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¿Qué pasa con la Función Pública?

Pedro Ruiz
Secretario Provincial del PA

Desde que la Junta de Andalucía decidió reordenar el sector público andaluz andan los ánimos muy revueltos entre los empleados públicos. Pero es una reacción lógica; en primer lugar porque estamos acostumbrados a que los decretazos de la Junta, llevados siempre a cabo sin negociación ni consenso, salgan perjudicando, no sólo a los trabajadores, sino a la sociedad en general. Y en segundo lugar, porque nadie ha explicado de qué manera las “agencias” que pretenden crear mediante el Decreto Ley 5/2010 van a convertir a la Administración de la Junta de Andalucía en algo más ágil, más eficiente y más eficaz y a la vez van a conseguir reducir el gasto.

Hagamos un poco de historia. Desde que se creó la Junta de Andalucía, el PSOE ha ido haciendo una Administración en función de cuáles eran sus intereses en cada momento. Comenzó como una pequeña administración compuesta por los funcionarios transferidos, que ha ido creciendo conforme se iban transfiriendo competencias desde el Estado. La gestión de los distintos consejeros y consejeras del ramo (no nos olvidemos de la pésima etapa “Carmeli Hermosín”) ha ido haciendo que la administración pública se convierta en un entramado muy complicado en el que conviven funcionarios de carrera, laborales fijos, laborales eventuales, interinos “patanegra”, interinos “jota”, eventuales de confianza, estatutarios y “externos”. Categorías todas que la política torticera de la Junta ha echado a pelear históricamente bajo la premisa de “divide y vencerás” tan usada por nuestros políticos.

A esto hay que añadir la construcción a lo largo del tiempo de una Administración paralela mediante Agencias, Empresas Públicas, Fundaciones y otros entes que, además de servir de instrumento para colocar a sus enchufados, consiguen eludir el control financiero previo que realiza la intervención de la Junta de Andalucía.

En este contexto y, teniendo en cuenta que la función pública necesita una reordenación a fondo, la Junta de Andalucía, en lugar de suprimir la administración paralela de las agencias, lo que se le ocurre es suprimir las Delegaciones. Es decir, cargarse el original y dejar la copia. ¿Qué es lo que esconde esta medida? ¿Por qué van a funcionar las agencias mejor que las delegaciones tradicionales? ¿Acaso lo que no funciona en la administración pública es el control del gasto previo y pretenden gastar lo que quieran sin que nadie los controle a priori?

Independientemente de cómo afecte este decreto a los funcionarios, que están en su derecho de defender su postura, la sociedad debería pararse a pensar cómo le va a afectar su entrada en vigor en sus relaciones con la administración. Quizá es el momento de salir a la calle a apoyar a los empleados públicos. Quizá, y aprovechando que el 4 de diciembre está a la vuelta de la esquina, es el momento de recuperar el espíritu del 77 y que los andaluces salgamos a la calle a reivindicar lo público. Yo, al menos, voy a ir el sábado a defenderlos y a defenderme.

Desde aquí, solo me queda animar a los empleados públicos en su lucha y ponerme a su disposición para acompañarlos en cuantas actuaciones pretendan emprender, porque, estoy convencido de que cuando Andalucía quiere, puede.

Rectificación formal

Antonio Hernández Rodicio
Director de El Correo de Andalucía

Al gobierno andaluz le ha sobrado ingenuidad o le ha faltado perspicacia política. Era imposible que una reordenación del sector público se hiciera por decreto ley sin mayores tropiezos. 20.000 contratados de las 254 empresas públicas, casi 2.000 funcionarios y 1.500 laborales se ven inmersos en este proceso. Demasiada gente como para pretender la pax funcionaria. Eso sin contar con la manipulación informativa sobre el contenido del decreto y la golosa utilización partidista y sindical del mismo. Ni los 20.000 contratados serán funcionarios, ni son 20.000 enchufados con carné del PSOE ni peligra el puesto de empleo de ningún funcionario ni la prevalencia de su categoría como autoridad pública.

Acierta al rectificar. El nuevo decreto que incluye los acuerdos alcanzados con UGT y CCOO, mayoritarios en la Mesa de la Función Pública, se tramitará vía parlamento, pero el decreto original sigue su curso y entrará en vigor el uno de enero. Es, por lo tanto, una rectificación más formal que de fondo. Porque en el fondo de la cuestión subyace la necesidad de ordenar el sector público para evitar que los tribunales sigan tumbando decisiones adoptadas en flagrante vadeo del derecho administrativo. Al margen, estamos ante una búsqueda de la eficacia de lo público y la austeridad tan demandada por todos. Cosa distinta es plantearse si políticamente le convenía al PSOE meterse en este berengenal con dos procesos electorales cruciales a las puertas.

Ahora en el Parlamento podremos saber cuáles son las alternativas de los grupos políticos. Y quizás sea posible que el CSIF permita que el gobierno andaluz pueda celebrar sus actos institucionales con cierta normalidad. Su actitud pisa la delgada línea de la frontera que separa el derecho democrático a la protesta con el derecho de las instituciones a celebrar actos y explicar sus programas, proyectos y propuestas a los ciudadanos sin ser permanentemente boicoteados. Sin olvidar que en el transcurso de estas protestas se está desatando una violencia que afecta por igual a políticos, sindicalistas de UGT y COOO como a periodistas. Un totum revolutum muy peligroso y de cuyas consecuencias nadie querrá responsabilizarse.
(Publicado en el blog Agua Tapá)