ambas Américas y 10 millones en Europa, celebramos ayer nuestro Día Internacional en recuerdo y conmemoración del primer Congreso Mundial de nuestro Pueblo que se celebró en Londres el 8 de abril de 1971. La historia del Pueblo Gitano tiene una clara línea divisoria. Tiene un antes y un después del Congreso de Londres. En aquel congreso ―en el que tuve la inmensa suerte de participar― se sentaron las bases sobre las que nuestra comunidad quiso fundamentar su futuro.

Ayer, Día Internacional del Pueblo Gitano

Teníamos conciencia de que éramos un pueblo con una historia común, con unos orígenes comunes, con una lengua que nos permitía entendernos entre todos y que habíamos conservado a lo largo de los siglos. Pero, sobre todo, sabíamos que nuestra fuerza principal estaba en la conciencia extendida entre todos nosotros de que formábamos una familia universal.

Por eso, el martirio que sufría uno cualquiera de los componentes de nuestra comunidad lo sentíamos en nuestras propias carnes. Y ese sufrimiento nos hizo fuertes, cada día más fuertes y más orgullosos de ser lo que somos. Frente a tanta ignominia, frente a tantas pragmáticas y persecuciones, frente a tantas agresiones gratuitas infligidas a nuestros antepasados por unas fuerzas de orden público crueles y racistas, durante siglos, hemos levantado con orgullo la cabeza proclamando que somos gitanos a pesar del peligro que corríamos de que nos la partieran.
Queríamos justicia, exigíamos nuestro reconocimiento como pueblo, y dijimos a voz en grito, con el corazón saliéndosenos por la boca, que no estábamos dispuestos a agachar más la cabeza ante nuestros verdugos
El solo espantajo de la Segunda Guerra Mundial, la figura de Hitler y sus cámaras de gas, el medio millón de gitanos y gitanas, ancianos y niños que fueron masacrados en aquellos infernales campos de concentración, han logrado fortalecer nuestra conciencia colectiva como pueblo haciendo que las lágrimas calientes de nuestros mártires fueran como las espuelas que se clavaban en nuestros ijares para gritar en aquel florido Londres de 1971 que ¡¡Basta ya!!. Que queríamos justicia, exigíamos nuestro reconocimiento como pueblo, y dijimos a voz en grito, con el corazón saliéndosenos por la boca, que no estábamos dispuestos a agachar más la cabeza ante nuestros verdugos.

De todo eso se habló en Londres en abril de 1971. Y allí consagramos nuestra bandera, azul y verde. Un pueblo que no entiende las fronteras porque tiene por techo el azul del cielo y por suelo el verde de los campos. Y creamos nuestro himno. Con una letra dramática evocadora de las víctimas de la persecución nazi. Y pedimos a las Naciones Unidas, a la ONU, que nos reconocerá como pueblo, cosa que logramos en 1978. Y creamos en la Universidad René Descartes de París un centro de estudio para homologar la lengua gitana, y decidimos crear la Unión Romaní que debía ser la gran organización mundial, gitana hasta el tuétano, a través de la cual los gitanos del mundo hablaran con los poderes públicos sin intermediarios.

Ayer fue es nuestro día Internacional. Un día que contempla como la incorporación de la mujer gitana a las tareas de liderazgo y representación de nuestro pueblo empieza a ser una venturosa realidad, cosa impensable antes del Congreso de Londres.

La Seguridad Social carga de nuevo contra el matrimonio gitano

Juan de Dios Ramírez-Heredia
Abogado y periodista
Presidente de Unión Romaní

Esta mañana (hoy es sábado y en este día de la semana suelo remolonear un poco levantándome más tarde que de costumbre) he leído en la cama la noticia de que el Tribunal Supremo de España ha vuelto a las andadas al revocar la resolución del Tribunal Superior de Justicia de Andalucía, que reconoció el derecho a la pensión de viudedad a una mujer gitana casada por el milenario rito matrimonial de nuestro pueblo. Y para ello reunió al Pleno de la Sala IV de lo social del Tribunal Supremo. Por lo visto los señores magistrados han querido darle una especial trascendencia a una sentencia de la que no podían dudar que iba a encontrar una contundente respuesta por nuestra parte.

Zoido, cuando era alcalde de Sevilla, en una reunión con gitanos

Escribo estas líneas con carácter de urgencia porque, una vez hecha pública la sentencia, los gitanos españoles, y por añadidura todos los gitanos y gitanas europeos, hemos de reaccionar con decisión no solo manifestando nuestra disconformidad con la sentencia sino anunciando que vamos a poner en marcha todos los recursos que en democracia el Estado de Derecho permite ejercitar a sus ciudadanos. No tengo más conocimiento del fallo del Alto Tribunal del que han transcrito las agencias informativas. Espero tener acceso a todo el expediente para fundamentar con mejor conocimiento nuestras razones en favor de Joaquina Cortés, una gitana de 58 años que estuvo 40 casada con José Fernández y que falleció en el año 2014 tras haber dado la vida a cinco hijos que, posiblemente, habrán quedado ahora en el mayor desamparo.

Una vez más el Instituto Nacional de la Seguridad Social (INSS), cancerbero recalcitrante cuando se trata de conceder derechos económicos a los ciudadanos gitanos, ha desestimado la sentencia favorable a Joaquina Cortés emitida por el Tribunal Superior de Justicia de Andalucía.

Pero parece que todavía hay en el ámbito del mundo del derecho en España algunas tendencias que se resisten a ver con mirada diferente los cambios que, gracias a Dios, se están produciendo en esta parte del mundo civilizado. Fue en 1948, el 10 de diciembre, cuando las Naciones Unidas, reunidas en París proclamaron la Declaración Universal de los Derechos Humanos. A partir de entonces lo que fue un documento declarativo se transformó en un texto incorporado al Derecho Internacional de obligado cumplimiento para todos los Estados firmantes de la Carta Magna Universal.

Sin embargo, no ha pasado todavía el tiempo necesario para que la sociedad tenga claro que esos derechos, consagrados en los 30 artículos de la Declaración, deben ser interpretados con la finura y el compromiso militante de la sociedad del siglo XXI en la defensa de la dignidad de las personas y la de los grupos, especialmente las minorías, que la integran.

Joaquina Cortes es una ciudadana gitana de Jaén. Se murió José, su marido, y solicitó su pensión de viudedad que le fue denegada por una sentencia del Juzgado de lo Social número 4 de Jaén. Sentencia especialmente significativa para nosotros que siempre esperamos que los tribunales más cercanos, ―que son aquellos que conocen mejor las especiales condiciones de vida de nuestra gente― nos den la razón. Pero este no ha sido el caso. El Juzgado jienense dijo que a la pobre viuda no le correspondía ninguna pensión porque su pretendido matrimonio había sido efectuado por el rito gitano sin ninguna otra consideración.

Pero recurrió al Tribunal Superior de Justicia de Andalucía que anuló la sentencia del Juzgado de Jaén y le reconoció a Joaquina la pensión que reclamaba. ¡Pero con buena muralla habíamos ido a chocar!. El INSS, insaciable, que cobra impuestos sin poner el más mínimo reparo, aprovecha cualquier resquicio para interpretar de forma restrictiva las peticiones que se le presentan. Y sucedió lo que más nos podía perjudicar. El Tribunal Supremo desautorizó al Alto Tribunal andaluz y le negó definitivamente el derecho a la pobre Joaquina Cortés.

Por lo que he leído a bote pronto en las referencias de prensa, el Tribunal Supremo ha hecho mención a la sentencia que dictó el Tribunal Europeo de Derechos Humanos cuando nos tocó defender, hace unos años, a María Luisa Muñoz Díaz, “La Nena”. Fue el 26 de mayo de 2009 cuando junto a los abogados que acudían en representación del Secretariado Gitano tomé la palabra para defender la validez del matrimonio celebrado bajo el “rito gitano”. El 8 de diciembre de aquel mismo año el Tribunal europeo nos dio la razón y en una sentencia histórica declaró que el Gobierno español había violado el artículo 14 del Convenio combinado con el artículo 1 del Protocolo nº 1. Y la buena de María Luisa vio compensado sus esfuerzos porque la Sentencia europea condenó al INSS a pagarle su pensión con atrasos desde el día siguiente en que murió su marido.

En aquella ocasión acudimos a Estrasburgo magníficamente arropados por el voto particular que emitió el entonces magistrado del Tribunal Constitucional Don Jorge Rodriguez Zapata. En la propia sentencia europea se recoge textualmente las siguientes palabras del magistrado español discrepante: “Es desproporcionado que el Estado español, que ha tomado en consideración a la demandante y a su familia gitana al otorgarles un libro de familia, reconocimiento de familia numerosa, asistencia sanitaria con familiares a su cargo para ella y para sus seis hijos y  ha percibido las cotizaciones correspondientes a su marido gitano durante diecinueve años, tres meses y ocho días, quiera desconocer hoy que el matrimonio gitano resulta válido en materia de pensión de viudedad.”.

La lucha por el pleno reconocimiento de los derechos de las minorías no está acabada. Las mujeres, las minorías étnicas y culturales, las lingüísticas y religiosas, así como algunos grupos de inmigrantes, de refugiados y de pueblos indígenas confían en que los pueblos en los que están integrados reconozcan su personalidad individual y colectiva. Todo ello en el respeto al ordenamiento jurídico de los países en que viven cuya Ley Superior debe inspirar las normas que hagan posible la convivencia en el mutuo respeto.

Los gitanos y las gitanas de España constituimos la minoría más numerosa del país. Somos 750.000 personas descendientes de los primeros gitanos que llegaron a la península en la primera mitad del siglo XV. Y hemos aportado a este país, que es el nuestro, una pincelada de exquisita variedad en forma de belleza artística y musical como no tiene ningún otro país del mundo. Justo es, pues, que se nos reconozcan derechos personales y colectivos que no transgreden el ordenamiento establecido para todos los españoles que siempre respetaremos, porque de ese respeto emana sabernos protegidos por nuestra común condición de españoles y europeos.

Hoy tenemos un motivo doble para sentirnos animados. En el año 2009 tuvimos a nuestro lado al magistrado Rodriguez Zapata. Hoy tenemos dos: la magistrada Lourdes Arastey Sahún, a la que correspondió la ponencia del recurso. Lamentablemente se quedó en minoría por lo que ha formulado un voto discrepante. Y junto a ella otra magistrada, María Luisa Segoviano Astaburoaga, ha dado la cara en defensa de Joaquina Cortés.

Pero lo más hermoso, lo que más nos estimula es manifestar que Rodriguez Zapata, Arastey Sahún y Segoviano Astaburoaga no han dudado en interpretar el derecho del lado de quienes somos todavía hoy lo más débil y vulnerable de la sociedad


Fidel Castro y los gitanos

Juan de Dios Ramírez-Heredia
Abogado y periodista

Presidente de Unión Romani

En el año 2001 se celebró en Durban, Sudáfrica, la I Conferencia Mundial contra el Racismo convocada por las Naciones Unidas. En ella participaron una treintena de Presidentes y Jefes de Gobierno de todo el mundo, así como 166 ministros de Asuntos Exteriores, de Servicios Sociales o de Trabajo. Igualmente, como observadores, estuvieron presentes decenas de ONG, así como las organizaciones más representativas de los movimientos sociales y humanitarios del planeta.

Fidel Castro

La delegación oficial española estuvo presidida por el Ministro de Trabajo y Asuntos Sociales, Juan Carlos Aparicio, así como por la Secretaria General de Asuntos Sociales, Concepción Dancausa. Igualmente, con la condición de observadores, el Ministro decidió invitar a otras personas entre las que se encontraban Francisca Sauquillo, el profesor Tomás Calvo Buezas y el presidente de la Unión Romani para que siguieran en directo el desarrollo de la Conferencia.

Así fue como vi el comienzo de la Conferencia Así que cargado de ilusión llegué a Durban y creo que fui de los primeros en instalarme en el Centro Internacional de Convenciones con el fin de coger un buen sitio y poder ver y oír lo más cerca posible a buena parte de los líderes del mundo. El aspecto del salón de Plenos de la Conferencia era impresionante. Estaba dividido en tres partes. La primera era una especie de escenario situado por encima del nivel del suelo de la gran sala. En el centro de la tarima había una mesa adornada con la bandera de la ONU. Tras ella se sentó para presidir el acto inaugural el señor Thabo Mbeki, Presidente de la República de Sudáfrica y el entonces Secretario General de las Naciones Unidas, Kofi Annan. Y a la derecha, sobre otras plataformas que se sucedían elevadas como en una escalera, se situaron las sillas más vistosas y elegantes, donde se sentaron los jefes de Estado que en aquel momento estaban en la ciudad. Allí fue donde vi, por primera vez, a Fidel Castro, aYasser Arafat, y al resto de las personalidades que ocuparían aquel lugar de privilegio.

La segunda división de la gran sala, que empezaba al pie del escenario, era la destinada a los representantes ofciales de los 160 Estados presentes en la Conferencia. Cada Delegación contaba con una pequeña mesita sobre la que había un gran letrero con el nombre del país que debía ocupar aquel lugar, e inmediatamente detrás de la mesita, cuatro sillas, dos delante y las otras dos detrás, enfundadas en un vistoso tejido rojo. Inmediatamente localicé la que correspondía a España y esperé ansioso que llegaran nuestros representantes oficiales.

La tercera parte de la gran sala, donde yo me encontraba, era la reservada a los observadores acreditados por sus Gobiernos. En este espacio no había sitio señalado y cada uno podíamos sentarnos donde mejor nos pareciera. La separación entre los observadores y los ministros la constituía una franja expedita de unos cuatro metros de anchura sobre la que se había colocado una serie de soportes verticales de un metro de altura, separados convenientemente. Soportes que servían para sostener un grueso cordón de trenzado azul que los unía, unos a otros, por un gancho situado en la parte superior de la columnilla separadora. En esta franja estaban situados varios policías, muy elegantemente uniformados, que, supongo, estaban allí para garantizar la separación de los señores ministros del resto del personal.

El ministro español no aparecía por ninguna parte. En pocos minutos la sala se llenó hasta la bandera. Las altas personalidades ocuparon sus asientos y los señores ministros, acompañados de sus colaboradores fueron llenando las mesitas a ellos destinadas. Pero empecé a ponerme nervioso cuando vi que ya no faltaba nadie y que la mesita reservada a la delegación oficial española seguía vacía. Al fin, momentos antes de que el Secretario General de la ONU anunciara el comienzo de la Conferencia, entró la Delegación española y ocuparon sus asientos. Eran los embajadores de España en Johannesburgo y ante las Naciones Unidas y un funcionario del Ministerio. Pero solo eran tres. ¡Faltaba el ministro!, cuya silla permaneció vacía.

Dio comienzo la solemne sesión de apertura y escuche con atención las intervenciones de tantas e importantísimas personalidades. Debo decir que, previamente, el Secretario General de la ONU advirtió que sería muy estricto en la administración de los tiempos concedido a los oradores que sería el siguiente: los señores presidentes y Jefes de Estado dispondrían de diez minutos y los señores ministros de cinco minutos cada uno.

Pero la sesión continuaba, el tiempo avanzaba y el ministro español no llegaba. Mis ojos permanecían clavados en su silla vacía. Así, terminaron de hablar las más altas personalidades, y fue entonces cuando Koofi Annan dio la palabra a los ministros presentes advirtiéndoles que sería muy estricto en la utilización de los tiempos a ellos destinados.  Así que, dirigiéndose a la Asamblea, dijo:

- Señores ministros que deseen hacer uso de la palabra en el siguiente turno, manifiéstenlo en voz alta poniéndose en pie.

Mi estado de ánimo era el de un volcán en erupción. El ministro español no llegaba y España iba a perder la oportunidad de fijar su postura sobre el racismo y la discriminación en una ocasión irrepetible. Y empezaron a oírse las voces de los representantes oficiales de los Estados manifestando su deseo de intervenir: Canadá, dijo el ministro norteamericano; Letonia, Filipinas, Cuba, México. Y así hasta diez que fueron los ministros que desearon intervenir. Y nuestro ministro sin aparecer.

Yo esperaba que alguno de los embajadores levantara la voz en representación de nuestro país con el fin de dar tiempo a nuestro ministro que aún no había llegado. Pero no lo hicieron. Y en aquel momento tomé una decisión atrevida sin medir bien sus posibles consecuencias. Me levanté raudo y salté el cordón azul que separa a los observadores de los representantes oficiales. El policía más cercano se quedó tan sorprendido que no fue capaz de actuar para impedirme la veloz carrera con que llegué a la mesa que sostenía el letrero de nuestro país. Me senté en la silla reservada a nuestro ministro y desde ella, dirigiéndome a la presidencia de la Conferencia dije:

- ¡España!

Yo temblaba como las hojas de los árboles. Desde lo más profundo de mi corazón le pedía a Dios que apareciera el ministro para que pudiera hacer uso de la palabra cuando fuera llamado desde la tribuna. Los miembros de la delegación me dijeron que el avión en el que venía a Sudáfrica se había retrasado y que también esperaban que de un momento a otro se incorporaría. Sin embargo, debo manifestar que, aunque me trataron con respeto, me advirtieron de que mi comportamiento me podría traer muy graves consecuencias. Que yo había hecho uso de una facultad para la que no tenía autorización y que hablar en nombre de España, cuando no se tiene la legitimación ordinaria para hacerlo, podía ser un delito penalmente condenable.

- Por Dios, por Dios, que aparezca el ministro ―pedía yo desde lo más hondo de mi corazón. Pero el ministro seguía sin aparecer cuando atronaron en mis oídos las palabras del Secretario General de las Naciones Unidas diciendo:

- Tiene la palabra el señor Ministro de Trabajo y Asuntos Sociales representante del Reino de España.

Y me levanté y hablé. A pesar de que mis accidentales compañeros de mesa me advirtieron que midiera bien mis palabras no fuera a provocar algún tipo de conflicto diplomático. E hice mi discurso. Empecé diciendo que yo no era el ministro de Trabajo y Asuntos Sociales de España pero que, en su ausencia, creía que podía exponer en la Conferencia la realidad de mi país y del mundo en lo concerniente al tratamiento racista y persecutorio que padecían los miembros de mi comunidad, los gitanos, en la mayoría de los países miembros de las Naciones Unidas.

Debo decir con un cierto rubor que mientras que el presidente de la Conferencia advirtió a algunos ministros que sus cinco minutos habían terminado, conmigo fue especialmente generoso porque estuve exponiendo mi relato durante casi nueve minutos y no me llamó la atención. Al terminar, me senté en la silla ministerial e hice el gesto de marcharme al sitio de los observadores, pero mis “momentáneos” compañeros de Delegación me dijeron que no lo hiciera y que permaneciera sentado donde ya lo estaba.

Y fue en ese momento en el que el Presidente de la República de Cuba, Fidel Castro, pidió la palabra, para contestar a mi discurso. Han pasado los años y aún me emociona el recuerdo de sus palabras. Más o menos vino a decir lo siguiente:

- Quiero manifestar desde aquí mi completa conformidad con lo que ha dicho el representante de España. La lucha del pueblo gitano por defender sus derechos debe ser apoyada por esta Conferencia y así debe hacerse constar en su declaración final. Las palabras del representante español han sido palabras oportunas y llenas de legitimidad y sentido común.

A partir de ahí Fidel Castro se manifestó como el Fidel Castro que todos conocemos. Una vez en el uso de la palabra, con el fin de apoyar lo que yo había dicho, empezó a contar su experiencia con los gitanos europeos, especialmente con los que vivían bajo algún régimen comunista dependiente de la Unión Soviética. Mostró un especial conocimiento sobre la vida de los gitanos rumanos de los que, dijo, haber hablado en alguna ocasión con el presidente del país Nicolae Ceausescu.

Acabo. Cuando terminó la sesión tuve que atender a muchos medios de comunicación y especialmente a los españoles que, una vez más, me manifestaron su complacencia por mis palabras. Pero mis alarmas empezaron a sonar cuando un funcionario de la embajada española en Johannesburgo se me acercó para decirme:

- El señor ministro quiere verle y me pide que le diga si puede usted cenar esta noche con él.

Como es natural dije que sí. Y desde aquel mismo instante empezó a sentarme mal la cena a la que aún no había acudido. Cuando llegué al reservado donde suponía que estaba el ministro esperándome para echarme la gran bronca, me encontré con que alrededor de la mesa había, al menos, diez comensales. Y me dije: “El ministro quiere liberarse de cualquier responsabilidad llamándome la atención ante testigos por haber ocupado su puesto sin haber sido autorizado para ello”. Pero no fue así, Juan Carlos Aparicio Pérez, que fue un buen Ministro de Trabajo y Asuntos Sociales, se acercó a mí, me estrechó fuertemente la mano, y adivinando mi estado de ánimo, me dijo:

- No te preocupes lo más mínimo. Lo has hecho estupendamente bien. He pedido la grabación de tus palabras y las he oído. Y quiero decirte que has dejado el nombre de España en la mejor posición para que podamos, a partir de mañana, defender nuestra postura con mayor fuerza y autoridad. Además, después de lo que ha dicho de tu intervención Fidel Castro, ¿Quién puede dudar de lo oportuno que has estado?  Así que siéntate y vamos a cenar tranquilamente.

Pero no acaba aquí la historia. Al día siguiente varios miembros de nuestra delegación y yo estábamos dando un paseo por una de las calles de Durban cuando fuimos sorprendidos por las sirenas de unas motos enormes que montaban cuatro policías, dos delante y dos detrás de un gran coche negro. Con el fin de no ser atropellados nos refugiamos en el acceso de entrada de un gran hotel a cuyas puertas nos encontrábamos. Pero resulta que el mandatario que iba tan escoltado se dirigía a ese mismo hotel, por lo que el coche se paró prácticamente delante de nuestras narices. Y de él se bajó Fidel Castro que inmediatamente fue rodeado por su escolta personal para introducirlo en el hotel.

- ¡Señor Presidente, señor Presidente! ―dije levantando la voz con el fin de llamar su atención, cosa que conseguí porque Fidel Castro frenó su andadura y se me quedó mirando sorprendido―. Señor presidente, perdóneme la interrupción. Soy el ciudadano español que intervino ayer en el pleno de la Conferencia y quiero aprovechar la oportunidad de tenerle tan cerca para darle las gracias por sus palabras. De verdad, señor Presidente, muchas gracias. Y entonces sucedió lo que nunca pude imaginar. Fidel Castro me escudriñó con la mirada, apartó con la mano al escolta que se interponía entre los dos y dijo:

- Bueno, bueno, hombre, es que me impresionó mucho lo que usted dijo. Así que usted ¿es gitano? Venga conmigo que quiero hablar con usted.

Hizo un gesto para que los escoltas me dejaran acercarme a él y tomándome por el brazo entramos juntos en el hotel donde con tranquilidad sostuvimos una agradable conversación. Me preguntó un sinfín de cosas sobre los gitanos al tiempo que me transmitió sus sentimientos sobre nuestra cultura y nuestra especial manera de entender y valorar la libertad.

Carta abierta al presidente de Radio Televisión Española (RTVE)

Juan de Dios Ramírez-Heredia
Abogado y periodista
Presidente de Unión Romaní

Señor Presidente y señor Director de Contenidos de RTVE: Ayer, como de costumbre, mientras me comía un bocadillo con el que aguantar el cuerpo al mediodía, visioné el telediario de las tres de la tarde emitido por la UNO de TVE. Y fue en el momento en el que la locutora, voz en off, se ocupó en narrar los incidentes ocurridos en Ávila, ―en los que los integrantes de dos familias se enfrentaron a tiros―, cuando lamentablemente ocurrió lo que me temía. La narradora nos identificó a los gitanos como a los autores de ese enfrentamiento.

José Antonio Sánchez
Nosotros entendemos, señor Presidente, señor Director de Contenidos de RTVE, que al emitir esa noticia se ha contravenido muy gravemente algunos principios que deben inspirar el comportamiento profesional de quienes ejercen la noble y esencial tarea de informar, y al mismo tiempo conformar la opinión pública de los ciudadanos.

Esta es nuestra valoración del hecho informativo: A nuestro juicio, evidentemente subjetivo, la noticia no tenía la importancia destacable que mereciera un espacio en uno de los telediarios de TVE. La verdad es que parece ser que dos personas, o grupo de personas, se enfrentaron realizando una de ellas algunos disparos desde una ventana. Los impactos aparecen en la chapa de una furgoneta que estaba aparcada en el lugar de los hechos. Y aquí se acaba la noticia porque la policía, que acudió rápidamente al lugar de los hechos, tras identificar a más de 30 personas no efectuó ninguna detención. Además, gracias a Dios, no se produjo ningún herido, lo que sí hubiera dado una dimensión diferente al enfrentamiento.

"Ante una noticia de menor entidad, TVE hace hincapié en afirmar que son dos familias gitanas las que se enfrentan en un ajuste de cuentas"

Los profesionales de TVE encargados del telediario entendieron que un hecho de tanta gravedad debía ser puesto en conocimiento de los televidentes. Descartamos, por supuesto, que esa pieza informativa se insertara en la parrilla por falta de noticias o lo que sería peor, porque el redactor, movido por un impulso racista, quisiera poner de manifiesto que los protagonistas del incidente eran gitanos. 
Sin embargo, nosotros queremos destacar algunos aspectos de especial gravedad que nos parecen intolerables. 

Primero: Denunciamos que sobre unas imágenes anodinas y de pésima calidad apareciera, con caracteres muy destacados, el siguiente mensaje: “EN MENOS DE 48 HORAS, DOS FAMILIAS GITANAS SE ENFRENTAN EN UN AJUSTE DE CUENTAS”. 

Segundo: La locutora puso especial énfasis en decir: “Todo aparenta a que se trata de un enfrentamiento entre dos clanes gitanos”. 

Es decir, ante una noticia de menor entidad, TVE hace hincapié en afirmar que son dos familias gitanas las que se enfrentan en un ajuste de cuentas. Lenguaje inadecuado para una noticia de alcance y que es más propio de la narrativa policiaca de las novelas negras o de las crónicas políticas donde los “ajustes de cuentas” son el detonante de tantas acusaciones por corrupción. Pero había que insistir más, a pesar de que estamos hablando de una noticia cuya duración fue de un minuto. El ajuste de cuentas se produce entre dos clanes gitanos. No tiene precisamente la palabra “clanes” en este contexto un sentido simplemente enunciativo o neutro. Como dice Hakim Bay los clanes de la tribu son parte de las sociedades tribales mayores que actúan como por agrupamientos tales como sociedades secretas de caza o guerra. 

Sr. Presidente de RTVE, Sr. Director de Contenidos: hacer mención a nuestra condición de gitanos para señalar a unos presuntos delincuentes es, como mínimo gratuito, innecesario y hasta provocador. Los gitanos y gitanas españoles llevamos mucho tiempo batallando por lograr que se destierre del imaginario popular la imagen de indeseables con que durante años hemos sido señalados. Desde el inicio de la nueva era democrática que disfruta nuestro país han sido muchos los logros alcanzados. El analfabetismo total que padecíamos en 1977 está a punto de extinguirse. Hoy son decenas los jóvenes universitarios que, con gran esfuerzo, y la colaboración indispensable de sus padres, ejercen sus profesiones en cualquier ámbito de la sociedad española. Pero todavía nos queda mucho camino por recorrer para que no sucedan hechos como los que nos ocupan acontecidos en Ávila, en Barcelona, en Pontevedra o en cualquier otro lugar de nuestra geografía. Porque cada vez que aparece la palabra “gitano” en el contexto de un acto incívico o delictivo automáticamente se proyecta en el convencimiento popular que todos los gitanos somos violentos o insociables. 

Pongan fin, señores responsables de la TV pública, a esta manera de informar. Demasiado agravio estamos padeciendo por la emisión en otras televisiones privadas de seriales infames que alimentan el racismo, la desconfianza y hasta el desprecio hacia nuestro pueblo. Y háganlo por convencimiento propio. Los medios públicos de comunicación tienen contraído con el pueblo unas obligaciones que les dignifican y les enaltecen en la medida en que ayudan a erradicar de la sociedad el racismo, la xenofobia, la intolerancia y el desprecio hacia los más vulnerables. 

Y si no quieren hacerlo por esa razón suprema de respeto a nuestros semejantes, háganlo al menos por ser coherentes con lo que dice la Declaración de Principios de Conducta de la Federación Internacional de Periodistas en su punto número siete: 

7. Los periodistas deberán tener cuidado del peligro de discriminación que pueden difundir los medios. Deberán evitar que se facilite semejante discriminación basada, entre otras cosas, en la raza, el sexo, en la orientación sexual, en el idioma, en la religión, en las opiniones políticas y de otro tipo y en los orígenes nacionales o sociales. 

Sr. Presidente de RTVE, Sr. Director de Contenidos, échennos una mano. Se sentirán mejor. Y conseguirán que los 750.000 gitanos y gitanas que vivimos en España ―los incívicos no cuentan― les agradezcamos la colaboración. 

La expulsión de inmigrantes en Francia

Manuel Recio
Consejero de Empleo de la Junta de Andalucía

“Habrá un día en que todos, al levantar la vista, veremos una tierra que ponga libertad”. Valgan sus propias palabras como homenaje al poeta, cantante, político y hombre irrepetible que fue José Antonio Labordeta y que se nos acaba de ir. Valgan también para iniciar esta reflexión sobre la expulsión de gitanos rumanos que están llevando a cabo Francia, sin recato, y otros países europeos de forma callada. Valgan para pedir cordura y sentido común, para alertar de los males que nos acechan y para, a pesar de todo, proclamar un canto a la esperanza, verdadero sentido del poema de Labordeta.

Pienso mientras escucho al cantautor aragonés, que es terrible que determinados políticos de la derecha enarbolen la bandera de la exclusión del diferente. E insufrible se me hace que haya pueblos dispuestos a seguirles. Ante una situación que se repite con demasiada frecuencia -primero fue Berlusconi y ahora Sarkozy- habría que preguntarse: ¿qué fue primero, el huevo del populismo, o la gallina de un sector de la ciudadanía dispuesto a prestar oídos a esa forma de hacer política?

No quiero caer en el error de meter en el mismo saco a todos los franceses, que viven en un país de larga tradición de acogimiento y asilo. Sé que millones de ellos se oponen a la expulsión de gitanos que pone en práctica Sarkozy escudándose en la demencial asociación de la delincuencia con esta etnia. Iba a escribir que Sarkozy olvida que los delitos los cometen las personas, no las etnias, pero caigo en la cuenta de que lo sabe y actúa con plena conciencia de su atrocidad. La mayor mezquindad es que lo hace porque necesita un chivo espiatorio al que cargar los errores y desviar la atención de las críticas tratando de recuperar algo de popularidad.
Popularidad, ésa es la clave. Entre los ciudadanos están los que aplauden a los xenófobos, los que les silban y los que se proclaman no racistas, pero agregan que se lleven lejos de sus casas a los gitanos, moros, negros… Sin embargo, con los derechos humanos no hay ‘pero’ posible, ni medias tintas, ni nadar y guardar la ropa.
Los derechos humanos -no ser discriminado por razón de sexo, raza o etnia es básico- se cumplen y punto. Aunque a alguien le pueda resultar molesto. Más aún los poderes públicos, cuya responsabilidad de preservar la convivencia en un sistema democrático trasciende toda ideología. Cualquier paso atrás en esta cuestión es un grave retroceso en las conquistas de la humanidad y abre un portillo por el que pueden colarse, en tropel, los cuatro jinetes del Apocaliplis. (Convendría volver a ver la película de ese título dirigida por Minelli en 1962 sobre la llegada de la intolerancia a Europa).
Resulta especialmente preocupante el viento de rechazo que parece azotar otra vez el viejo continente y si no fuera porque soy alérgico el fatalismo caería en la tentación de decir que el ser humano ha avanzado poco desde la Edad Media, cuando empezaron las primeras expulsiones en nuestro país.
Me gustaría terminar esta reflexión invitándoos a leer un par de bitácoras muy interesantes, de las muchas que han escrito sobre este asunto, con opiniones para todos los gustos. Por un lado, las palabras del catedrático de Sociología Antonio Izquierdo, que escribe desde las páginas de ‘Público’.
Por otro, un post muy interesante en el blog de la periodista Patricia Costas que, además introduce en el debate un elemento muy interesante que es la visión que de los gitanos se tiene en redes sociales de la importancia de Facebook.

Lakoff tenía razón

Anyes Segura

Los resultados electorales de las elecciones de Suecia no son un hecho aislado o una casualidad. La socialdemocracia europea vive desde hace años en un proceso de declive generalizado, tal y como hemos visto en Alemania, Francia, o Dinamarca, al mismo tiempo que la izquierda radical, los verdes y otros grupos ecologistas, los conservadores y ahora hasta la ultraderecha empiezan a recibir apoyos de ciudadanos que anteriormente se habían identificado con los socialdemócratas. Algo nos pasa.

Lo que hasta ahora ha definido a la socialdemocracia como propuesta política no son sólo los orígenes obreros de los partidos de esta índole, sino más bien la defensa de un modelo concreto de sociedad; detrás de la burbuja financiera –detonante de la crisis actual que aún vivimos- no estaba la lucha de clases, sino un modelo desigual de crecimiento, que hacía que la riqueza se concentrara en una minoría y estancaba de forma drástica los ingresos de la gran mayoría. En este sentido, la socialdemocracia cobra su sentido como propuesta de creación de una sociedad cohesionada, una sociedad cuyo lema sea el crecimiento compartido y la apuesta por un futuro sostenible en cada país del mundo global en que vivimos. Por lo tanto, la socialdemocracia tiene validez como modelo político y como gobierno de mayorías. Entonces, ¿qué pasa?, ¿en qué fallamos? ¿Son nuestras políticas? No, pues si bien las últimas medidas del gobierno de Zapatero han sido impopulares -y drásticas hasta para la familia socialista- lo cierto es que apuntan hacia el camino de la reducción del déficit y la lucha contra el desempleo, dos elementos a combatir antes de dar comienzo a un nuevo tipo de crecimiento económico.

¿Son nuestros políticos? Tampoco, pues si bien es cierto que en cada familia hay ovejas negras, las de la familia socialista son bien pocas, y no tenemos grandes tramas de corrupción y financiación ilegal que combatir; por lo tanto, gozamos del respeto y la credibilidad ciudadana gracias a nuestra más que probada honradez.

¿Entonces? ¿Cuál es el fallo? Probablemente que no hemos sabido transmitir de forma adecuada y a tiempo todas las ideas, todos los valores que conforman el ideario socialdemócrata. Quizás hayamos comunicado lo que no teníamos que comunicar. Esa puede ser la causa: la falta de un “cántico” conjunto por parte de la socialdemocracia europea, en el que se manifestaran los verdaderos objetivos y valores que perseguimos; y cuando digo “transmitir” quiero hacer uso de este término con la acepción de “comunicar”. Desde que empezó la crisis, todos y cada uno de los socialistas que hemos tenido la oportunidad de plantarnos delante de un micrófono o una pantalla de televisión hemos entonado la misma cantinela: “nosotros no hemos creado esta crisis”. Y entonces me viene a la mente el título de uno de los mejore libros del lingüista norteamericano George Lakoff: “No pienses en un elefante”. De nada ha servido esforzarnos en explicar que la situación actual no ha sido creada por las políticas socialdemócratas, ya que justo la opción política culpable de la desigualdad y de la pobreza –la conservadora- vive horas álgidas en países como Suecia. Y vuelvo a mencionar a Lakoff, y su teoría sobre los marcos profundos, según la cual dichos marcos de referencia son estructuras mentales que conforman nuestra forma de ver el mundo, nuestras metas y nuestros planes; forman parte de lo que el lingüista llama el inconsciente cognitivo; para Lakoff, es fundamental la creación de nuevos marcos referenciales, lo que supone cambiar lo que tradicionalmente entendemos por “sentido común”, provocando así un cambio social a través del lenguaje. Con un ejemplo quizás lo veamos más claro: hasta el más socialdemócrata de los trabajadores españoles ha vivido años de bonanza, se ha comprado una casa y firmado una hipoteca, y pocos años más tarde ha ampliado dicha hipoteca para comprarse un buen coche e irse de vacaciones. A eso se le llamaba sentido común: no tengo dinero, pero sí una nómina, así que roguemos al Dios banquero que me conceda un crédito que pagaré puntualmente con mi nómina y mi trabajo. Eso lo hemos hecho la gran mayoría de los españoles durante años, y eso formaba parte del sentido común. De ahí que haya sido imposible borrar esa imagen sin crear un marco referencial nuevo. Al comienzo de la crisis, los bancos ser convirtieron en las bestias furibundas causantes de este desastre, pero a día de hoy nadie piensa en ellos (bueno, en realidad todos pensamos en ellos cada mes) sino en el desempleo, la falta de trabajo, las condiciones precarias….. ¿por qué? Pues probablemente porque no hemos cambiado el marco, porque no hemos creado un nuevo “sentido común” y la derecha rancia aprovecha ese vacío para hacer uso y abuso de la desesperanza ciudadana.

La lección sueca es clara: o espabilamos o nos resucita hasta la Falange.
(Publicado en teleprensa.es el día 22 de septiembre de 2010).

Sarkozy, ven a La Chanca

Anyes Segura
Indignación, cuanto menos. Eso es lo que algunos hemos sentido por los hechos bochornosos que están teniendo lugar en el país vecino. Para alguien de mi edad la palabra "deportación" nos remite automáticamente a los campos de exterminio nazis, y sin embargo hoy vuelven a los diarios nacionales. Ciertamente increíble.

Increíble que un ministro del interior de un país miembro de la Unión Europea -tal y como ha hecho el ministro del interior galo- ordene a la policía dar prioridad a la expulsión de romaníes rumanos de Francia (eso para mí es expulsión en masa, y no repatriaciones). Increíble me parece igualmente el trato condescendiente de la Comisión Europea durante todo este tiempo hacia Francia, y su cambio de postura cuando la cuestión pasaba de ser un rumor a una circular del gobierno galo con todas sus consecuencias; de ahí que celebre el anuncio del procedimiento sancionador contra Francia, que ojalá acabe en el tribunal de justicia de la UE de Luxemburgo, cuanto menos. Porque de lo que se trata no es precisamente del incumplimiento de la directiva sobre la circulación de personas (que, recordemos, garantiza "un derecho primario e individual a circular y residir libremente en el territorio de los Estados miembros"), sino de la deportación de personas, tal cual. Y claro está, cada rey bufón tiene su corte; la iniciativa de Nicolás Sarkozy la defienden únicamente Silvio Berlusconi -el que afirma que sus ministras son ex-prostitutas- y Mariano Rajoy -el que no llega a tanto pero en su día propuso aquello del contrato de integración-. Es decir, la división azul.

Y lo peor no es eso, sino que ya algunos las han puesto en marcha (caso del italiano Berlusconi, que emprendió su cruzada antigitana en abril del año 2008 cuando proclamó la necesidad de "devolver a los ciudadanos la seguridad perdida con el gobierno de centro-izquierda, echando del país a las "hordas de bárbaros" que configuraban los campamentos gitanos" y propuso el cierre de fronteras, la destrucción de los campamentos ilegales romaníes con arrestos y deportaciones y organizó un programa conjuntamente con la Camorra en Nápoles para censar a los "nómadas"). Tengan ustedes por seguro que Mariano Rajoy no lo ha hecho sencillamente porque no gobierna, ni gobernará.

La cuestión fundamental va mucho más allá de la acción emprendida por Francia; la cuestión es que no es la única acción del tipo que se pone en marcha en países de la Unión Europea, es decir, en el único territorio del mundo donde la libre circulación de ciudadanos de distintos países está incluso regulada. ¿Qué pasaría si ni siquiera existiera tal regulación?