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Rabia

Ignacio Ortega
@opinionalmeria

El miércoles pasado dejó de ser un miércoles cualquiera. Vi por televisión salir en camilla, cubierta con una sábana blanca, a una anciana de 87 años que acababa de ser desalojada de la casa donde había vivido 71 años. En su rostro no había rabia. Había miedo, estupor, impotencia.
    Eso fue lo que más me desconcertó: yo esperaba encontrar en ella la rabia que sentía al otro lado de la pantalla, pero solo había miedo, estupor, impotencia. Aquella casa había pasado de su padre a su madre y luego a ella. Un contrato de renta antigua de los cincuenta había sobrevivido al franquismo, la Transición y la democracia. Ella también. Hasta aquel miércoles, cuando una ambulancia esperaba en la puerta.
    La rabia estaba alrededor, no en ella. Cientos de jóvenes habían velado la calle toda la noche y, desde el amanecer, intentaban impedir el desahucio de Mari Carmen poniendo sus cuerpos frente al operativo policial. Allí la rabia tenía voz, empujones, nombres.
    Y en medio, ella sola. Sin hijos, sin marido, sin hermanos. Solo un primo de 70 años, en Segovia, que le ofrecía su casa familiar. Frente a ella, una maquinaria política, judicial y policial imposible de detener. Sola incluso mientras la defendían. La cámara la seguía desde el portal hasta la ambulancia, que se alejaba calle abajo como la última secuencia de una historia sin final ni destino conocido.
    Mientras miraba aquello me volvió otra imagen que presencié el pasado 23 de febrero en Playa Serena, Roquetas de Mar. Una silla, una cafetera, un ventilador, una fotografía sobre una hamaca de rayas y una mujer mayor junto a su marido, enfermo de Alzheimer. Con una mano lo sujetaba; con la otra, supuse, sostenía la orden de desalojo. Después la vi buscar las llaves sin mirar, como quien tantea una costumbre del cuerpo. Las sostuvo un instante y volvió a guardarlas.
    Cuando tenía diez años, en mi barrio no se decía desahucio. Se decía que había venido el “asustaviejas”, y bastaba. Me acordé de mi abuela porque también nosotros habíamos vivido con el miedo a perder la casa. La recuerdo subiendo despacio al salón a por el dinero del casero y bajando aún más despacio, con la mirada preocupada.
     Ahora las dos imágenes se me mezclaban: en Roquetas, una casa acababa desparramada en la acera; en Madrid, una mujer salía de la suya cubierta con una sábana. La misma expulsión con dos liturgias distintas. No era solo lo que veía. Era reconocer un miedo antiguo y no poder hacer nada más que mirarlo.
    La imagen se va y tú te quedas. Te impacta, te encoge, te deja sin aire, pero antes de que haga poso la televisión cambia de plano. La camilla desaparece, la sábana desaparece, la mujer desaparece. Y la rabia se queda.

Las portadas de las cinco revistas semanales

Aarón Rodríguez
@opinionalmeria

Ya están en los puntos de venta las revistas semanales. Cuatro de ellas (Lecturas, ¡Hola!, Diez Minutos y Semana) salen los miércoles, mientras la revista Pronto se adelanta sobre sus compañeras y se pone a la venta los lunes. Estas son las portadas de esta semana.






El youtuber Javi Oliveira tiene que indemnizar con 9.000 euros a Miare

Tania Artajo
@opinionalmeria

El youtuber Javi Oliveira tendrá que indemnizar con 9.000 euros a María Rubio Sánchez, conocida como Miare, y a su madre, Antonia Montserrat Sánchez García. La Audiencia Provincial de Barcelona ha ratificado la condena por intromisión ilegítima en el derecho al honor de ambas por diferentes contenidos difundidos a través de YouTube.

Javi Oliveira

De la indemnización, 6.000 euros corresponden a Miare y 3.000 a su madre. Oliveira deberá además retirar los vídeos que contienen las manifestaciones consideradas difamatorias y afrontar las costas del procedimiento.

Pero la parte más llamativa de la sentencia está en la forma de hacer pública la condena. Oliveira deberá leer personalmente el fallo, una vez por semana durante un mes, en los distintos canales de YouTube de los que disponga. La Audiencia descarta que pueda limitarse al canal con mayor número de seguidores y deja claro que la lectura debe realizarla él mismo, sin recurrir a otra persona ni a una locución generada mediante inteligencia artificial.

La resolución analiza numerosos calificativos denigrantes dirigidos contra Miare y su madre, pero también determinadas insinuaciones sobre la forma en que la joven habría conseguido trabajos profesionales. Según establece la Audiencia, las expresiones utilizadas transmitían a los seguidores la idea de que Miare podía obtener oportunidades laborales mediante relaciones sexuales.

El caso vuelve a marcar la frontera entre la libertad de expresión y el derecho al honor en las redes sociales. La crítica, incluso especialmente dura, está protegida, pero la enorme capacidad de difusión de plataformas como YouTube no convierte cualquier manifestación en admisible.

Resulta especialmente significativa, por ello, la obligación de leer públicamente el fallo. Los mismos canales utilizados para difundir los contenidos que dieron origen al procedimiento servirán ahora para comunicar a sus seguidores el resultado judicial.

El recorrido del caso, no obstante, podría continuar. Oliveira ha anunciado su intención de presentar recurso de casación ante el Tribunal Supremo. Mientras tanto, la Audiencia Provincial de Barcelona confirma una condena que incluye 9.000 euros de indemnización, retirada de contenidos, costas judiciales y una obligación poco habitual: ponerse delante de la cámara y leer personalmente el fallo ante su propia audiencia.

El 30 de septiembre se presenta ‘Rocío’, el biopic sobre Rocío Jurado

Alba Haro
@opinionalmeria

Este 30 de septiembre se presenta Rocío, la miniserie de ficción que reconstruye la vida de Rocío Jurado, conocida como “La más grande”. RTVE y Movistar Plus+ unen fuerzas en una producción de Boomerang TV que acaba de terminar su rodaje y que aspira a convertirse en uno de los grandes relatos biográficos de la televisión española.

'Rocío' / RTVE

La serie consta de cuatro capítulos. Recorre el camino de la artista desde sus orígenes en Chipiona hasta su consagración nacional e internacional: la infancia y los primeros pasos en la música, la llegada a Madrid, los grandes hitos profesionales, las actuaciones, los viajes y la proyección más allá de España. También se detiene en su dimensión personal, en el entorno familiar y en las relaciones que marcaron su trayectoria.

El proyecto está creado por Aurora Guerra, que firma los guiones junto a Juan Beiro. La dirección corre a cargo de Humberto Miró, con David Montoya al frente de la segunda unidad y Luis Santamaría como productor ejecutivo de Boomerang TV. A diferencia del documental reciente centrado en archivo y en la propia voz de la cantante, Rocío se enfrenta al reto de recrearla en ficción.

Dos actrices encarnan a Jurado en las etapas principales. Susana Córdoba interpreta a la Rocío adulta, la de los grandes escenarios y la madurez artística. Carmen Fernández Raigón da vida a la joven que sale de Chipiona dispuesta a abrirse camino. En el relato también intervienen otras intérpretes para cubrir la infancia y momentos de juventud.

El elenco se completa con Martiño Rivas (Pedro Carrasco), Miquel Fernández, Víctor Clavijo, Antonio Velázquez, Adelfa Calvo, Teresa Hurtado de Ory, Carlos Bernardino, Pol Hermoso, Javier Veiga, Miguel Hermoso, Jaime López Almagro, Marta Hoyos, Raquel Infantes y María de la Luz, entre otros. En total, 74 personajes reconstruyen tanto la carrera como episodios de la vida privada. Durante el rodaje se contempló la aparición de figuras del entorno familiar y profesional, así como posibles cameos de artistas interpretándose a sí mismos.

La producción ha movilizado cerca de 2.000 figurantes y se ha rodado en más de 66 localizaciones y escenarios reales, sobre todo en Chipiona y Madrid. Entre ellos figuran la Finca Yerbabuena, el Santuario de Nuestra Señora de Regla, los Teatros Lara y Calderón, el Palacio de la Trinidad, el Hotel Meliá Castilla, el Museo del Ferrocarril y las Bodegas González Byass. Las grabaciones comenzaron a mediados de junio y se han cerrado en las últimas semanas.

La serie entra ahora en postproducción. Aún no hay fecha de estreno, pero la presentación del 30 de septiembre abre la fase de promoción de un título que pretende un retrato ambicioso y respetuoso con el legado artístico y humano de Rocío Jurado. Para Andalucía, el interés es natural: Chipiona es el origen, Madrid el salto, y la voz de “La más grande” sigue formando parte de la memoria cultural del sur.

Charcos

Ignacio Ortega
@opinionalmeria 

No llueve en Almería. No llueve a pesar del otoño, a pesar del mar que se abre frente a nosotros y que cada mañana se evapora bajo el sol. Como si nos faltara toda el agua de ese mar para beber, para regar, para hacer un charco.

En Almería hemos aprendido a vivir con poca agua. Es cara, viene de la desaladora y, aun así, mi vecina encuentra un poco para regar de noche las macetas que resisten en el balcón. Pero no hemos aprendido a vivir sin lluvia.

Los niños no la quieren para regar, ni para llenar embalses, ni para arreglar ninguna política hidráulica. Crecen con una sed de lluvia heredada, de abuelos a nietos, jugando en tierra polvorienta, con las rodillas arañadas en los parques secos. Aprenden a mirar al cielo antes de aprender a esperar.

La quieren para una cosa sola: para saltar sobre los charcos. Para mojarse los zapatos, llegar a casa con los calcetines empapados y escuchar el reproche de una madre que sabe que mañana no lloverá.

Hubo un tiempo en que la gente crecía con historias de ramblas embravecidas y luego secas. Las contaban los mayores, a la fresca, en la puerta de las casas. Historias de fuentes, caños y acequias que el Archivo ha rescatado este junio como si fueran ficción: cómo podía correr el agua por donde hoy solo hay tierra dura; cómo podían crecer árboles allí donde hoy solo resiste el sol.

Los mayores hablaban del agua con la precisión de quien habla de alguien que estuvo allí y ya no está. Nosotros la miramos en un plano. La vemos dibujada, prometida, sobre el papel. Pero ya no recordamos cómo olía la tierra mojada.

Aquí la ausencia de lluvia es una herida que hace ruido. Tal vez la potente luz de Almería la disuelve en el cielo antes de que llegue a  tocarnos. Miramos el horizonte y la vemos pasar de largo hacia otras ciudades. Solo deja una humedad fina al amanecer. Basta pisarla para encontrar debajo la piel seca de la ciudad.

Conocemos otra lluvia que tampoco cae. Son las promesas que se quedan arriba, suspendidas sobre la ciudad. El Ayuntamiento mira al futuro desde esa nube. Que si el puerto, que si Pavía, que si el centro. Arriba, las promesas. Abajo, nosotros, con el polvo de la calle en la garganta.

Porque la lluvia, cuando cae, deja charcos. Y eso es lo que pedimos los almerienses. Algo que podamos tocar, aunque sea un charco donde saltar.